En el último momento, después de
luchar un poco consigo misma, Carmen aceptó acompañar a su hijo, Octavio, en un
viaje de negocios que les tomaría siete horas, que se hicieron nueve a causa de
uno más de los acostumbrados bloqueos de la autopista.
Sorteando los obstáculos, finalmente arribaron
a su destino y como casi siempre suele ocurrir a los viajeros agotados que bajan
el equipaje con premura, algo olvidan en el automóvil y así ocurrió en el caso de
Carmen quien, más a fuerzas que de ganas, se vio en la necesidad de regresar a
buscar sus imprescindibles gafas…
Pero al día siguiente, con el espíritu
emprendedor en alto y el sol apretando, al momento de abordar su coche el
conductor de una camioneta les preguntó si desocuparían el cajón del
estacionamiento a lo que respondieron que sí, solo para caer en cuenta, cuando Octavio
intentó poner en marcha el automóvil, que la batería estaba agotada pues la
noche anterior “alguien” había dejado las luces encendidas al regresar por sus
gafas…
El pesar fue breve pues el conductor
de la camioneta resultó un buen samaritano, se ofreció a ayudarles a
resolver el problema y así lo hizo. Solo que la historia no concluyó ahí y eso es lo relevante:
después de conversar unos minutos, Octavio se percató que el samaritano, José, era una persona clave con la cuál podría llevar a cabo el negocio
y así fue. A partir de ese momento y por el resto del viaje José se convirtió
en un invaluable apoyo para conocer mucha más gente de la que Octavio tenía
registrada en su limitada agenda…
¿Fue casual el encuentro con José? No
lo creo, en la historia, verídica por cierto, de Carmen, Octavio y José; se
pueden observar una cadena de hechos, uno a causa de otro anterior, que de no
darse habrían hecho imposible el encuentro entre Octavio y José. Encuentro que
en absoluto fue una casualidad, fue toda una causalidad.
Cómo tampoco fue por casualidad el
hecho de que el equipo mexicano haya obtenido la presea dorada para beneplácito
de todos nosotros aun cuando Edson Arantes do Nascimento (“Pele”) opine que “El futbol es una caja de sorpresas y algunas
veces el mejor equipo no gana”. Me parece, dicho con el debido respeto a la
experiencia indiscutible de Pelé en el futbol, que se equivoca. Si ya sé que yo
de futbol se menos que nada, pero si un poquito de equipos de trabajo.
Un equipo es el mejor cuando es
efectivo. Cuando entrega los resultados como, donde y cuando se le requieren, el
equipo brasileño simplemente no lo hizo; pues para eso necesitaba competencias,
temple y liderazgo. Sus jugadores pudieron tener las competencias, pero no
tuvieron el temple, ni el liderazgo para impulsarles al triunfo.
Nunca esperaron ir abajo en el
marcador y mucho menos a escasos 28 segundos de iniciar el partido. A partir de
ese momento los jóvenes jugadores brasileños contemplaron la posibilidad real de
perder y el miedo hizo presa de ellos. Lo de después es corolario, reclamos e
insultos, un entrenador fuera de sí, agresiones a los mexicanos…
Así fue como el “pobre” equipo mexicano
que cuesta 33.7 millones de euros, como coloquialmente se dice, “le ganó el
valor” a uno valuado en más de 300 millones de euros.
Y definitivamente no fue por
casualidad que se encontraran ese día en esa cancha. Y no lo fue porque el
equipo mexicano adquirió con técnica, disciplina y esfuerzo sumadas a la vocación
natural de los jugadores las competencias necesarias para llegar a la final; también
porque tuvieron el temple demostrado en partidos anteriores para venir de abajo
en el marcador y superar a sus contrarios; y ni duda cabe que el liderazgo
requerido.
La alegría y el orgullo que nos
hicieron sentir no fueron resultado de la casualidad o de enfrentar a un rival
que sorpresivamente tuvo una mala tarde. La alegría y el orgullo fueron el
resultado de un proceso exitoso que ya rinde frutos. El equipo mexicano
simplemente fue el más efectivo, ni duda cabe, el mejor equipo sobre la cancha,
contra la opinión de Pelé y muchos que piensan como él.
Solo me queda una pregunta ¿Cuándo será
el día que después de una elección el pueblo se reúna espontáneamente en el
Ángel a celebrar con alegría y orgullo el triunfo de la democracia? La
respuesta es muy sencilla, no será por casualidad, será por causalidad así que no esperen que las cosas vengan del cielo.
Reciban un afectuoso abrazo,
Enrique
Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm
