Hace ya más de 25 años, justo en la entrada de un poblado a la orilla de la carretera que une al puerto de Coatzacoalcos, Veracruz, con la ciudad capital del estado de Tabasco, Villahermosa, se inició la construcción de un puente que despertó la curiosidad de muchos pues en el lugar nada se veía que lo justificara ¿Un puente aquí?… ¿para qué? Ingenuamente pensé entonces que formaba parte de algún proyecto de infraestructura aún en desarrollo.Pero el puente fue concluido, el tiempo transcurrió y con él, creció la duda. ¿Cuál era el propósito del gigante? Meses después, acompañado de un amigo piloto, sobrevolé el área intentando descubrir el para qué había sido construido; buscaba las señales de una vía de ferrocarril, de un canal de riego o de una carretera que estuvieran en proceso de construcción y se dirigiera a él. Sin embargo la búsqueda fue infructuosa. Nada, absolutamente nada encontramos.
Hoy, 25 años después, la antigua carretera que pasa a un lado se convirtió en una autopista, la vecina ciudad de Cárdenas se extendió hasta rodearlo pero en el claro del puente, que ahora forma parte del pasaje urbano, sigue sin existir nada pueda darle sentido. Pero ahí está, corresponde al diseño de un puente, tiene las dimensiones de un puente, podrían circular sobre de él personas y vehículos como en un puente, pero es cualquier cosa menos un puente... pues no salva obstáculo alguno, ni un minúsculo riachuelo, ni una vía de ferrocarril, ni una carretera, ni una barranca...
Es, si acaso, la excepción de la regla que expresa el dicho “si parece pato, camina como pato, se acompaña de patos y hace ¡cua, cua!...entonces es pato” o cualquier otra cosa como el ejemplo de un inconcebible error de planificación, de la negligencia más absurda, del desperdicio de nuestros impuestos, de la corrupción que nos agobia, pero un puente… ¡jamás!
Y como esa construcción, a la que no podemos llamar puente pues sin propósito propio solo existe por el sueño de alguien más, igual existimos muchos que nos vemos vivos, nos comportamos como vivos, nos rodeamos de la vida y hablamos de ella con autoridad pero sin sentirla porque realmente no es la nuestra: es la de alguien más...
-¿Le escuchaste? ¡Inspira confianza! ¡Qué profundidad de conceptos! ¡Cuántas enseñanzas encierran sus palabras! ¡Sigamos sus preceptos! ¡Apoyemos su justa causa!... son las expresiones que al ganar adeptos provocan la risa cínica del truhan escondido tras la máscara de la humildad. Cuántos, estafadores, políticos con hambre atrasada, manipuladores, falsos profetas e hipócritas usan la elocuencia persuasiva y las falsas promesas para engañar y llevar agua a su molino de la fuente inagotable de la ingenuidad y la ignorancia.
¡Nadarás en la riqueza!, ¡Acabaré con los corruptos!, ¡Te quiero mucho!, ¡Eres el elegido hijo mío!, ¡Mi estimado amigo! Dice el estafador con mascara de honrado en busca de dinero, el corrupto en campaña en busca del voto, el hijo cariñoso para satisfacer sus caprichos, el falso pastor en busca del diezmo… Palabras que creemos a pie juntillas por avaricia, resentimiento, ceguera, o por cualquier otra causa menos por Amor. Palabras que suenan encantadoras como la música del Flautista de Hamelin conduciendo a un pueblo a su desgracia.
Así que más nos valdría actuar con prudencia cuando de descartar nuestros sueños por ajenos se trate y preguntarnos ante palabras melosas y cautivadoras si los hechos les dan fundamento y sustento porque la mentira siempre se viste con las ropas de la verdad…
Con mis mejores deseos…
Enrique Chávez Maranto
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