“Los
hechos, hechos son, y no los podemos cambiar pues pertenecen al pasado. Lo que si
podemos, es elegir la actitud.”
¿Los pueblos tienen el gobierno que se
merecen? Pregunta recurrente que la mayoría responde afirmativamente. Evidencia
de un fatalismo que refuerza en el inconsciente colectivo, la absurda creencia
de que tenemos malos gobiernos… porque así lo merecemos.
Como aquel que es, o se siente
culpable, y sumiso acepta el castigo que se le impone. Sin embargo, “Ser” no es
lo mismo que “sentir”. El ser culpable, comete delitos al ejercer su libre
albedrío.
En contraste, quien se siente culpable, se fundamenta en la
percepción de una realidad que puede estar distorsionada, ya sea por el mismo,
o por la influencia de terceros interesados.
Si Juan Pueblo pudiera responder a la
pregunta, ¿Los ciudadanos han cometido delitos que les hagan merecedores del
castigo de un mal gobierno? Su respuesta sin faltar a la verdad sería, “la
inmensa mayoría no”
Sin embargo, en su inconsciencia, Juan
Pueblo se siente culpable y en la desesperanza acepta el castigo de un gobierno
que le han hecho creer que “merece”. Así, en el devenir de ya cientos de años,
olvidó su fuerza, ve como natural la corrupción, el quehacer de los políticos,
la explotación y su propia miseria…
Dos casos vienen a mi memoria: Él de
una empleada de nuevo ingreso que al recibir su primer pago, entregó a su jefe
un sobre con dinero que le fue devuelto de inmediato acompañado de un reclamo
pleno de indignación… ¿Por qué has de pagarme? El inesperado rechazo del “obsequio”
desconcertó a la joven pues para ella lo natural era pagar por trabajar…
El otro, fue el de un viejo campesino
hecho obrero, que como muchos, acostumbraba llevar regularmente “ofrendas” a la
mansión del sempiterno y corrupto líder sindical. Cuando se le cuestionó, el
hombre explicó muy convencido que lo hacía porque el líder merecía vivir bien,
por qué él los cuidaba y los protegía… pienso yo que a costa de su explotación.
No, la inmensa mayoría del pueblo
mexicano no es culpable, ni tampoco tiene porqué sentirse culpable.
Otras preguntas muy frecuentes en
tiempos electorales son: ¿Por quién votar? y si ha de ser “por el menos malo,”
entonces ¿Para qué votar? lo que conduce a la tragedia del abstencionismo.
Evidencia también, de esa embriaguez
de desesperanza y fatalismo que nubla la consciencia. Nada más conveniente para
quienes desean alcanzar o conservar el poder, que ahora pueden legitimarse con
tan solo un voto a su favor.
Sin embargo, recordemos que en el
universo, no hay objeto, ni pensamiento y mucho menos candidato, que sea
absolutamente puro o perfecto y que cualquier idea puede ser vista como su
contraria, si la analizamos desde otra perspectiva.
Siendo así, pregunto: ¿Por qué no
hacer eso? ¿Por qué no cambiar el punto de vista? ¿Por qué no asumir como
verdad lo opuesto? Que no somos nosotros quienes merecemos esos gobiernos. Que son
esos gobiernos, quienes no merecen un pueblo capaz de maravillas como el que verdaderamente
somos. Que vamos a votar por el mejor de los candidatos con plena consciencia de
que ninguno de ellos es perfecto, y que el riesgo de que fallen, lo reduciremos
exigiendo honestidad, austeridad, trasparencia y rendición de cuentas; pero
también, haciendo bien lo que nos corresponde, con la misma convicción con la
que ejerzamos nuestro derecho al voto.
México es un gran país con plenitud de
recursos, con un pueblo que ha de cambiar su actitud para lograr sus anhelos,
con un pueblo, en el que más allá de sus imperfecciones, también reside la
grandeza. Hoy tenemos la oportunidad para demostrarlo.
Reciban un afectuoso abrazo,
Enrique
Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm


