domingo, 1 de junio de 2008

¡Ya llegaron, ya están aquí...!

Un estudio de la Universidad Simon Fraser de Canadá, comentado por el columnista Fareed Zakaria en la edición del 2 de junio pasado de la revista NewsWeek, afirma que las bajas civiles consecuencia del terrorismo antes que aumentar han disminuido en los últimos cinco años si se descuentan las víctimas en Irak pues esa es una zona de guerra “normal” y como tal, las muertes de civiles simplemente ¡no cuentan!

Y no puedo estar más en desacuerdo. Irak vive la guerra terrorista del “bien contra el mal” justificada solo por la paranoia y las mentiras que, como los granos podridos de una mazorca, han caído uno a uno para dejar al descubierto, descarnada, la avaricia del liderazgo de los Estados Unidos.

El mundo enfrenta hoy males que podrían ser, o mejor dicho son, la versión moderna de los jinetes del Apocalipsis: El hambre, el impacto del cambio climático, el terrorismo, el tráfico de drogas y los graves problemas de salud pública como el SIDA entre otras calamidades. De ellas al menos las primeras son consecuencia de la acción o inacción de los Estados Unidos para privilegiar sus intereses.

La crisis de alimentos que es consecuencia del uso de granos para la producción de combustibles y de las medidas adoptadas para fortalecer al dólar promovidas por nuestros vecinos del norte, fue calificada ya por el Director de la FAO de las Naciones Unidas como un crimen de lesa humanidad.

El cambio climático que para enfrentarlo el Protocolo de Kyoto requirió la acción urgente de todas las naciones del mundo simplemente no fue suscrito por los Estados Unidos pues casualmente es quien consume uno de cada cuatro barriles de petróleo que se producen en el mundo.

El terrorismo provocado por las guerras emprendidas por los Estados Unidos con el propósito de garantizar la seguridad energética a cualquier costo. El tráfico de drogas impulsado por la CIA primero para proveer a los soldados en Vietnam y después para obtener fondos durante la guerra fría trae a mi memoria a los tristemente célebres: Oliver North del escándalo Irangate, a Noriega en Panamá y a Somoza en Nicaragua.

Lamentablemente muchos apenas toman conciencia de la gravedad de los problemas que enfrentamos. Problemas que tienen como común denominador a quienes por mantener su hegemonía y su dispendio no se han detenido ante nada: los Estados Unidos de Norteamérica. País a quienes muchos admiran por su altísimo nivel de desarrollo tecnológico y de bienestar sin considerar que si viven así, es a costa del dolor y la depredación que causan en países que son desconocidos para la mayoría del público estadounidense.

A quienes les admiran –o envidian diría yo- les comento que los EEUU con solo el 4.5% de la población mundial dispendia el 25% de los recursos energéticos del mundo. Que en tanto mucha gente sufre y muere de hambre, ellos promueven el uso de los granos alimenticios como combustible para usarlo en los millones de automóviles que poseen. Que desde el espacio continentes como África por las noches apenas se distingue en tanto que los Estados Unidos brillan con toda intensidad.

Sin embargo no nos equivoquemos, no somos víctimas de los Estados Unidos. Pues tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le amarra la pata. Y no somos víctimas porque, tal vez como un mecanismo de protección ante la barbarie que invade nuestra cotidianeidad por la inmediatez de los sofisticados medios de comunicación, nos hemos vuelto insensibles, callados y sumisos. Y menos aun podemos ser víctimas cuando hemos permitido que los gobiernos en turno privilegien intereses distintos al bienestar de la Nación.

Sin embargo alguien dirá que todo eso ocurre en lugares muy distantes y que nada podemos hacer. Y tendrían razón en cuanto a que difícilmente podemos resolver los problemas del otro lado del mundo… pero le diría a ese alguien que no hay que ir tan lejos para hacer algo pues el narcotráfico, el SIDA, los problemas ambientales, la inseguridad y la marginación…

¡Ya llegaron, ya están justo aquí en nuestra comunidad!

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto

enrique.chm@gmail.com