Primera historia.- Arrollada en un
tambor, la reluciente cadena presumía de fuertes eslabones capaces de soportar
la carga más pesada. Sin dudarlo, era la favorita para ganar el gran premio
mundial de cadenas que se celebraba anualmente ¿Dónde?... en el pueblo de las
cadenas.
Su rival no parecía tener la menor
oportunidad de vencer. De menor calibre, la herrumbre que mostraba el acero de
sus anillas auguraba una derrota estrepitosa. Sin embargo por alguna razón
desconocida, estaba ahí, compitiendo en la final.
Y así inició la competencia. Gradualmente
los jueces incrementaron el peso hasta que se escuchó el estruendoso golpe
contra el piso de la carga que soportaba la cadena favorita. El escándalo fue mayúsculo,
el público no podía creerlo, pero la evidencia era contundente; a la vista de
todos, un eslabón inerte colgaba roto. La autopsia reveló la causa, la anilla
lucía igual que el resto pero corroída por dentro y simplemente reventó.
Bien dice la sabiduría popular “la
cadena es tan resistente como lo es el más débil de sus eslabones”
Segunda historia.- Periodistas de
todas las latitudes, con cámaras y micrófonos en ristre, rodeaban a los tres
muchachos que habían realizado una increíble proeza de supervivencia. Los
periodistas buscaban la respuesta al cómo lo habían logrado, he aquí las
respuestas.
Nicolás comentó que su papel había
sido leer las estrellas y fijar el rumbo a seguir. “Entonces, sin usted todos
estarían muertos dijo uno de los periodistas, ¡Viva el capitán Nicolás! Quien
les atajó de inmediato “No señores, ¿De qué me habría servido conocer a dónde sin
contar con su apoyo?”
Por su parte Alejandro relató cómo su
espada venció a los muchos depredadores que les acecharon a lo largo del
camino. “Entonces, sin usted todos estarían muertos dijo otro de los periodistas,
¡Viva el general Alejandro!” Pero este doblando la rodilla e hincando la espada
en el suelo dijo “No señores, se equivocan, sin ellos jamás habría superado la
prueba”.
En otro grupo Leonardo atendía los
mismos cuestionamientos y explicaba que él había aportado sus conocimientos
para sortear los abismos construyendo escalas y puentes que encontraban en cada
trecho del camino. “Entonces sin usted estarían todos muertos dijo uno de los
periodistas, ¡Viva el gran Leonardo!” Sin embargo, él bajó su cabeza avergonzado
por el honor inmerecido al tiempo que dijo: “¿De qué habrían servido los puentes
en el lugar equivocado?
Pudo haber sido Nicolás el líder, pero
sin humildad, las habilidades y la fuerza de voluntad de todos jamás habrían
superado la prueba. Su recompensa fue la vida que se les dio a todos por igual.
Lo mismo es válido para los países y
las organizaciones del mundo. Está más que visto que son tan fuertes como el
más débil de sus eslabones. Así que han de fortalecer a todos por igual, sin
embargo esto será posible si cuentan con la humildad para reconocer que se
necesitan mutuamente para enfrentar con la fuerza de voluntad los retos.
Todos nos necesitamos; trabajadores,
campesinos, patrones, banqueros, niños, adultos, ancianos, mujeres, hombres,
maestros… todos… ¡Vamos, hasta políticos!
Reciban un afectuoso abrazo,
Enrique
Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm
