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domingo, 23 de enero de 2011

Así debe ser...

Dicen que en la vida, o eres bueno o eres malo… ¿Quién ser? ¿Quién quiero ser? ¿Quiero ser bueno o ser malo? ¿Para quién he de serlo? ¿Para los demás? Preguntas sin fundamento pues el Ser es el milagro. Una maravilla, un regalo para sentir, vivir y agradecer…

Desear ser en función de los demás para encaminar nuestros pasos, con rumbo a un destino incierto, esperando en el camino alcanzar la felicidad es la opción inaceptable. Podemos en cambio liberar de la prisión los anhelos que nos dicen lo que somos, lo que siempre hemos sido. Sin juicios, pues los milagros solo existen para ser aceptados con gratitud y humildad.

Sin embargo nos es más es más fácil aceptar lo que otros afirman; someterse a las formas y a los deseos antes que aceptar lo que realmente somos porque un mundo racional que piensa que existe… nos ha domesticado en el temor. Policía omnipresente que marca la pauta de las decisiones aceptadas como nuestras pero que en realidad corresponden al catálogo del “Así debe ser” escrito por alguien más.

Y cuando de niños quisimos ser niños, el policía nos dijo “No” ¿Por qué? preguntamos y él contestó “porque así debe ser”; Y cuando de jóvenes quisimos ser jóvenes, el policía nos dijo “No” ¿Por qué? preguntamos y él contestó “porque así debe ser” y cuando un día abordamos el barco de lo que pensamos nuestra propia vida, al salir de casa con la maleta en la mano, si acaso lo olvidamos, alguien corrió apresurado a ponernos bajo el brazo el librito de un afamado autor desconocido titulado… “Así debe ser”

Que en la introducción indica a manera de instrucción ¿Han de decidir algo? No se esfuercen, consulten el índice temático y de ahí vayan a la página correspondiente donde encontrarán su mejor decisión porque será la suya de nadie más y adelante casi al final la nota, Si después de aplicar la respuesta los resultados no les satisfacen, será porque algo habrán equivocado porque seguro, así debió ser... y para concluir nos advierte Sean cuidadosos, no se equivoquen, olviden sus anhelos, pues merece mucha pena en el infierno amar y vivir lo que realmente son.

Temor al amor, temor al esfuerzo que significa la búsqueda de nuestra verdad, temor a no ser aceptados por nuestra comunidad, temor a equivocarnos, temor a la vejez, temor a la enfermedad, temor al pasado, al presente, al futuro entre miles de otros temores que podríamos superar confiando en nuestros sentimientos aceptando simplemente vivir el milagro de Ser.

Dijo un internauta, “Puedes cerrar los ojos a lo que no deseas ver, pero jamás cerrar tu corazón a lo que sientes”

Con mis mejores deseos…

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 12 de julio de 2009

Íntegro infeliz...

Decía don Beodo que a los funerales la gente va por una de varias razones: por cumplir, por que realmente estima al finado, para saludar a la familia ó para asegurarse de que el muertito enterrado está.

Y pudo comprobarlo cuando fue él, el protagonista camino al camposanto con los pies por delante. La asistencia fue escasa, solo tres dolientes: su ahora viuda, doña Sufrida, quien entre lágrima y lágrima de cocodrilo dejaba entrever su gozo pues ese día acabaría su sufrimiento; y sus dos alegres compadres, quienes una de dos: o realmente lo apreciaban ó estaban más puestos que un calcetín para consolar a doña Sufrida por sus buenos haberes.

- A que don Beodo, se nos fue así tan de repente. Hombre íntegro, de una sola pieza, valedor… ¿No lo cree así compadre?

- Tiene razón, íntegro. Vivió convencido que las penas con alcohol se olvidan, no se cansó de decirlo una y otra vez, y vea usted… Murió como vivió, ¡borracho!

- No diga eso compadre ¿cuáles penas? Si el hombre tenía de todo... en los negocios le iba bien –los atendía en la cantina a la que por cierto llamaba “mi oficina”- su esposa pues ya la ve usted… siempre amorosa, trabajadora y tranquilita; de los chamacos ni se diga, le salieron buenos para la estudiada… así pues… ¿Cuáles penas tenía don Beodo?

- Pues solo una compadre, solo una… el nunca quiso ser leguleyo, su pasión era otra. ¿Qué no recuerda como nomás se le endurecía el rostro cuando comentábamos sobre el gran abogado que fue su padre? ¿Qué quiso ser don Beodo? Solo él lo supo, pero abogado le juro que no. La profesión y doña Sufrida fueron “regalo” de su papacito que se ha de rostizar en los infiernos...

La integridad consiste en actuar congruentemente con lo que se piensa y lo que se dice aún teniendo que asumir costos no deseados. Así que de acuerdo a la definición del concepto don Beodo pudo ser íntegro, como afirma su compadre. Sin embargo, como también apunta, nunca fue feliz.

Salvo cuando se requiere reaccionar de inmediato para evitar un peligro, la gente necesita decidir para actuar. Esa decisión dependerá de la evaluación de las alternativas considerando, entre otros factores, los valores, la información, la creación ó destrucción de valor, las necesidades, los deseos, los anhelos, las capacidades, las competencias y en general la fortaleza de carácter. Todos esos ingredientes deberían ser tomados en cuenta en el proceso de la toma de decisiones.

¿Qué hizo a don Beodo ser un íntegro infeliz? La respuesta es muy sencilla: decidió los actos de su vida aplicando mal la receta. Olvidó el ingrediente primordial de los anhelos al que debió sumar la fortaleza de carácter para evitar sujetarse a las decisiones de otros. El de ninguna manera fue el arquitecto de su propio destino.

Lo anterior se aplica a la mayoría de las personas y al agregarse, en el extremo, perfila el comportamiento de todo un país. Anhelamos un México mejor pero nunca tomamos en cuenta ese factor al decidir nuestro actuar cotidiano como ciudadanos. Vivimos en una cultura mediatizada e inequitativa cada vez más alejada de los valores universales, donde el que no tranza, no avanza; en una sociedad que promueve vigorosamente la satisfacción onerosa de los deseos, antes que de los anhelos y las necesidades de sus integrantes sujetos a la ignorancia y a la explotación por quienes detentan el poder económico y político.

¿Anhela usted un México mejor? Piense en eso antes de tomar una decisión. Inclúyalo en la receta y asuma los costos. Solo entonces podrá evitar ser un “íntegro infeliz”.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com