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sábado, 5 de mayo de 2012

Corresponsales de Guerra...


Dicen que cuando Don Goyo se enteró que deseaban ofrendar a los candidatos de inmediato respondió… ¡No! Porque entonces si que me van a ver vomitar…

Habrá quien se ría, pero el asunto no está para eso. De hecho existe la percepción en buena parte del electorado que, por diversas imputaciones, de los cuatro no se hace uno.

¿Tendrán razón? Desconozco la respuesta pero lo que si es evidente, es el estado de deterioro en que se encuentra el país derivado de la acción u omisión de quienes lo han conducido y que han surgido de los grupos de interés que los ahora candidatos representan.

De esos grupos de interés es la responsabilidad de que sufra el país diversas plagas. Entre ellas, lo queramos reconocer o no, una guerra atípica, en la que las víctimas mortales, combatientes o “daño colateral”, se cuentan por decenas de miles; y por cientos de miles los huérfanos, las esposas, las madres, los hermanos y demás seres queridos, que acumulan en una olla de presión un pasivo de resentimiento que en algún momento estallará para pasar la factura.

Sin embargo pareciera que nada de esto causa mella en la conciencia de los líderes de esta perversa y vil contienda, siendo, como lo es, una verdadera tragedia y una absoluta vergüenza nacional.

Como ya es cotidiano en días pasados el frío contador de víctimas mortales se incrementó. No solo con los personajes anónimos de siempre, generalmente juzgados a priori culpables por las autoridades, si no también con las muertes de soldados y de periodistas, corresponsales de guerra, que tristemente ejercen su profesión bajo su propio riesgo, en las peores condiciones, aquí, en su país.

Pues a diferencia de los conflictos armados en otras geografías, donde los bandos en pugna de alguna forma pueden distinguirse, aquí se confunden cubiertos por el manto de la corrupción y la impunidad.

Simplemente en nuestro México no hay manera de distinguir a los “buenos” de los “malos”. ¿Denunciar las amenazas? ¿Solicitar protección? ¿A quién, a la autoridad? ¡Imposible! De hacerlo es muy probable que en ese mismo acto estén firmando su propia sentencia de muerte.

Hoy hemos llegado al extremo de no saber si tu amigo, el que presume una reputación a toda prueba, el que está sentado a tu mesa, realmente es un diablo con cara de angelito.

Y la verdad, no se ve cómo nuevas instituciones, leyes y castigos más severos puedan contribuir a mitigar el inmenso daño que se está causando; el inmenso pasivo de resentimiento que se acumula en los cientos de miles de deudos; si para los líderes de los bandos en pugna un muerto más, o 20, o 1000 no hacen diferencia.

Lo único posible para que el país recupere el rumbo se sintetiza en la palabra confianza. Confianza en un liderazgo que debería asumir, antes que otra cosa, el compromiso de hacer la guerra a la corrupción y la impunidad que permeo a toda la administración pública federal.

Y para muestra un botón. En un hecho absolutamente inédito la Cámara de Diputados; suspendió la vergonzosa comparecencia ante el pleno, del secretario de la función pública; y se quejó ante el titular del poder ejecutivo, porqué su secretario solo dio evasivas y no respondió a las preguntas de los legisladores ante la falta de castigo a los culpables de los evidentes casos de corrupción que reportó la Auditoría Superior de la Federación en su análisis de la Cuenta Pública del 2010.

La causa de la suspensión dirán muchos que se debe a los tiempos electorales y seguramente tienen razón. Pero no podrán negar que la estela de luz se yergue no para celebrar el bicentenario, si no para perpetuar en la memoria la ignominia de los muchos casos de corrupción e impunidad.

Que en paz descansen todas las víctimas inocentes de esta guerra y mi más sincero pésame a los deudos de los dos bandos, particularmente a los de aquellos periodistas honrados, corresponsales de guerra, caídos en el cumplimiento de su convicción.

Una reflexión final: La vida de los estadistas fluye entre la soberbia y la humildad. El secreto es cuánto y hasta cuándo serlo.

Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

sábado, 18 de febrero de 2012

Hablemos de corrupción...


A las tres de la mañana refunfuñando contra el mundo, Don Julián  cansado de la vida, caminaba rumbo a su casa… En esas iba cuando percibió entre las sombras, un “algo” tirado sobre la acera que le hizo exclamar ¡Ah bueno! solo faltaría que pise excremento para rematar el día… pero no fue así, aquello era una gastada y abultada billetera… ¿Qué hacer? Él podía a su entera discreción, devolverla o quedársela. Si hacia lo último ¿Quién podría acusarlo oscurito como estaba? Mira que con el salario de hambre que recibía, bien que le caería un dinerito extra para comprarse un relojito como el del jefe…

El cuento anterior ilustra el modelo típico de la corrupción que nuestra autoridades combatirían con una ley que castigue el delito de quedarse con una billetera olvidada, poniendo más focos en la calle, creando una policía especializada, instalando chips GPS en todas las carteras y en todos los ciudadanos para vigilar sus movimientos… y me pregunto ¿Esa es la solución?

No, porque el modelo no corresponde a la nuestra realidad. En México, la corrupción concede la esperanza de llevar a cualquiera que sea útil para el sistema, al “éxito” social, político, económico, profesional que no podría obtener de otra manera. No es la oportunidad que se le presenta a una persona de ser corrupto. Es un fenómeno social que ha servido como la válvula del sistema, que alivia el resentimiento y el descontento social cuando los ciudadanos se preguntan ¿Porqué ellos sí y yo no?

Así es como los tres poderes de la unión se han plagado de corruptos que vinieron “desde abajo”. De verdaderos cárteles de delincuentes de cuello blanco que saquean el patrimonio nacional.

La consecuencia más nefasta sin embargo, no es esa. Es la respuesta “No se puede” que dan los trabajadores honrados ante cualquier iniciativa. Trabajadores que procuran hacer solo lo mínimo indispensable, o nada si es posible para no equivocarse y caer en manos de la santa inquisición al servicio de los intereses en turno, en la que se han convertido los entes fiscalizadores ávidos de peces chicos pues con los grandes ya está visto que no pueden o no quieren.

La triste realidad es que hoy y antes, bajo la loza de una normatividad diseñada bajo criterios equivocados, se asfixian la innovación, el criterio y el sentido común. Este es el peor daño que causa la corrupción.

La semana pasada la Auditoría Superior de la Federación presentó el “Informe del Resultado de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2010” con un gran impacto mediático por casos como la Estela de la Luz, que solo es uno entre otros de mayor quebranto.

¿Usted que cree qué va pasar? Las observaciones irán a dar a la Secretaría de la Función Pública donde a alguno que otro chivo expiatorio flaco lo harán barbacoa para darle gusto a la prole. Pero nada más. ¿Usted cree que el secretario de la SEFUPU hará algo para poner en evidencia a la administración de quien lo nombró en el cargo? Yo tampoco.

Y si piensa que sí, para muestra un par de botones: Las cuentas públicas del año 2002 y del año 2007 de las administraciones de Fox y Calderón respectivamente fueron rechazadas por el legislativo, censuradas y solo hasta hace unos pocos días se ordenó su publicación…

La corrupción es resultado de la Inequidad, de la carencia de oportunidades de desarrollo; del excesivo financiamiento a los partidos políticos; de la complejidad de nuestro marco regulatorio; de la promoción indiscriminada de estilos de vida distintos a la realidad nacional; de la garantía de impunidad, de la falta de voluntad política para combatirla y de un nulo reconocimiento a la competencia y el comportamiento ético del ciudadano.

Tenemos miles de millones de dólares en reservas, sí, pero de lo anterior muy poco.

Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm
www.ramari.blogspot.com

domingo, 22 de agosto de 2010

2a Propuesta: ¿A dónde vas?

La naturaleza es muy sabia. Conoce bien que el primer paso que debe dar un depredador para disponer con el menor esfuerzo de una apetitosa comilona es paralizar a su futuro platillo. Y para eso tienen muchos mecanismos… ¿Han escuchado el rugido de un león, un oso, o visto el efecto del veneno de una araña?

Paralizar es el propósito, lo demás es literalmente… pan comido.

Lo mismo aplica cuando se desea provocar la quiebra, controlar o someter a una persona, a una empresa, a una organización o a todo un país; por avaricia, poder, desconfianza, inseguridad, miedo, odio, ignorancia y todo el largo etcétera de las motivaciones del ser humano...

¿Qué vas a hacer? ¿Con quién vas? De acuerdo, tienes mi permiso, ¡pero ni se te ocurra salir con tu domingo siete porque ya me conoces! Me llamas cuando llegues a la casa de Chachita para que me des el teléfono a donde pueda localizarte… Al rato, ring… ring… (La hija llamando) ¿Por qué tardaste tanto en avisar? Mas al rato ring… ring… (Mamá llamando) ¿Todo bien? ¿Por qué se escucha tanto escándalo? No tardes, te voy a estar esperando… Un par de horas más tarde... ¿Eres tu hija? ¿Quién te trajo? ¿Por qué vienes toda despeinada? A ver sóplame…

El ejemplo anterior es típico del Control Basado en la Desconfianza (CBD) que ejercen los padres sobre sus hijos. Los padres controlan antes de permitir que inicie el proceso, controlan lo que ocurre durante el proceso y controlan después de concluido lo que conducirá, dependiendo del carácter de sus hijos, a la obediencia/sumisión/parálisis absoluta que no les permitirá tomar decisiones por si mismos o a incurrir en toda una serie de argucias para salirse con la suya. Las dos alternativas son nefastas.

En el caso de las organizaciones, de las empresas o de los países a las etapas del CBD tienen nombres rimbombantes: el control “ex-ante” (pedir permiso a Papá antes de hacer nada), el control normativo, (que decide el cómo se hace: “no te tardes”, “llámame”) y el control “ex-post” (revisiones, auditoría, “sóplame”) pero al final del día son lo mismo que hacen los papás controladores en exceso, con las mismas nefastas consecuencias.

