Ayer en lo más entretenido de la película, cuando la proyección se interrumpió de súbito quedé por unos instantes a la espera del grito aquel !Cacaaroo! que al unísono se emitía cuando el mítico personaje descuidaba sus labores en favor de sus oscuras actividades en la intimidad de la sala de proyección...El grito intentó salir de mi garganta, pero más allá de unas cuantas quejas -tímidas por cierto- no se escuchó más nada... la autocensura prevaleció sobre el disgusto justificado por el entusiasmo perdido en la manos de un Cácaro corrupto... ¿dije corrupto? realmente... ¿dije corrupto?
Pues si, lo dije... será acaso por que este mi pueblo, México, no grita, tal vez amordazado, tal vez miedoso, tal vez indiferente, cuando la película de la vida nacional pierde el foco, se distorsiona o simplemente se interrumpe por obra y gracia de los cácaros - políticos que en la intimidad de la sala de proyecciones dicen el qué, el cómo y el cuando del destino nacional.
Espectadores limitados a la limitada oferta política cual cartelera cinematográfica que permanece inamovible semana tras semana, año tras año hasta el día de una elección donde el cácaro y sus compinches tienen el monopolio de la voz, nosotros solo votar, aun y cuando, como está visto en el libro “Cuando las actas hablan” solo para cubrir el trámite de la democracia.
Cambiamos para no cambiar, de un liderazgo por demás cuestionado a lo largo de 70 años, a uno que ha aprendido rápido y muy bien a hacer las cosas como antaño, antes prominentes empresarios hoy flamantes funcionarios tan alejados de la vocación del servicio público como cercanos a sus intereses.
Hoy gracias a la magia del Internet y del correo electrónico las historias de corrupción, de todo tipo, y digo de todo tipo, porqué no solo de dinero vive el "funcionario"; corren de buzón en buzón mostrando de cuerpo entero –literalmente- en manos de quien estamos.
Y la ofensa no es por que los espíen, que eso lo han hecho siempre, no, no es el espionaje porque entre ellos se conocen. La ofensa es porque los exhiben ante un público que cada vez se conforma menos con la calidad de actuación y la pobreza de un guión ya agotado que pretenden perpetuar.
Justo al escribir estas palabras en la pantalla de mi televisor se proyectan las últimas escenas de una película titulada “La Rosa Blanca” basada en la novela del mismo nombre de B. Traven que filmada en 1961 permaneció “enlatada” durante 11 años. La historia narra los atropellos de las compañías petroleras en las postrimerías de su dominio sobre los recursos petroleros de México.
Jon Meacham, en el artículo “Historias que nos contamos” (revista Newsweek, julio 14 de 2008) escribió y hago mías sus palabras, “Es cierto que vivir en el pasado puede ser malo para la mente y para el alma, impidiéndonos participar en las luchas y las causas de nuestro tiempo. Pero cuando estamos en nuestro mejor momento, la historia y los héroes nos permiten mirar hacia delante y no hacia atrás”
Y México puede estar hoy en su mejor momento, no esperemos que el pueblo, ese público hasta ahora tal vez amordazado, tal vez miedoso, tal vez indiferente deje de serlo para gritar al unísono ¡¡Cáaacarooo…!! Que a nadie le va ha gustar.
Con mis mejores deseos,
Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
