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domingo, 5 de octubre de 2008

Tristeza...

¡Todo era excitación! La ciudad se preparaba para dar la bienvenida al candidato que arribaría en unas cuantas horas a una colonia muy cercana a la escuela donde en esa época cursaba yo el sexto año de primaria. Los planes para irse de “pinta” estaban a punto, ese día no seríamos clientes de la tienda escolar pues tan pronto tocara el timbre del recreo encaminaríamos nuestros pasos al campo de juegos donde, bien oculta tras unos arbustos, estaba la rendija secreta que, de cuando en cuando, nos permitía correr las aventuras que no pueden faltar en la experiencia de todo jovencito que se respete…

Y así se dieron las cosas, salimos al recreo, la guardia pretoriana de la escuela se descuidó –como siempre- y ni tardos ni perezosos minutos más tarde nos encontramos entre cientos tal vez miles de acarreados, curiosos y otros escolapios “de pinta” que esperaban el arribo de la comitiva que no se hizo esperar.

Muy pronto, entre porras, confeti y uno que otro recordatorio familiar (no al candidato naturalmente, si no al abusivo que siempre quiere ubicarse en la primera fila a costa de empujones y codazos) el autobús se acercó lentamente hasta detenerse precisamente donde estaba yo tratando de no perder el equilibrio, la cámara, los lentes o los dientes pues como comprenderán en esos años mi talla no correspondía de ninguna manera a la de los militantes y chismosos que arremolinados buscaban llamar la atención del candidato quien, exultante, con la sonrisa a pleno les saludaba desde la ventanilla justo a unos cuantos centímetros arriba de mi cabeza.

Y el momento esperado llegó, la mirada del futuro tlatoani y su sonrisa posaron para mí los instantes necesarios para lograr la foto que entre movida y fuera de foco fue mi tesoro por un buen tiempo en ese año de 1964.

Cuatro años más tarde ahora era el país quien estaba alborotado pero con otro motivo, el estribillo “De colores, de colores se visten los campos y las azucenas…” con música de estudiantina anunciaba la llegada de la televisión a color con motivo de las próximas olimpiadas que ocurrirían en México ¡Mí país! Nadie hablaba de otra cosa hasta que casi sin sentirlo, todo cambio… las noticias llegaban a cuenta gotas, se hablaba del movimiento de huelga de los estudiantes, de la toma de la universidad sin saber nadie a ciencia cierta nada… como casi nadie supo de la manifestación que fue disuelta rápidamente en nuestra ciudad para perderse en las sombras, en el rumor, en la nada… al igual como días más tarde se disolvieron las noticias del 2 de octubre tras los escenarios y la parafernalia de los Juegos de la XIX Olimpiada gallardamente resguardados por el Batallón Olimpia…

Vinieron después los años de las grandes decisiones, ¿Ciencias, biológicas o humanidades? ¿Ingeniería ó física?, que me llevaron en el año de 1970 a transitar cotidianamente junto a la estatua de Prometeo, ahí donde Dr. Moshisnky, desde la ventana desde el ¿tercer? piso de la Torre Ciencias, pedía a gritos silencio para que lo dejáramos trabajar; rumbo al centro del movimiento estudiantil en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México donde las encendidas asambleas, la crispación y las diatribas de los líderes que restaban del movimiento del 68, el oscuro cubículo del Comité de Lucha con imágenes del Ché y consignas pintadas en sus paredes y las historias que se contaban provocaban un callado temor en quienes como yo apenas atinábamos a entender lo que había atrás de todo eso.

Después volaron a la caza los “Halcones” un fatídico día jueves de corpus del año de 1971 para cometer su infamia en contra de los estudiantes del Casco de Santo Tomás y desaparecer junto con las almas de los muertos de ese día y otros días… Porque los “Halcones” no existieron, como tampoco los muertos grandes, ni los muertos chicos, ni el sufrimiento, ni el dolor, ni la angustia de tantos, en tantos lugares, que los fantasmas que tampoco existen, esconden y siguen escondiendo bajo el manto de la impunidad.

Y así un buen día el destino me llevó junto a un personaje que solo y taciturno conducía su auto por las calles de la gran ciudad. Dicen que la mirada “pesa” y ese día así fue, volvió su rostro y por un instante pintó aquella sonrisa franca, la que registró la instantánea que tome como recuerdo de un día “de pinta” cuando él, que era el candidato llegó a mi ciudad.

Hacen ya 44 años desde que estuve en aquel mitin donde conocí a Gustavo Díaz Ordaz, 40 años desde la masacre del 2 de Octubre y tal vez 30 años desde aquel encuentro fortuito en el periférico. Fui testigo de oídas de una historia que creció junto conmigo pero que realmente nunca pude dimensionar si no hasta ahora cuando el cinismo que cuestiona “dónde están los cientos de víctimas…” trata de enterrar lo que por su propia fuerza emerge y acusa.

Bastaría una sola víctima para no olvidar el 2 de Octubre, ni el jueves de corpus, ni los Acteales, ni las Aguas Blancas, ni la muerte de tantos inocentes no solo por las balas asesinas si no por la soberbia que condena a la desesperanza y al abandono.

Reconocimientos:

Muchos ciudadanos se unieron el año pasado para preservar nuestra playa y así, lo que hubiera sido una muestra más de la corrupción se convirtió en una plaza para beneficio de la comunidad. Hoy otro grupo de ciudadanos solicitan que en ese espacio ondee la Bandera de la Paz junto a nuestro Lábaro Patrio y en mi opinión no habría otro lugar más adecuado. Bienvenida la iniciativa de nombrar a esa plaza la “Plaza de la Paz” y todo mi reconocimiento a quienes contribuyen a sumar las voluntades para construir un México mejor.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 24 de agosto de 2008

¿En donde están?

¿Qué hace la diferencia entre el asesinato del joven Fernando Marti y las miles de víctimas de la pobreza extrema, la injusticia, la intolerancia y la propia delincuencia? ¿Por qué solo hasta ahora pudieron concertar un acuerdo?

La respuesta es por el miedo que tienen los de la voz que si se escucha, que ya han sufrido, o no desean sufrir, en carne propia el calvario y la dolorosísima experiencia de Fernando y la familia Marti. El miedo que también aplica como respuesta a los motivos de una clase política ahora en peligro de perder, vía la ingobernabilidad, las prebendas y la garantía de impunidad con la que históricamente se han beneficiado.

Porque esa es, la garantía de absoluta impunidad que gozan unos cuantos, la verdadera causa de los males que aquejan a México. Pero no es la impunidad de los delincuentes que operan los negocios quienes eventualmente son asesinados o caen en la cárcel. Si no la impunidad de aquellos que lo han permitido por su incompetencia, negligencia o complicidad. Atributos principales de muchos de los que firmaron el pacto en contra de la inseguridad.

¿Dónde estaban el día de la firma del pacto los que verdaderamente usufructúan las increíbles cantidades de dinero producto del narcotráfico? ¿Dónde los verdaderos responsables de la colina del perro, del castillo en Dublín, de las propiedades en París, Houston, de la mega biblioteca, del Pemexgate, del desastre de PEMEX, del FOBAPROA, entre otros muchos de los ejemplos del latrocinio? ¿Dónde los verdaderos responsables de las masacres en Aguas Blancas, Acteal, de los asesinatos de periodistas, de los luchadores sociales, de los líderes de la disidencia sindical, de los soldados y de los policías honrados que como carne de cañón han muerto en la batalla que nos dicen que se está ganando? ¿Dónde los verdaderos responsables de la caída del sistema, del colapso de la economía cuando según esto le quitaron los alfileres? Si no estaban ellos mismos, estaban sus personeros en la reunión donde se firmó el pacto contra la inseguridad.

El impacto del secuestro y asesinato del joven Fernando fue atroz en toda la sociedad y en particular, a quienes tienen el poder para convocar y sentar en el banquillo de los acusados a los representantes de un sistema absolutamente agotado que ha incumplido e incumple con las expectativas del pueblo de México. Solo que se exigió el remedio a quienes son los causantes de la enfermedad.

Las propuestas contenidas en el pacto por la seguridad son por decir lo menos, coyunturales, mediáticas y oportunidad de negocio para algunos. No atienden a la causa raíz de la angustia, del dolor que sufren quienes han sido víctimas de la delincuencia organizada. Tampoco atacan al verdadero origen del clima de inseguridad, de injusticia y de inequidad que sufre nuestro país. Pero eso sí, instrumentadas por los ineptos, los negligentes o lo que es peor, ¡los cómplices! se constituirán seguramente en los instrumentos de control ciudadano que en la práctica cancelarán las garantías individuales consagradas en la Constitución. Eso es lo que nos espera al final de la ruta del temor.

México no merece ese destino. Puede evitarse con la acción ciudadana asumiendo la parte de la responsabilidad que nos toca haciendo llegar a los partidos políticos, a los tres poderes de la unión y a todas las instancias de gobierno un mensaje contundente y definitivo que sea evidencia palpable de nuestra inconformidad y exigencia con el estado de las cosas que debe cambiar para mejorar. La propuesta de líneas de acción del Pacto Ciudadano son las siguientes:

Utilizar las elecciones intermedias de 2009 como la oportunidad de mostrar la fuerza de nuestro voto. Todos y cada uno de los ciudadanos a partir de ahora deben convertirse en promotores del voto razonado con el propósito de que en esa elección, si ninguno de los candidatos convence, en la privacidad de la urna invalidemos nuestro sufragio. No beneficiemos a los garantes de la impunidad con el voto útil o el del abstencionismo. Mostremos con el número de los votos cancelados que deben avocarse al bien de México.

Apoyar decididamente a las organizaciones que promueven la marcha en contra de la inseguridad, iluminemos a México no solo ese día ¡todos los días! a partir de ahora con un símbolo blanco en la puerta de nuestra casa, en nuestra ropa, ¡donde sea!

Vigilar que las modificaciones a las leyes que pretendan realizar con motivo de los compromisos derivados del pacto en contra de la inseguridad no atenten en contra de las garantías individuales consagradas en la constitución.

Contactar por correo electrónico o por el medio que sea posible a las autoridades, a los diputados y a los senadores que correspondan a nuestras comunidades para exigirles rendición de cuentas, actuar en contra de la impunidad y con lealtad a México.

Promover que ningún ciudadano conteste a encuestas de las televisoras. Las televisoras se cotizan de acuerdo al “rating” que calculan con base en nuestras respuestas, enviémosles el mensaje de que también ellas deben cambiar los contenidos para promover la cultura, los valores y la conciencia ciudadana.

Integrar en cada comunidad grupos ciudadanos que coordinen estas iniciativas o las que a su juicio deban emprender.

El cambio verdadero solo podrá darse a partir de la acción ciudadana y solo se requiere voluntad. Queda en la conciencia de cada uno de nosotros sumarse y enfrentar el reto.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com