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domingo, 22 de abril de 2012

El eslabón más débil...


Primera historia.- Arrollada en un tambor, la reluciente cadena presumía de fuertes eslabones capaces de soportar la carga más pesada. Sin dudarlo, era la favorita para ganar el gran premio mundial de cadenas que se celebraba anualmente ¿Dónde?... en el pueblo de las cadenas.

Su rival no parecía tener la menor oportunidad de vencer. De menor calibre, la herrumbre que mostraba el acero de sus anillas auguraba una derrota estrepitosa. Sin embargo por alguna razón desconocida, estaba ahí, compitiendo en la final.

Y así inició la competencia. Gradualmente los jueces incrementaron el peso hasta que se escuchó el estruendoso golpe contra el piso de la carga que soportaba la cadena favorita. El escándalo fue mayúsculo, el público no podía creerlo, pero la evidencia era contundente; a la vista de todos, un eslabón inerte colgaba roto. La autopsia reveló la causa, la anilla lucía igual que el resto pero corroída por dentro y simplemente reventó.

Bien dice la sabiduría popular “la cadena es tan resistente como lo es el más débil de sus eslabones

Segunda historia.- Periodistas de todas las latitudes, con cámaras y micrófonos en ristre, rodeaban a los tres muchachos que habían realizado una increíble proeza de supervivencia. Los periodistas buscaban la respuesta al cómo lo habían logrado, he aquí las respuestas.

Nicolás comentó que su papel había sido leer las estrellas y fijar el rumbo a seguir. “Entonces, sin usted todos estarían muertos dijo uno de los periodistas, ¡Viva el capitán Nicolás! Quien les atajó de inmediato “No señores, ¿De qué me habría servido conocer a dónde sin contar con su apoyo?”

Por su parte Alejandro relató cómo su espada venció a los muchos depredadores que les acecharon a lo largo del camino. “Entonces, sin usted todos estarían muertos dijo otro de los periodistas, ¡Viva el general Alejandro!” Pero este doblando la rodilla e hincando la espada en el suelo dijo “No señores, se equivocan, sin ellos jamás habría superado la prueba”.

En otro grupo Leonardo atendía los mismos cuestionamientos y explicaba que él había aportado sus conocimientos para sortear los abismos construyendo escalas y puentes que encontraban en cada trecho del camino. “Entonces sin usted estarían todos muertos dijo uno de los periodistas, ¡Viva el gran Leonardo!” Sin embargo, él bajó su cabeza avergonzado por el honor inmerecido al tiempo que dijo: “¿De qué habrían servido los puentes en el lugar equivocado?

Pudo haber sido Nicolás el líder, pero sin humildad, las habilidades y la fuerza de voluntad de todos jamás habrían superado la prueba. Su recompensa fue la vida que se les dio a todos por igual.

Lo mismo es válido para los países y las organizaciones del mundo. Está más que visto que son tan fuertes como el más débil de sus eslabones. Así que han de fortalecer a todos por igual, sin embargo esto será posible si cuentan con la humildad para reconocer que se necesitan mutuamente para enfrentar con la fuerza de voluntad los retos.

Todos nos necesitamos; trabajadores, campesinos, patrones, banqueros, niños, adultos, ancianos, mujeres, hombres, maestros… todos… ¡Vamos, hasta políticos!

Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

domingo, 6 de mayo de 2007

La carroza


Un buen amigo mío, analista excepcional, reconocido por su compromiso y amor a la camiseta, muy preocupado, me comentó que el proyecto al que había sido asignado simplemente no marchaba; el tiempo de entrega había quedado atrás y las largas noches de desvelo, ya eran parte de la rutina cotidiana.

Él se lamentaba de la actitud y rendimiento de sus compañeros sobre los que, poco a poco, había asumido un liderazgo tácito ante la notoria falta de pericia de los responsables formales. Y no solo eso, lo que en un principio solo eran apoyos eventuales a sus compañeros, se había convertido en cosa de todos los días, ¡Estaba asumiendo tareas que no le correspondían!

¿Qué está pasando? Mi amigo es realmente competente en su materia, innovador, acostumbrado a trabajar bajo presión, con resultados excepcionales y sus co equiperos, si bien no con tan altas calificaciones, eran personas de empuje en las que se podía uno apoyar. Mi propio amigo, se había manifestado sorprendido por el buen rendimiento de algunos de ellos al inicio del proyecto. ¿Cuál era entonces el problema?

Vino a mi mente la imagen de una carroza al mando de un conductor inexperto, con un excelente tiro de caballos donde, además, uno de ellos tiene un rendimiento excepcional.

Ante la ausencia de un liderazgo efectivo, alguien lo asume, pero por muy bueno que sea el equipo de trabajo, los resultados no se van ha dar. Mi amigo, basado en el respeto de sus compañeros por su competencia técnica, había asumido en los hechos el liderazgo del proyecto pero… ¡Había pretendido que todos caminaran a su ritmo! Cuando esto no sucede nunca.

Un buen líder debe reconocer las competencias y las debilidades; pero no solo las propias, si no también aquellas de quienes le rodean; Un buen líder debe saber atemperar su ímpetu para conducir a todos a su destino, no solo a los que puedan mantenerle el paso. Me dije; aún costará mucho trabajo para que la carroza de mi amigo llegue a su destino.

También es un hecho reconocido que una persona perdida, sin puntos de referencia, normalmente termina caminando en círculos y no llega a ninguna parte.

Y la respuesta es que todos, todos, tenemos una pierna un poco más larga que la otra como ocurre con las “piernas” de los equipos de trabajo, con nuestros hijos…

Debemos entender que la competencia técnica no basta para hacer de una persona un buen líder; que no basta con exigir rendimiento; que no basta con sudar y ayudar a los demás a levantar las cargas que les corresponden; por que, a la larga, jamás podrá el “líder” con semejante carga.

Debemos entender, que cuando de personas se trata, se requiere formar y conducir… antes que arrear ó jalar.

Enrique Chávez Maranto