En particular, el país, el gobierno y nosotros atrás de ellos, perdemos muchísimo dinero por el control basado en la desconfianza. Tiempos exagerados para desarrollar y ejecutar los proyectos; la inmensa cantidad de recursos que consume la burocracia creada para controlar burocracia, que a su vez controla más burocracia; la parálisis en las instituciones por el miedo de los muchos funcionarios honestos (honestos enfatizo, porque a los pillos ¡les vale!) a tomar decisiones por el riesgo que corren de ser sancionados discrecionalmente; y finalmente por el altísimo costo de la corrupción que se da cada comilona en el caldo de cultivo ideal que ofrece el CBD. Las argucias que los pillos realizan para salirse con la suya.

Es imperativo sustituir al CBD por un efectivo sistema de control basado en la fijación de metas, el análisis objetivo de los resultados y en la rendición de cuentas. –El país requiere esto; no me pidas permiso para hacer lo que tienes que hacer, simplemente hazlo; no te digo como hacerlo porque si ocupas ese puesto sabes cómo hacerlo; si cumples conservarás tu puesto, si superas los compromisos recibirás reconocimiento y serás recompensado por tu esfuerzo; si no, ni te presentes ya estarás despedido. Nos vemos el año que entra.

Nada es imposible, el cielo o el infierno lo construimos nosotros. El tema aún no se agota, continuaremos en la siguiente columna.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 17 de agosto de 2008

Como si nada...

En un país de cuyo nombre a veces no quisiera acordarme, pero me acuerdo todos los días, tuve una experiencia que no podría olvidar y que en estos días vino a mi memoria…

Trabajaba yo en un tiempo, como ahora, en una empresa muy importante cuando, un día de tantos, llamé por teléfono a Pedro, funcionario amigo mío de hacía ya muchos años, solo para enterarme del ataque cardiaco que había sufrido. Mi amigo se encontraba muy grave en el hospital…

Colgué apesadumbrado cuando justo en ese momento alcancé a ver al jefe de mi amigo entrar a una oficina cercana a donde acudí de inmediato en busca de mayores noticias… solo para encontrarme con una escena que nunca esperé… el silencio se podía cortar con tijeras y el miedo, entendí después, pintaba el rostro de quienes compartían ese espacio. ¿Qué les pasa? les pregunté y la respuesta no tardó en llegar… Acusaron de irregularidades a Pedro y su corazón falló… Ese día el miedo presente en esa oficina caló en lo más profundo de mi ánimo pues semanas antes el auditor en jefe había convocado a una reunión a todos los mandos medios de la empresa donde, sin recato, espetó a un auditorio lleno, palabras más, palabras menos: ¡Todos ustedes son corruptos y deben acusar a sus jefes! Si no lo hacen, ¡los meto a la cárcel!…

Las palabras del auditor en jefe impactaron gravemente el ánimo de todos en la organización; sin negar las manzanas podridas que siempre hay en todas las empresas y que en esa reunión había más de una… la gran mayoría eran personas, como usted o como yo, padres y madres de familias honradas que simplemente estaban dedicados a su trabajo. Funcionarios que no tenían nada que ver con la corrupción a que aludía sin hacer distingos ese tristemente recordado auditor en jefe que dejó dolor, frustración, impotencia y coraje a quienes acusó sin mayor sustento que el prejuicio y la sospecha infundada.

La labor del auditor es imprescindible e importante pues siempre habrá lobos disfrazados de ovejas, delincuentes disfrazados de funcionarios, que sin duda alguna su lugar es la cárcel. Para cumplir con ese propósito, el auditor debe actuar con coraje y bravura en la defensa del patrimonio de las instituciones. Sin embargo el fin nunca justificará los medios como la prepotencia, la intimidación y la acusación generalizada con la que se señaló a todos en esa reunión.

¿Supo ese auditor en jefe y sus subordinados el daño que causaron? No lo sé, solo sé que algunos de los pillos de esa reunión siguen como si nada y que muchos, la gran mayoría, para que no los pudieran acusar de nada, justamente hicieron a partir de ese día eso: ¡Nada! Provocando la parálisis de la empresa. En esa época se decía “Si alguien se está ahogando y aunque sepas, no encuentras en el librito el procedimiento para salvarlo… mejor deja que muera… porqué si no el ahogado serás tú”

¿Y por qué me vino a la memoria todo esto? Porque ¡Ojala y me equivoque! Hace unos días me tocó ver muestras de épocas que parecían ya superadas… A todo esto mi amigo Pedro se recuperó, sigue dando lata y las acusaciones como sabíamos resultaron sin fundamento, pero ni dudarlo, palo dado ni Dios lo quita… ¿Que qué pasó con el entonces auditor en jefe? Hasta donde yo sé está como los verdaderos pillos… ¡Como si nada! ¿Y la empresa…?

Todavía se acuerda.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com