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domingo, 24 de octubre de 2010

La Verdad

Tanto platican de ella que la he imaginado de mil formas…

Cuando presiento su presencia al buscarla… ¡puff! desaparece dejando tras de sí sólo el sutil perfume de su recuerdo que me dice, quedo, muy quedito “Sí, sí, estuvo aquí” y yo digo quizá…

¿Será que realmente exista? Todos presumen de conocerla pero nunca alguien me la ha podido presentar. ¿La conoces? pregunto. “Sí” responde de inmediato, ¿Me la presentas? Y es en ese momento cuando surgen mil pretextos. Que si ahora no está, pero al rato regresa. Qué si es muy tímida y prefiere la soledad. Qué si la fueron a buscar y no la encuentran. Que ya viene, qué la espere un momentito y al hacerlo veo al anciano que me precede, joven hace años cuando sentó en la sala de espera…

Lo que sí es que todos juran que por ella darían la vida.

Afirman qué tal es el amor que infunde que jamás renunciarán a sus favores como si fuera suya desde siempre. Aunque, jamás, nadie les haya visto caminar del brazo…Y así surgen los duelos por su honra donde el vencedor solo, herido, agotado, emprende el camino a su castillo donde según él, le espera…

¿Será realmente que exista? ¿Habré imaginado el olor de su perfume que, de escaso, apenas guardo memoria? ¿Seré acaso el único infortunado que no ha atinado a verla, así fuera de lejos? ¿Llegará a tanto mi ceguera?
De serlo, grande sería mi pena por perderme tal portento. Pero de encontrarla, también grande sería mi miedo. Pues los maledicentes afirman que primero, embruja y roba el alma de quien la admira y después le incita a jugar la vida defendiendo su honra en el campo del honor.

Muchos señores han de tener a la Dama cuando tantos pregonan gozar de sus favores. Pero… ¿Será la misma? Todos usan el mismo nombre pero la describen de modo diferente.

“La Verdad” es su nombre.

Así, líderes fundamentalistas conducen a muchos a defender su verdad hasta la muerte, convencidos de poseerla. Y muchos, millones en el mundo sufren por ellos y por su inútil pretensión de convencer o aniquilar a los impíos, a esos malísimos arquetipos… del mal.

Y me pregunto ¿Para beneficio de quién? ¿De los líderes fundamentalistas? No, ellos mueren. ¿De sus seguidores? Tampoco, ellos también mueren. Los bandos en pugna jamás se benefician aun cuando alguno se declare vencedor. Pues el sedicente triunfador siempre regresará, solo, herido, agotado, a su castillo no al gozo de su verdad, si no a la espera del siguiente desafío donde arriesgará la vida para defenderla.

En una lucha perene e inútil. Porque la verdad, esa que dicen tantos poseer, existe sólo en el imaginario colectivo de la inseguridad que necesita de aferrarse a una roca firme que sólo podría encontrar dentro de sí.

Nunca afuera donde la falsa verdad ha sido construida siempre para beneficio de alguien más.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com
Twitter @enriquechm

domingo, 14 de marzo de 2010

Legisladores: ¿Corruptos o delincuentes?

En múltiples ocasiones he comentado el tema de la corrupción. Comenté de la ineficacia en México de las estrategias que promueve el Instituto del Banco Mundial quien define el éxito de la lucha contra la corrupción como función de las variables: acceso a la información, liderazgo político y la acción colectiva. Materias todas en las que antes que avances, se suceden cotidianamente retrocesos que no son menores.

Planteé como hipótesis que la corrupción debe ser vista no solo como un problema de individuos aislados que ceden a la tentación ante la garantía de impunidad. Para el 80 por ciento de la población, debe ser vista como un fenómeno social que, atiende primero, al propósito de supervivir, y después como medio para mantener la esperanza de escapar a estratos socioeconómicos superiores. Válvula por cierto muy bien regulada por el poder político en turno para atender a sus intereses.

Para el restante 20 por ciento la corrupción atiende a los propósitos fundados en la avaricia del sistema imperante: La acumulación de poder económico y poder político; que, si aplicamos la Ley de Pareto, representan con toda seguridad el 80 por ciento de los costos que asume el país. Hablo de la corrupción de los grandes, pero muy grandes, negocios medidos en millones de dólares, no de la “mordida” de 100 pesos.

No obstante, las estrategias de la lucha contra la corrupción en México son las mismas para los dos segmentos. A los de los grandes “negocios” les hacen lo que el viento a Juárez pues son ellos quienes las deciden y aplican siguiendo al pie de letra aquella máxima del Prócer: Justicia y gracia –léase impunidad- para los amigos, la Ley a secas para los enemigos. Y así eventualmente se da el caso que corruptos -¿Corruptos?- ingresan en la cárcel y de otros que frecuentemente cambian a mejores puestos o migran a otros climas…

Pero no, no son corruptos, eso es una manera suave de decir las cosas, un eufemismo, utilizado para expresar que los “corruptos” son menos malos que los delincuentes. La verdad es que los “corruptos” son tan delincuentes como cualquiera que viole la Ley. Ese es el término a utilizar para señalarlos y llamarles por lo que son.

¿Acaso no es delincuente el que usa lo que no es propio para su beneficio? ¿Acaso no es delincuente aquel que le miente a sabiendas a una autoridad? ¿Acaso no es un delincuente quien acusa públicamente sin pruebas?

Eso es justo lo que observamos la semana pasada en el denigrante espectáculo que a muy alto costo sufragamos con nuestros impuestos. Legisladores mintiendo públicamente una y otra vez a la que debería ser su autoridad: el pueblo. Legisladores desviando los recursos públicos empleando su tiempo primero, para concertar acuerdos electorales y después para difamar, en vivo y en directo, desde las instalaciones que deberían ser utilizadas para atender la agenda legislativa.

Legisladores ya confesos, que eufemísticamente serían sujetos de corrupción política solo que a mi ese término ya no me satisface. Habría que llamarlos por su nombre: delincuentes organizados en cárteles mal llamados partidos políticos.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto

enrique.chm@gmail.com

www.ramari.blogspot.com

Twitter @enriquechm

domingo, 11 de noviembre de 2007

Pinocho...

¿Qué está atrás de la mentira?

El miedo que se alimenta de la ignorancia. Y siendo así, tanto más grande es la ignorancia, más grande el miedo y la mentira.

Antes que el dolor del castigo, la mentira; antes que el rechazo, la mentira; antes que la construcción de una vida basada en meritos propios, la mentira de una imagen falsa, fácil de construir al inicio pero que no puede perdurar; Las mentiras sobre el pasado, las mentiras sobre el presente, las mentiras sobre el futuro se convierten en gigantescas y pesadas lozas que caerán, más temprano que tarde, sobre el mentiroso que no tendrá la fortaleza ni los recursos en su imaginario para evitarlo.

Quienes viven en la mentira ignoran todo e inventan todo respecto de si mismos, lo que les lleva a construir una imagen falsa para ajustarse a las expectativas de quienes pretenden ganar aceptación ya sea para evitar las consecuencias de sus actos, o los hechos de su realidad.

Sin embargo para que un mentiroso exista se requiere de alguien más que le crea. Alguien que cuando la verdad surge, no debe sentirse ofendido o decepcionado pues al final del día, fue su decisión caer en el garlito. Más bien debe tomarlo como un llamado a la prudencia cuando de aceptar el dicho de alguien se trata.


Las siguientes son citas sobre la mentira que seleccioné y dedico a algunos que otros mentirosillos que andan rondando por ahí:
  • El mentiroso es aquel que es incapaz de afrontar la realidad... por lo que se condena a la adversidad de vivir bajo la mentira. Anónimo.

    El problema no es que nos mientan. El problema es que les creamos. Anónimo

    Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti. Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filosofo alemán

    Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver. Proverbio judío

    El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad. Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.

    El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera. Alexander Pope

    Aquel que más posee, más miedo tiene de perderlo. autor: Leonardo Da Vinci

A la que agrego esta de mi cosecha:

  • Quien diga no poseer nada ¡Miente!

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com