Las ideas son por los demás... así que en este espacio encontrarás las ideas que antes no lo eran por quedarse en la intimidad de mis temores. No serán buenas, ni malas, acaso ideas que lo serán por tí.
domingo, 18 de diciembre de 2011
La guardarraya H.R. 3401
domingo, 6 de noviembre de 2011
¡Es el colmo!
domingo, 14 de febrero de 2010
Narcotráfico: De que lloren en mi casa...

Cuando el propósito es construir una represa: 1. Se debe seleccionar cuidadosamente el punto del cauce donde se construirá para contener el agua justo en el lugar deseado. 2. Si hay que inundar tierras productivas, es imprescindible tomar todas las previsiones para minimizar el daño. 3. Se debe contar con válvulas para controlar el exceso de agua que pueda romper la cortina y provocar desastres río abajo. 4. Al finalizar las obras, hay que cerrar las válvulas gradualmente para no afectar a los consumidores que se benefician aguas abajo.
No puedo imaginar a alguien más inepto que quien comete el error de construir un dique sin un vaso donde contener las aguas para después intentar controlarlas. No puedo concebir a alguien más poco previsor que aquel que primero inunda y después busca como salvar a las víctimas. No puedo imaginar a alguien más ignorante que quien desconoce que la presa se desbordará y será destruida durante la temporada de lluvias en ausencia de compuertas de control. No puedo imaginar a alguien más soberbio que aquel que cierra de golpe las compuertas y no espere una decidida respuesta buscando destruir la presa de aquellos que se benefician del agua río abajo.
En México, con ineptitud, falta de previsión, ignorancia y soberbia, se colocó de golpe un dique en el canal que llevaba el mundo de las drogas a nuestros vecinos del norte y ahora las aguas negras inundan al país convirtiéndolo en una pesadilla.
El daño no se podrá reparar en muchos años: La juventud vive o está expuesta al mundo de las drogas, las instituciones están infiltradas, la actividad productiva en las zonas más afectadas está seriamente dañada, el miedo cunde en todas partes, la sociedad ha perdido la capacidad de asombro ante las atrocidades que dan cuenta cotidianamente los noticieros, se ha creado ya una cultura alrededor de esta desgracia y el contador de las fatalidades acelera su ritmo.
Para salir de este embrollo hay que reconocer los hechos. La inundación está en curso, expandiéndose aceleradamente y no hay costales suficientes para contenerla. Hay adictos aquí y del otro lado. ¿Recuerdan el síndrome de abstinencia? El adicto enloquece y hace lo imposible por obtener la dosis. En las actuales circunstancias no hay fundamento para pensar que los EEUU puedan controlar el tráfico de armas y la demanda. Es más, preferirán que la batalla la libren otros aplicando aquel refrán que dice “De que lloren en mi casa… ¡Que lloren en la casa del vecino!”
Quienes desarrollaron en México la “estrategia” de la lucha contra la delincuencia lograron lamentablemente que México hiciera suyo un problema ajeno al ir mucho más allá de la colaboración debida con nuestros vecinos. El problema ahora es nuestro, es grave, y más grave aún en tanto se aplique la fuerza como medio de contención.
Nuestras fuerzas armadas, el último recurso de las instituciones, no deberían continuar expuestas a la contaminación. Como tampoco debería México subsidiar con sangre inocente la batalla que nuestro vecino debería librar en su territorio. Por eso, lo impensable en otras épocas: legalizar el consumo de drogas, hoy es una de las pocas, acaso la única, alternativa viable, sin embargo debe establecerse una real estrategia que considere todos los aspectos de la problemática pues eso también representará una lucha en contra de los intereses creados. No creo que muchos estén dispuestos a reducir sus ganancias.
Hubo una época que el río de aguas negras del narcotráfico únicamente cruzaba el país rumbo a su destino. ¿Qué a lo largo de su cauce había pestilencia? Indudablemente, pero la pestilencia no mata. Las inundaciones sí.
Con mis mejores deseos,
Twitter @enriquechm
domingo, 1 de junio de 2008
¡Ya llegaron, ya están aquí...!
Un estudio de la Universidad Simon Fraser de Canadá, comentado por el columnista Fareed Zakaria en la edición del 2 de junio pasado de la revista NewsWeek, afirma que las bajas civiles consecuencia del terrorismo antes que aumentar han disminuido en los últimos cinco años si se descuentan las víctimas en Irak pues esa es una zona de guerra “normal” y como tal, las muertes de civiles simplemente ¡no cuentan!Y no puedo estar más en desacuerdo. Irak vive la guerra terrorista del “bien contra el mal” justificada solo por la paranoia y las mentiras que, como los granos podridos de una mazorca, han caído uno a uno para dejar al descubierto, descarnada, la avaricia del liderazgo de los Estados Unidos.
El mundo enfrenta hoy males que podrían ser, o mejor dicho son, la versión moderna de los jinetes del Apocalipsis: El hambre, el impacto del cambio climático, el terrorismo, el tráfico de drogas y los graves problemas de salud pública como el SIDA entre otras calamidades. De ellas al menos las primeras son consecuencia de la acción o inacción de los Estados Unidos para privilegiar sus intereses.
La crisis de alimentos que es consecuencia del uso de granos para la producción de combustibles y de las medidas adoptadas para fortalecer al dólar promovidas por nuestros vecinos del norte, fue calificada ya por el Director de la FAO de las Naciones Unidas como un crimen de lesa humanidad.
El cambio climático que para enfrentarlo el Protocolo de Kyoto requirió la acción urgente de todas las naciones del mundo simplemente no fue suscrito por los Estados Unidos pues casualmente es quien consume uno de cada cuatro barriles de petróleo que se producen en el mundo.
