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sábado, 8 de octubre de 2011

A la fuerza... ¡Ni los zapatos entran!


Nota: El siguiente texto se publicó originalmente en febrero de 2009. A reserva de su mejor opinión, continúa vigente con el agravante de la patética situación del Instituto Federal Electoral.

«…Entre el sonido del motor de mi inolvidable Renault R8/S, la música de Bob Dylan, las estrellas, el friíto, la vista de las pirámides de Teotihuacan, era un placer conducir rumbo a una Ciudad de México entonces  segura, sin tráfico y bellamente iluminada por la temporada navideña…

Sólo que nada es para siempre, la música de Dylan provenía de una estación de radio que como todas las del país, concluiría su programación normal  minutos más tarde para enlazarse como cada domingo a las 10:30 pm en una cadena nacional de estaciones de radio.

En 1973 aún no se inventaban el Ipod, ni el CD, ni los reproductores de cintas chiquitas. Mi auto tenía un moderno reproductor de aquellos enormes cartuchos de ocho “tracks,” que por esos días estaba inservible. Así que o escuchaba la “Hora Nacional,” o nada.

La decisión no estaba en duda. El programa de la Hora Nacional, concebida como un medio para estrechar la comunicación con la sociedad y fortalecer la integración nacional logró, no sé si logró esos objetivos pero sí, el milagro de sumar las voluntades de millones de mexicanos en un acto simbólico de un gran significado: “La Hora Nacional, la hora en que todos los mexicanos apagamos elradio” era la frase favorita al momento de silenciar el radiorreceptor en cuanto concluíamos de escuchar respetuosamente el Himno Nacional que antecedía al programa.  Podría haber estado muy bueno el programa, pero… ¿En cadena nacional? ¿Obligado? ¡Nada!

La iniciativa de reforma electoral del año 2007 me hizo reflexionar sobre el significado de la frase “Sufragio Efectivo, No Reelección” y concluir que la reforma en ciernes, debería hacer de lado la basura legislativa acumulada por tantos años de privilegiar intereses de los gobernantes en turno. Se debía partir de cero y construir un nuevo sistema que permitiera a México consolidar su incipiente democracia. Imaginé entonces el contenido mínimo de una verdadera reforma electoral que incluyera un IFE fortalecido con figuras como el referéndum, el plebiscito, la reelección y las candidaturas ciudadanas; y no demeritado, como ahora, reducido al papel de una moderna inquisición electoral.

Poco me duró el gusto de soñar el sueño guajiro de un México democrático. De hecho tuve un muy amargo despertar. No se aprobó una reforma, se aprobó un retroceso electoral que impuso la partidocracia que mostró tal cual su verdadero carácter a Juan Pueblo; los tres grandes superaron con toda diligencia y prontitud sus “diferencias” para ponerse de acuerdo en un crimen de lesa humanidad, como en su oportunidad comenté: Abortar la gestación de la democracia.

Juan Pueblo puede votar como siempre, pero no aspirar a un cargo de elección popular pues es concesión de los partidos políticos; puede escuchar las promesas de campaña pero sólo eso, pues no puede reelegir a los candidatos que efectivamente las cumplan; tiene ahora campañas blancas donde esta prohibido decir cosas “impropias” pero sólo eso, pues no puede escuchar las verdades que también se dicen; tiene libertad de expresión pero sólo en el café, pues no puede difundirla al no tener acceso a los medios de comunicación; puede mantenerse informado, pero solo de lo que digan los partidos políticos; puede ver como se despilfarra el dinero pero no exigir rendición de cuentas; tiene campañas más cortas pero solo eso, porque el dinero que gastan por día es mayor con precampañas que ahora si están “reguladas”; tiene un IFE como árbitro pero solo eso, porque los jugadores le podrán sacar tarjeta roja y expulsarlo del campo…»

Hasta ahí lo escrito en el 2009. Ahora ni la burla perdonan los legisladores violando la ley por disputarse el control de un IFE del cual ya solo queda una caricatura. Me pregunto, los indignados ya están en Nueva York, Washington, ¿Cuánto tiempo creen que pasará antes de que veamos lo mismo aquí? 

Por qué, recuerden, a fuerza, ¡ni los zapatos entran!

¿Cuantos años existirá una montaña, antes que se deshaga en el mar? 
¿Cuantos años debe alguna gente existir, antes de que se les permita ser libres?
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza, pretendiendo que no ve?
La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento.  Bob Dylan.

Con mis mejores deseos… 

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

sábado, 30 de abril de 2011

¡Cínicos!

El dos de febrero de 2009 realicé una fuerte crítica en el artículo “El Gran Hermano” a la entonces propuesta de reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones la que sin más trámite fue aprobada y dio sustento a la creación del Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (Renaut).

El jueves pasado, dos años, tres meses y trece días después el Senado avaló la cancelación del malnacido Renaut y envió la iniciativa para aprobación de la Cámara de Diputados.

Reconocer con humildad un error producto de una decisión bien meditada enaltece; por el contrario, reconocer el error cometido por una decisión apresurada, técnicamente inviable, sin el menor sentido común y haciendo los oídos sordos a las muchas voces que con razones fundadas se opusieron; solo pinta de cuerpo entero la necedad y los grandes intereses particulares de quienes la promovieron.

Ahora bien, pregunto, ¿Dónde están los responsables? ¿Quién va a reparar el innegable y cuantiosísimo daño al patrimonio de la nación? La respuesta es absolutamente nadie. Los legisladores y aquellos a quienes representan gozan de la más absoluta impunidad, a ellos no les aplica aquello de “toda la fuerza de la ley” y tampoco asumirán costo político alguno ¿Cuál? Si todos, salvo honrosas excepciones, votaron a favor de la dichosa reforma.

En ese mismo febrero del año 2009 en el artículo “A fuerza ni los zapatos entran” hice uso de la canción de Bob Dylan “La respuesta está en el viento” como una metáfora para contestar a la pregunta ¿Cuándo dejaremos de ser ciudadanos de segunda? lo que la mayoría somos como consecuencia de la reforma electoral del 2007 que, en los hechos, resultó un aberrante retroceso impuesto por una cínica partidocracia que mostró al pueblo su verdadero carácter en el instante mismo en que azules, tricolores y amarillos admirablemente superaron con toda diligencia sus “diferencias” para acordar un crimen de lesa humanidad: Abortar la gestación de la democracia.

Y la respuesta sigue volando en el viento. Los señores diputados enviaron a la congeladora legislativa la iniciativa de Reforma Política, que si bien en mi opinión aún es insuficiente, pudo ser un paso en la dirección correcta.

¡Cínicos!

V ¿Ya iniciaron los trabajos para desarrollar el plan de protección civil y el programa para mejorar la vialidad de Coatzacoalcos?

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

domingo, 1 de marzo de 2009

Sufragio Efectivo No Reelección... ¡Recargado!

En agosto de 2007 publiqué un artículo a propósito del debate sobre la reforma electoral que fue aprobada un mes después. Lo titulé “Sufragio Efectivo, No Reelección”. Por los comentarios recibidos y la tendencia creciente en el número de sus lectores en la Web, el tema y su desarrollo no fueron de coyuntura. Al contrario, resultaron ser un dedo más en la llaga de la herida purulenta, pestilente, que se mantiene abierta desde la revolución mexicana hasta nuestros días: El sistema electoral Mexicano.

La entrega de hoy reproduce el artículo original, con pequeños ajustes y nuevos comentarios al final…

Sufragio Efectivo, No reelección… ¡Recargado!

-Mi General Huerta de plano se equivoca, ¿Qué acaso no se da cuenta que al asesinar al Presidente Madero esta condenando al país?

Así reflexionó para sus adentros y con el ánimo compungido el verdugo encargado de las ejecuciones. No obstante, pudo más su obediencia –miedo diría yo- cuando expresó… ¡Jálenle! ¡Acaben con esto de una vez! Para dar paso a los disparos que resonaron en la oscuridad de la noche y que dieron lugar al México que hoy todos conocemos…


La idea original del “Sufragio Efectivo” fue un sistema electoral sin mapaches y sin alquimistas que asegurara elecciones legítimas y san se acabó… Si el gobernante en turno era íntegro, competente y cumplía sus promesas… ¿Por qué no habría de reelegirse si esa era la voluntad popular? Sin embargo, la propuesta no convino a quienes aspiraban a sentarse alguna vez en la silla presidencial.

Y si no recuerden a Don Porfirio Díaz; con quien no había opciones, el repartía los huesos cuando y como quería. Y como quería muy poco, había que esperar a que alguien de su gabinete muriera o cayera en desgracia para que algo se moviera en la “Pax Porfiriana”… De plano no era justo… y así cobró vigencia la segunda parte de la frase: la “No reelección” fortalecida con la memoria de los mártires de la decena trágica. Y por eso, estamos como estamos…

Un sufragio muy, pero muy efectivo solo para los partidos, cuyos militantes se la pasan de presidente municipal a diputado estatal, de diputado estatal de nuevo a presidente municipal y de ahí a diputado federal, a senador, a gobernador, a plurinominal de esto y de aquello esperando que finalmente, un buen día, les llegue la oportunidad de la grande….

Un país saqueado por presidentes y gabinetes que saben que 6 años se van rápido así que hay que apresurarse, ajustar la legislación para actuar siempre en el marco de la ley y finalmente cerrar las cuentas en el ya famosísimo “Año de Hidalgo”

Y de la procuración de justicia ni que decir, aquella famosísima frase de Don Benito Juárez, “Para los amigos justicia y gracia; para los enemigos, la ley a secas” no ha podido ser más honesta, si, pero de la manera más perversa en el interés de quienes han detentado el poder en el país. ¿Transparencia en la aplicación de la ley? ¿Simplificación de procedimientos? ¡Cómo va a ser! ¡Al contrario! Complicadísimos códigos plagados de vías de escape -justicia y gracia- para los cómplices y de trampas –ley a secas- para los enemigos.

Para modificar el estado de las cosas en nuestro país se requiere de un solo México, una sola legislación que provea un marco de actuación único, te encuentres donde te encuentres. Si delinques en Mérida, delinques en Ensenada, si aperturas un negocio en el D.F. igual lo harás en Coatzacoalcos… Se requiere un solo sistema electoral aplicable a elecciones de cualquier tipo, incluso sindicales; donde cualquiera cuyo historial esté certificado y financie su campaña pueda postularse; donde se aseguren resultado legítimos sin mapaches y ni alquimistas; donde se asegure que todos acudan a votar antes que quedarse a ver el fútbol.

SI a la reelección, pero también SI a mecanismos sencillos (referéndum, plebiscito) que permitan a los votantes expresar con oportunidad su repudio y expulsar a quienes no cumplan con sus compromisos; y No a quienes pretendan saltar, ad perpetuam, cuál chapulines, de un puesto a otro a la espera de la “grande” cualesquiera cosa que para su altura de miras eso signifique.

México debe regresar a lo básico y dejar de lado aquello que solo ha funcionado bien para unos cuantos pero nunca para el país…

2 de marzo de 2009.- La reforma electoral del año de 1996 fue un gran aliento para la democracia. Por ella, el Instituto Federal Electoral llegó a convertirse en la referencia internacional para la conducción ciudadana de procesos electorales. El IFE de ese entonces se ganó el respeto de propios y extraños. Por desgracia ese respeto fue su perdición. Los partidos políticos tomaron nota de la amenaza contra sus intereses y ni tardos ni perezosos, se pusieron de acuerdo, en esto si rápidamente, para reducir al IFE a la patética caricatura que es hoy y al ciudadano sin militancia partidista en ciudadano de segunda.

¿Qué no gustaron las multas a las televisoras? ¡Modifiquen la ley para quitar al IFE esa facultad! Eso ocurrió calladamente en menos de una semana. ¿Qué no gustó el incremento de sueldo contemplado en la Ley para alejar de tentaciones a los consejeros y dedicarlos por entero a la labor más importante: garantizar la legitimidad democrática del estado? Se les dijo, ¡A ver consejeros! ¿Qué prefieren, aumento hoy ó la calle mañana? Los partidos tienen todo el poder para hacerlo. Pero, por cierto, la corte y las cámaras si incrementaron sus salarios.

¿Y los ciudadanos qué? Como siempre sumisos o indiferentes, que para el caso es lo mismo, desperdiciando lo único que tienen, el derecho al voto. La invitación es a VOTAR POR MEXICO, ¿Cómo? Este será el tema de mi próxima entrega.

Con mis mejores deseos…

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 8 de febrero de 2009

A la fuerza... ¡Ni los zapatos entran!!

“How many years can a mountain exist, Before it's washed to the sea? / Yes, 'n' how many years can some people exist, Before they're allowed to be free? / Yes, 'n' how many times can a man turn his head, Pretending he just doesn't see? / The answer, my friend, is blowin' in the wind…” Bob Dylan
“¿Cuantos años existirá una montaña, antes que se deshaga en el mar? / ¿Cuantos años debe la gente existir, antes de que se les permita ser libres? / ¿Cuántos veces puede un hombre volver la cabeza, pretendiendo que no ve? / La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento…” Bob Dylan


La noche fue casi perfecta…Entre el sonido del motor de mi inolvidable Renault R8/S, la música de Bob Dylan, el cielo estrellado, el friíto, la vista de las pirámides de Teotihuacan, era un placer conducir rumbo a una Ciudad de México entonces segura, sin tráfico y bellamente iluminada por la temporada navideña…

Solo que nada es para siempre, siempre hay un pelo en la sopa: La música de Dylan provenía de una estación de radio que justo, como todas las del país, concluiría su programación normal unos minutos más tarde para enlazarse como cada domingo a las 10:30 de la noche en una cadena nacional de estaciones de radio. Y no tenía opción, en ese entonces, 1973, aún no se inventaban el Ipod, ni el CD, ni los toca cintas –de las chiquitas-… El “cuino” como le decía de cariño a mi R8/S, solo tenía un “moderno” reproductor de aquellos enormes cartuchos de ¡ocho pistas! cuyo deporte favorito en esos días no era tocar, ¡si no enredar las cintas!…

Así que, o escuchaba la “Hora Nacional,” ó nada. La decisión no estaba en duda. El programa de la Hora Nacional, concebida como un medio del gobierno federal para estrechar la comunicación con la sociedad y fortalecer la integración nacional a través del idioma, la cultura, las tradiciones y la creación artística, logró, no sé si los objetivos propuestos, pero sí el milagro de sumar las voluntades de millones de mexicanos en un acto simbólico si, pero de un gran significado: “La Hora Nacional, la hora en que todos los mexicanos apagamos el radio” era la frase favorita al momento de silenciar el radiorreceptor en cuanto concluíamos de escuchar respetuosamente el Himno Nacional que antecedía al programa. Podría haber estado muy bueno el programa ese pero, ¿En cadena nacional? ¿Obligado? ¡Nada!

En el 2007 se aprobó una reforma electoral que me llevó a reflexionar sobre el significado de la frase “Sufragio Efectivo, No Reelección” y a concluir que la reforma en ciernes, debería hacer de lado la basura legislativa acumulada por tantos años de privilegiar intereses de los gobernantes en turno. Se debia partir de cero y construir un nuevo sistema que permitiese a México consolidar su incipiente democracia. Imaginé entonces el contenido mínimo de una
verdadera reforma electoral, que incluyera un IFE fortalecido y no demeritado como ahora, reducido al papel de una moderna inquisición electoral; con figuras como el referéndum, el plebiscito, la reelección y las candidaturas ciudadanas.

Poco me duró el gusto de soñar el sueño guajiro de un México democrático. De hecho tuve un muy amargo despertar. No se aprobó una reforma, se aprobó un retroceso electoral que impuso la partidocracia que mostró con todo cinismo, su verdadero carácter a Juan Pueblo; los tres grandes admirablemente superaron con toda diligencia y prontitud sus “diferencias” para ponerse de acuerdo en un crimen de lesa humanidad, como en su oportunidad comenté: Abortar la gestación de la democracia.

Juan Pueblo puede votar como siempre, pero no aspirar a un cargo de elección popular y ser realmente ciudadano, pues esto solo podrán concederlo los partidos políticos; puede escuchar las promesas de campaña pero solo eso, pues no puede reelegir a los candidatos que efectivamente las cumplan; tiene ahora campañas blancas donde esta prohibido decir cosas “impropias” pero solo eso, pues no puede escuchar las verdades que también se dicen; tiene libertad de expresión pero solo en el café, pues no puede difundirla al no tener acceso a los medios de comunicación; puede mantenerse informado, pero solo de lo que digan los partidos políticos; puede ver como se despilfarra el dinero pero no exigir rendición de cuentas; tiene campañas más cortas pero solo eso, porque el dinero que gastan por día es mayor con precampañas que ahora si están “reguladas”; tiene un IFE como árbitro pero solo eso, porque los jugadores le podrán sacar tarjeta roja y expulsarlo del campo.

Y las consecuencias están ahí, los medios de comunicación haciendo lo que se les viene en gana con un Juan Pueblo, ciudadano de segunda, que ahora tendrá que ir por la botana antes que indigestarse con los benditos spots que son como siempre han sido. Más de lo mismo.

Por qué a fuerza, ¡ni los zapatos entran!

“¿Cuantos años existirá una montaña, antes que se deshaga en el mar? / ¿Cuantos años debe alguna gente existir, antes de que se les permita ser libres? / ¿Cuántos veces puede un hombre volver la cabeza, pretendiendo que no ve? / La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento…” Bob Dylan
Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 16 de septiembre de 2007

Y despues del grito...

Un país donde el alambique del resentimiento social destiló ya el brebaje del terrorismo que daña a Petróleos Mexicanos y a la economía nacional.

Un país donde los partidos políticos se ponen de acuerdo para abortar la incipiente gestación de la democracia e incrementar los impuestos.

Un país en donde, a los que no somos militantes de un partido político, se nos impide aspirar a asumir el liderazgo de nuestras comunidades, pero en cambio si se nos obliga a pagar mayores impuestos para financiar los dispendios.

Un país donde los grandes medios de comunicación, “ofendidos” –en sus intereses económicos- por el cinismo y la burla de la que fueron objeto por parte de los legisladores ahora se auto nombran “defensores” de los intereses del pueblo.

Un país donde la intransigencia y el interés político hacen motivo de disputa lo que de suyo pertenece a todos los mexicanos, al margen de quien taña la Campana de Dolores en el balcón presidencial.

Es el México que muestra la realidad que todos hemos construido; que no nos gusta y que debemos de afrontar. Pero ¿Cómo hacerlo? ¿Qué tendría que hacer Juan Ciudadano en las circunstancias actuales?

Los hechos, hechos son y no los podemos cambiar; las “reformas” serán vigentes y nos guste o no, serán la ley; ¿Significa eso que todo está dicho? No, definitivamente no. No todo está dicho.

Juan Ciudadano hoy tiene mayor conciencia y sabe, con mayor certidumbre, que este México NO es el MEXICO que desea; y también sabe que puede buscar el equilibrio entre el presidencialismo exacerbado del pasado y la partidocracia actual para dar lugar a un real sistema democrático donde, como adulto, elija con plena libertad su destino.

La clave del éxito futuro de Juan en esta tarea será la actitud que, para todos los efectos, es lo único que hoy puede controlar. Su dilema será optar entre el resentimiento que le conduciría más tarde o más temprano a la destrucción tanto de su propio valor como el de todos aquellos que le rodean; o elegir una actitud paciente que con inteligencia le permita gradualmente, en un futuro, que desearía cercano, crear las condiciones para las verdaderas reformas.

¿Qué habría que evitar?

El resentimiento y la venganza como forma de conducta.

¿Qué si podría hacer?

De entrada reconocer que si cree a pie juntillas en la mercadotecnia puede llegar a comprar el peor de los presidentes; que la inequidad y la ignorancia son el caldo de cultivo del resentimiento y la división de los pueblos; que abandonar, renunciar a su derecho al voto legitimiza lo ilegítimo; que en estos últimos 6, casi 7 años ya, ha vivido en una apretada síntesis lo que NO desea para MEXICO.

Juan Pueblo debera entonces buscar, cotidianamente, en las comunidades en las que participa, crear conciencia y sumar conciencias alrededor de lo pernicioso de la mercadotecnia política; asumir la equidad y los valores ciudadanos como principios rectores de su forma de conducta; ejercer el derecho al voto aun cuando sea para anularlo cuando el menú que le ofrezcan sea más pan de lo mismo.

Nada de lo anterior llevará a Juan a transformar radicalmente el estado de las cosas; pero si permitirá que sus pequeños triunfos de acción ciudadana conciente se constituyan en las bases sólidas de un futuro promisorio.

¡Hasta la próxima!

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 9 de septiembre de 2007

Sueños guajiros...

Cuando la comida es mala ¡ni las moscas se paran!... Lo mismo pasa en las elecciones, si no hay candidatos que convenzan y se sospecha que el “tamal” esta cocinado ¡gana el abstencionismo!


