Dicen que cuando Don Goyo se enteró
que deseaban ofrendar a los candidatos de inmediato respondió… ¡No! Porque
entonces si que me van a ver vomitar…
Habrá quien se ría, pero el asunto no
está para eso. De hecho existe la percepción en buena parte del electorado que,
por diversas imputaciones, de los cuatro no se hace uno.
¿Tendrán razón? Desconozco la
respuesta pero lo que si es evidente, es el estado de deterioro en que se
encuentra el país derivado de la acción u omisión de quienes lo han conducido y
que han surgido de los grupos de interés que los ahora candidatos representan.
De esos grupos de interés es la
responsabilidad de que sufra el país diversas plagas. Entre ellas, lo queramos
reconocer o no, una guerra atípica, en la que las víctimas mortales,
combatientes o “daño colateral”, se cuentan por decenas de miles; y por cientos
de miles los huérfanos, las esposas, las madres, los hermanos y demás seres
queridos, que acumulan en una olla de presión un pasivo de resentimiento que en
algún momento estallará para pasar la factura.
Sin embargo pareciera que nada de esto
causa mella en la conciencia de los líderes de esta perversa y vil contienda,
siendo, como lo es, una verdadera tragedia y una absoluta vergüenza nacional.
Como ya es cotidiano en días pasados
el frío contador de víctimas mortales se incrementó. No solo con los personajes
anónimos de siempre, generalmente juzgados a priori culpables por las
autoridades, si no también con las muertes de soldados y de periodistas,
corresponsales de guerra, que tristemente ejercen su profesión bajo su propio
riesgo, en las peores condiciones, aquí, en su país.
Pues a diferencia de los conflictos
armados en otras geografías, donde los bandos en pugna de alguna forma pueden
distinguirse, aquí se confunden cubiertos por el manto de la corrupción y la
impunidad.
Simplemente en nuestro México no hay
manera de distinguir a los “buenos” de los “malos”. ¿Denunciar las amenazas?
¿Solicitar protección? ¿A quién, a la autoridad? ¡Imposible! De hacerlo es muy
probable que en ese mismo acto estén firmando su propia sentencia de muerte.
Hoy hemos llegado al extremo de no
saber si tu amigo, el que presume una reputación a toda prueba, el que está
sentado a tu mesa, realmente es un diablo con cara de angelito.
Y la verdad, no se ve cómo nuevas
instituciones, leyes y castigos más severos puedan contribuir a mitigar el
inmenso daño que se está causando; el inmenso pasivo de resentimiento que se
acumula en los cientos de miles de deudos; si para los líderes de los bandos en
pugna un muerto más, o 20, o 1000 no hacen diferencia.
Lo único posible para que el país
recupere el rumbo se sintetiza en la palabra confianza. Confianza en un
liderazgo que debería asumir, antes que otra cosa, el compromiso de hacer la
guerra a la corrupción y la impunidad que permeo a toda la administración
pública federal.
Y para muestra un botón. En un hecho
absolutamente inédito la Cámara de Diputados; suspendió la vergonzosa comparecencia
ante el pleno, del secretario de la función pública; y se quejó ante el titular
del poder ejecutivo, porqué su secretario solo dio evasivas y no respondió a
las preguntas de los legisladores ante la falta de castigo a los culpables de
los evidentes casos de corrupción que reportó la Auditoría Superior de la
Federación en su análisis de la Cuenta Pública del 2010.
La causa de la suspensión dirán muchos
que se debe a los tiempos electorales y seguramente tienen razón. Pero no
podrán negar que la estela de luz se yergue no para celebrar el bicentenario,
si no para perpetuar en la memoria la ignominia de los muchos casos de
corrupción e impunidad.
Que en paz descansen todas las
víctimas inocentes de esta guerra y mi más sincero pésame a los deudos de los
dos bandos, particularmente a los de aquellos periodistas honrados,
corresponsales de guerra, caídos en el cumplimiento de su convicción.
Una reflexión final: La vida de los
estadistas fluye entre la soberbia y la humildad. El secreto es cuánto y hasta
cuándo serlo.
Reciban un afectuoso abrazo,
Enrique
Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
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