domingo, 22 de marzo de 2009

La crisis de México

En las épocas de paz, cuando la seguridad prevalece, los hombres pueden transitar por la vida sin temor a sufrir atentados que pongan en riesgo su integridad física, mental o espiritual. Son las épocas de paz el terreno fértil para el florecimiento de los valores, de las artes y en general de todo aquello que ennoblece al ser humano. Son las épocas de paz en las que el bien común y el bienestar, adquieren un real significado, cuerpo y sustancia.

Esos tiempos son épocas de estabilidad en las que inconcientemente, imperceptiblemente, el hombre construye murallas -no físicas, pues no las necesita para defenderse- para encerrarse a disfrutar de sus apegos a la vida fácil, superflua y sin complicaciones, a las posesiones, a la riqueza y al poder. Incluso apegos al dueño cuando este con benevolencia, justicia y equidad trata al esclavo quién por no conocer la libertad no la extraña.

Apegos que con el transcurrir del tiempo, lenta pero sostenidamente, se fortalecen y oscurecen la pátina que impide al hombre ver y verse. Apegos que llega a concebir como la razón de su vida. Pero no aquella vida que proviene del platillo balanceado que fortalece, si no de aquel que no sacia y debilita, pues la receta incluye las semillas de la soberbia, cuando el hombre considera que no hay platillo más delicioso que el suyo; de la avaricia, por que el manjar no le sacia y siempre tiene hambre; del egoísmo, porque se niega a compartir el alimento que siente insuficiente; y del temor, porque piensa que puede perder lo que percibe como su único sustento.

Y así, encerrado tras la muralla en la que disfruta de sus apegos, ve solo aquello que quiere ver hasta que es demasiado tarde para reaccionar ante una realidad que finalmente se impone inmisericorde y dolorosa en lo que llamamos época de crisis donde los valores se descartan y el bienestar y el bien común, se convierten ahora en utopías sin significado, sin cuerpo ni sustancia.

México vivió una estabilidad donde el gobierno se apegó a los recursos petroleros y al dispendio, los políticos al poder, la delincuencia al dinero fácil de la impunidad, todos a la corrupción, y el pueblo al paternalismo de la autoridad pero también a la idea de un liderazgo que pudiera conducir al país a una nueva circunstancia que pareció concretarse en las promesas, las víboras prietas, las tepocatas y demás alimañas de la jeringonza de un Vicente Fox que no supo o no pudo, para el caso es lo mismo, responder a la confianza otorgada por el electorado.

Electorado quien por su parte tampoco superó los apegos del paternalismo, ni asumió responsabilidad y ni actuó en su trinchera para apoyar la transformación deseada; y una oposición que no aceptó la derrota y menos aun asumir con dignidad el nuevo papel que le correspondía. Y así los síntomas de la enfermedad, que muchos se negaron a ver, se dieron y culminaron en la crisis de la elección del año 2006 donde como siempre los actores políticos dejaron a un lado los valores de la integridad y la honestidad, unos con el afán de recuperar sus apegos al poder y las prebendas, otros con el afán de no perder los recién ganados y otros más con el afán obtenerlos para hacer la justicia que su resentimiento les reclama.

Crisis que abortó la transición a la democracia a favor de la partidocracia, que causó el demérito de las instituciones y dio lugar a un país dividido gobernado por el partido de la indiferencia cuyos millones de militantes, con su abstencionismo, son en gran medida los responsables de que México -atado al destino de los Estados Unidos quien nos suma sus pesares a los muchos que ya de por sí cargamos- se encuentre en la grave situación que enfrenta.

Una estabilidad con mas de lo mismo; desarrollo de apegos al poder político, a la riqueza fácil o mal habida, a la corrupción, a la impunidad, al paternalismo; la negación y descalificación de los “catastrofistas”; y finalmente el tiempo de crisis con la correspondiente pérdida de valores han sido las etapas del círculo perverso que ha caracterizado la vida del país.

Rompamos ese círculo, hagamos la diferencia en la próxima elección, convenzamos a los militantes del partido de la indiferencia a que abandonen sus filas y que se decidan a votar por el bien de México.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

5 comentarios:

  1. Como siempre, detectando el punto crítico del problema ("poniendo el dedo en la llaga").

    Gracias Enrique por tus artículos que sacuden un poco el letargo de la rutina donde frecuentemente nos encontramos.

    Felicidades

    Atte
    MHG
    http://modestoh.bitacoras.com

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  2. Tal y como lo mencionas -el demérito de las instituciones- invita a la indiferencia.
    Y éstas, en lugar de enfocarse a rescatar la devaluada credibilidad, sólo saben pedir más presupuesto.Lo mismo sucede en el renglón de seguridad...y en ambos casos lo que se necesita no es cantidad sino calidad.

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  4. Mi Estimado Enrique...
    En pocas pero objetivas palabras has resumido la realidad actual de nuestro País, que bien puede ser la historia del mismo.
    Felicidades!

    "En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento"

    Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.

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  5. Mil gracias por sus comentarios, hay muchísimo que hablar del tema.

    Saludos cordiales,

    Enrique

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