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lunes, 7 de enero de 2008

Lo que importa es el promedio...

El líder que con humildad reconoce sus limitaciones y con voluntad enfrenta los retos, entiende que siempre habrá y hay una mejor manera de hacer las cosas pero también que el tiempo para actuar no puede esperar siempre a la perfección.

Caso contrario de las voces de la soberbia y el resentimiento que en la coyuntura de la decisión siempre tienen “la” mejor y “única” manera de hacer las cosas pero eso sí, sin asumir responsabilidad sobre los resultados.

Quien es exitoso, enfrenta con toda responsabilidad las consecuencias de las decisiones que toma y en cada ocasión, pierda o gane, a la postre siempre crece al desarrollar las competencias requeridas para tomar con mayor frecuencia decisiones de calidad y para ejecutarlas una vez que las ha tomado.

Es decir la capacidad para tomar buenas decisiones es algo que con disciplina todos podemos tener, los siguientes son algunos “ejercicios” que Usted puede practicar para desarrollar el músculo necesario.

Distinga lo importante de lo urgente. Para mejorar su desempeño dedique espacios separados a lo importante y a lo operativo. El tiempo que dediquemos exclusivamente a lo importante le permitirá decidir cada vez con mayor frecuencia y calidad sobre temas trascendentes. El tiempo dedicado a lo operativo le permitirá ejecutar sus planes con mayor efectividad.

Distinga deseos de necesidades. Si tiene cualquier tipo de limitaciones de presupuesto, al tomar su decisión y desarrollar sus planes distinga muy bien entre lo que realmente necesita y lo que usted desea. Satisfacer los deseos normalmente sale caro y puede significar la diferencia entre el éxito o el fracaso de su proyecto.

No lo piense mucho. Siempre habrá una mejor manera de hacer las cosas. Una decisión imperfecta implica riesgos, pero más vale tomar riesgos a sabiendas que pueden ser controlados y darse la oportunidad, que no hacer nada buscando la perfección. Si bien hay que tomar buenas decisiones… tomar la mejor decisión fuera de tiempo es… ¡Una pérdida de tiempo!

Apéguese a los planes. Los resultados en gran medida dependen de la efectividad en la ejecución de los planes. Nunca deje de escuchar a quien le proponga una nueva forma de hacer las cosas, solo que para cambiar los planes tendrá que estar absolutamente convencido de que es factible y que el cambio no agregará mayores riesgos o costos a su proyecto y por el contrario le representará muchas ventajas. Si el cambio no agrega un valor significativo, continúe con sus planes actuales.

Lo que importa es el promedio. Tomar solo una buena decisión no lo llevará al éxito. Se requiere tomar muchas donde seguramente solo el 20% serán las que mayor valor le representen, del 80% restante usted no estará satisfecho pero la única manera de desarrollar las competencias requeridas para el éxito es ¡Ejercitándose!

Busque siempre crear valor para Usted y los demás. Los “buenos” resultados de las decisiones que solo buscan crear valor para usted no perdurarán. Considere que el valor creado por sus decisiones debe repartirse con equidad entre todos aquellos que participaron este es el principio de un desarrollo personal sustentable.

Con mis mejores deseos para este 2008

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

sábado, 21 de julio de 2007

Juicios, juicios y más juicios...



Como comenté en mi artículo pasado, tomar decisiones a la ligera –elegir- es una de las causas más comunes de la infelicidad. Permanentemente decidimos entre diversas opciones la gran mayoría de las veces triviales y sin mayor impacto en nuestras vidas; sin embargo, otras, las menos, las que nos inquietan, por su trascendencia, deberían ser motivo de una escrupulosa reflexión considerando el valor a crear; la conciencia de la naturaleza y consecuencias de la decisión que genera la convicción; el propósito en cuanto a el grado en el que buscamos satisfacer necesidades o deseos y finalmente la fuerza, amor ó temor, que nos impulsa hacia una u otra alternativa.

Un tipo particularmente peligroso de decisiones son los juicios que realizamos sobre las conductas, actitudes y formas de vida de las personas. Si bien es cierto que la práctica de juzgar a las personas es algo que realizamos continuamente, ciertamente juzgar a las personas, es lo que nos expone a mayores riesgos cuando, en el peor de los escenarios, el fallo es desfavorable, el juzgado es cercano y esta subordinado a nosotros ya sea por razones de dependencia económica, jerárquica ó afectiva. En ese escenario, las consecuencias de la decisión –juicio- serán de la mayor trascendencia para todos los afectados.

Cuando el juicio es explícito, que en la gran mayoría de los casos no lo es, la exposición al riesgo disminuye en tanto que el juzgado tiene la oportunidad de argumentar en su defensa.

Cuando el juicio es tácito y no media comunicación alguna; el impulso del juez le lleva a buscar modificar por medio del control las conductas de un juzgado colocado en estado de indefensión. Control que puede asumir desde las formas más sutiles de la manipulación hasta las más burdas de la franca coerción donde el perverso juego de victima – victimario cobra plena vigencia provocando el resentimiento y al final del día, la destrucción del valor de todos los actores.

Juzgar a las personas entonces, no es algo trivial es algo que debemos evitar si deseamos una vida feliz y satisfactoria. El reto es ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo evitar reprimir nuestro impulso a modificar las conductas de aquellos a quienes amamos cuando, a nuestro juicio, no hacen lo que nosotros consideramos como correcto?

No hay una receta fácil para esto pues quienes controlamos normalmente ignoramos que lo hacemos. Controlar se vuelve un acto reflejo como el conducir para un chofer con muchos años de experiencia. Un primer paso sería contar hasta 10 antes de juzgar –tácita o explícitamente- a las personas y emplear ese tiempo para considerar los cuatro aspectos mencionados al principio:

Valor: ¿Considera que su opinión realmente contribuirá a crear ó evitar la destrucción de valor? La percepción del valor puede ser distinta de persona a persona; en tanto que para un monje franciscano el valor del dinero puede no significar nada, para un yuppie puede significarlo todo.

Convicción: Si no comparten la percepción de valor, juez y juzgado, este último, por la autoridad del juez, podrá aceptar el control que se le impone pero sin convicción y más tarde o más temprano, regresará a la conducta que usted reprueba.

Necesidad o deseo: ¿Qué tanto es para usted un deseo, ó una necesidad, modificar la conducta que juzga? Un deseo es algo de lo que podemos prescindir o regalar; una necesidad es algo que de no satisfacerse podría, más tarde o más temprano, causar un daño. No es lo mismo juzgar el derroche de los recursos que usted provee que la vestimenta que utilizan sus hijos. En tanto que lo primero agota sus recursos, lo segundo podría ser intrascendente.

Fuerza impulsora: ¿Juzga usted por temor ó por amor? Esta es una pregunta crucial pues en muchas ocasiones juzgamos y buscamos controlar porque deseamos evitar a su vez ser juzgados y eso es “muy malo” cuando de nuestro ego se trata. Eso es típico cuando juzgamos a nuestros hijos; en un ejemplo común, buscamos controlar su apariencia solo para no ser juzgados en nuestro papel de padres.

Sería valido juzgar solo cuando tengamos la absoluta convicción por la evidencia, no por supuestos, que la conducta está destruyendo el valor de la comunidad o el del propio juzgado; cuando el propósito no sea en sí el juicio de las conductas, si no la propuesta de alternativas viables que contribuyan a modificarlas; cuando nuestros juicios no busquen la satisfacción de los deseos si no de las necesidades; cuando, finalmente, la fuerza impulsora sea el Amor. Y siendo así emita su juicio, explícitamente, sustentado en la evidencia, siempre dispuesto a escuchar y a aceptar, en su caso, lo que el juzgado tenga que alegar en su defensa.

Al final del día, el propósito es crear valor y distribuirlo equitativamente entre todos los que participan en una cadena de valor cualquiera que esta sea –la familia, el trabajo…-con base en la colaboración efectiva que solo se da, cuando se comparte una visión.

Y para lograr ese propósito, ni el juicio a la ligera, ni el control, son opción.


Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com




lunes, 26 de marzo de 2007

UNA REFLEXIÓN MÁS SOBRE EL ABORTO


El problema de origen es que el proceso de la reproducción humana se inicia, en la mayoría de los casos, en un contexto de irresponsabilidad cuyas consecuencias impulsan decisiones basadas en el temor.

El aborto es una decisión que se fundamenta en el temor derivado del escaso nivel de conciencia de quienes se deciden por ello.

La solución sería generar preventivamente conciencia y responsabilidad que evite colocar a una Mujer en la situación de decidir.


Por el contrario se pretende combatir el temor con el temor, la iglesia con la excomunión, el estado con la penalización.

Negar la posibilidad de la sexualidad para muchos que no tienen más que eso como gratificación es una crueldad.

Promover el uso indiscriminado del los preservativos antes que la conciencia es un acto irresponsable.

Penalizar el aborto antes o después de un cierto número de días implicaría que antes de las 23 hrs 59 min 59 seg no eres un ser humano y al instante siguiente ¿sí? es la ignorancia absoluta.

En el límite el aborto no solo no crea valor sino que destruye la posibilidad de la trascendencia del Ser.

sábado, 24 de marzo de 2007

El Aborto - Reflexión desde la perspectiva de la creación de valor

"A cada momento mueres para poder seguir creándote..."
Deepak Chopra “El Libro de los Secretos”

Exfoliación.

f. Acción y efecto de exfoliar.
2. Tratamiento cosmético para eliminar las células muertas de la piel.
3. Med. Pérdida o caída de la epidermis en forma de escamas.


Apoptosis.

f. Biol. Modalidad específica de muerte celular, implicada en el control del desarrollo y el crecimiento.

A partir de lo anterior, de cosecha, una reflexíón inicial:

“Para el Ser, su cuerpo muere constantemente, lo único que permanece es la conciencia de la vida”

Vamos al punto.

Un observador percibe que un proceso crea valor cuando a su juicio el valor del producto es mayor que la suma del valor de los insumos y si para los propósitos del ejercicio suponemos que el aborto es un proceso, la pregunta es… el proceso del aborto ¿Crea valor?

Como hipótesis esta sería: El proceso del aborto crea valor.

En la prueba de la hipótesis tendríamos que delimitar el campo dando respuesta a la pregunta ¿Para quién o quienes, podría crear o destruir valor el proceso del aborto? Es decir ¿Quien o quienes son los actores del proceso que pueden legitimamente presentar evidencias en el proceso de la prueba de la hipótesis? ¿El producto del proceso de reproducción humano es un actor legítimo? Y si lo es, ¿Quién lo representa en la defensa de sus intereses?

Si aceptamos como un hecho que él es un actor legítimo entonces en el proceso del aborto, la mujer pensaría crear valor para sí en el futuro destruyendo el valor de alguien más, hoy.

Para mí, mi cuerpo ha muerto ya muchas veces pero mi conciencia de vida permanece en tanto el más lejano de mis recuerdos.

Hoy ya olvide mucho de mi primera infancia, pero en esa época me pregunto...

¿Cuánto recordaba?

Voy ha hacer memoria ... ¿Y Usted?

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

sábado, 10 de marzo de 2007

La importancia de la visión compartida

Las decisiones que tomamos son el punto de partida para la creación o destrucción de valor en alguno de los eslabones de las cadenas de valor en las que participamos, en la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, así podemos:

1. Crear valor para alguien más a costa de nuestro propio valor.
2. Crear valor solo para nosotros, a costa del valor de otros.
3. Destruir nuestro valor y también destruir el de los demás.
4. Crear valor para nosotros y también para los demás.

Lo ideal es, que el valor creado a lo largo de una cadena se distribuya equitativamente entre todos los eslabones que la conforman, para que cada uno de ellos pueda entregar en forma sostenida los productos que requiere el siguiente eslabón y así la cadena permanezca.

Cuando el valor no se distribuye en forma equitativa, solo algunos de los eslabones se fortalecen en tanto que el resto se debilita hasta romperse y con ellos la cadena completa.

Es decir, si las decisiones solo favorecen a nuestro eslabón, a costa de la fortaleza de otros, al final del día, más tarde ó más temprano, todos sufriremos las consecuencias.

Es cotidiano observar como, conciente o inconcientemente, nos convertimos en víctimas o victimarios, de quienes nos provee o de quienes nosotros proveemos; sin considerar que en el tiempo, igual seremos nuestras propias víctimas o victimarios. Padres de hijos; hijos de padres; esposos de esposas; esposas de esposos.

Nosotros, de nosotros mismos lo que conduce a la muerte por inanición en la soledad.

¿Cómo lograr la equidad en la distribución del valor creado y fortalecer a todos por igual? Un camino es promover una visión compartida por todos los que participan en la cadena de forma tal que la percepción de valor pueda ser homologada.

Si esa visión de conjunto no se logra, habría entonces que cuestionarse si es ahí donde realmente deseamos estar o que debe cambiar en nosotros si nos interesa permanecer en la cadena.

¿Cuántos de nosotros pensamos que nuestro producto es el que nuestro cliente desea sin haberle consultado antes? ¿Cuántos padres hemos visionado un futuro para nuestros hijos que ellos no comparten?

¿Cuántos?

Saludos cordiales,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
http://ramari.blogspot.com