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domingo, 29 de abril de 2012

¡CORRUPTOS!


El fin, conservar el poder. El medio, la promoción y tolerancia de la corrupción. No es casualidad que esa calamidad sea “la” gran constante en la historia de México. Es el medio idóneo para aceitar la maquinaria y proveer al pueblo no solo como se ha dicho, de pan y circo, también de una chispa de esperanza para quiénes buscan un trato preferencial en la sociedad y comodidades con el mínimo esfuerzo.

Veamos, en los sorteos multimillonarios se necesita comprar boleto para participar de la esperanza de salir de pobres. En el proceso de la corrupción, el participante siendo servil, dejándose sobornar, pervertir y enviciar, compra boleto todos los días para mantener la esperanza de sacarse los “millones” primero en un encargo sin importancia, para tal vez, algún día, participar del círculo del poder, pero eso sí… después de impartir codazos y aplicar toda suerte de malas mañas pues, como bien se sabe, quienes han llegado antes, difícilmente compartirán con quien no posea apellidos de gran prosapia; de aquellos que se han escuchado desde los tiempos de María Conesa.

Y habrá a quien la política no interese. Pero indudablemente si, pagar el módico 10 por ciento por un contratito por aquí y otro contratote por allá; hasta que, ya con fortuna suficiente, se haga merecedor al honor de que le pasen la charola para hacer el “donativo” que engrosará el río de los recursos de la corrupción para la campaña del candidato en turno…

Pero los recursos de la corrupción no solo empobrecen las arcas del erario al incrementar los costos de la obra pública y las adquisiciones del gobierno federal. También provienen de las grandes empresas trasnacionales, empeñadas en expandir sus negocios e incrementar sus utilidades. Empresas que hacen uso del cohecho donde quiera que haya mafias corruptas, de las que en México sobran. Tal es el caso de Wall-Mart que a más de uno tendrá nervioso y muchos otros de triste memoria que han quedado cubiertos con el manto de la impunidad.

Lamentablemente el daño que los corruptos causan al país es impresionante. El pasado 26 de abril, en su edición electrónica, el diario “El Economista” citando cifras del Banco Mundial, estima que la corrupción ha ocasionado pérdidas del orden del ¡9 por ciento del Producto Interno Bruto! porcentaje nada sorprendente si consideramos que es un secreto a voces el 10 por ciento que se ha de pagar por recibir un pedido o un contrato. ¿A cuanto equivale ese porcentaje? Sin considerar la inversión en Pemex, a un poco más de la mitad del gasto programable del gobierno.

Muchos problemas podrían resolverse al cortar de tajo con las prácticas corruptas que hacen del país uno cada vez más pobre y sometido a intereses ajenos. ¿Qué cómo podría lograrse?

Es momento de los sueños guajiros que tanto me gustan: a) Con un liderazgo provisto de voluntad férrea que promueva a la honestidad con el ejemplo; y como el valor a privilegiar y reconocer por su gobierno; b) Instrumentando estrategias que no pretendan tal como, muy a la conveniencia de los corruptos, lo propone el Banco Mundial: combatir por igual al corrupto que pide 10 pesos para “el refresco”, que al que trafica con influencias y hace sus tratos “de negocio” en las Vegas o en Montecarlo.

Eso está visto que solo funciona para hacer publicidad (circo), meter a la cárcel a alguno que otro, de preferencia enemigo político- que al rato sale libre con un usted disculpe dado en lo oscurito.

También es imperativo dejar de lado los sentimientos de victimización que nos provoca la corrupción. En cambio hay que otorgar nuestro voto a quien a nuestro juicio mejor corresponda al perfil del líder que necesita el País y si gana, cambiar el grito de “no nos falles” por otro que diga “en que te ayudo”

Hoy quienes detentan el poder se niegan a abandonarlo por dos razones: por apego al poder mismo y por miedo a que salga a flote la corrupción que ya no puede ocultarse.

Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

sábado, 18 de febrero de 2012

Hablemos de corrupción...


A las tres de la mañana refunfuñando contra el mundo, Don Julián  cansado de la vida, caminaba rumbo a su casa… En esas iba cuando percibió entre las sombras, un “algo” tirado sobre la acera que le hizo exclamar ¡Ah bueno! solo faltaría que pise excremento para rematar el día… pero no fue así, aquello era una gastada y abultada billetera… ¿Qué hacer? Él podía a su entera discreción, devolverla o quedársela. Si hacia lo último ¿Quién podría acusarlo oscurito como estaba? Mira que con el salario de hambre que recibía, bien que le caería un dinerito extra para comprarse un relojito como el del jefe…

El cuento anterior ilustra el modelo típico de la corrupción que nuestra autoridades combatirían con una ley que castigue el delito de quedarse con una billetera olvidada, poniendo más focos en la calle, creando una policía especializada, instalando chips GPS en todas las carteras y en todos los ciudadanos para vigilar sus movimientos… y me pregunto ¿Esa es la solución?

No, porque el modelo no corresponde a la nuestra realidad. En México, la corrupción concede la esperanza de llevar a cualquiera que sea útil para el sistema, al “éxito” social, político, económico, profesional que no podría obtener de otra manera. No es la oportunidad que se le presenta a una persona de ser corrupto. Es un fenómeno social que ha servido como la válvula del sistema, que alivia el resentimiento y el descontento social cuando los ciudadanos se preguntan ¿Porqué ellos sí y yo no?

Así es como los tres poderes de la unión se han plagado de corruptos que vinieron “desde abajo”. De verdaderos cárteles de delincuentes de cuello blanco que saquean el patrimonio nacional.

La consecuencia más nefasta sin embargo, no es esa. Es la respuesta “No se puede” que dan los trabajadores honrados ante cualquier iniciativa. Trabajadores que procuran hacer solo lo mínimo indispensable, o nada si es posible para no equivocarse y caer en manos de la santa inquisición al servicio de los intereses en turno, en la que se han convertido los entes fiscalizadores ávidos de peces chicos pues con los grandes ya está visto que no pueden o no quieren.

La triste realidad es que hoy y antes, bajo la loza de una normatividad diseñada bajo criterios equivocados, se asfixian la innovación, el criterio y el sentido común. Este es el peor daño que causa la corrupción.

La semana pasada la Auditoría Superior de la Federación presentó el “Informe del Resultado de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2010” con un gran impacto mediático por casos como la Estela de la Luz, que solo es uno entre otros de mayor quebranto.

¿Usted que cree qué va pasar? Las observaciones irán a dar a la Secretaría de la Función Pública donde a alguno que otro chivo expiatorio flaco lo harán barbacoa para darle gusto a la prole. Pero nada más. ¿Usted cree que el secretario de la SEFUPU hará algo para poner en evidencia a la administración de quien lo nombró en el cargo? Yo tampoco.

Y si piensa que sí, para muestra un par de botones: Las cuentas públicas del año 2002 y del año 2007 de las administraciones de Fox y Calderón respectivamente fueron rechazadas por el legislativo, censuradas y solo hasta hace unos pocos días se ordenó su publicación…

La corrupción es resultado de la Inequidad, de la carencia de oportunidades de desarrollo; del excesivo financiamiento a los partidos políticos; de la complejidad de nuestro marco regulatorio; de la promoción indiscriminada de estilos de vida distintos a la realidad nacional; de la garantía de impunidad, de la falta de voluntad política para combatirla y de un nulo reconocimiento a la competencia y el comportamiento ético del ciudadano.

Tenemos miles de millones de dólares en reservas, sí, pero de lo anterior muy poco.

Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm
www.ramari.blogspot.com

domingo, 14 de noviembre de 2010

Cártel

Cártel” de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española significa “Organización ilícita vinculada al tráfico de drogas o de armas” no obstante hoy asociaré ese término a organizaciones criminales aún más peligrosas que las dedicadas al tráfico de drogas o armas, por el gravísimo daño que causan al país.

Me refiero a la delincuencia de cuello blanco organizada, que explota un fenómeno social que es mal endémico de México: la corrupción de cuyo origen he comentado en diversas ocasiones. Ahora explico el “modus operandi” y la estructura de los cárteles de la corrupción.

Aplicando el principio de Pareto a las utilidades de la corrupción, se puede afirmar que el 80% de los corruptos obtiene únicamente el 20% del botín y el restante 20%, organizados en cárteles, se llevan a sus bolsillos la mayor parte: el 80%. Dicho de otra manera, casi la totalidad del daño causado por la corrupción resulta de la actividad de los cárteles que operan en el segmento de los grandes negocios que reditúan ganancias multimillonarias… en dólares naturalmente.

Los “puestos” que no pueden faltar en la estructura de un cártel son él “jefe”, el “operador” y los “esclavos”. El jefe mantiene un perfil muy bajo y generalmente no trabaja para la empresa víctima. Él es quien detecta la oportunidad de “hacer negocio”, lo diseña, lo financia y lo promueve realizando el cabildeo de alto nivel para preparar el terreno y si es necesario negocia con otros cárteles.

El operador en cambio, trabaja en la empresa bajo ataque; ocupa un puesto de alto nivel jerárquico con funciones ambiguas que le permiten amplia flexibilidad para intervenir en todo tipo de asuntos. Inteligente, simpático y con facilidad de palabra, todos conocen su poder por la cercanía y relación con la más alta autoridad de la empresa. Su rol dentro del cártel es apoyar y asesorar al jefe en la detección de oportunidades; reclutar, posicionar, coordinar y controlar a los esclavos. ¡Ah! Y no menos importante quitar las piedritas del camino.

Los esclavos por su parte son responsables de procesos o actividades clave para el éxito del ilícito. Ingresan al cártel, los menos por avaricia, la mayoría bajo coerción por temor a perder el empleo, chantaje; o simplemente por ingenuidad, desconocimiento de las leyes o incapacidad para decir “no” al jefe. En síntesis son esclavos de la avaricia, el temor o la ignorancia que “copelan… o cuello”.

En cuanto al riesgo se refiere, el 99 por ciento es de los esclavos. Ellos son los que firman, autorizan y ordenan los actos irregulares; el operador siempre está cerca pero solo en situaciones extremas se compromete firmando algo. Él ordena y coordina por teléfono u otros medios. El Jefe por su parte no asume riesgos, normalmente no es funcionario público y las escasísimas huellas de su actuar difícilmente pueden ser comprobadas o utilizadas en juicio. Si acaso, lo que pierden es dinero.

Lo contrario ocurre con el reparto del botín. Los esclavos no obtienen nada salvo los avariciosos que ingresan al cártel voluntariamente. La mayor parte del botín se lo lleva el jefe quien reparte las “comisiones” casi siempre en especie a través de fideicomisos controladores de fondos de inversión e inmobiliarias que compran, venden o rentan yates, autos, casas, departamentos en Miami, Santa Fé, Polanco… que los ponen a disposición de los integrantes del Cártel quienes legalmente no poseen nada pero viven ¡A todo lujo!

Los socios del primer círculo parecieran que no tienen vínculos sin embargo siempre existen circunstancias comunes en su pasado. Son de la misma región o ciudad, caminaron juntos en los pasillos de la universidad, tuvieron los mismos jefes o maestros, laboraron como empleados de empresas con relaciones de negocios.

Los recientes casos de CFE, el IMSS y otros que conozco son un buen ejemplo de ello.

Con mis mejores deseos, para su información y efectos…

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

sábado, 4 de septiembre de 2010

4a Propuesta: Olla de Presión

En el primer artículo de esta serie, “Conclusiones”, afirmé que para hacer quebrar a una empresa o a un país, basta con seguir una receta que incluye como ingrediente principal a la corrupción. Tema del comentario y la propuesta de hoy.

Para empezar, imagine que está en un vagón del metro a la hora pico, cansado y ansioso por llegar a su casa. En el primer tramo soporta estoicamente el apretujamiento porque mantiene la esperanza de salir al andén en cuanto llegue a la estación de su destino. Sin embargo al llegar a esta, los pasajeros que entran desordenadamente le impiden salir y esto mismo ocurre en otra y en otra estación… ¿Mantendría la calma?

No, Usted que siempre ha sido una persona respetuosa y de buenas maneras, seguramente perdería la calma. Le pregunto: ¿Por qué quienes se colocaron junto a la puerta pudieron salir y usted no? La respuesta es obvia: la mayoría porque lo hicieron a punta de codazos, empujones, sin respeto alguno por el resto de los pasajeros. Exactamente lo mismo que Usted tendría que hacer antes de llegar a la próxima estación si quiere llegar pronto a casa. Eso sí, ya en el andén regresaría a su conducta habitual de gente con valores, respetuosa y de buenas maneras.

Si fuera el caso de algún pasajero desesperado la solución sería sencilla pero no es así. Son muchos los pasajeros los que asumen esa conducta que no puede resolverse enseñando valores, buenas costumbres y respeto por los demás. Conducta que tampoco se puede solucionar separando a hombres de mujeres, ni con policías y garrotes. El problema es generalizado y requiere otro tipo de soluciones que atiendan la causa raíz como incrementar el número de vagones, abrir nuevas rutas, etcétera.

La corrupción es una conducta que se ha analizado siempre desde el punto de vista de la persona avariciosa, de las oportunidades que se le presentan para corromperse y de la impunidad que percibe. Y por medicina se ha prescrito el Control Basado en la Desconfianza (CBD) que como hemos visto en artículos anteriores tiene consecuencias nefastas para cualquier organización o país como es el caso de México.

Sin embargo la afirmación popular, «La corrupción somos todos», le concede a esta calamidad rango de fenómeno social con un alcance mucho mayor que satisfacer la avaricia de unos cuantos. Su propósito, afirmo, ha sido servir de válvula de alivio al resentimiento de la sociedad. De tal forma que cuando la válvula se activa libera el exceso de presión dentro de la olla para evitar la explosión que se produciría si llegara a fallar. Y esto, al margen del discurso, ha sido permitido por quienes han detentado el poder.

La corrupción es en síntesis, el camino de los codazos y empujones, sin respeto por la Ley, de aquellos que se preguntan ¿Por qué ellos sí pueden llegar al andén y yo no? De aquellos que asumen como norma de conducta la frase “El que no tranza, no avanza”. Y el sistema lo permite para mantener en muchos la esperanza de salir del vagón e impedir así que explote la olla de presión donde se cocinan inequidad, injusticia, carencia de oportunidades de desarrollo, impunidad y falta de reconocimiento a las competencias y al comportamiento ético del ciudadano, entre otros muchos ingredientes.

La propuesta es muy sencilla: Sustituir los ingredientes por equidad, justicia, oportunidades de desarrollo, castigo ejemplar a los corruptos, evaluación del desempeño con base en resultados, premio a la competencia y al comportamiento ético, y sobre todo integridad y un comportamiento ejemplar del liderazgo. Si, ya lo sé, no me digan… ¡Sueños guajiros!

Sin embargo nada es imposible, el cielo o el infierno lo construimos nosotros. El tema de las propuestas aún no se agota, continuarán en la siguiente columna.

Si desean mayor información pueden consultar los siguientes artículos: El Petate del Muerto, marzo de 2007; ¿Corrupto Yo?, mayo de 2005; Legisladores, ¿Corruptos o delincuentes?, marzo de 2010.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 22 de agosto de 2010

2a Propuesta: ¿A dónde vas?

La naturaleza es muy sabia. Conoce bien que el primer paso que debe dar un depredador para disponer con el menor esfuerzo de una apetitosa comilona es paralizar a su futuro platillo. Y para eso tienen muchos mecanismos… ¿Han escuchado el rugido de un león, un oso, o visto el efecto del veneno de una araña?

Paralizar es el propósito, lo demás es literalmente… pan comido.

Lo mismo aplica cuando se desea provocar la quiebra, controlar o someter a una persona, a una empresa, a una organización o a todo un país; por avaricia, poder, desconfianza, inseguridad, miedo, odio, ignorancia y todo el largo etcétera de las motivaciones del ser humano...

¿Qué vas a hacer? ¿Con quién vas? De acuerdo, tienes mi permiso, ¡pero ni se te ocurra salir con tu domingo siete porque ya me conoces! Me llamas cuando llegues a la casa de Chachita para que me des el teléfono a donde pueda localizarte… Al rato, ring… ring… (La hija llamando) ¿Por qué tardaste tanto en avisar? Mas al rato ring… ring… (Mamá llamando) ¿Todo bien? ¿Por qué se escucha tanto escándalo? No tardes, te voy a estar esperando… Un par de horas más tarde... ¿Eres tu hija? ¿Quién te trajo? ¿Por qué vienes toda despeinada? A ver sóplame…

El ejemplo anterior es típico del Control Basado en la Desconfianza (CBD) que ejercen los padres sobre sus hijos. Los padres controlan antes de permitir que inicie el proceso, controlan lo que ocurre durante el proceso y controlan después de concluido lo que conducirá, dependiendo del carácter de sus hijos, a la obediencia/sumisión/parálisis absoluta que no les permitirá tomar decisiones por si mismos o a incurrir en toda una serie de argucias para salirse con la suya. Las dos alternativas son nefastas.

En el caso de las organizaciones, de las empresas o de los países a las etapas del CBD tienen nombres rimbombantes: el control “ex-ante” (pedir permiso a Papá antes de hacer nada), el control normativo, (que decide el cómo se hace: “no te tardes”, “llámame”) y el control “ex-post” (revisiones, auditoría, “sóplame”) pero al final del día son lo mismo que hacen los papás controladores en exceso, con las mismas nefastas consecuencias.

En particular, el país, el gobierno y nosotros atrás de ellos, perdemos muchísimo dinero por el control basado en la desconfianza. Tiempos exagerados para desarrollar y ejecutar los proyectos; la inmensa cantidad de recursos que consume la burocracia creada para controlar burocracia, que a su vez controla más burocracia; la parálisis en las instituciones por el miedo de los muchos funcionarios honestos (honestos enfatizo, porque a los pillos ¡les vale!) a tomar decisiones por el riesgo que corren de ser sancionados discrecionalmente; y finalmente por el altísimo costo de la corrupción que se da cada comilona en el caldo de cultivo ideal que ofrece el CBD. Las argucias que los pillos realizan para salirse con la suya.

Es imperativo sustituir al CBD por un efectivo sistema de control basado en la fijación de metas, el análisis objetivo de los resultados y en la rendición de cuentas. –El país requiere esto; no me pidas permiso para hacer lo que tienes que hacer, simplemente hazlo; no te digo como hacerlo porque si ocupas ese puesto sabes cómo hacerlo; si cumples conservarás tu puesto, si superas los compromisos recibirás reconocimiento y serás recompensado por tu esfuerzo; si no, ni te presentes ya estarás despedido. Nos vemos el año que entra.

Nada es imposible, el cielo o el infierno lo construimos nosotros. El tema aún no se agota, continuaremos en la siguiente columna.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 14 de marzo de 2010

Legisladores: ¿Corruptos o delincuentes?

En múltiples ocasiones he comentado el tema de la corrupción. Comenté de la ineficacia en México de las estrategias que promueve el Instituto del Banco Mundial quien define el éxito de la lucha contra la corrupción como función de las variables: acceso a la información, liderazgo político y la acción colectiva. Materias todas en las que antes que avances, se suceden cotidianamente retrocesos que no son menores.

Planteé como hipótesis que la corrupción debe ser vista no solo como un problema de individuos aislados que ceden a la tentación ante la garantía de impunidad. Para el 80 por ciento de la población, debe ser vista como un fenómeno social que, atiende primero, al propósito de supervivir, y después como medio para mantener la esperanza de escapar a estratos socioeconómicos superiores. Válvula por cierto muy bien regulada por el poder político en turno para atender a sus intereses.

Para el restante 20 por ciento la corrupción atiende a los propósitos fundados en la avaricia del sistema imperante: La acumulación de poder económico y poder político; que, si aplicamos la Ley de Pareto, representan con toda seguridad el 80 por ciento de los costos que asume el país. Hablo de la corrupción de los grandes, pero muy grandes, negocios medidos en millones de dólares, no de la “mordida” de 100 pesos.

No obstante, las estrategias de la lucha contra la corrupción en México son las mismas para los dos segmentos. A los de los grandes “negocios” les hacen lo que el viento a Juárez pues son ellos quienes las deciden y aplican siguiendo al pie de letra aquella máxima del Prócer: Justicia y gracia –léase impunidad- para los amigos, la Ley a secas para los enemigos. Y así eventualmente se da el caso que corruptos -¿Corruptos?- ingresan en la cárcel y de otros que frecuentemente cambian a mejores puestos o migran a otros climas…

Pero no, no son corruptos, eso es una manera suave de decir las cosas, un eufemismo, utilizado para expresar que los “corruptos” son menos malos que los delincuentes. La verdad es que los “corruptos” son tan delincuentes como cualquiera que viole la Ley. Ese es el término a utilizar para señalarlos y llamarles por lo que son.

¿Acaso no es delincuente el que usa lo que no es propio para su beneficio? ¿Acaso no es delincuente aquel que le miente a sabiendas a una autoridad? ¿Acaso no es un delincuente quien acusa públicamente sin pruebas?

Eso es justo lo que observamos la semana pasada en el denigrante espectáculo que a muy alto costo sufragamos con nuestros impuestos. Legisladores mintiendo públicamente una y otra vez a la que debería ser su autoridad: el pueblo. Legisladores desviando los recursos públicos empleando su tiempo primero, para concertar acuerdos electorales y después para difamar, en vivo y en directo, desde las instalaciones que deberían ser utilizadas para atender la agenda legislativa.

Legisladores ya confesos, que eufemísticamente serían sujetos de corrupción política solo que a mi ese término ya no me satisface. Habría que llamarlos por su nombre: delincuentes organizados en cárteles mal llamados partidos políticos.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto

enrique.chm@gmail.com

www.ramari.blogspot.com

Twitter @enriquechm

domingo, 28 de febrero de 2010

México: la metáfora de la ranita

Todo puede ocurrir pero ya muy poco es causa de asombro. Cuan lejanos parecen aquellos días en el que la noticia de un delito conmovía a la sociedad. Hoy todo puede suceder y nada sucede realmente. Noticias de ejecuciones, robos, asesinatos, secuestros, tragedias, desastres naturales y otros que no lo son tanto, guerras, escándalos de corrupción y de quebranto de instituciones de todo tipo; se suceden efímeras una tras de la otra en los medios de comunicación para un público que ya no se impresiona prácticamente con nada, con absolutamente nada.

Aún el olor del delito más vil se disimula de inmediato tras la peste de la inmundicia que brota cotidianamente de la gigantesca cloaca en la que pareciera se ha convertido el país.

¿Qué pasa si un senador de la republica acusa a otro de no ser hombrecito? ¿Qué, si se robaron ¡lingotes de oro! en una mina? ¿Qué, si encontraron el mayor tesoro del mundo escondido en una casa? ¿Qué, si el jefe de las instituciones declara culpable o exculpa sin juicio de por medio? ¿Qué, si un gobernador resulta una preciosura? ¿Qué, si se gastaron unos milloncitos de más en una mega biblioteca que no funciona? ¿Qué, si la suprema corte determinó faltas graves y omisiones en los tres niveles de gobierno en Oaxaca? ¿Qué, si el conflicto de los mineros? ¿Qué, si los atentados a Pemex? ¿Qué, si el Pemexgate? ¿Qué, si los vídeo escándalos? ¿Qué, si los diputados se van de viaje sin justificación, hacen escándalos en aviones y antros de mala muerte? ¿Qué, si hay “sospecha” de fraude electoral?

¿Qué pasa? No pasa nada, absolutamente nada. Y es así porque el sistema que debía responder a las preguntas es el mismo que genera pus en las heridas. Un sistema en descomposición que clama por cirugía mayor: reforma del estado, reforma hacendaria, reforma energética, reforma judicial… y todas ¡por Dios! Estructurales… Habría que reinventar al estado Mexicano y no se percibe quien pueda hacerlo. ¿Los políticos? Que como los alacranes no niegan su naturaleza; ¿La sociedad civil? Que es culpable por omisión y apatía.

En México es tan abrumadora la cantidad de podredumbre que no bien estamos asimilando un acontecimiento cuando el siguiente ya está en los titulares. Así las cosas hemos perdido la capacidad de asombro y con ella la oportunidad de ver más allá de los síntomas que ocupan los encabezados. La inmensa mayoría prefiere esconderse tras las murallas de sus apegos pensando en que jamás les tocará a ellos la inmundicia… hasta que les toca brindar el espectáculo del sufrimiento ante una sociedad indiferente.

[… te confieso que todo él que solo pontifica me causa erisipela… Hay tantos que se autoproclaman poseedores que la pobre Verdad ya anda mareada….] reflexionó hace unos día un amigo en Twitter cansado de la cerrazón. Contesté que justamente esa es una de las razones por las que no podemos ponernos de acuerdo. Creamos nuestra “verdad”, por convicción o interés, la creemos, y terminamos haciendo de ella la razón de un “pontificado” innoble donde el fin justifica los medios, pues para el iluminado no hay otra verdad que valga. Anulando así la posibilidad de consensos para construir las soluciones que el país requiere.

En tanto para la mayoría de la población aplica la metáfora de aquella ranita que colocan en una olla de agua fría al principio, templada después y al final hirviente por la acción del fuego. La ranita primero nada feliz, después aletargada en el agua cada vez más caliente para finalmente quedar quietecita y bien cocinada... A esa población apática ya nada les mueve, ni les causa asombro. Ni las muertes cotidianas cada vez más salvajes; ni la corrupción moral, política o de cualquier tipo de sus gobernantes que calienta el agua donde se cocina el apetitoso platillo de una sociedad ausente y aletargada… ¡Cómo la ranita!

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto

enrique.chm@gmail.com

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domingo, 16 de agosto de 2009

Sueño imposible...

¡Un espectáculo impresionante!

La tradicional rivalidad de los equipos nacionales de México y los Estados Unidos está nuevamente a punto de resolverse. En una ceremonia inédita, los presidentes Felipe Calderón y Barack Hussein Obama acompañan en la cancha a los jugadores para entonar los himnos nacionales.

El zumbido es impresionante. El coloso de Santa Ursula está a reventar con los 110,000 mil fanáticos que respetuosamente guardan silencio cuando suenan las notas del himno estadounidense que al finalizar, honra la multitud con un estruendoso aplauso que cimbra al estadio.

Pero eso es solo el comienzo. La energía explota ahora al entonar cientos de miles de emocionadas gargantas las estrofas del himno nacional mexicano que se escucha en todo el valle del Anahuac. No bien concluye la multitud se desborda y al grito de “México, México, México” hacen la primera “ola” de las muchas que veríamos a lo largo del partido.

De inmediato, los capitanes honorarios de los equipos juegan el tradicional volado y el inicio es para el equipo americano, los presidentes se trasladan al balcón presidencial ornamentado con pendones de los dos países… los equipos en la cancha con el balón al centro al silbato del árbitro, inician el partido…

¡Que juego señores! Aprovechando un descuido de la defensa, el delantero Davies a los ocho minutos bate la portería defendida por Ochoa con un excelente gol que por momentos calma los ánimos de la fanaticada mexicana. Sin embargo el equipo de casa no se arredra, al contrario, los ataques a la portería americana se multiplican y el esfuerzo mexicano culmina con un trallazo imparable de Castro que iguala el marcador y cimbra nuevamente el estadio al grito de ¡Goool! de 110,000 espectadores.

Terminan el primer tiempo empatados a uno, se van a los vestidores a revisar la estrategia y para nuestra complacencia empieza el espectáculo de medio tiempo con quien es el máximo exponente de la canción vernácula mexicana, Don Vicente Fernández, que al son del mariachi Vargas de Tecatitlán interpreta “Pero sigo siendo el rey…”

En tanto en el balcón presidencial en una rueda de prensa improvisada los presidentes Felipe Calderón y Barack Hussein Obama informaron brevemente de los excelentes resultados de la estrategia que el bloque de los países signatarios del Tratado de Libre Comercio de América de Norte -México, Estados Unidos y Canadá- emprendieron tres años atrás para enfrentar las crisis económica, financiera, ecológica, energética, alimentaria, sanitaria y de seguridad que impactó a los países del orbe. La clave dijeron, fue la lucha coordinada contra la corrupción política, barrer la escalera de arriba abajo, lo que restauró la confianza de los ciudadanos en su liderazgo, en las instituciones y sumó a los ciudadanos en un esfuerzo colaborativo nunca antes visto en la historia de las naciones del mundo... Muerto el perro, dijo Juan Pueblo, se acabó la rabia y en corto tiempo la tormenta perfecta empezó a amainar.

Vuelve a prenderse el estadio, los equipos regresan a la cancha y la patada inicial del balón en el segundo tiempo es ahora para México quien arremete con todo el entusiasmo en una cancha que no parece ofrecer resistencia. Muy pocos saques de banda que rompan el ritmo del juego, el “fair play” –juego limpio- es convicción de los jugadores de ambos bandos. En una entrada dura, se observa al árbitro panameño buscar la tarjeta amarilla, sin embargo se abstiene de mostrarla cuando el jugador se levanta y ofrece la mano al contrario en una señal conciliadora y el otro se disculpa. Esto ¡señores! no se parece en nada a lo primeros partidos de este clásico donde más antes que el espíritu deportivo florecía la animadversión entre las naciones.

Los aficionados se levantan de sus asientos, Efraín Juárez conduce a toda marcha el balón por la banda derecha y ya muy cerca de la línea final pasa el balón a Sabah, quien sin pensarlo perfora al minuto 82 la portería de Tim Howard para establecer el marcador definitivo: dos goles contra uno a favor del equipo nacional mexicano. El grito de “México, México, México” se oye nuevamente, las manifestaciones de alegría, el intercambio de camisetas y de ahí los dos equipos se trasladan en camiones descubiertos al Ángel de la Independencia, donde decenas de miles de aficionados que no pudieron entrar al estadio festejan y vitorean ordenadamente por igual a vencedores y vencidos…

¡Huchale! ¿Pues de cuál fumé?

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
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domingo, 17 de mayo de 2009

¡A que Miguel! Tan calladito...

-¡No! ¡No! ¡No, Miguelito, no me salgas ahora con que dice mi Mamá que siempre no!

-Ahora resulta que vas a salir con tu “batea de babas” diciendo “No dije lo que dije… ¿Qué no ven que estoy malito?”… De que estás “chocheando”, lo estás, pero de eso a que no sabías lo que decías… ¡A ver quien te lo cree!...

-Yo de plano no, mira que te conozco desde hace ya muchos años… ¡No en balde te dí pecho!... Querer verme la cara a mí… ¡Que soy tu Nana!... Te conozco muy bien Miguel ¡De tonto no tienes un pelo!

-¡A ver! ¡Suelta! ¡Dime la verdad! No te hagas el inocente diciendo que no sabías que te iba a llover… Cuando acusas a alguien tan poderoso de delitos tan graves, tienes de dos sopas: Si el señor es culpable y bien te va, solo te dará un “estate quieto”; pero si te va mal, ¡cuídate! que alguien ya estará excavando tu tumba. Si resulta que el acusado no es culpable, ¡Pues lo mismo!

–Así que dime ¿cuál era tu verdadera intención? ¡No te hagas! Sabias que esto iba a suceder…

La perorata de la Nana –mucho más viejita que Miguelito- continúo por largo rato pero no le sacó nada, ni una sola palabra, si acaso Miguel esbozó una sonrisa cuando ya cansada de tanto hablar la Nana dijo…

-Pero pensándolo bien mi hijito, ¡Palo dado ni quien lo quita! Podrás haberte desdicho, muchos te tildarán de poco hombre por no sostener tu palabra; otros dirán que te amenazaron con hacer daño a tu familia; los pillines te acusarán del viejo chocho aquel al que le patina el coco, y no sabe lo que dice; Hum… se me hace que esa fue tu última travesura mi niño, tu postrer venganza, pues lo dicho, dicho está, y nada más y nada menos… lo dijiste precisamente tú. ¿Verdad?

Me resulta inconcebible que el ex Presidente Miguel de la Madrid Hurtado no hubiera previsto el impacto de sus palabras. Concedió la entrevista a Carmen Aristegui pues solo ella podía garantizar que salieran al aire sus demoledoras acusaciones. También es inconcebible que el ex Presidente no hubiera previsto la inmediata reacción de los señalados, es más estoy casi seguro que la carta donde se retracta estaba firmada de antemano. Me atrevo a asegurar que él, con solo un tiro en su pistola, estaba obligado a dar en el blanco; que conocía muy bien el impacto de sus palabras, que anticipó la reacción de los señalados y entendió que solo contaba con una breve ventana de tiempo antes de que la mordaza se impusiera a los medios informativos quienes por cierto, eso sí, en el ínterin cubrieron muy ampliamente el escándalo del presidente Guatemalteco y otras noticias balines…

Él, el ex Presidente de la República Don Miguel de la Madrid Hurtado, pintó de cuerpo entero sin excluirse a los políticos; puso en el triste lugar que les corresponde en la historia a las administraciones que han detentado el poder en México, colocándolas en el capítulo de la más abyecta corrupción; e ilustró con lujo de detalle el inmoral ejercicio del poder a quien estorba la justicia y necesita de la impunidad para que el sistema funcione.

Muchas gracias señor ex Presidente, gracias por su aportación que lo inserta en la historia de México pero eso sí, ya no pintado de gris si no del color de la ignominia.

Muchas gracias señor ex Presidente por la confesión de lo ya conocido; de lo que la justicia en manos de la avaricia pasó de largo. Para que no quede duda alguna. Mil gracias también, por mostrarnos el tamaño del reto que los ciudadanos tenemos enfrente, pues gobiernos como esos ¡No más!

Ahora si mis apreciados lectores, con más ganas voy a votar en las próximas elecciones… reflexionando seriamente en lo que escribió Katia D Artigues en su columna “Campo Elíseos” publicada en El Universal el pasado 15 de mayo:

“A’i le va mi duda: ¿por quién voy a votar el 5 de julio? ¡Qué lastima que nadie se haya atrevido a legislar el “voto en blanco”! Cada vez tengo más la tentación de anular mi voto. Es más, ya hay un movimiento en Internet con este propósito. ¿Y usted?”

Es cierto que todo lo que dijo el ex Presidente ya era conocido, pero no de la mejor fuente así que queda en nosotros decidir que hacer con esta nueva pieza del rompecabezas. En mi opinión hay que enviar un mensaje contundente a la clase política en las próximas votaciones.

Si este comentario te hace sentido, te pido por favor que la difundas entre tus conocidos.

Noticia de última hora: Katia D Artigues publicó un blog titulado "Otra opción, votar en blanco", estuvo solo unas horas en la página principal del Universal.com ya podrán imaginar por qué.

También anexo vínculos a los artículos que he publicado sobre el tema:

Naufragio

La crisis de México

Rescatando el espíritu: Mexihco

Sufragio Efectivo No Reelección

A fuerza, ¡Ni los zapatos entran!

¡Cacarooo!

¿Corrupto... Yo???

Amargo despertar

Sueños Guajiros

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto

domingo, 13 de julio de 2008

¡¡Cáaacaroo!!

Ayer en lo más entretenido de la película, cuando la proyección se interrumpió de súbito quedé por unos instantes a la espera del grito aquel !Cacaaroo! que al unísono se emitía cuando el mítico personaje descuidaba sus labores en favor de sus oscuras actividades en la intimidad de la sala de proyección...

El grito intentó salir de mi garganta, pero más allá de unas cuantas quejas -tímidas por cierto- no se escuchó más nada... la autocensura prevaleció sobre el disgusto justificado por el entusiasmo perdido en la manos de un Cácaro corrupto... ¿dije corrupto? realmente... ¿dije corrupto?

Pues si, lo dije... será acaso por que este mi pueblo, México, no grita, tal vez amordazado, tal vez miedoso, tal vez indiferente, cuando la película de la vida nacional pierde el foco, se distorsiona o simplemente se interrumpe por obra y gracia de los cácaros - políticos que en la intimidad de la sala de proyecciones dicen el qué, el cómo y el cuando del destino nacional.

Espectadores limitados a la limitada oferta política cual cartelera cinematográfica que permanece inamovible semana tras semana, año tras año hasta el día de una elección donde el cácaro y sus compinches tienen el monopolio de la voz, nosotros solo votar, aun y cuando, como está visto en el libro “Cuando las actas hablan” solo para cubrir el trámite de la democracia.

Cambiamos para no cambiar, de un liderazgo por demás cuestionado a lo largo de 70 años, a uno que ha aprendido rápido y muy bien a hacer las cosas como antaño, antes prominentes empresarios hoy flamantes funcionarios tan alejados de la vocación del servicio público como cercanos a sus intereses.

Hoy gracias a la magia del Internet y del correo electrónico las historias de corrupción, de todo tipo, y digo de todo tipo, porqué no solo de dinero vive el "funcionario"; corren de buzón en buzón mostrando de cuerpo entero –literalmente- en manos de quien estamos.

Y la ofensa no es por que los espíen, que eso lo han hecho siempre, no, no es el espionaje porque entre ellos se conocen. La ofensa es porque los exhiben ante un público que cada vez se conforma menos con la calidad de actuación y la pobreza de un guión ya agotado que pretenden perpetuar.

Justo al escribir estas palabras en la pantalla de mi televisor se proyectan las últimas escenas de una película titulada “La Rosa Blanca” basada en la novela del mismo nombre de B. Traven que filmada en 1961 permaneció “enlatada” durante 11 años. La historia narra los atropellos de las compañías petroleras en las postrimerías de su dominio sobre los recursos petroleros de México.

Jon Meacham, en el artículo “Historias que nos contamos” (revista Newsweek, julio 14 de 2008) escribió y hago mías sus palabras, “Es cierto que vivir en el pasado puede ser malo para la mente y para el alma, impidiéndonos participar en las luchas y las causas de nuestro tiempo. Pero cuando estamos en nuestro mejor momento, la historia y los héroes nos permiten mirar hacia delante y no hacia atrás”

Y México puede estar hoy en su mejor momento, no esperemos que el pueblo, ese público hasta ahora tal vez amordazado, tal vez miedoso, tal vez indiferente deje de serlo para gritar al unísono ¡¡Cáaacarooo…!! Que a nadie le va ha gustar.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

sábado, 17 de mayo de 2008

¿Corrupto... Yo???

Nada en esta vida carece de propósito.

Y la corrupción tiene su propósito; sin embargo, cuando de combatirla se trata, se hace a un lado la causa raíz de la corrupción como el fenómeno social que es, y se limita el combate a la coyuntura de las circunstancias que la favorecen.

Nada más equivocado que esa visión tan corta. La corrupción, vista como lo que es, un fenómeno social que se comprueba con aquella frase famosa “la corrupción somos todos” ha servido al gran propósito de actuar como válvula de escape a la presión generada por la inequidad y la injusticia del sistema que ha fincado sus raíces muy hondo en la cultura nacional. La corrupción –o delincuencia que es lo mismo- es el camino fácil del resentimiento que surge como opción cuando el individuo proclive, cancelando sus escrúpulos, se contesta así mismo la pregunta ¿Porqué ellos sí y yo no?

¿Qué necesidad tendría alguien de delinquir si vive en un sistema que provee de bienestar y oportunidades; un sistema donde la riqueza que se crea, se reparte con equidad pero que también castiga ejemplarmente las conductas delictivas? Ninguna, salvo la avaricia personal que en todo caso sería contenida y drenada por el propio sistema. Esto pareciera ser algo inalcanzable, pero no lo es; existen países con índices de corrupción mínimos y altos niveles de bienestar que son más que evidencia de que puede lograrse. ¿Pero cómo? Es la gran pregunta.

Liderazgo ejemplar y transparente, justicia, equidad e igualdad de oportunidades. ¡Nada más fácil que decir que eso! Lamentablemente, hoy por hoy, estamos muy lejos de acercarnos siquiera a la calificación mínima requerida para pasar cada una de esas asignaturas.

