Mostrando las entradas con la etiqueta Políticos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Políticos. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de febrero de 2011

Por sus obras los conoceréis...

Hace ya más de 25 años, justo en la entrada de un poblado a la orilla de la carretera que une al puerto de Coatzacoalcos, Veracruz, con la ciudad capital del estado de Tabasco, Villahermosa, se inició la construcción de un puente que despertó la curiosidad de muchos pues en el lugar nada se veía que lo justificara ¿Un puente aquí?… ¿para qué? Ingenuamente pensé entonces que formaba parte de algún proyecto de infraestructura aún en desarrollo.

Pero el puente fue concluido, el tiempo transcurrió y con él, creció la duda. ¿Cuál era el propósito del gigante? Meses después, acompañado de un amigo piloto, sobrevolé el área intentando descubrir el para qué había sido construido; buscaba las señales de una vía de ferrocarril, de un canal de riego o de una carretera que estuvieran en proceso de construcción y se dirigiera a él. Sin embargo la búsqueda fue infructuosa. Nada, absolutamente nada encontramos.

Hoy, 25 años después, la antigua carretera que pasa a un lado se convirtió en una autopista, la vecina ciudad de Cárdenas se extendió hasta rodearlo pero en el claro del puente, que ahora forma parte del pasaje urbano, sigue sin existir nada pueda darle sentido. Pero ahí está, corresponde al diseño de un puente, tiene las dimensiones de un puente, podrían circular sobre de él personas y vehículos como en un puente, pero es cualquier cosa menos un puente... pues no salva obstáculo alguno, ni un minúsculo riachuelo, ni una vía de ferrocarril, ni una carretera, ni una barranca...

Es, si acaso, la excepción de la regla que expresa el dicho “si parece pato, camina como pato, se acompaña de patos y hace ¡cua, cua!...entonces es pato” o cualquier otra cosa como el ejemplo de un inconcebible error de planificación, de la negligencia más absurda, del desperdicio de nuestros impuestos, de la corrupción que nos agobia, pero un puente… ¡jamás!

Y como esa construcción, a la que no podemos llamar puente pues sin propósito propio solo existe por el sueño de alguien más, igual existimos muchos que nos vemos vivos, nos comportamos como vivos, nos rodeamos de la vida y hablamos de ella con autoridad pero sin sentirla porque realmente no es la nuestra: es la de alguien más...

-¿Le escuchaste? ¡Inspira confianza! ¡Qué profundidad de conceptos! ¡Cuántas enseñanzas encierran sus palabras! ¡Sigamos sus preceptos! ¡Apoyemos su justa causa!... son las expresiones que al ganar adeptos provocan la risa cínica del truhan escondido tras la máscara de la humildad. Cuántos, estafadores, políticos con hambre atrasada, manipuladores, falsos profetas e hipócritas usan la elocuencia persuasiva y las falsas promesas para engañar y llevar agua a su molino de la fuente inagotable de la ingenuidad y la ignorancia.

¡Nadarás en la riqueza!, ¡Acabaré con los corruptos!, ¡Te quiero mucho!, ¡Eres el elegido hijo mío!, ¡Mi estimado amigo! Dice el estafador con mascara de honrado en busca de dinero, el corrupto en campaña en busca del voto, el hijo cariñoso para satisfacer sus caprichos, el falso pastor en busca del diezmo… Palabras que creemos a pie juntillas por avaricia, resentimiento, ceguera, o por cualquier otra causa menos por Amor. Palabras que suenan encantadoras como la música del Flautista de Hamelin conduciendo a un pueblo a su desgracia.

Así que más nos valdría actuar con prudencia cuando de descartar nuestros sueños por ajenos se trate y preguntarnos ante palabras melosas y cautivadoras si los hechos les dan fundamento y sustento porque la mentira siempre se viste con las ropas de la verdad…

Con mis mejores deseos…

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 28 de febrero de 2010

México: la metáfora de la ranita

Todo puede ocurrir pero ya muy poco es causa de asombro. Cuan lejanos parecen aquellos días en el que la noticia de un delito conmovía a la sociedad. Hoy todo puede suceder y nada sucede realmente. Noticias de ejecuciones, robos, asesinatos, secuestros, tragedias, desastres naturales y otros que no lo son tanto, guerras, escándalos de corrupción y de quebranto de instituciones de todo tipo; se suceden efímeras una tras de la otra en los medios de comunicación para un público que ya no se impresiona prácticamente con nada, con absolutamente nada.

Aún el olor del delito más vil se disimula de inmediato tras la peste de la inmundicia que brota cotidianamente de la gigantesca cloaca en la que pareciera se ha convertido el país.

¿Qué pasa si un senador de la republica acusa a otro de no ser hombrecito? ¿Qué, si se robaron ¡lingotes de oro! en una mina? ¿Qué, si encontraron el mayor tesoro del mundo escondido en una casa? ¿Qué, si el jefe de las instituciones declara culpable o exculpa sin juicio de por medio? ¿Qué, si un gobernador resulta una preciosura? ¿Qué, si se gastaron unos milloncitos de más en una mega biblioteca que no funciona? ¿Qué, si la suprema corte determinó faltas graves y omisiones en los tres niveles de gobierno en Oaxaca? ¿Qué, si el conflicto de los mineros? ¿Qué, si los atentados a Pemex? ¿Qué, si el Pemexgate? ¿Qué, si los vídeo escándalos? ¿Qué, si los diputados se van de viaje sin justificación, hacen escándalos en aviones y antros de mala muerte? ¿Qué, si hay “sospecha” de fraude electoral?

¿Qué pasa? No pasa nada, absolutamente nada. Y es así porque el sistema que debía responder a las preguntas es el mismo que genera pus en las heridas. Un sistema en descomposición que clama por cirugía mayor: reforma del estado, reforma hacendaria, reforma energética, reforma judicial… y todas ¡por Dios! Estructurales… Habría que reinventar al estado Mexicano y no se percibe quien pueda hacerlo. ¿Los políticos? Que como los alacranes no niegan su naturaleza; ¿La sociedad civil? Que es culpable por omisión y apatía.

En México es tan abrumadora la cantidad de podredumbre que no bien estamos asimilando un acontecimiento cuando el siguiente ya está en los titulares. Así las cosas hemos perdido la capacidad de asombro y con ella la oportunidad de ver más allá de los síntomas que ocupan los encabezados. La inmensa mayoría prefiere esconderse tras las murallas de sus apegos pensando en que jamás les tocará a ellos la inmundicia… hasta que les toca brindar el espectáculo del sufrimiento ante una sociedad indiferente.

[… te confieso que todo él que solo pontifica me causa erisipela… Hay tantos que se autoproclaman poseedores que la pobre Verdad ya anda mareada….] reflexionó hace unos día un amigo en Twitter cansado de la cerrazón. Contesté que justamente esa es una de las razones por las que no podemos ponernos de acuerdo. Creamos nuestra “verdad”, por convicción o interés, la creemos, y terminamos haciendo de ella la razón de un “pontificado” innoble donde el fin justifica los medios, pues para el iluminado no hay otra verdad que valga. Anulando así la posibilidad de consensos para construir las soluciones que el país requiere.

En tanto para la mayoría de la población aplica la metáfora de aquella ranita que colocan en una olla de agua fría al principio, templada después y al final hirviente por la acción del fuego. La ranita primero nada feliz, después aletargada en el agua cada vez más caliente para finalmente quedar quietecita y bien cocinada... A esa población apática ya nada les mueve, ni les causa asombro. Ni las muertes cotidianas cada vez más salvajes; ni la corrupción moral, política o de cualquier tipo de sus gobernantes que calienta el agua donde se cocina el apetitoso platillo de una sociedad ausente y aletargada… ¡Cómo la ranita!

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto

enrique.chm@gmail.com

www.ramari.blogspot.com

Twitter @enriquechm