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sábado, 10 de diciembre de 2011

Las próximas elecciones...


Recuerdo muy bien cuando en las elecciones federales del año 2000 escuchaba azorado, las noticias dando la noticia del fracaso del PRI y el triunfo, no del PAN, sino de la terquedad del “¡hoy!, ¡hoy!, ¡hoy!”, de las tepocatas, víboras prietas y demás alimañas de un Vicente Fox que tocó la esperanza de cambio de la mayoría de los electores.

Ya presidente en marzo del 2001, le envié una carta expresando las preocupaciones de aquellos días, que concluía con una pregunta ¿Y cómo le vas a hacer? Obvio nunca contestó pero tampoco hizo falta. Después del “Comes y te vas…” y del “¿Y yo por qué? me quedó más que claro que Chente podría ser buen gerente, pero de estadista ¡Nada!

Seis años después, en las elecciones del 2006, Roberto Madrazo Pintado el abanderado de un PRI que aún no asimilaba la derrota anterior se fue al fondo del marcador; el PRD con un López Obrador que pecó de confiado perdió la oportunidad y ahora sí, el PAN, se alzó muy apenitas con un triunfo muy, pero muy cuestionado que sumió al país en un conflicto post electoral sin precedentes que por cierto, ahora se me hace parecido al de Manny Pacquiao en las Vegas que hizo de Juan Manuel Márquez otro campeón “legítimo”.

Después de que el presidente Felipe Calderón asumió la presidencia en circunstancias vergonzosas, en febrero del 2007, comenté que tenía que abonar lo antes posible el saldo vencido que dejó su antecesor y en marzo de ese mismo año, que tendría también que atender sin demora, sin espantar con el petate del muerto a nadie, el tema de la corrupción. Obvio, Felipe como Chente, tampoco contestó ocupado como ha estado en librar, cómo quiera que se llame, la ¿guerra, lucha? contra la delincuencia organizada.

Pero tampoco hizo falta que contestara, pues rápidamente se vio que en los hechos hizo suya aquella famosa frase de Carlos Salinas de Gortari “ni los veo, ni los oigo” cuando se le pedía una estrategia que atendiera las causas y no solo los síntomas de la enfermedad endémica que padece a nación: la corrupción.

El hecho es que hoy se sustituyó el Año de Hidalgo por algo peor ¡el Sexenio de Hidalgo! Y que más allá de la ¿lucha, guerra? en contra de los cárteles del narcotráfico con sus centenas de miles de deudos –sí, dije deudos-, ahora también tenemos afianzados los cárteles de cuello blanco que proliferan en el aparato gubernamental y en la industria paraestatal de los cuáles solo en los últimos meses hemos visto algunos en capilla. Cosa curiosa, justamente en tiempos electorales.

“Haiga sido como haiga sido” dentro de unos cuantos meses tendremos una nueva oportunidad de cumplir con el compromiso mínimo del ciudadano con la Patria: acudir a las urnas y votar para decidir cuál de los candidatos será el presidente durante los próximos seis años.

¿Qué hacer en el ínterin? Considerando que Usted tiene el derecho a construir su verdad: escuche, aléjese de posturas radicales, de los resentimientos, sea lo más objetivo posible y ese meritito día olvide las tepocatas, los “comes y te vas”, el “ni los veo, ni los oigo”, el “haiga sido como haiga sido”, el “¿y yo por qué?” y si después de todo ninguno le convence, pues ¡eso escriba en la boleta!

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

domingo, 2 de mayo de 2010

A Dios rogando... ¡Y con el mazo dando!

En el artículo anterior intenté promover que el ciudadano dejara de sentirse víctima del sistema que nos sumió a muchos en una mal llamada “zona de confort” y que además, para acabarla de amolar, no preparó al País para la crisis que hoy enfrenta.

Ante esa triste realidad los ciudadanos han reaccionado de diversas maneras. Unos, con añoranza por un pasado que no volverá; otros con desesperanza y desilusión por los cambios “para no cambiar”; los más con resentimiento ante la inequidad y la injusticia imperante; y los menos, asumiendo la actitud del avestruz que niega las amenazas a su bienestar esperando que el destino nunca le alcance, olvidando hacer suyo aquel el viejo dicho que dice “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.

En otros dichos, como aquel que dice “Lo que no mata… ¡Engorda!”, o “No hay mal que por bien no venga”, la sabiduría popular expresa la certeza de que quien sufre penurias puede salir fortalecido de una crisis o de recibir cosas buenas después de la tormenta. Buenos dichos en verdad. Pero no para aquellos sumisos que cuando flacos, enteleridos o sin un peso en el bolsillo la experiencia les indica que solo pueden ser ciertos si aplicamos aquel otro que dice… “¡A Dios rogando y con el mazo dando!”.

Si “¡A Dios rogando y con el mazo dando!” pero con fe, dejando a un lado el sentimiento de ser las víctimas de los políticos incapaces de conducir a México por el camino de la prosperidad y el desarrollo. Un mal que existe solo por que así lo hemos permitido con una actitud equivocada.

Una circunstancia malévola que puede revertirse si aceptaran la invitación que expresé con las siguientes preguntas ¿Se imaginan lo que ocurriría si todos votaran? ¿Se imaginan el México en que podríamos convertirnos, con un solo acto de voluntad de los millones que hoy se abstienen de votar?

A las que agrego la siguiente: ¿Se imaginan el impacto de millones de mazos resonando en las urnas el día de las elecciones al grito de ¡Yo Voto por México!?

Al respecto un lector anónimo hizo un comentario en mi Blog que concluyó con las siguientes palabras: “Es deprimente tener que votar por alguno de estos personajes para que nos representen y luchen por nuestros derechos si a todas luces sólo están en la política por sus intereses personales. Muy triste el panorama, sin embargo, iré a votar.” A lo que otro contestó “Salir a votar es indispensable. Si a alguien no lo convencen los candidatos que anule el voto. Porque aun así, de esta manera, esta demostrando su inconformidad con el sistema.

Y yo les digo, lo importante es que en la urna son ustedes quienes deciden que hacer con su voto y nadie les puede decir nada. Si eligen apoyar a su candidato, votar por el partido, votar por el menos malo, votar por la persona, o anular su voto para demostrar su inconformidad con el sistema; cualquier decisión que tomen será la correcta pues es su absoluto derecho y sin duda apoyará al propósito de recuperar el voto ciudadano para el bienestar de México.

PD Lo que sí les recomiendo… No dejen su voto en blanco por aquellos mapaches electorales que todavía andan por ahí… ¡Les encantan!

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com
Twitter @enriquechm