¿Liderazgo ejemplar? Podría serlo, sin embargo el asunto es de percepción y así, poco menos de la mitad de los votantes –los que tienen derecho a opinar- considera al actual liderazgo como “espurio”… a lo que habría que agregar la sombra de sospecha que cayó sobre el delfín de la corte. ¿Transparente? Difícilmente cuando se desconoce el destino final de los excedentes petroleros, que si bien es cierto se distribuyen de acuerdo a lo que determina el congreso, terminan en fondos ciegos para ejercerse en forma discrecional.

¿Justicia? ¿Cuál? ¿Cuando sin previo juicio se exhibe de manera desmedida y se expone al escarnio publico, por que así conviene a la coyuntura política, a los que aún no han sido juzgados y hasta ahora solo son presuntos culpables de actos de corrupción? ¿Cuál? Me pregunto, cuando las cárceles están abarrotadas de gente que roba por hambre en tanto los delincuentes de cuello blanco siguen en la más absoluta impunidad.

¿Equidad? ¿Cuál? Si lo que se favorece con las políticas “públicas” –pero no escritas- son los intereses de una elite que para colmo, cuentan su dinero delante de los pobres soltando migajas solo para taparle el ojo al macho...

¿Igualdad de oportunidades? ¿Dónde? Si en la administración pública federal se desplaza a la experiencia y la competencia profesional a favor de los amigos y las relaciones.

¿Por favor díganme dónde?

Y sí, la corrupción somos todos pues tanto se peca por acción como por omisión y muchos hemos guardado un silencio cómplice y vergonzoso ante los verdaderos males que aquejan al país.

Reconocimientos,

A mis lectores Laura, Sandra, César, Jaime, Carlos y Cinthya, que enviaron comentarios sobre la problemática que representa el “Barlecón”, como algunos ingeniosos han dado en llamar a la cantina que tenemos por las noches en el malecón. En breve les enviaré un resumen de las propuestas.

A Don Elías Ferez Tanus por su callada labor en los años 70 para liberar presos por razones humanitarias. –Gracias Fernando por tu aportación.

A los enfermeros y enfermeras que alivian el dolor de los enfermos a su cuidado y comparten la pena de los familiares. – Gracias Karina por tu aportación.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

sábado, 17 de febrero de 2007

El petate del muerto...

Hace algunos días el Presidente Calderón reunió en los Pinos a los nuevos funcionarios de la SFP; a los nuevos y los viejos funcionarios de PEMEX y de la CFE con el propósito de dar el mensaje de la lucha frontal contra la corrupción en el sector público…

El Presidente Calderón expresó en los Pinos que la corrupción mata la confianza que el ciudadano debe tener en sus instituciones y tiene toda la razón; sin embargo, también mata a las instituciones el control basado en la desconfianza.

Un mensaje similar, con mucho mayor énfasis, fue hecho por un contralor al principio de la administración del Presidente Fox, cuando reunió a los funcionarios de la empresa que él fiscalizaba, para señalar a todos como corruptos y pedirles con toda “amabilidad” que denunciaran a sus jefes, sus compañeros y subordinados so pena, en caso de no hacerlo de ir, todos, a la cárcel; de eso yo fui testigo.
Y si el objetivo era asustar con el “petate del muerto” me parece que lo lograron, pero con algunos solamente...
El corrupto; capaz, inteligente y sin escrúpulos, no se intimida con discursos porque está conciente que el sistema legal, minimiza los riesgos en tanto que esta diseñado para la impunidad de aquellos que, como él, saben que puertas tocar.
En cambio, si amedrenta a quienes, sin ser corruptos, pueden ser señalados como tales y que no conocen, ni tienen los medios, para salir de tales predicamentos. Lo único que les garantiza no caer en manos de la moderna inquisición, por que de santa no tiene nada, es simplemente no hacer algo que pueda suponer el más mínimo riesgo.
Y esto último es lo que mata a las instituciones.
Es un hecho que el Pueblo no confía en que puedan existir funcionarios capaces y honestos, que privilegien por encima de sus intereses personales, el interés de México; y siendo así, difícilmente se dejará conducir y mucho menos colaborará, con quien no demuestre a plenitud que es merecedor de la confianza que se requiere para ejercer el liderazgo que la Nación reclama. Por esto se requiere que el Presidente no sea corrupto y que combata a la corrupción; pero no solo en el discurso si no también en los hechos, los que solo podrían darse como consecuencia de políticas públicas que atiendan a cancelar el propósito de la corrupción como fenómeno social.
Cuando preguntaba yo alguna vez sobre cuál era el propósito de la corrupción; me contestaron, pues es obvio… enriquecerse, el poder… ¿Qué más?
La respuesta es correcta, ese es propósito puntual del comportamiento corrupto del funcionario propiciado por procesos de control ineficientes e incentivos perversos sin embargo es necesario comprender cuál es, en el sentido más amplio, el propósito de la corrupción como fenómeno social para poder combatirla.
Me he preguntado, ¿A qué necesidad de la sociedad en su conjunto satisface el fenómeno de la corrupción?
La corrupción constituye la alternativa viable para ganar prelación en la escala social para aquellos que, de otra manera, permanecerían al margen de los beneficios de un sistema in equitativo que ahonda cada vez más, las ya de por si profundas desigualdades. La corrupción y un sistema in equitativo, se constituyen en causa y efecto mutuos dentro del círculo perverso de la descomposición social.
La corrupción funcionaba como la válvula de escape que, controlada por el sistema político, aliviaba la presión del descontento social. Esto lo ha entendido muy bien la clase política, la corrupta, naturalmente; los muchos que han llegado por esta vía al poder, como ellos dicen, desde abajo.
La corrupción –como el melate- mantiene la esperanza de disfrutar niveles de vida que de otra manera habrían de alcanzarse, si acaso, en muchas generaciones de trabajo honesto.
En el país, la corrupción empezó a perder su función de válvula de escape cuando la jerarquía al interior del PRI-gobierno se volvió rígida e impenetrable lo cual, al suprimir las oportunidades de muchos de los militantes, dio oportunidad a la consolidación de nuevas opciones políticas. La función terminó por perderse con el triunfo de Vicente Fox en el año 2000 cuando una nueva elite aún más rígida e impenetrable, asumió el poder en todos los niveles de la Administración Pública Federal.
Como resultado el México de hoy esta dividido; en tanto que de un lado alimentan sus temores con la amenaza de la pérdida de la paz, del orden público y del lucro que, legítimo ó no, han obtenido; del otro alimentan el resentimiento que les convierte, justificadamente o no, en víctimas del sistema que les estaría negando oportunidades de desarrollo.
Y ahora la presión, sin válvula, aumenta y la corrupción también.
Robert Klitgaard, experto mundial, ideó la fórmula de la corrupción:

C=M+D-T

Que establece que la corrupción se presenta cuando se tiene el Monopolio de la decisión y esta se ejerce en modo Discrecional en un contexto de baja Transparencia. La formula implica que la corrupción ha de combatirse quitando el monopolio de la decisión; minimizando la discrecionalidad e incrementando la transparencia.

¿Cómo se ha hecho esto en México? Para quitar el monopolio de la decisión se crean comités para cualquier asunto; para minimizar la discrecionalidad de los funcionarios y de los propios comités creamos normas, lineamientos y procedimientos que cancelan el criterio e inhiben la creatividad; para incrementar la transparencia se invierten cantidades enormes de recursos para documentar y justificar las decisiones que se toman en los limitados grados de libertad que aun tienen los funcionarios. Todo aderezado, con el control de los órganos fiscalizadores que intervienen antes, durante y después de la toma de decisiones; más una legislación que deja en estado de indefensión a quienes justificadamente o no son presuntos responsables de cometer actos irregulares...
¿Ha sido correcto el enfoque? De un lado es cierto que se ha contribuido a una mayor imagen de transparencia y rendición de cuentas, pero también este enfoque propicia una administración pública cada vez más obesa, lenta en la toma de decisiones que gasta cantidades enormes de recursos en mantener un control basado en la desconfianza que muy escasos resultados ha dado; en la práctica la corrupción permanece porque los corruptos no se intimidan con el petate del muerto.
La estrategia en el combate a la corrupción debe atender a las causas que la han originado no a la coyuntura ni a los síntomas.
En México, la corrupción vista como un fenómeno social, no desde la perspectiva de un
funcionario, daría lugar a una fórmula con otras variables:
C=I-O+F+C+P-G-R

La Corrupción es resultado de la Inequidad en la generación de la riqueza; de la carencia de Oportunidades de desarrollo; del excesivo Financiamiento a los partidos políticos; de la Complejidad de nuestro marco regulatorio; de la Promoción indiscriminada de estilos de vida distintos a la realidad nacional; de la Garantía de impunidad y del nulo Reconocimiento a la competencia y el comportamiento ético del ciudadano.

Así las estrategias de la lucha contra la corrupción deberían promover la Equidad en la repartición de la riqueza; brindar oportunidades de desarrollo de forma igualmente equitativa; minimizar el financiamiento a los partidos políticos; reducir la complejidad de nuestro marco regulatorio; homologar los contenidos de los medios masivos de comunicación al contexto nacional; maximizar el riesgo para los infractores y finalmente, reconocer las competencias y el comportamiento ético del ciudadano y de los funcionarios públicos.
No se puede matar a las instituciones con un control intimidatorio aplicado indiscriminadamente basado en la desconfianza que considera que todos son corruptos; los que realmente hacen negocio con la corrupción son unos cuantos.
La Ley de Pareto nos diría que el 80% del daño que causa la corrupción se debería al 20% de los corruptos y yo pienso que menos. Ese 20% lo constituye lo que habría que llamar la delincuencia organizada de la corrupción, donde el concepto “organización” implica inteligencia aplicada al proceso que trasciende el enfoque del monopolio en la toma de decisiones, de la discrecionalidad y de la reducida transparencia que propone Robert Klitgaard.
Los que hacen los verdaderos negocios no se comprometen y en caso dado, saben que puertas tocar. Si existe voluntad política para combatirlos, el enfoque debe cambiar. El “mercado de los consumidores” de la corrupción puede segmentarse y determinar estrategias específicas para cada segmento; no se debe aplicar la misma receta al empleado en una ventanilla que a los que trafican con influencias. Habría que respetar la inteligencia de estos últimos y enfrentarlos igualmente con inteligencia evitando el daño que un enfoque equivocado le está causando al País y a sus instituciones.
Los que deberían ser aliados del gobierno en la lucha contra la corrupción hoy son los intimidados prefieren hacer nada antes que arriesgarse.
En suma, de un lado atender a las causas del problema y del otro no faltarles al respeto…

lunes, 31 de enero de 2000

Sobre el porqué no se puede en la APF

La desconfianza y la incertidumbre son dos de los jinetes del Apocalipsis que aún asolan a los funcionarios de nuestra administración pública. Sus efectos perversos se han sentido en todo el aparato gubernamental al punto de que la frase “no se puede” se ha convertido en la respuesta obligada a toda propuesta de cambio - hacia una administración pública eficiente, proactiva y orientada al servicio de la ciudadanía- que no esté ya contemplada en los procedimientos.

La corrupción de algunos ha derivado en un sistema de control basado en la desconfianza donde pagan justos por pecadores; donde los verdaderos corruptos siguen haciendo de las suyas y una inmensa mayoría de funcionarios capaces y honestos viven temerosos de caer en las garras de una moderna santa inquisición que busca, al costo de lo que sea, encontrar culpables que justifiquen su existencia.

La corrupción de unos cuantos generó la desconfianza generalizada de la sociedad en todos los funcionarios y el demérito que prevalece de la función pública. Demérito que provocó -mas no justificó- la creación de todo un gigantesco aparato gubernamental que se ha convertido en la causa principal de que nuestros funcionarios, antes que aplicar su experiencia a la productividad, prefieran observar estrictamente el cúmulo de procedimientos que se han generado, muchos de ellos fuera de toda lógica y sentido común, en el afán de satisfacer el justo reclamo de la transparencia en el manejo de los fondos públicos.

Por su parte, la constante incertidumbre sobre el futuro de muchas de las empresas paraestatales y dependencias del gobierno federal han derivado en un liderazgo coercitivo que; antes que sustentar el desarrollo institucional en un sistema de valores compartido que privilegie la comunicación, la colaboración y la coordinación del capital humano como los factores críticos que subyacen en todas las organizaciones exitosas; impone su voluntad al margen de cualquier otra consideración que no sea atender el criterio de la cúpula excluyente.

La transparencia y la rendición de cuentas son, sin duda alguna, reclamos imperativos y justificados de la sociedad. Lo que es irracional, sin embargo, es someter a todo el capital humano de nuestro gobierno a un clima laboral donde prevalece el resentimiento, el miedo, el nulo incentivo al esfuerzo personal y el desperdicio crónico del capital humano, como las constantes de la actividad cotidiana.

Así, bajo esa óptica, muchos prefieren el “no se puede” a morir en la hoguera de la santa inquisición. De revertirse esta situación, de aprovechar realmente la capacidad de quienes trabajan verdaderamente en el gobierno, de incentivar su colaboración y no reprimir su creatividad; de controlar su gestión por resultados y no por el estricto y puntual apego a los procedimientos, los ahorros serían sustanciales, la productividad se incrementaría y tal vez ¿porqué no soñar un poco? quizá hasta disminuyan los impuestos.