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domingo, 14 de octubre de 2012

Miedo a la Felicidad


“Luz de luna, piano… calman el alma cuando, en el momento de la íntima soledad, el rostro muestra la intención de la eternidad.” 

Enrique Chávez Maranto

-¿Eres feliz? Brotó inoportuna la pregunta en tanto, para tantos, es cosa tan distinta…

-Si y no. Respondí pronto, cual buen torero, esquivando la cogida del toro de mi propia conciencia. ¿Soy feliz? pregunté para mis adentros esperando que el rostro no mostrara duda o falsa seguridad.

Si, soy feliz –le dije- cuando disfruto de buena compañía y buen vino bajo el manto de las estrellas en una noche de verano con una brisa firme que me susurra estas palabras… Soy feliz cuando por las mañanas salgo al jardín y escucho la naturaleza susurrando en el canto de los pajarillos, palabras más palabras menos, ¡todo esto es vida!

Soy feliz cuando después de un eventual “mal” día en el trabajo, al ir camino a casa, me envuelve el ronroneo de mi auto que susurra quedamente al oído, ¿Ya viste el mar? ¿Y el cerro de San Martín? ¿Ya viste las maravillas que nunca ves pero que siempre han estado ahí para tí?

Soy feliz cuando la sonrisa de mis seres queridos o la ternura de su mirada susurran el amor. Soy feliz cuando, mis manos quietas hace un momento, ahora veloces sobre el teclado expresan lo que mi alma siente.

-¿Y cuándo no eres feliz? Pide concluir mi amigo…

-Cuando, querido amigo, he de olvidar lo feliz que estoy por contestar tu pregunta...

Cinco años después de muchas experiencias, la reflexión anterior continúa vigente salvo la última respuesta que en realidad no aporta nada. Pero antes de contestar cuando no soy feliz intentaré explicar las causas de la infelicidad haciendo uso de ideas dispersas en otras reflexiones. Una de ellas es la metáfora del Ser y el diamante…

Un diamante en bruto necesita de todo un proceso de transformación para convertir la piedra opaca en la gema maravillosa que conocemos. Pero si su superficie no se mantiene limpia, el brillo desaparecerá oculto tras el polvo y la suciedad. Lo mismo ocurre con el hombre. Él necesita de un proceso que descubra, poco a poco, las maravillosas facetas de su verdadero ser... Que al igual que las del diamante, también han de mantenerse limpias para no ocultar su brillo tras una pátina que con el tiempo le impedirá percibir su propia luz y recibir la de quienes le rodean sumiéndolo en la oscuridad y el miedo.

Miedo al castigo por no observar el librito del deber ser; miedo a perder los apegos de lo que fue, de lo que es, de lo que nunca será; miedo a la felicidad por no poder sufragar el costo de luchar por sus anhelos; miedo a la inseguridad; miedo a la incertidumbre; miedo a salir de la zona de confort en que se vive. Miedos propios, de terceros, miedos adoptados e infundidos derivados de la sofisticación de un mundo que cada vez comprendemos menos.

Y finalmente contestando a la pregunta, he de decir que soy infeliz cuando permito que el miedo me invada. Cuando olvido que el respeto, la sencillez y el desapego son los ingredientes principales de la receta de la felicidad.

El respeto, que no juzga, que acepta y venera a todas las manifestaciones de la naturaleza como el milagro que son; el respeto que acepta los opuestos como fundamento de la creación. La sencillez, que hace a un lado la sofisticación y la complejidad, para enfocarse con humildad y voluntad, un día a la vez, a propiciar el bien común entre aquellos que le rodean.

El desapego, que entiende que los hechos, hechos son y no los podemos cambiar. Que tan solo podemos asumir las consecuencias con la actitud que permita asimilar la experiencia; el desapego que si bien prudente, no vive preocupado por el futuro; el despego que le permite disfrutar los bienes que la vida le ha brindado pero que igual disfruta cuando no los tiene más.     

Sin embargo el miedo con lo villano que pareciera ser, tiene el buen propósito de llamar la atención para adoptar con tiempo las medidas de defensa necesarias y disminuir los riesgos ante la presencia de una amenaza.

Pero si no hacemos caso, entonces ese miedo y otros miedos no resueltos, uno tras otro, con el devenir del tiempo endurecerán la pátina que oculta la verdadera y maravillosa naturaleza del Ser conduciéndolo por la ruta de la desesperanza y la infelicidad.

Justo eso es lo que hace la diferencia entre los hombres y mujeres que son felices, de aquellos que viven en la oscuridad. En tanto los primeros deciden enfrentar sus miedos con respeto, sencillez y desapego; los segundos sucumben ante él. Estos conceptos que pudiera pensarse solo aplican a los individuos, pueden extrapolarse a otros ámbitos incluyendo a todo tipo de organizaciones, países incluidos.

Al final del día serán sus decisiones las que le coloquen en el camino de la felicidad. Suelo decir que el cielo y el infierno no están en algún otro lado que no sea aquí y ahora. También, que vivirlos es nuestra absoluta responsabilidad. Uno elije.

Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

sábado, 4 de agosto de 2012

Tiempo de sobra


La semana pasada en el texto “Profecías (No Mayas)” comenté que buena parte de las vicisitudes que enfrenta el mundo, son hechos que a primera vista no están relacionados, sin embargo si lo están, como lo expliqué en los casos del deshielo de Groenlandia y la inaudita petición de ayuda de la hermética Agencia Nacional de Seguridad de los EEUU a los hackers para enfrentar la guerra que discretamente se libra en la Internet.

Hubo quien opinó que la idea entra dentro del campo de la teoría de la conspiración, en la que se basan planteamientos descabellados, francamente especulativos, y no es así.

Lo que observo son hechos comprobables que no fueron planeados por un grupo misterioso de dominadores del mundo. ¡Para nada! Son hechos que se producen como consecuencia de la acción o inacción de todos y cada uno de nosotros. Nadie, ni un grupo en lo particular y todos somos culpables de la situación en que vivimos y sufre el planeta.

Asumir que solo unos cuantos son los culpables es tanto como aceptar que el resto son víctimas, lo que no comparto.

Lo que si, es que ante una fuerza se produce otra igual y de sentido opuesto para mantener el equilibrio. Existen los movimientos radicales en el mundo porque existe una contraparte que depreda.

Todo lo que ocurre en la naturaleza tiene su complemento, a la avaricia exacerbada corresponde el resentimiento exacerbado y los dos tienen como causa raíz común la ignorancia que produce el miedo, de un lado a perder sus privilegios y del otro a supervivir en la sumisión.

Así, casi todo lo que hoy observamos en el planeta es el resultado del enfrentamiento entre esos extremos y de factores exógenos como el ciclo de las tormentas solares que afecta de mil formas a la naturaleza y a la civilización por su excesiva dependencia de la tecnología.

De forma tal, que a juzgar por lo que se observa cotidianamente, el enfermo, nuestro planeta y nuestra civilización, está cada vez más grave porque las recetas que insisten en seguir aplicando ya no surten efecto.

Sin embargo la ironía del caso es que el paciente no puede morir, pero si puede operar bajo un nuevo modelo que, como comenté en el artículo anterior, apenas alcanzamos a perfilar.

Un nuevo e inédito modelo que integre conceptos como el desarrollo sustentable, el comercio justo, nuevas formas de gobierno corporativo y de organización empresarial, formas de financiamiento no especulativas, minimizar el ego consumo de bienes y servicios para la conservación de los recursos energéticos no renovables, la investigación y el desarrollo, un nuevo modelo educativo, entre otras muchas características que sustentadas en el respeto entre los países, sus comunidades y sus ciudadanos, procuren elevar la calidad de vida atendiendo primero las necesidades básicas.

De seguir las cosas como están, no tardaremos mucho tiempo en ver como la naturaleza nos forzará a recuperar el equilibrio perdido pues hoy, el péndulo regulador de nuestras vidas que debería oscilar libremente, está atorado del lado de la ignorancia y así no hay péndulo ni penitente que lo aguante.

En síntesis, la problemática que observamos en el contexto mundial son solo los síntomas de la enfermedad que subyace. No son hecho aislados. Y si no hay acuerdo para implantar un nuevo y justo orden mundial que incluya superar las diferencias de los que hoy son enemigos acérrimos, nuestro planeta tierra terminará por sacudirse de la especie depredadora que somos.

Recordemos que a ella lo que le sobra es tiempo. A nosotros no.

Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

domingo, 15 de enero de 2012

La vida es movimiento...


Don Raúl esbozaba la sonrisa de aquel que tiene todo en la vida. Todas las tardes, después del quehacer, daba oídos a los ruidos del bosque en tanto que bellos atardeceres le conducían a la noche entre volutas de humo del cigarro forjado a mano, el calorcito aquel después del disfrute de un eventual tequilita y el suave crujir de la mecedora que acostumbraba colocar en la terraza frente a su hermosa casa de campo. Justo en el lindero de una curva de la carretera por donde grandes camiones transportaban las cosechas de la serranía a la costa.

Así fue hasta aquel fatídico día en que la consternación de apoderó del pueblo. Un pesado transporte sin frenos se salió de la curva, mató a Don Raúl y terminó su loca carrera incrustado en la casita aquella que a partir de entonces luce un festón negro en su portada.

¿Por qué realmente murió Don Raúl? Porque él nunca tuvo conciencia, o no le importó, controlar los factores del riesgo en que se colocaba cotidianamente. Obvio decir que después del trágico accidente, sus nietos colocaron una barrera de bloques de cemento al frente de su casa y, por supuesto, la habitual cruz que nunca falta en estos casos. Otra más de las que por miles pueblan la vera de los caminos en recuerdo de las víctimas de la inconsciencia.

Pero con justicia he de abonar que aún las actividades que se realizan dentro de una zona de confort donde todo está aparentemente bajo control, tienen un riesgo. Mínimo, pero riesgo al fin pues nada en esta vida está seguro al 100%. En el acto de caminar, por ejemplo, siempre existe la posibilidad de un traspié con consecuencias que pueden ir desde la simple pérdida del paso hasta la fractura de un hueso.

Sigmund Freud dijo alguna vez “Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo.” Esto es así pues no sufre, y en consecuencia es ‘feliz’, el corto de entendimiento, el que ignora, o el que simplemente no puede o quiere percibir los peligros que enfrenta. Sin embargo desarrollar conciencia tiene un costo que puede llegar a ser mayúsculo. Produce miedo a las inevitables consecuencias que se presentarían de materializarse el riesgo asociado a las acciones requeridas para lograr nuestros propósitos ó más aun, nuestros más caros anhelos.

Miedo que exacerbado se convierte en el pánico que al paralizar, mata, pues vivir es movimiento. Así el reto es ¿Cómo lograr ser felices aun conscientes del riesgo en la procura de los anhelos? ¿Cómo convertir “crear, sentir, experimentar la vida” en el mantra de nuestra fe a pesar del temor? ¿Cómo ser un lobo en busca de lobos, antes que un lobo aborregado por los paradigmas de un sistema?

Bueno es tener miedo, pero ni tanto que paralice, ni menos del necesario para motivar la prudencia y la prevención. Controlar los factores que inciden en el riesgo, reduce la posibilidad de que este se materialice y en consecuencia reduce el temor. Si amenaza tormenta, portar un paraguas disminuye la posibilidad de mojarse pero, por favor, no se queden en casa, no se nieguen la oportunidad de vivir aun bajo la lluvia...

Consideren que en la procura de los anhelos el miedo es uno de los aliados, pero convertido en pánico será él peor enemigo…

Reciban un cariñoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm
www.ramari.blogspot.com

domingo, 13 de junio de 2010

Mascarada

Tal vez el miedo más grande lo cause el riesgo de asumir lo que realmente somos. Solo así se explican las mil máscaras que ocultan el verdadero rostro de los protagonistas del carnaval en el que todos participamos.

Caretas existen muchas… la sumisión de los hijos buscando el amor de sus padres. La rebeldía del adolecente buscando la aceptación de los amigos. La galantería del joven tras el ansiado “sí” de la muchacha esquiva. La virtud de la joven casadera. La efectividad del empleado en busca del favor del jefe para conservar su empleo. La del padre que impone a sus hijos lo socialmente… correcto. La del futuro promisorio del político tras el favor de los votantes. La de la queja permanente y el resentimiento de una sociedad en busca de un mejor liderazgo que el que ella misma ha parido.

Tantas máscaras se suceden en los rostros de los protagonistas del jolgorio que paulatinamente, poco a poquito, casi sin sentirlo; por miedo, olvidan reconocer en sí mismos los anhelos del Alma al descartar la reflexión que les conduciría a construir, a expresar y a construir su verdad…

Miedo a perder sus apegos. Miedo a enfrentar la responsabilidad de llevar a cabo sus anhelos antes que sumisamente aceptar sin más, el rol que otras máscaras, tan patéticas como las que ellos mismos utilizan, han construido.

Pero… ¿Quién montó la escenografía? No hay un responsable, son muchas las innumerables comparsas, con antifaz al rostro, de todos los tiempos y las geografías, que han contribuido a lo largo de la historia de la humanidad, a montar la farsa para el gran público, que apático y sumiso, no aplaude, pero tampoco decide abandonar la función por miedo a perder su confortable butaca.

Pero la buena noticia es que al final del día no perderá su butaca, emprenderá un nuevo camino que le llevará a las nuevas y maravillosas experiencias de la integridad, de la congruencia entre lo que usted verdaderamente es y su actuar. ¿Podría imaginar algo mejor que realizarse con plenitud en todos los aspectos de su vida como hijo, amigo, pareja, padre, empleado, servidor público, como ciudadano? Muy probablemente habrá de enfrentar el costo del desapego a lo que hoy está acostumbrado, pero la recompensa, se lo aseguro, bien vale la pena.

Hoy mismo como ciudadano tiene la oportunidad de impulsar nuestra incipiente democracia con su voto, sin mayor costo que un acto de voluntad. Convenza a su familia, convenza a sus vecinos, a sus empleados, a sus compañeros de trabajo para que acudan a votar cómo y por quién ellos decidan. La casilla no estará lejos de su hogar. Recuerde que el robo es un delito. Quien se somete, roba a sí mismo el derecho a la realización. Quien se abstiene de votar, roba a su país el derecho a un futuro promisorio.

“Vivo porque Soy lo que anhela mi Alma; porque pienso lo que Soy, porque expreso lo que Soy, porque realizo lo que Soy”.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 6 de septiembre de 2009

Miedo a vivir...

¡Ultima llamada para los pasajeros del vuelo mexicana 7647 con destino a la ciudad de Minatitlán, favor de abordar por la sala número seis! ¡Chín! Pero si nunca apareció en la pantalla de salida el número de sala… ¡Pos estos!…

Y a correr se ha dicho rumbo a la sala 6… ¿No podrían haber asignado una sala más cercana? ¡Uopss! el túnel de acceso al avión ya está vacío, síntoma inequívoco de que soy él último en llegar así que ahora a pasar el trago amargo de recorrer el pasillo central con los ojos de los que siempre sobran: pasajeros puntuales, bien portados, que esperan sentaditos; mirándome con cara de circunstancias como diciendo “a ver a que horas”… Finalmente llego a la fila de mi asiento que está junto a la ventanilla y me escucho decir “buenas tardes”, “¿me permite pasar?” “con su permiso.”

Para mi sorpresa la señora que ocupa el asiento junto al pasillo, no contesta al saludo y si se movió, se notó apenitas. Me digo, está bien, yo soy impuntual, pero la señora es mal educada. ¡Mira que no hacer espacio… bueno finalmente se movió un poquito y pude ocupar mi asiento. El resto es de rutina, colocarse el cinturón de seguridad, apagar el celular, sacar el libro, acomodar el portafolio, escuchar la consabida retahíla de anuncios, abrir la cortinilla –obligatorio por las regulaciones al momento del despegue y el aterrizaje- ¿Dije abrir la cortinilla? ¡No lo hubiera hecho! Mi mal educada vecina de inmediato respingó con una vocecita que apenas escuché… ¿podrría cerrarrla por favorrr…?

Volteo y la observo extraña… Sumida en el asiento, la barba contra el pecho, la vista en sus rodillas, con las manos, no sobre los descansa brazos… ¡aferrada a ellos! ¿Dónde habré visto a alguien así? Yo mismo hace ya muchos años en ocasión de mi ascenso con cuerdas por una pared de roca. A mitad del ascenso quedé paralizado por un ataque de pánico... el miedo llevado al extremo. Afortunadamente pude superarlo y evitar una caída que habría sido de fatales consecuencias y en lo que toca a mi vecina, ella superó el trance del vuelo, eso sí con la ventanilla cerrada, cerrando los ojos, consultado el reloj cada 5 minutos, respirando apenas a la menor sacudida del avión… hasta que recuperó la sonrisa y el color del rostro cuando finalmente el avión se detuvo en la plataforma.

Para unos –yo incluido- los viajes en avión son una delicia, las espléndidas vistas, nunca iguales, aligeran el espíritu y permiten a la imaginación volar al infinito. Sin embargo para otros como mi circunstancial compañera de viaje la experiencia nunca es gratificante, es simplemente un suplicio provocado por el miedo, una “enfermedad” incurable causa de angustia cuando percibimos riesgo de sufrir un daño real o imaginario; una “enfermedad” que perturba el ánimo cuando detecta que nos puede suceder algo contrario a lo que deseamos.

El miedo es un mecanismo parte de la naturaleza humana, siempre listo para enviarnos señales de advertencia de muy distintas formas, que cuando se cuando se exacerba es causa de parálisis y la muerte; ó que cuando de decidir se trata, normalmente conduce a malas, pero muy malas decisiones. Es bueno tener miedo, pero ni tanto que nos paralice, ni menos del necesario para actuar con prudencia y prevención.

Lamentablemente hoy vivimos en una sociedad dominada por los miedos en todos los órdenes. Miedo a no alcanzar el éxito, miedo a perder la pareja, miedo a no conservar el empleo, miedo a llevarle a no observar las sugerencias del jefe aun y cuando te haga énfasis en que tu puedes decidir, miedo por los fantasmas del pasado, miedo por el futuro de los hijos, miedo por la gordura, miedo a enfermar, miedo a que el auto falle, miedo a salir de nuestra zona de confort, miedo a todo… miedo a vivir… miedo a perder los apegos artificialmente creados por los proveedores avariciosos que sin escrúpulo alguno explotan a una sociedad consumista y mediatizada; proveedores egoístas a su vez dominados por el miedo a perder los privilegios del status quo creado por ellos mismos.

El poderoso miedo a la subordinación; el subordinado, miedo a las consecuencias de la insubordinación, el insubordinado miedo al poder. Conformando todo un círculo perverso que solo podría romperse cuando alguno de ellos decida hacer lo correcto en apego a los valores que deberían prevalecer en busca del bien común. Cuando se de el caso de que alguno de ellos no tenga miedo a perder los apegos que siente suyos, a los que tanto se ha acostumbrado.

Ojala que la decisión del Presidente no tenga en sus cimientos al temor y que realmente esté dispuesto a enfrentar las consecuencias de una guerra en contra otra categoría de delincuencia organizada: la que no mata con R-15, ni cuernos de chivo a personas, si no con avaricia a una sociedad que pareciera que tiene miedo a vivir.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com

domingo, 17 de agosto de 2008

Como si nada...

En un país de cuyo nombre a veces no quisiera acordarme, pero me acuerdo todos los días, tuve una experiencia que no podría olvidar y que en estos días vino a mi memoria…

Trabajaba yo en un tiempo, como ahora, en una empresa muy importante cuando, un día de tantos, llamé por teléfono a Pedro, funcionario amigo mío de hacía ya muchos años, solo para enterarme del ataque cardiaco que había sufrido. Mi amigo se encontraba muy grave en el hospital…

Colgué apesadumbrado cuando justo en ese momento alcancé a ver al jefe de mi amigo entrar a una oficina cercana a donde acudí de inmediato en busca de mayores noticias… solo para encontrarme con una escena que nunca esperé… el silencio se podía cortar con tijeras y el miedo, entendí después, pintaba el rostro de quienes compartían ese espacio. ¿Qué les pasa? les pregunté y la respuesta no tardó en llegar… Acusaron de irregularidades a Pedro y su corazón falló… Ese día el miedo presente en esa oficina caló en lo más profundo de mi ánimo pues semanas antes el auditor en jefe había convocado a una reunión a todos los mandos medios de la empresa donde, sin recato, espetó a un auditorio lleno, palabras más, palabras menos: ¡Todos ustedes son corruptos y deben acusar a sus jefes! Si no lo hacen, ¡los meto a la cárcel!…

Las palabras del auditor en jefe impactaron gravemente el ánimo de todos en la organización; sin negar las manzanas podridas que siempre hay en todas las empresas y que en esa reunión había más de una… la gran mayoría eran personas, como usted o como yo, padres y madres de familias honradas que simplemente estaban dedicados a su trabajo. Funcionarios que no tenían nada que ver con la corrupción a que aludía sin hacer distingos ese tristemente recordado auditor en jefe que dejó dolor, frustración, impotencia y coraje a quienes acusó sin mayor sustento que el prejuicio y la sospecha infundada.

La labor del auditor es imprescindible e importante pues siempre habrá lobos disfrazados de ovejas, delincuentes disfrazados de funcionarios, que sin duda alguna su lugar es la cárcel. Para cumplir con ese propósito, el auditor debe actuar con coraje y bravura en la defensa del patrimonio de las instituciones. Sin embargo el fin nunca justificará los medios como la prepotencia, la intimidación y la acusación generalizada con la que se señaló a todos en esa reunión.

¿Supo ese auditor en jefe y sus subordinados el daño que causaron? No lo sé, solo sé que algunos de los pillos de esa reunión siguen como si nada y que muchos, la gran mayoría, para que no los pudieran acusar de nada, justamente hicieron a partir de ese día eso: ¡Nada! Provocando la parálisis de la empresa. En esa época se decía “Si alguien se está ahogando y aunque sepas, no encuentras en el librito el procedimiento para salvarlo… mejor deja que muera… porqué si no el ahogado serás tú”

¿Y por qué me vino a la memoria todo esto? Porque ¡Ojala y me equivoque! Hace unos días me tocó ver muestras de épocas que parecían ya superadas… A todo esto mi amigo Pedro se recuperó, sigue dando lata y las acusaciones como sabíamos resultaron sin fundamento, pero ni dudarlo, palo dado ni Dios lo quita… ¿Que qué pasó con el entonces auditor en jefe? Hasta donde yo sé está como los verdaderos pillos… ¡Como si nada! ¿Y la empresa…?

Todavía se acuerda.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 15 de junio de 2008

Atrapados por el miedo...

En días pasados emprendí una suerte de peregrinación a aquellos lugares que tienen un lugar muy especial en mis recuerdos en la ciudad donde nací: Poza Rica. Mis objetivos, aquellos puntos en la geografía citadina donde ocurrieron las maravillosas –otras no tanto- aventuras de mi niñez y de mi juventud hasta aquel año de 1969 cuando deje el terruño por la selva de cemento de la ciudad de México para cursar mis estudios universitarios.

Bastó ingresar a los suburbios para que los recuerdos se agolparan. La casa de bombas de Escolín, las instalaciones de la Cía Halliburton, la casa del pintor que transformó mi primer coche en el auto de mis sueños en la colonia Petromex; la escuela Art. 123 Benito Juárez donde cursé el jardín de niños y la primaria con aquel el enorme patio -ahora lo ví más pequeño- que tuve que limpiar de papeles, uno por uno, a pleno sol, después del recreo como castigo a mis primeras rebeldías; la barda donde esperaba pacientemente -a veces inútilmente- a que pasaran por mí para regresar a casa… El cuartel donde año tras año los alumnos de mi escuela acudíamos a obsequiar en su día a los soldados con rostro adusto que terminaban esbozando una sonrisa cuando recibían la cajita de jabones envuelta en papel de china…

El imperturbable Cerro del Abuelo que ofrece al visitante desde su cima la mejor vista de los alrededores pero ahora vestido sin aquellas galas verdes de antaño que cambió por las miles de casas apiñadas en sus faldas...

El boulevard, con el paseo de la burrita al centro, escenario de los desfiles donde marchábamos al redoble de los tambores, las cornetas y el clarín de la fabulosa banda de guerra de la H. Sección 30 del S.T.P.R.M… Boulevard donde aun se encuentran las escuelas Secundaria “Salvador Díaz Mirón” y la Preparatoria “Poza Rica” donde conocí a los que son mis amigos de toda la vida…

Y el “Interior del campo” donde desde el tiempo de las compañías antes de la expropiación petrolera se ubicaban las instalaciones y los talleres. “Interior del campo” donde también se encontraba aquel Casino Petrolero de los bailes de “Blanco y Negro” y las colonias de los ingenieros rodeadas de extensos y bien cuidados jardines… prohibidas durante muchos años a los ojos del común de los mortales salvo que fueras personal de servicio… Porqué si, aun muchos años después de la expropiación petrolera, cada cuál obreros e ingenieros ocupaban su lugar…

Todo eso recorrí con la cámara en ristre, capturando una tras otra las imágenes para reforzar las raíces… hasta que la cruda realidad rompió mi ensueño por los recuerdos. El lugar el “Interior del campo” a donde de niño podía entrar pues mis Tíos, Teba y Walter, vivían ahí. El paisaje, los mismos jardines bien cuidados pero ahora con los accesos restringidos a los extraños y más aun para los sospechosos que como yo portan una cámara…de nada valieron mis credenciales ni mis argumentos de hijo no tan pródigo que regresa nostálgico al terruño para llevarse unas cuantas fotos de recuerdo… Lo siento joven –dijo uno de los vigilantes después del interrogatorio de rigor- no me cause problemas señalando con discreción a la camioneta que ahora entiendo me empezó a escoltar en cuanto tomé las primeras fotos en la casa de visitas; el acceso está prohibido, no se permite tomar fotos… Y guardé la cámara con el coraje atravesado en la garganta camino a la salida con la camioneta siguiendo mis pasos… ¡no me fuera a regresar!

Y mas tarde las “hummer” repletas de soldados armados recorriendo la ciudad con letreros solicitando la denuncia ciudadana…

El antes y el ahora… atrapados por el miedo.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 27 de abril de 2008

Secuestro de la esperanza...

El agua siempre encuentra su camino al mar. Si el cauce acostumbrado de un río se obstruye, este buscará un camino nuevo inundando tierras que antes permanecían a salvo de sus aguas. Eso es lo que le ocurre justo ahora a mi ciudad Coatzacoalcos, el agua de la delincuencia que antes se veía muy lejana está inundando sus tierras.

