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domingo, 16 de enero de 2011

Canasta de Dulces

¿Alguien recuerda los Chicles Canel’s? ¿Y la goma de mascar? ¿Las Bubble Gum? ¿Nuestra ansiedad contando y recontando las monedas a la espera de la dulcerita? ¿Y los empujones y codazos cuando llegaba con la canasta?

Yo sí, fue la época de mis primeros años en la escuela. Dulce recuerdo de la infancia; época de crayones y aventuras en el solar baldío de junto; de cuando el tiempo nos sobraba y la tarea era un juego.

Época de la Mamá amorosa entrando de puntitas para no despertar al despierto, acomodar la frazada en las frías noches de lluvia y dejar su beso en la mejilla con el susurro de un “te quiero” que nos empujaba tiernamente, despacito…a caminar arropados con una plácida sonrisa en el reino de los sueños…

Y después ¡Muy bien muchacho!, ¡Qué bonita y estudiosa jovencita!, Si la belleza fueran segundos… ¡Serías 24 horas!, ¡El dulce beso de amor!, ¡El reconocimiento espontáneo!, ¡Los aplausos!...

Cariño, reconocimiento, caricias y halagos sinceros de lo que alguna vez fueron golosinas y amor de madre, que el tiempo hecho edad, transforma en mil y un formas para el adolescente aplicado, para la tímida jovencita, para la moza y la ya no tanto que con un mohín por el piropo, camina gozosa por dentro; para los enamorados, los artistas, los triunfadores, ¡Vamos! para todos…

Obsequios de sentimiento, de emoción, para brindarse generosos día a día, espontáneamente, sin mezquindad, para hacer plena la vida que no puede ser tan solo razón y entendimiento. Obsequios que, así como las gotas de agua perforan la roca más dura, pueden brindar felicidad al alma sedienta que de tanto no lo nota.

Dicen que las cosechas y las plantas se dan mejor cuando el campesino o el jardinero les trasmiten su amor.

Digo yo que las cosas irían mejor si nuestra canasta de obsequios quedara vacía todos los días.

¡Qué hermosa eres amor mío! ¡Buen trabajo Pérez! ¡Hermoso jardín vecino! ¿10? ¡Bravo! ¡Excelente, mil gracias! ¡Gracias amigo! ¡Te felicito por tu ascenso, muy merecido! ¡Muy buena reflexión! Humm… ¡Está deliciosa! ¡Me encantó el arreglo! ¡Impecable! ¡Así se hace! ¡Bonita ciudad la suya!...

Ayer al salir de la Guabina, ya en la banqueta, llamé al mesero quien para mi sorpresa me contestó contrito ¿Me porté mal? ¡No hombre le dije de inmediato! olvidaba darte la propina, toma, gracias por tus atenciones… Me pregunté después…

¿Cuantos regalos habré olvidado echándose a perder en mi canasta…?

Con mis mejores deseos…

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm