sábado, 12 de mayo de 2012

Los hechos, hechos son...



“Los hechos, hechos son, y no los podemos cambiar pues pertenecen al pasado. Lo que si podemos, es elegir la actitud.”

¿Los pueblos tienen el gobierno que se merecen? Pregunta recurrente que la mayoría responde afirmativamente. Evidencia de un fatalismo que refuerza en el inconsciente colectivo, la absurda creencia de que tenemos malos gobiernos… porque así lo merecemos.

Como aquel que es, o se siente culpable, y sumiso acepta el castigo que se le impone. Sin embargo, “Ser” no es lo mismo que “sentir”. El ser culpable, comete delitos al ejercer su libre albedrío.

En contraste, quien se siente culpable, se fundamenta en la percepción de una realidad que puede estar distorsionada, ya sea por el mismo, o por la influencia de terceros interesados.

Si Juan Pueblo pudiera responder a la pregunta, ¿Los ciudadanos han cometido delitos que les hagan merecedores del castigo de un mal gobierno? Su respuesta sin faltar a la verdad sería, “la inmensa mayoría no”

Sin embargo, en su inconsciencia, Juan Pueblo se siente culpable y en la desesperanza acepta el castigo de un gobierno que le han hecho creer que “merece”. Así, en el devenir de ya cientos de años, olvidó su fuerza, ve como natural la corrupción, el quehacer de los políticos, la explotación y su propia miseria…

Dos casos vienen a mi memoria: Él de una empleada de nuevo ingreso que al recibir su primer pago, entregó a su jefe un sobre con dinero que le fue devuelto de inmediato acompañado de un reclamo pleno de indignación… ¿Por qué has de pagarme? El inesperado rechazo del “obsequio” desconcertó a la joven pues para ella lo natural era pagar por trabajar…

El otro, fue el de un viejo campesino hecho obrero, que como muchos, acostumbraba llevar regularmente “ofrendas” a la mansión del sempiterno y corrupto líder sindical. Cuando se le cuestionó, el hombre explicó muy convencido que lo hacía porque el líder merecía vivir bien, por qué él los cuidaba y los protegía… pienso yo que a costa de su explotación. No, la inmensa mayoría  del pueblo mexicano no es culpable, ni tampoco tiene porqué sentirse culpable.

Otras preguntas muy frecuentes en tiempos electorales son: ¿Por quién votar? y si ha de ser “por el menos malo,” entonces ¿Para qué votar? lo que conduce a la tragedia del abstencionismo.

Evidencia también, de esa embriaguez de desesperanza y fatalismo que nubla la consciencia. Nada más conveniente para quienes desean alcanzar o conservar el poder, que ahora pueden legitimarse con tan solo un voto a su favor.

Sin embargo, recordemos que en el universo, no hay objeto, ni pensamiento y mucho menos candidato, que sea absolutamente puro o perfecto y que cualquier idea puede ser vista como su contraria, si la analizamos desde otra perspectiva.

Siendo así, pregunto: ¿Por qué no hacer eso? ¿Por qué no cambiar el punto de vista? ¿Por qué no asumir como verdad lo opuesto? Que no somos nosotros quienes merecemos esos gobiernos. Que son esos gobiernos, quienes no merecen un pueblo capaz de maravillas como el que verdaderamente somos. Que vamos a votar por el mejor de los candidatos con plena consciencia de que ninguno de ellos es perfecto, y que el riesgo de que fallen, lo reduciremos exigiendo honestidad, austeridad, trasparencia y rendición de cuentas; pero también, haciendo bien lo que nos corresponde, con la misma convicción con la que ejerzamos nuestro derecho al voto.

México es un gran país con plenitud de recursos, con un pueblo que ha de cambiar su actitud para lograr sus anhelos, con un pueblo, en el que más allá de sus imperfecciones, también reside la grandeza. Hoy tenemos la oportunidad para demostrarlo.
  
Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm