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domingo, 6 de marzo de 2011

Realpolitik

En el segundo semestre del año 2008 la crisis financiera llevó al mundo a una recesión sin precedentes. Los deudores dejaron de pagar, los consumidores dejaron de comprar, bancos y financieras quebraron, las fábricas despidieron a muchísima gente y las economías de los países sufrieron severos daños que obligaron a los gobiernos a tomar medidas para mitigar los efectos pero que no resolvieron el fondo de los problemas.

Como resultado, las economías de los principales países del mundo quedaron “prendidas con alfileres” con el altísimo riesgo de no soportar un viento fuerte ya no digamos una tormenta y ¿Qué crees? El viento ya empezó a soplar y se viene fuerte el ventarrón.

Bastó la inmolación el 17 de diciembre de 2010 de un joven desempleado tunecino, Mohamed Bouazizi, para provocar una revuelta social sin precedentes que derrocó al régimen del presidente Zine al-Abidine Ben Ali. Siguió al turno Hosni Mubarak el 11 de febrero en Egipto; y justo ahora, Mu‘ammar al-Qaḏḏāfī lucha con todo por conservar el poder en Libia.

El así llamado “Efecto Túnez” ha hecho sentir su presencia en Túnez, Egipto, Libia, Arabia Saudita, Argelia, Siria e inicia en otras regiones del mundo. ¿Cuál es el factor común? Regímenes dictatoriales corruptos que han sometido a sus pueblos a la desesperanza, el hartazgo y el resentimiento. Pueblos que dejaron de lado la resignación y ahora reclama a gritos la reivindicación de sus causas.

Lamentablemente el ya de por si peligroso escenario, no solo lo conforma el efecto Túnez y las posturas de Irán y Rusia al respecto.

Se agrava al considerar la crisis alimentaria que muestra sus primeros efectos por el cambio climático y la siembra destinada a los biocombustibles; la dependencia de la Unión Europea y de los Estados Unidos de los recursos energéticos de las zonas en conflicto; las consecuencias de la recesión del 2008 que aun perduran en Irlanda, Italia, Grecia, España y Portugal; el terrorismo internacional representado por Al Qaeda a la caza de oportunidades denunciadas por Kadaffi; y la importancia estratégica del Canal de Suez; entre muchos otros focos rojos que rápidamente desprenden los “alfileres” que sostienen a las economías del mundo.

La situación está fuera de control y para muestra el incremento desmedido de los precios del petróleo, el de los alimentos y de los fertilizantes así como el comportamiento errático y la tendencia a la baja de las casas de bolsa en el mundo.

Ante una crisis los EEUU tradicionalmente se han asignado el papel del policía del mundo pero en esta ocasión difícilmente podrán calmar las aguas. Su liderazgo se ha debilitado y ya no aplica como solución controlar a un líder o derrocarlo para imponer otro. Son los pueblos los que ya no aguantan más sometimiento; sin embargo, no pueden permanecer con los brazos cruzados y menos aún distraerse en asuntos menores.

La agenda de seguridad nacional de los EEUU determina las prioridades de su presidente Barack Obama y en consecuencia la pasada visita de Felipe Calderón Hinojosa a Washington, más allá del discurso oficial, seguramente poco tuvo que ver con el lamentable asesinato, del agente de la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), Jaime Zapata.

EEUU necesita petróleo y nosotros lo tenemos. Los temas de la reunión en todo caso debieron atender a las previsiones de última hora para enfrentar la tormenta perfecta que se avecina.

Te preguntarás ¿Puedo hacer algo por evitarla? ¿No? Entonces ¿Para qué me preocupo?

Esa es la respuesta cómoda que resuelve los problemas de conciencia por no hacer nada. Solo que habrías de preguntarte si en verdad puedes o no, contribuir con un granito de arena a solucionar el estado de las cosas del mundo.

Todos podemos. Los políticos y los gobernantes habrían de atender las causas de pueblo y vacunar al país en contra del efecto Túnez; los funcionarios públicos habrían de desempeñarse con efectividad, transparencia y honradez; los ciudadanos hacer bien lo que nos toca y ahorrar energía y recursos.

Y todos, absolutamente todos deberíamos reconocer que el mundo está en un proceso acelerado de transformación donde México tiene un papel relevante que desempeñar y una asignatura pendiente: resolver nuestras diferencias con los EEUU.

Nos guste o no la política de la realidad, realpolitik, se impone.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com
Twitter @enriquechm

domingo, 27 de febrero de 2011

Abdel Salâm

¡Cómo añoraba Abdel Salâm aquellos días cuando su madre cocinaba los deliciosos platillos de la región!

En esa época Abdel Salâm era aprendiz del arte de sazonar las berenjenas, los calabacines, el garbanzo, los guisantes, las habas… todo al viejo estilo tan apreciado por los comensales que llegaban cotidianamente, incluso de los pueblos vecinos en los días de fiesta, a degustar las fabulosas viandas.

Un día de triste recuerdo, llegó a esas tierras un joven carismático que adquirió la propiedad donde se ubicaba el restaurante. Ningún argumento pudo cambiar la opinión del nuevo dueño cuando anunció que de ahí en adelante él mismo se haría cargo del restaurante. Para esto ofreció a los comensales aquello que nunca habían saboreado…

Y se hizo cargo. Al poco tiempo sustituyó al personal, Abdel Salâm y su madre incluidos, redujo el menú a un mínimo con la promesa de ampliarlo con mejores platillos que aquellos “del pasado”

Sin embargo el tiempo transcurrió y las promesas nunca se cumplieron. Los comensales, primero entusiasmados por el cambio, poco a poco hicieron evidente su descontento con el menú que si bien en un principio aceptaron entusiasmados, a esas alturas, ya los tenía francamente hartos.

Nada pasó con las quejas. Es más, se impedía el acceso a quien lo hacía y era objeto de represalias pues aquel joven carismático se había hecho del control de cuanto ocurría en la comunidad. Ni esperanzas que el exiguo menú y la calidad mejoraran, ¡Por el contrario cada vez era peor!

Abdel Salâm, el aprendiz, vio en la situación una buena oportunidad. Sabía cocinar, recordaba bien las recetas de antaño, entre los comensales había algunos que habían sido clientes del antiguo restaurant, así que pensó que uno nuevo tendría un éxito rotundo.

Triste su calavera. Abdel Salâm no sabía el tamaño del reto. Cuando acudió a comprar el equipo necesario, los insumos y el mobiliario no encontró quien se arriesgara a ser su proveedor. Solicitó los permisos de la autoridad y le fueron negados sistemáticamente. Dicho de otra manera, la única opción era comer sin chistar y sin quejarse la bazofia que él nuevo dueño del restaurante –y del pueblo- ofrecía.

Y así ocurrió durante muchos años a la par que silenciosamente sentimientos de frustración y resentimiento se acumularon no solo en los comensales, también en la comunidad usuaria de los otros muchos negocios bajo control del “jovencito” aquel.

Sin embargo nadie se atrevía a quejarse públicamente, estaba visto lo que arriesgaba quien lo hacía. De pronto algo cambió. La comunidad salió a las calles, los que antes permanecían callados gritaron su descontento y el resto de la historia la conoces. El “Efecto Túnez” hizo historia.

Se ha especulado mucho sobre las causas y los promotores de los estallidos sociales en medio oriente que imaginan conspiraciones de oscuros intereses. No obstante la explicación es muy sencilla:

El mejor platillo del mundo si es la única entrada del menú al paso del tiempo… ¡Harta! Si las quejas de los comensales no logran mejorar el servicio y además se impide cualquier otra opción, el hartazgo, la desesperanza, la frustración y el resentimiento acumularán una presión explosiva en los obligados y sometidos comensales.

Bastará entonces un minúsculo detonador para provocar el estallido. Antes se requería reunirse personalmente para intercambiar ideas, debatir, coordinarse y eso ponía en riesgo la integridad de los “conspiradores” Hoy se puede lograr lo mismo a través de las redes sociales que aseguran una seguridad mínima pero suficiente para reunir virtualmente a los inconformes y convocar a la sociedad si la explosividad es suficiente.

Eso fue lo que ocurrió.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm