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domingo, 4 de julio de 2010

Para bien o para mal...

Los hechos, hechos son. Pertenecen al pasado y no son ni “buenos” ni “malos”; son simplemente hechos que no podemos alterar. Respecto de ellos lo único que procede hacer es elegir la actitud que nos conducirá a nuevos hechos y a nuevos sentimientos por los caminos ya sea de la frustración, o del desarrollo personal. Usted elije.

Así, los hechos no son producto de la casualidad o del azar. Los hechos son producto de la actitud que asumen los involucrados, es decir, es la voluntad colectiva quien determina las circunstancias de nuestra cotidianeidad. Y todo corresponde a un propósito.

Sí, absolutamente todos los hechos que ocurren como resultado de la interacción humana tienen, al menos, el propósito de brindar una nueva oportunidad para elegir la actitud que nos permita vivir conforme a nuestros anhelos o sufrir por nuestros temores.

Pues ante un hecho consumado o una expectativa se puede actuar de la misma forma pero con fundamento en actitudes diferentes. Hay quien en el último trance se aferra a la vida por miedo a la muerte antes que por amor a la vida misma como también; hay quien trabaja por miedo a perder los ingresos que le permiten mantener sus apegos, antes que por la pasión que debería provocar el trabajo mismo; hay quien cumple la ley por temor al castigo antes que por la convicción del respeto a la ley; hay quien vive en la sumisión por miedo a ser reprimido antes que optar por la integridad y el respeto sus convicciones.

Así es como construimos todos los días nuestro infierno, purgatorio o paraíso. Decidiendo acciones para enfrentar las implicaciones de los pequeños o grandes hechos de nuestra vida. Acciones que pueden ser las mismas, pero motivadas por actitudes diametralmente opuestas.

Justo el domingo pasado, nuestro pueblo, en el contexto de la actitud que ha asumido respecto al acontecer nacional, tuvo la oportunidad de elegir una distinta a la del abstencionismo y transformar al país con un sencillo acto de voluntad: asistir a las casillas y expresar su voluntad con libertad.

Ya se verá con base en qué los ciudadanos elegimos la actitud para responder a la convocatoria a las urnas. Los nuevos hechos son que el proceso electoral concluyó, que existe un nuevo escenario político, que el ejecutivo federal está contra las cuerdas, que la corrupción persiste y que la violencia impera.

¿Cuál será la nueva actitud? Porque los hechos, hecho son.

¿Votamos por México?

Con mis mejores deseos

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

sábado, 26 de junio de 2010

¡No me mires!

“No me mires, no me mires, no me, no me, no me mires
No me mires, no me mires déjalo ya
Que hoy no me he puesto el maquillaje
Y mi aspecto externo es demasiado vulgar
Para que te pueda gustar…”


Mecano…

Anhelos o deseos. Rumbos opuestos en la rosa de los vientos a elegir en pos de la realización plena o del placer efímero. Extremos del hilo de la vida a saber tan largo para muchos en los enredos del temor y la inconsciencia; como justo es para muy pocos cuando del concierto, el orden y el amor se trata.

Pensar, declarar y actuar congruentemente con los anhelos, o… aceptar, callar, y fingir para satisfacer los deseos, hasta que la insatisfacción y el hastío surjan en los interines de la vida fatua y frívola. Corrupción o integridad. Avaricia o equidad. Opuestos, opuestos, opuestos… que muy pocos perciben en el trajín de una vida complicada tanto como puede ser levantar un poco la mirada hacia el maravilloso prado que rodea el pozo donde las almas sometidas agonizan en la desesperanza.

Un poquito “denso” dijo mi editor. Muy denso le conteste sin palabras. Tan denso como puede ser el viento gélido y la lluvia de la tormenta que hoy nos cala hasta los huesos pero que también escurre el maquillaje y la pintura del rostro de aquellos a quienes hemos permitido conducir nuestro destino.

¿Agacharemos la cabeza en la tormenta, o seremos capaces de levantar la vista, verles el rosto que hoy, como nunca, muestra su faceta más atroz? No me queda duda que muchos preferirán bajarla, pero otros, cada vez más, ya la alzan: piensan, declararan y actúan congruentemente con sus anhelos porque “México no es así, México es mejor” como dijo un lector mejicano en el extranjero cuando hace algún tiempo conoció una más de las tantas tragedias que hoy son parte de nuestra cotidianeidad.

Todo tiene un propósito, afirmo. Uno es mostrarnos tal cual son, sin máscaras ni maquillajes con la cara lavada, a los que están ahí, suplicando “no me mires” decidiendo por nosotros, para ellos.

Este pasillo es tan largo como la esperanza de un pobre” Me dijo mi suegro Don Laureano citando un viejo dicho. Y pensé para mis adentros, tan largo como los enredos del temor y la inconsciencia que promueve la avaricia de unos cuantos.

Hace unos cuantos artículos a una lectora le disgustó que promoviera el voto y tuvo razón, mi texto equivocadamente causó esa impresión. Lo que realmente promuevo es que los ciudadanos hagan del día de las elecciones una fiesta y acudan con su familia, amigos y vecinos a las casillas. Y ahí en la intimidad, con toda integridad, hagan lo que su conciencia les dicte.

Con mis mejores deseos

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 13 de junio de 2010

Mascarada

Tal vez el miedo más grande lo cause el riesgo de asumir lo que realmente somos. Solo así se explican las mil máscaras que ocultan el verdadero rostro de los protagonistas del carnaval en el que todos participamos.

Caretas existen muchas… la sumisión de los hijos buscando el amor de sus padres. La rebeldía del adolecente buscando la aceptación de los amigos. La galantería del joven tras el ansiado “sí” de la muchacha esquiva. La virtud de la joven casadera. La efectividad del empleado en busca del favor del jefe para conservar su empleo. La del padre que impone a sus hijos lo socialmente… correcto. La del futuro promisorio del político tras el favor de los votantes. La de la queja permanente y el resentimiento de una sociedad en busca de un mejor liderazgo que el que ella misma ha parido.

Tantas máscaras se suceden en los rostros de los protagonistas del jolgorio que paulatinamente, poco a poquito, casi sin sentirlo; por miedo, olvidan reconocer en sí mismos los anhelos del Alma al descartar la reflexión que les conduciría a construir, a expresar y a construir su verdad…

Miedo a perder sus apegos. Miedo a enfrentar la responsabilidad de llevar a cabo sus anhelos antes que sumisamente aceptar sin más, el rol que otras máscaras, tan patéticas como las que ellos mismos utilizan, han construido.

Pero… ¿Quién montó la escenografía? No hay un responsable, son muchas las innumerables comparsas, con antifaz al rostro, de todos los tiempos y las geografías, que han contribuido a lo largo de la historia de la humanidad, a montar la farsa para el gran público, que apático y sumiso, no aplaude, pero tampoco decide abandonar la función por miedo a perder su confortable butaca.

Pero la buena noticia es que al final del día no perderá su butaca, emprenderá un nuevo camino que le llevará a las nuevas y maravillosas experiencias de la integridad, de la congruencia entre lo que usted verdaderamente es y su actuar. ¿Podría imaginar algo mejor que realizarse con plenitud en todos los aspectos de su vida como hijo, amigo, pareja, padre, empleado, servidor público, como ciudadano? Muy probablemente habrá de enfrentar el costo del desapego a lo que hoy está acostumbrado, pero la recompensa, se lo aseguro, bien vale la pena.

Hoy mismo como ciudadano tiene la oportunidad de impulsar nuestra incipiente democracia con su voto, sin mayor costo que un acto de voluntad. Convenza a su familia, convenza a sus vecinos, a sus empleados, a sus compañeros de trabajo para que acudan a votar cómo y por quién ellos decidan. La casilla no estará lejos de su hogar. Recuerde que el robo es un delito. Quien se somete, roba a sí mismo el derecho a la realización. Quien se abstiene de votar, roba a su país el derecho a un futuro promisorio.

“Vivo porque Soy lo que anhela mi Alma; porque pienso lo que Soy, porque expreso lo que Soy, porque realizo lo que Soy”.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 2 de mayo de 2010

A Dios rogando... ¡Y con el mazo dando!

En el artículo anterior intenté promover que el ciudadano dejara de sentirse víctima del sistema que nos sumió a muchos en una mal llamada “zona de confort” y que además, para acabarla de amolar, no preparó al País para la crisis que hoy enfrenta.

Ante esa triste realidad los ciudadanos han reaccionado de diversas maneras. Unos, con añoranza por un pasado que no volverá; otros con desesperanza y desilusión por los cambios “para no cambiar”; los más con resentimiento ante la inequidad y la injusticia imperante; y los menos, asumiendo la actitud del avestruz que niega las amenazas a su bienestar esperando que el destino nunca le alcance, olvidando hacer suyo aquel el viejo dicho que dice “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.

En otros dichos, como aquel que dice “Lo que no mata… ¡Engorda!”, o “No hay mal que por bien no venga”, la sabiduría popular expresa la certeza de que quien sufre penurias puede salir fortalecido de una crisis o de recibir cosas buenas después de la tormenta. Buenos dichos en verdad. Pero no para aquellos sumisos que cuando flacos, enteleridos o sin un peso en el bolsillo la experiencia les indica que solo pueden ser ciertos si aplicamos aquel otro que dice… “¡A Dios rogando y con el mazo dando!”.

Si “¡A Dios rogando y con el mazo dando!” pero con fe, dejando a un lado el sentimiento de ser las víctimas de los políticos incapaces de conducir a México por el camino de la prosperidad y el desarrollo. Un mal que existe solo por que así lo hemos permitido con una actitud equivocada.

Una circunstancia malévola que puede revertirse si aceptaran la invitación que expresé con las siguientes preguntas ¿Se imaginan lo que ocurriría si todos votaran? ¿Se imaginan el México en que podríamos convertirnos, con un solo acto de voluntad de los millones que hoy se abstienen de votar?

A las que agrego la siguiente: ¿Se imaginan el impacto de millones de mazos resonando en las urnas el día de las elecciones al grito de ¡Yo Voto por México!?

Al respecto un lector anónimo hizo un comentario en mi Blog que concluyó con las siguientes palabras: “Es deprimente tener que votar por alguno de estos personajes para que nos representen y luchen por nuestros derechos si a todas luces sólo están en la política por sus intereses personales. Muy triste el panorama, sin embargo, iré a votar.” A lo que otro contestó “Salir a votar es indispensable. Si a alguien no lo convencen los candidatos que anule el voto. Porque aun así, de esta manera, esta demostrando su inconformidad con el sistema.

Y yo les digo, lo importante es que en la urna son ustedes quienes deciden que hacer con su voto y nadie les puede decir nada. Si eligen apoyar a su candidato, votar por el partido, votar por el menos malo, votar por la persona, o anular su voto para demostrar su inconformidad con el sistema; cualquier decisión que tomen será la correcta pues es su absoluto derecho y sin duda apoyará al propósito de recuperar el voto ciudadano para el bienestar de México.

PD Lo que sí les recomiendo… No dejen su voto en blanco por aquellos mapaches electorales que todavía andan por ahí… ¡Les encantan!

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com
Twitter @enriquechm

domingo, 25 de abril de 2010

Lo que no mata: ¡Engorda!

“La verdad dura en tanto nos concede un breve descanso para alcanzar nuevas alturas”.

¿Cuál verdad? Aquella que se constituye en el marco de referencia de los valores y las conductas cotidianas ya sea por que, correcta o no, es aceptada por la comunidad o por que resulta de la reflexión respecto de la propia experiencia o de la percepción de los hechos que son conocidos.

Verdad, que en tanto nos es favorable y permanece, construye las rejas de una prisión mal llamada, porque parece algo bueno sin serlo, “zona de confort”. Prisión porque, centrada la atención solo en los apegos que tanto disfrutamos o sufrimos, nos impide ver el mundo que nos rodea. Prisión porque nos impide ver las oportunidades y apreciar las maravillas de un mundo que siempre han estado ahí para el que las quiera tomar. Prisión, porque nos deja inermes en manos de los carceleros que viven del usufructo de los temerosos a dejar atrás el “maravilloso” mundo que construimos felices, sin saber que de hecho, es la celda que nos impide ver.

Sin embargo no habría problema si la verdad permaneciera inmutable manteniendo la ceguera. Pero no es así, nada es para siempre. La verdad más tarde o más temprano cederá siempre el paso a una nueva.

El individuo, las comunidades y los países han de estar siempre listos para enfrentar nuevas circunstancias que transformen radicalmente su forma de vida. Es perfectamente válido él disfrute sin culpas, a plenitud, de aquello que por cualquier causa esté dentro de sus afectos o sus haberes. Sin embargo habría de recordar que nada es para siempre. Así, habrían de ejercitarse buscando contestar las preguntas “Qué pasaría si” algo cambia; “Qué pasaría si” se pierden esto o aquello. ¿Cómo en primera instancia podrían sobrevivir a tal cambio de circunstancias y después, como aprovecharlo como un medio para fortalecerse y crecer? Tendrían también que hacer simulacros deshaciéndose temporalmente de sus apegos.

México, cuando su “verdad” anterior dejo de serlo, salió de una zona de confort y entró en crisis al enfrentar cambios radicales en todos los aspectos relevantes. Hoy vive las consecuencias de no haberse preparado para ello. Sin embargo lo hecho, hecho está y nada ganaría con lamentarse. Lo relevante es que hay solución si decidimos asumir la responsabilidad del fortalecimiento y desarrollo del país. Dejando a un lado los miedos para dar paso a la acción. Cada cuál en su trinchera. Dice un dicho que he escuchado desde niño: Lo que no mata, ¡engorda! Y ¡vamos! México no morirá.

Cierro con una frase de uno de los más grandes científicos de todos los tiempos, que ilustra justo por donde habría que empezar.

“Acabemos con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla”. Albert Einstein

Y para esto les invito a dar un primer paso: Convenzamos a quien no lo esté de acudir a las urnas el día de las próximas elecciones. ¿Se imaginan lo que ocurriría si todos lo hicieran? ¿Se imaginan el México en que podríamos convertirnos, con un solo acto de voluntad de los millones que hoy se abstienen? ¡Voten por México!

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm