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sábado, 17 de mayo de 2008

¿Corrupto... Yo???

Nada en esta vida carece de propósito.

Y la corrupción tiene su propósito; sin embargo, cuando de combatirla se trata, se hace a un lado la causa raíz de la corrupción como el fenómeno social que es, y se limita el combate a la coyuntura de las circunstancias que la favorecen.

Nada más equivocado que esa visión tan corta. La corrupción, vista como lo que es, un fenómeno social que se comprueba con aquella frase famosa “la corrupción somos todos” ha servido al gran propósito de actuar como válvula de escape a la presión generada por la inequidad y la injusticia del sistema que ha fincado sus raíces muy hondo en la cultura nacional. La corrupción –o delincuencia que es lo mismo- es el camino fácil del resentimiento que surge como opción cuando el individuo proclive, cancelando sus escrúpulos, se contesta así mismo la pregunta ¿Porqué ellos sí y yo no?

¿Qué necesidad tendría alguien de delinquir si vive en un sistema que provee de bienestar y oportunidades; un sistema donde la riqueza que se crea, se reparte con equidad pero que también castiga ejemplarmente las conductas delictivas? Ninguna, salvo la avaricia personal que en todo caso sería contenida y drenada por el propio sistema. Esto pareciera ser algo inalcanzable, pero no lo es; existen países con índices de corrupción mínimos y altos niveles de bienestar que son más que evidencia de que puede lograrse. ¿Pero cómo? Es la gran pregunta.

Liderazgo ejemplar y transparente, justicia, equidad e igualdad de oportunidades. ¡Nada más fácil que decir que eso! Lamentablemente, hoy por hoy, estamos muy lejos de acercarnos siquiera a la calificación mínima requerida para pasar cada una de esas asignaturas.

¿Liderazgo ejemplar? Podría serlo, sin embargo el asunto es de percepción y así, poco menos de la mitad de los votantes –los que tienen derecho a opinar- considera al actual liderazgo como “espurio”… a lo que habría que agregar la sombra de sospecha que cayó sobre el delfín de la corte. ¿Transparente? Difícilmente cuando se desconoce el destino final de los excedentes petroleros, que si bien es cierto se distribuyen de acuerdo a lo que determina el congreso, terminan en fondos ciegos para ejercerse en forma discrecional.

¿Justicia? ¿Cuál? ¿Cuando sin previo juicio se exhibe de manera desmedida y se expone al escarnio publico, por que así conviene a la coyuntura política, a los que aún no han sido juzgados y hasta ahora solo son presuntos culpables de actos de corrupción? ¿Cuál? Me pregunto, cuando las cárceles están abarrotadas de gente que roba por hambre en tanto los delincuentes de cuello blanco siguen en la más absoluta impunidad.

¿Equidad? ¿Cuál? Si lo que se favorece con las políticas “públicas” –pero no escritas- son los intereses de una elite que para colmo, cuentan su dinero delante de los pobres soltando migajas solo para taparle el ojo al macho...

¿Igualdad de oportunidades? ¿Dónde? Si en la administración pública federal se desplaza a la experiencia y la competencia profesional a favor de los amigos y las relaciones.

¿Por favor díganme dónde?

Y sí, la corrupción somos todos pues tanto se peca por acción como por omisión y muchos hemos guardado un silencio cómplice y vergonzoso ante los verdaderos males que aquejan al país.

Reconocimientos,

A mis lectores Laura, Sandra, César, Jaime, Carlos y Cinthya, que enviaron comentarios sobre la problemática que representa el “Barlecón”, como algunos ingeniosos han dado en llamar a la cantina que tenemos por las noches en el malecón. En breve les enviaré un resumen de las propuestas.

A Don Elías Ferez Tanus por su callada labor en los años 70 para liberar presos por razones humanitarias. –Gracias Fernando por tu aportación.

A los enfermeros y enfermeras que alivian el dolor de los enfermos a su cuidado y comparten la pena de los familiares. – Gracias Karina por tu aportación.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com