El terrorismo provocado por las guerras emprendidas por los Estados Unidos con el propósito de garantizar la seguridad energética a cualquier costo. El tráfico de drogas impulsado por la CIA primero para proveer a los soldados en Vietnam y después para obtener fondos durante la guerra fría trae a mi memoria a los tristemente célebres: Oliver North del escándalo Irangate, a Noriega en Panamá y a Somoza en Nicaragua.
Lamentablemente muchos apenas toman conciencia de la gravedad de los problemas que enfrentamos. Problemas que tienen como común denominador a quienes por mantener su hegemonía y su dispendio no se han detenido ante nada: los Estados Unidos de Norteamérica. País a quienes muchos admiran por su altísimo nivel de desarrollo tecnológico y de bienestar sin considerar que si viven así, es a costa del dolor y la depredación que causan en países que son desconocidos para la mayoría del público estadounidense.
A quienes les admiran –o envidian diría yo- les comento que los EEUU con solo el 4.5% de la población mundial dispendia el 25% de los recursos energéticos del mundo. Que en tanto mucha gente sufre y muere de hambre, ellos promueven el uso de los granos alimenticios como combustible para usarlo en los millones de automóviles que poseen. Que desde el espacio continentes como África por las noches apenas se distingue en tanto que los Estados Unidos brillan con toda intensidad.
Sin embargo no nos equivoquemos, no somos víctimas de los Estados Unidos. Pues tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le amarra la pata. Y no somos víctimas porque, tal vez como un mecanismo de protección ante la barbarie que invade nuestra cotidianeidad por la inmediatez de los sofisticados medios de comunicación, nos hemos vuelto insensibles, callados y sumisos. Y menos aun podemos ser víctimas cuando hemos permitido que los gobiernos en turno privilegien intereses distintos al bienestar de la Nación.
Sin embargo alguien dirá que todo eso ocurre en lugares muy distantes y que nada podemos hacer. Y tendrían razón en cuanto a que difícilmente podemos resolver los problemas del otro lado del mundo… pero le diría a ese alguien que no hay que ir tan lejos para hacer algo pues el narcotráfico, el SIDA, los problemas ambientales, la inseguridad y la marginación…
¡Ya llegaron, ya están justo aquí en nuestra comunidad!
Con mis mejores deseos,
Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
sábado, 8 de marzo de 2008
Todo es cuestión del tiempo...
En la batalla por la supervivencia, sin el menor escrúpulo, las potencias han sometido a los países menos desarrollados a un control político, militar y económico con el fin de obtener los recursos que necesitan para mantener un estilo vida tecnológicamente sofisticado pero ilegítimo por la depredación, la inequidad, el sufrimiento, el hambre y los impactos que de todo tipo causan al planeta y a los pueblos que sojuzgan; y lo hacen promoviendo modelos económicos y de democracia a modo en los que subyace el interés por mantener su hegemonía.Eso ha conducido a un profundo resentimiento y a todo tipo de movimientos sociales hasta los extremos del terrorismo que al final, ya no busca solo la reivindicación de sus causas y la reparación del daño, si no la destrucción total de su enemigo. El espacio vital se ha reducido y solo hay lugar para uno de los contendientes aun cuando este superviva en un mundo devastado.
En la contienda todo se vale; unos desarrollan la industria de la guerra y combaten con la sofisticación de la tecnología aplicando la fuerza bruta, que no hace distingos entre civiles y combatientes, con ejércitos que rápidamente se desplazan a cualquier lugar del planeta. Los otros utilizan el terror y las drogas como armas que minan la moral y poco a poco, las fuerzas y competencias del enemigo.
Tal es el trasfondo de la guerra contra el narcotráfico; no es un asunto de oferta – demanda como nos lo han querido hacer ver; es la guerra por la supervivencia de las hegemonías en contra del resentimiento que ellas mismas han provocado.
El narcotráfico genera increíbles flujos de efectivo que enriquecen a los cárteles de la droga, pero que también les sirven para comprar la protección de los movimientos guerrilleros y terroristas del mundo como las FARC quienes por este medio se financian.
El daño colateral es la corrupción, la inseguridad en nuestras ciudades, la muerte de nuestros policías, soldados y juventud en una lucha que no podemos ganar, que difícilmente nadie podrá ganar salvo, si por un milagro, entendemos que no tiene caso pelear batallas en las que no habrá triunfadores, que debemos abandonarlas y sumar voluntades para resolver los problemas de la inequidad, el sufrimiento, el hambre y la depredación que estamos causando a nuestro planeta y a la humanidad.
El hecho de que jóvenes mexicanos hayan muerto en la operación de exterminio que realizó Colombia en el santuario de las FARC en Ecuador, debería ser motivo de la más alta preocupación para todos en el país y definitivamente no minimizarse pues difícilmente podría considerarse su presencia en el campamento de las FARC como una suerte de turismo académico por demás sui géneris.
Los jóvenes que murieron ahí, con toda seguridad, forman parte de aquellos a quienes su resentimiento, justificado o no, les ha llevado a la convicción de que el único camino es el enfrentamiento y la lucha armada. Y estimados lectores, los muertos son mexicanos y seguramente no son los primeros ni serán los últimos.
Escuché decir que deberían haber matado también a la joven superviviente Lucía Andrea Morett Álvarez por terrorista y reflexioné para mis adentros, que tanto mata la pobreza que provocan la inequidad y la injusticia, como las bombas de los terroristas.
Todo es cuestión del tiempo que se tarda en morir.
Con mis mejores deseos,
Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