Se ha obstruido el canal que llevaba el mundo de las drogas a nuestros vecinos del norte y ahora sus calamidades están inundaron nuestras tierras. Coatzacoalcos que se convirtió en la pesadilla que nunca imaginé; en una ciudad donde la noticia del secuestro del amigo, del conocido de muchos años, de aquel que muestra alguna forma de prosperidad, es cosa casi cotidiana. Primero fue el rumor de los secuestros y extorsiones a personajes de reputación dudosa; después la noticia del secuestro de gente honrada dedicada al trabajo y a su familia que no tendría por que pintar su rostro de miedo al preguntarse ¿seré yo el siguiente de la lista?

Reflexioné entonces sobre lo qué haría si yo estuviera incluido en esa hipotética lista y decidí que lo mejor sería seguir con mi vida, amando a mi familia, trabajando en lo que sé y expresando mis ideas pues llegado el caso simplemente no podría hacer nada para detenerlos y menos aún para pagarles.

Dicen que nada se da por casualidad y que todo tiene un propósito, tal vez el propósito de todo esto sea mostrar a los ciudadanos que también tenemos la culpa cuando no protestamos, cuando permanecemos al margen del dolor ajeno, cuando decidimos vivir encadenados a esa mediocridad permisiva pensando que esas desgracias nunca nos ocurrirán.

También decidí expresar públicamente mi más enérgica condena respecto a lo que ocurre en mi ciudad y mi convicción de que la causa raíz de todo, es el resultado de la acción u omisión de aquellos que detentan el poder quienes, por privilegiar a lo largo de muchos años tan solo sus intereses, han secuestrado al pueblo la esperanza de un futuro promisorio y eso, finalmente, es lo más grave pues el agua siempre encontrará su curso.

Reconocimientos de la semana,

A la gente humilde que se presta para asistir al médico y a los pacientes en el dispensario de San José, que clasifican las medicinas, que atienden el bazar en el que se recaudan los fondos necesarios para el pago de medicinas y/o análisis especiales, en la compra de y reparto de despensas. (Gracias Memo)

A la labor que realizada por la Casa del Inmigrante que lamentablemente cerró sus puertas en días pasados.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 11 de noviembre de 2007

Pinocho...

¿Qué está atrás de la mentira?

El miedo que se alimenta de la ignorancia. Y siendo así, tanto más grande es la ignorancia, más grande el miedo y la mentira.

Antes que el dolor del castigo, la mentira; antes que el rechazo, la mentira; antes que la construcción de una vida basada en meritos propios, la mentira de una imagen falsa, fácil de construir al inicio pero que no puede perdurar; Las mentiras sobre el pasado, las mentiras sobre el presente, las mentiras sobre el futuro se convierten en gigantescas y pesadas lozas que caerán, más temprano que tarde, sobre el mentiroso que no tendrá la fortaleza ni los recursos en su imaginario para evitarlo.

Quienes viven en la mentira ignoran todo e inventan todo respecto de si mismos, lo que les lleva a construir una imagen falsa para ajustarse a las expectativas de quienes pretenden ganar aceptación ya sea para evitar las consecuencias de sus actos, o los hechos de su realidad.

Sin embargo para que un mentiroso exista se requiere de alguien más que le crea. Alguien que cuando la verdad surge, no debe sentirse ofendido o decepcionado pues al final del día, fue su decisión caer en el garlito. Más bien debe tomarlo como un llamado a la prudencia cuando de aceptar el dicho de alguien se trata.


Las siguientes son citas sobre la mentira que seleccioné y dedico a algunos que otros mentirosillos que andan rondando por ahí:
  • El mentiroso es aquel que es incapaz de afrontar la realidad... por lo que se condena a la adversidad de vivir bajo la mentira. Anónimo.

    El problema no es que nos mientan. El problema es que les creamos. Anónimo

    Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti. Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filosofo alemán

    Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver. Proverbio judío

    El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad. Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.

    El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera. Alexander Pope

    Aquel que más posee, más miedo tiene de perderlo. autor: Leonardo Da Vinci

A la que agrego esta de mi cosecha:

  • Quien diga no poseer nada ¡Miente!

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com