Hoy no hay candidatos que verdaderamente valgan la pena porque solo los partidos políticos deciden el menú… así que cuando ganan ¿A quién sirven los elegidos? ¿Al pueblo? ¡Para nada! Sirven primero a los que les dieron chance, a quienes controlan a los partidos. Hoy Juan Pueblo no elige a quien desea, si no a quienes “los partidos” deciden ¿Es eso libertad? ¿Eso es democracia?


Así pues, como dice Don Laureano –mi queridisimo suegro- hay que reinventar todo pensando en que Juan Pueblo tenga verdaderas opciones para elegir, sin elecciones dudosas, ni despilfarros. ¿Cómo? Ahí les va:

  • ¿Tienes un mínimo de seguidores para que se sepa que vas en serio; un plan de trabajo para después poder exigirte cuentas; colaboradores por aquello de que dime con quien andas y te diré quien eres; pasas las pruebas de confianza para que después no resulte que eras un pillo? Entonces puedes registrarse como candidato sin más trámite.

  • ¿Entregaste buenas cuentas a Juan Pueblo? Pues que sea Juan Pueblo, como adulto que es, quien decida con su voto si mereces que te reelija ó no. La reelección debe permitirse pero no ¡brincar como chapulín!

  • Todo Juan Pueblo debe votar, si no le gustan los candidatos que lo diga marcando la casilla que habrá en las boletas para eso. Si no votas, ¡cuello! ¡Perdón! Quise decir pagarás una multa equivalente al costo del voto perdido o más.

  • Nada de tirar el dinero a la calle ni de campañas interminables. La duración y el dinero se fijaran de acuerdo al tipo de elección, número de votantes y la extensión de los distritos. Las precampañas durarán lo mismo que las campañas.

  • Para que después no les salgan compromisos a los candidatos, las campañas serán con el dinero de Juan Pueblo pero los gastos de las precampañas serán por su cuenta y riesgo; si logran registrarse ¡pues ya la hicieron! Toda publicidad política en los medios masivos de comunicación deberá ser pagada con fondos de la tesorería de los partidos ó de los candidatos.

  • Para que Juan Pueblo pueda comparar a los candidatos y vea de cual cuero salen más correas, el debate será obligatorio, nada de que yo no le entro por que me van ha hacer el feo ó porque no salgo bien en la tele ó porque mi contrincantes no son dignos de mi…

  • Si los candidatos quieren decirse linduras y sacarse los trapitos al sol, en las precampañas o campañas que lo hagan, pero como hombrecitos, ellos personalmente. Los medios y la publicidad pagada política con dinero público -ó privado en las precampañas- solo servirán para promover el perfil del candidato, sus ideas y sus planes de trabajo.

  • Los candidatos podrán decidir en que gastan el dinero asignado a las campañas pero a su término, deberán comprobar hasta el último peso y esto será público; si no lo hacen podrán ser acusados de peculado como cualquier funcionario público. Y no podrán argüir secreto bancario para ocultar sus triquiñuelas.

  • Los partidos deberán ser financiados con el dinero de sus militantes y deberán rendir cuentas en forma pública y auditada. Si sus militantes no “copelan” es porque el partido solo sirve para una pura y dos con sal… ¡Para nada!

  • No se vale ser juez y parte; así que ni legisladores, ni gobernadores, ni presidentes ni nadie que haya sido electo podrá tener nada que ver con la operación del IFE y el nombramiento de sus consejeros. El IFE debe ser absolutamente autónomo y los consejeros bien pagados… ¡para que no les hagan manita de cochino!

  • Los consejeros del IFE deben ser ciudadanos, propuestos a través de un riguroso mecanismo de selección que acredite confianza, honestidad, ausencia de conflictos de interés y un mínimo de competencias. Se les nombrará en forma escalonada o cuando haya vacantes y serán elegidos por los consejeros activos.

  • Solo la Suprema Corte de Justicia podrá separar temporalmente de su encargo a un consejero cuando se les juzgue presunto responsable de la comisión de delitos.

Lo anterior son sueños guajiros pues me pregunto ¿Cómo los actuales legisladores podrán hacer las reformas necesarias, si está visto que cuando de servir al pueblo se trata, lo hacen solo en tanto no afectan sus intereres?

Sin embargo se vale soñar ¡hasta la próxima!

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com