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sábado, 8 de octubre de 2011

A la fuerza... ¡Ni los zapatos entran!


Nota: El siguiente texto se publicó originalmente en febrero de 2009. A reserva de su mejor opinión, continúa vigente con el agravante de la patética situación del Instituto Federal Electoral.

«…Entre el sonido del motor de mi inolvidable Renault R8/S, la música de Bob Dylan, las estrellas, el friíto, la vista de las pirámides de Teotihuacan, era un placer conducir rumbo a una Ciudad de México entonces  segura, sin tráfico y bellamente iluminada por la temporada navideña…

Sólo que nada es para siempre, la música de Dylan provenía de una estación de radio que como todas las del país, concluiría su programación normal  minutos más tarde para enlazarse como cada domingo a las 10:30 pm en una cadena nacional de estaciones de radio.

En 1973 aún no se inventaban el Ipod, ni el CD, ni los reproductores de cintas chiquitas. Mi auto tenía un moderno reproductor de aquellos enormes cartuchos de ocho “tracks,” que por esos días estaba inservible. Así que o escuchaba la “Hora Nacional,” o nada.

La decisión no estaba en duda. El programa de la Hora Nacional, concebida como un medio para estrechar la comunicación con la sociedad y fortalecer la integración nacional logró, no sé si logró esos objetivos pero sí, el milagro de sumar las voluntades de millones de mexicanos en un acto simbólico de un gran significado: “La Hora Nacional, la hora en que todos los mexicanos apagamos elradio” era la frase favorita al momento de silenciar el radiorreceptor en cuanto concluíamos de escuchar respetuosamente el Himno Nacional que antecedía al programa.  Podría haber estado muy bueno el programa, pero… ¿En cadena nacional? ¿Obligado? ¡Nada!

La iniciativa de reforma electoral del año 2007 me hizo reflexionar sobre el significado de la frase “Sufragio Efectivo, No Reelección” y concluir que la reforma en ciernes, debería hacer de lado la basura legislativa acumulada por tantos años de privilegiar intereses de los gobernantes en turno. Se debía partir de cero y construir un nuevo sistema que permitiera a México consolidar su incipiente democracia. Imaginé entonces el contenido mínimo de una verdadera reforma electoral que incluyera un IFE fortalecido con figuras como el referéndum, el plebiscito, la reelección y las candidaturas ciudadanas; y no demeritado, como ahora, reducido al papel de una moderna inquisición electoral.

Poco me duró el gusto de soñar el sueño guajiro de un México democrático. De hecho tuve un muy amargo despertar. No se aprobó una reforma, se aprobó un retroceso electoral que impuso la partidocracia que mostró tal cual su verdadero carácter a Juan Pueblo; los tres grandes superaron con toda diligencia y prontitud sus “diferencias” para ponerse de acuerdo en un crimen de lesa humanidad, como en su oportunidad comenté: Abortar la gestación de la democracia.

Juan Pueblo puede votar como siempre, pero no aspirar a un cargo de elección popular pues es concesión de los partidos políticos; puede escuchar las promesas de campaña pero sólo eso, pues no puede reelegir a los candidatos que efectivamente las cumplan; tiene ahora campañas blancas donde esta prohibido decir cosas “impropias” pero sólo eso, pues no puede escuchar las verdades que también se dicen; tiene libertad de expresión pero sólo en el café, pues no puede difundirla al no tener acceso a los medios de comunicación; puede mantenerse informado, pero solo de lo que digan los partidos políticos; puede ver como se despilfarra el dinero pero no exigir rendición de cuentas; tiene campañas más cortas pero solo eso, porque el dinero que gastan por día es mayor con precampañas que ahora si están “reguladas”; tiene un IFE como árbitro pero solo eso, porque los jugadores le podrán sacar tarjeta roja y expulsarlo del campo…»

Hasta ahí lo escrito en el 2009. Ahora ni la burla perdonan los legisladores violando la ley por disputarse el control de un IFE del cual ya solo queda una caricatura. Me pregunto, los indignados ya están en Nueva York, Washington, ¿Cuánto tiempo creen que pasará antes de que veamos lo mismo aquí? 

Por qué, recuerden, a fuerza, ¡ni los zapatos entran!

¿Cuantos años existirá una montaña, antes que se deshaga en el mar? 
¿Cuantos años debe alguna gente existir, antes de que se les permita ser libres?
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza, pretendiendo que no ve?
La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento.  Bob Dylan.

Con mis mejores deseos… 

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

domingo, 13 de diciembre de 2009

El Primer Director

Era el día cientos de veces repetido en la historia de ese mundo: el día de la elección del Primer Director. La puerta del sobrio recinto se abrió para que, uno a uno los electores vitalicios, hombres y mujeres, uniformados, solemnes, representantes de las 501 regiones en las que habían dividido su mundo; ocuparan en silencio sus lugares. Poco esperaron, acaso un minuto, antes de que el Primer Propuesto –así llamaban a sus candidatos- realizara un discurso de presentación que fue breve, conciso, sin énfasis, sin emoción, sin matices. Un discurso donde no comprometió nada, salvo su dedicación al bienestar de la nación. El Segundo, el Tercero y el Cuarto de los propuestos repitieron justo el mismo discurso. Si usted, como yo, esperaba surgieran las ideas, los argumentos, el debate; nos equivocamos de cabo a rabo, no hubo nada de eso.

Ni por asomo se insinuaron críticas o descalificaciones entre ellos. Mucho menos al Primer Director saliente quien, luego de 20 años, debía entregar el poder en manos del que resultara su sucesor, quién por cierto, se enteró de su candidatura, como los demás propuestos, justo ese mismo día cuando en la sesión matutina los electores votaron en secreto por cuatro de ellos mismos.

Concluido el aburrido expediente de los discursos –que muchos en la intimidad consideraban una pérdida de tiempo- la votación se realizó de forma expedita. Al no haber posibilidad alguna de empate, el humo blanco salió de inmediato… Acto seguido, en el momento de la unción, el Primer Director saliente entregó simbólicamente las llaves del gobierno y tras del breve apretón de manos acostumbrado, al unísono se escuchó en voz de todos: “¡Tenemos director, somos democracia!” para, de inmediato, sin mediar palabras ni saludos, retirarse como llegaron: callados y solemnes.

Ya se verían nuevamente dentro de 20 años… pues en ese mundo no había de que preocuparse. La única responsabilidad del nuevo Primer Director era ejecutar la pena a cualquier sospechoso de cuestionar o disentir del status quo: la supresión del indiciado y de su comunidad. Siendo así, en ese mundo solo se escuchaban los sonidos del silencio donde las ideas nunca llegaban a ser al quedar escondidas tras la puerta de los temores…

El sistema de ese mundo imaginario garantizaba el sufragio efectivo sin embargo, en contra de su afirmación, no era en absoluto democrático pues omitía el ingrediente principal: las ideas. Ideas que solo pueden ser realmente ideas, si se comunican y se contrastan con otras para generar soluciones para el bienestar de la sociedad. Una fuente de energía cualquiera, como una pila, solo es realmente pila cuando cumple su propósito: hacer que un dispositivo funcione. Y esto se logra únicamente cuando a sus polos se conectan a conductores que permiten que la energía fluya a través del dispositivo en cuestión.

Una democracia solo puede ser realmente una democracia, cuando provee de mecanismos de interconexión para que las ideas puedan fluir libremente entre los distintos “polos” que las generan. Esto es lo que hace que los dispositivos de la comunidad, el estado, el país y de nuestro mundo funcionen y se desarrollen. Sin soslayar, naturalmente, que para el buen funcionamiento del sistema es indispensable garantizar el sufragio efectivo y la debida protección contra las sobre cargas o los cortos circuitos.

Uno de los mecanismos privilegiados para esto es el debate libre de las ideas con quienes cuestionan y disienten. El debate que contrasta, que motiva a la argumentación y al sustento. El debate que marca la diferencia entre los candidatos. El debate del cuál, al final del día, surgen las nuevas ideas para el bienestar de la nación.

Quien gobierna sin escuchar, ni debatir, apoyado solo en la fuerza de los votos, no gobierna, dicta.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 28 de junio de 2009

Abstemio y Resignado, historia de un voto…

Tomando el cafecito de siempre, en el lugar de siempre, Don Abstemio Votante intercambiaba comentarios con Don Resignado Alchanchullo y el resto de los ahí presentes que estaban muy atentos a la espera del último chisme… ¡perdón! de la última noticia de la campaña electoral…

- ¿Y para qué hacerle al guajolote votando? –Decía Don Abstemio- Si ni a cuál irle, todos son iguales… con uno o con otro, ¡las cosas no van a cambiar!

- Tienes razón, contestó Don Resignado -con voz de resignado naturalmente- afirmando con la cabeza… ¿Para qué perder el tiempo?, si ya todos sabemos quién va a ganar… El “bueno” es Dedazo Votoduro; ¡Ya está tamaleado!

Así continuaron discutiendo una y otra vez, uno y otro día, Don Abstemio, Don Resignado y sus amigos de mesa. Estos dos viejitos rabo verdes son una muy buena muestra de los millones que en la época de elecciones justifican su inacción, resignados a un México que según ellos no puede cambiar. Y así entonan alrededor de esas mesas de café, cantina u lo que sea, el himno de un sistema agotado, pero perpetuo justo por su abstención.

Sin embargo la realidad, no percibida por los resignados y abstemios del voto, muestra que los tiempos han cambiado. Siempre habrá alguna diferencia; nunca serán iguales las cosas con un candidato que con el otro… Es seguro que alguno será peor que el otro. También es cierto que hoy, por muy buena que sea la receta del “tamal”, el resultado de la votación puede ser sorprendente como lo vimos en las elecciones presidenciales del 2006 donde un poco menos de abstemios habría hecho la diferencia.

Así pues, aun y cuando no estemos del todo convencidos, hay que acudir a las urnas, nuestro voto puede realmente contribuir a decidir el destino del país. Si después de un cuidadoso análisis del perfil de los candidatos: mayor o menor imagen de corrupción, medallas en competencias de pista y campo; de sus propuestas: muchas pero absurdas o de plano inexistentes; de su equipo de trabajo: por aquello del dime con quien andas y te diré quien eres; de sus recursos: más tortas o menos tortas en los acarreos; de su imagen: mejor o peor dentadura en los carteles, bigote franco, remilgado ó ninguno… llegado el domingo de las elecciones, en la intimidad de la urna, invoque a los dioses, déjelo a la suerte, medite un segundo, siga su corazón, ¡lo que sea! pero vote.

Vale más un volado y votar, ó anular su voto para manifestar su franco desacuerdo con los candidatos antes que dejar que el abstencionismo avale a una minoría. Así que por favor, Abstemios y Resignados ¡Voten!

Solo me queda encomendar a Quetzalcoatl, donde quiera que se encuentre, que tenga misericordia de su pueblo y vuelva para espantar a las víboras prietas, tepocatas, a las culebras ponzoñosas, a los alquimistas y los mapaches de cualquier color para que en la próxima jornada electoral el pueblo –sin resignados, ni abstemios- exprese su voluntad y las urnas terminen “embarazadas” Ojo: no por la acción de malandrines, si no repletas por la decisión ciudadana de un México mejor.

Así que, San Padrón Inmaculado, ¡Ruega por nosotros!

El abstencionismo es la medida del fracaso de la democracia que se da no solo por el sistema electoral, los candidatos o los partidos. Se da también muy particularmente por aquellos que no entendemos que el derecho al voto es también obligación.

¡Nos vemos en las casillas!


Reconocimiento: Al agente de tránsito que con firmeza y el reglamento en la mano me indicó la infracción que cometí cuando la semana pasada buscaba donde estacionar mi automóvil cerca al mercado 27 de febrero en Coatzacoalcos. No me multó ni intentó recibir nada. Simplemente me detuvo, me llamó la atención y terminó el incidente señalando el lugar donde podía estacionarme.

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com

domingo, 21 de junio de 2009

Cuenta regresiva...

Si bien es cierto que México a partir de su creación ha vivido una crisis permanente por el despojo al que ha sido sometido, la realidad es que solo hasta hoy un grupo relevante de gente con poder económico, capacidad de convocatoria; líderes de opinión, intelectuales, entre otros, están siendo expulsados de la zona de confort que habitaban seguros y cómodos, ciegos y sordos a lo que ocurría fuera de su burbuja de cristal, sin incentivos para objetar nada, ni para exigir cambio alguno en el sistema. Hoy, que están a punto de salir o fuera de ella, se sienten y están desamparados. La crisis se desbordó; ya no es algo lejano que ocurre a otros, las calamidades ahora ¡las sufren ellos!

Y así el debate está en su máxima expresión. Antes pasivos, esos grupos están de acuerdo en que el sistema no funciona; en que desean manifestar su hartazgo en las próximas elecciones; en que desean provocar un cambio para resolver la creciente problemática que enfrentan. En lo que no logran ponerse de acuerdo es en los caminos para lograrlo. ¿Por qué?

Reflexionando en las expresiones que se están dando en el debate, recordé a un grupo de idealistas, románticos… jóvenes universitarios orgullosos de sus raíces, con fe en un futuro promisorio para su México que recientemente desarrollaron el concepto de la campaña “Supéralo” que busca hacer conciencia del lastre que representa todo tipo de discriminación para el desarrollo de nuestro país.

En México discriminamos todos, todo. Si eres estudiante de regular para abajo discriminas a los “nerds”; si la sangre indígena corre por tus venas discriminas a los “harbanos” aunque con generaciones aquí ya sean más mexicanos que el mole; si eres empleado discriminas a los patrones pues todos son unos explotadores; si eres patrón a los empleados pues todos son unos huevones; si vistes de “marca” discriminas a los nacos…; si no eres militante de algún partido discriminas a los políticos; si eres azul a los rojos; si amarillo a todos; y así hasta el infinito… Pero ¿Qué tiene que ver el tema de la discriminación y el debate electoral?... La respuesta es un tema que dejé a propósito para el final: la discriminación de las ideas.

Si, en México antes de escuchar o considerar si quiera las ideas, las descartamos y por eso no podemos ponernos de acuerdo. Las discriminamos por su origen cuando el prejuicio se impone y la objetividad se pierde por los resentimientos de aquellos beneficiarios, marginales tal vez, pero beneficiarios al fin del sistema. Resentimientos que antes eran para esos grupos figuras borrosas tras las paredes de la burbuja de cristal que habitaban, pero que hoy, fuera de ella, en su nueva realidad, se les muestran nítidas por el temor que sienten ante un futuro cada vez más incierto.

Ahora bien, pregunto, ¿Tenemos tiempo para continuar discriminando ideas en un debate a solo 15 días de las elecciones? Me parece que no. Ya las opciones están puestas sobre la mesa y el único factor común es que absolutamente todos los mexicanos con credencial de elector debemos acudir a las urnas el próximo día 5 de julio. Ese es el consenso, ¡pues apeguémonos a él! Insisto, las opciones ya están sobre la mesa: votar vestido de blanco, votar por el candidato menos malo o el menos feo, votar por el partido, votar por la “esperanza marchita”, por cantinflas o anular el voto es algo que dependerá de las circunstancias y nivel de conciencia de cada uno de nosotros.

Dejemos de discriminar las ideas y sumémonos al consenso con el compromiso de dejar la discusión a un lado sobre cuál es la mejor opción. Adoptemos el compromiso de superar la tentación de catequizar a los no creyentes con nuestra “verdad” y si el compromiso de convencer a los que se abstienen para que voten. Todas las opciones menos una, la abstención, son respetables y lo que decidamos será secreto de confesión en nuestra conciencia.

El solo hecho de atiborrar de votos las casillas con cualquier tipo de voto será muestra de un nuevo compromiso ciudadano. De la urgencia de un cambio en el rumbo del país. Que si es una opción o la otra la que decidamos en ese momento es lo que menos importa a estas alturas del partido.

Los buenos mecánicos saben que para apretar una tuerca con cabeza exagonal la llave a utilizar es una milimétrica. Eso no nunca se discute. En el caso que nos ocupa el voto es la herramienta idónea, como apriete usted la tuerca ya dentro de la casilla, será su decisión.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

lunes, 15 de junio de 2009

Laminas nuevas para el techo de Don Jorge...

Para el siguiente diálogo que se habría realizado en al pie de la cama que esta justo al lado de la estufa de la cocina de una vivienda de 3 x 3 mts me basé en la conversación que sostuve hace unos días con Don Jorge, personaje de carne y hueso, quien tiene una perspectiva muy especial sobre los candidatos y los procesos electorales… ¡empezamos!

- ¿Y ahora a quien le toca? Fue lo primero que Don Jorge preguntó a Emilia su esposa quien en esos momentos estaba preparando una tacita de café para iniciar el día.

- Pues, mira, el lunes fueron los azules del PAN, el martes los amarillos del PRD, seguro que hoy nos tocan los rojos del PRI pues los partidos chiquitos dicen que ya no quieren venir a echar dinero bueno al malo y ya ni se paran por la colonia…

- Ya rugiste, hoy nos toca ir de camiseta y gorra roja…

- Pero ya viste como tuve razón en ahorrar un poquito para gastarlo en la campaña… antes te regalaban las cosas pero con eso de la mentada crisis, nos las venden pero eso sí, rete baratas…

- Para que te digo que no, si sí. Tenías razón, las láminas para el techo nos las dieron a 100 pesos, para la camionada de arena para el relleno de la calle solo cooperamos dimos disque para la gasolina y la propina del chofer, pero las despensas… esas si que estuvieron medio caras…

- Ni te quejes viejo, mira que ya quisiera yo que hubiera más campañas... ¡para que siquiera se acuerden de nosotros!

Y así con la curiosidad de lo que traería el candidato en turno, Don Jorge y Doña Emilia, que en esas fechas aprovechaban para comprar laminas, madera, despensas; ir al doctor o al dentista de la brigada médica gratuita patrocinada por el partido; se dispusieron a iniciar un día más en una de las miles de colonias marginadas convertidas en campo de la batalla –perdón ¡de la campaña!- electoral.

Recordé entonces a uno de los más notables aforismos de la política mexicana que pertenece de Don Jesús Reyes Heroles que dice así: […en política, frecuentemente, la forma es fondo.] lo que podría llevar a concluir que la percepción de liderazgo e integridad de un candidato corresponde, frecuentemente, a lo que realmente es y por lo tanto, podríamos otorgar nuestro voto confiados de que no tirará sus promesas de campaña en el bote de la basura después de su elección…

Eso es algo en lo que no está de acuerdo Don Jorge quien desde la perspectiva de quien vive en una colonia marginada -como tantas que solo en las campañas visitan los partidos políticos para atraer el voto legitimador- afirma que a ellos (los partidos políticos) para postular a un candidato, solo les basta la imagen y que el fondo es lo de menos. Y va más allá, al imaginar a los candidatos como los medicamentos que un doctor –el partido- sin escrúpulos receta sin la intención real de curar a su paciente, si no más bien de exprimirlo per secula seculorum jugando con la esperanza de la sanación.

- ¿Y cuando el paciente se da cuenta del engaño? ¿Cuándo el medicamento deja de rendir votos? ¿Qué pasa?…

- Pues nada grave… ¡simplemente cambian la receta! y se recicla el candidato. Para ellos (los partidos políticos) dice Don Jorge, lo que les importa es ganar a toda costa, que si el candidato es un pillo con cara de ángel, no importa. Basta con que hable bonito y que su carita de ángel se traduzca en votos.

- Le pregunto… ¿Qué no habrá candidato que realmente valga la pena?

- Cuando empiezan sí, responde, solo que una vez que pueden comprarse su gran carro, cuando dejan la cerveza por el güisqui, comen en restaurantes de postín y prueban las mieles del poder, los de atrás, nosotros, los de las colonias, atrás quedamos.

- Insisto, y ¿Luis Donaldo Colosio? ¿Qué acaso él no hubiera valido la pena?

- Bueno sí, igual que Maquío y otros grandes, solo que no supieron esperar para abrir la bocota… por eso los callaron.

- Finalmente Don Jorge, dígame por favor, ¿Que esperaría de las campañas…?

- ¡Pues que haya más! ¿Qué no ve que el techo ya tiene láminas nuevas?

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 7 de junio de 2009

¿Existe otra opción?

Analicemos cuales serían las consecuencias para el país si en los próximos comicios absolutamente todos los ciudadanos se decidieran única y exclusivamente por una de las siguientes opciones: 1) Abstenerse de votar; 2) Votar por uno de los candidatos en la boleta ó 3) Anular su voto. Es decir, si todos los ciudadanos en el padrón electoral, o se abstienen, o votan por un candidato, o anulan su voto. Este será un ejercicio donde solo una de las opciones se lleva todos los votos, las demás nada. A esas opciones posibles las consideraré en dos escenarios:

Escenario 1) Los candidatos son íntegros y competentes

Caso 1.1.- En el supuesto de que los candidatos son íntegros, competentes y absolutamente todos los electores se abstienen de votar el resultado sería un absurdo: un país sin gobernantes no obstante la calidad de los candidatos.

Caso 1.2.- Si los candidatos son íntegros, competentes y absolutamente todos los electores votan por alguno de ellos es el caso ideal de una ciudadanía madura, democrática y los ganadores serían, si no los mejores, si aquellos que contaron con el respaldo del pueblo.

Caso 1.3.- El resultado de este caso, cuando los candidatos son íntegros, competentes y todos los electores anulan su voto, sería el mismo que el correspondiente a la opción a), el país no tendría quien lo gobierne no obstante la calidad de los candidatos,

Escenario 2): Los candidatos carecen de integridad y son incompetentes.

Caso 2.1.- Ahora bien, si todos los candidatos carecen de integridad, son incompetentes y absolutamente todos los electores se abstienen de votar, en este caso los ciudadanos habrían manifestado pasivamente una de dos ó su inconformidad con la oferta de los partidos políticos o que simplemente que no les importa quien los gobierne. Esta es la opción de quedarse en casa viendo la televisión ó haciendo cualquier otra cosa antes que cumplir con su responsabilidad ciudadana.

Caso 2.2.- Otra caso a considerar sería aquel cuando los candidatos carecen de integridad, son incompetentes pero aún así, absolutamente todos los electores votan por algún candidato. Aquí tendríamos como resultado un gobierno carente de integridad e incompetente; pero por sobre todas las cosas, la evidencia de una ciudadanía carente de integridad al igual que su gobierno. Una ciudadanía cómplice que le sigue el juego al sistema imperante. En síntesis, un país que tiene el gobierno que se merece. Esta es la opción de votar por el menos malo.

Caso 2.3.- El último caso a analizar es cuando los candidatos carecen de integridad, son incompetentes pero absolutamente todos los ciudadanos acuden a la casilla y anulan su voto. Aquí los ciudadanos habrían manifestado activamente que si les importa quien les gobierna, habrían manifestado su absoluta inconformidad con la oferta de los partidos políticos.

Los casos anteriores son extremos e hipotéticos, pero sirven perfectamente para ilustrar las implicaciones de cualquiera de las opciones que tendremos los ciudadanos en las próximas elecciones.

Quedarse viendo la televisión en casa no es la opción; en todo caso es absolutamente indispensable manifestar con toda responsabilidad y de forma activa nuestra conformidad o inconformidad acudiendo a las casillas el próximo 5 de julio y ahí, en la intimidad de la urna, lo que usted decida, ya sea que esté conforme ó no con la oferta de candidatos, será lo mejor para el país.

La campaña a favor de voto nulo que poco a poco se ha ido fortaleciendo en el ánimo de los votantes, provocó ya una reacción de los partidos políticos. Primero para descalificarla diciendo que si se anulan los votos se atenta contra la democracia y las instituciones. Después para proponer otras alternativas como la reelección de los diputados lo que permitiría calificar en las urnas el resultado de su gestión. De concretarse en las urnas la presión de voto nulo, los partidos políticos tendrían también que considerar otras exigencias como el referéndum, el plebiscito, las candidaturas independientes, la reducción del número de diputados pues de no hacerlo se enfrentaría el país, más tarde o más temprano, a una grave crisis de ingobernabilidad.

El hecho es que la sola intención del voto nulo ya está provocando cambios en la conciencia ciudadana y también al interior de los partidos políticos quienes reciben, cada vez con mayor volumen, el mensaje: No estamos de acuerdo con el estado de las cosas. Finalmente la pregunta más importante es ¿Qué gobierno piensa Usted que el país merece?

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 31 de mayo de 2009

Un sábado para recordar...

La tarde del sábado pasado me rendí al disfrute de la vista de un mar limpio pintado de olas blancas… perdón no… ¡blanquísimas! como en pocas ocasiones aderezado con el alivio de la brisa fresca que compensó con mucho el sofocante calor de los últimos días… Y así el tiempo se fue rápido. No pudo ser de otra manera, vanos fueron los intentos por abandonar a la amena charla en tales condiciones hasta que, al atardecer, el reloj me hizo regresar a la realidad… Ni modo, a pedir la cuenta y repetir el chascarrillo burlón a la par de los inexcusables abrazos de despedida… ¡Esto es vida! Me dije, pero aún faltaba más…

Accioné la llave del encendido del automóvil para emprender el breve recorrido hacia mi casa con las ventanillas abajo para sentir el viento como me gusta; vuelta en “U”, la playa a la izquierda, vista del cerro de San Martín al fondo de la bahía con el inmenso sol escurriéndose entre las nubes hacia su morada nocturna; tope, tope, semáforo y de pronto la hermosísima bandera nacional ondeando firme, bien plantada; con el verde, el blanco, el rojo enmarcados por los colores de un espléndido atardecer donde solo faltaba ver al águila desprenderse agitando fuerte, vigorosa las alas para volar al infinito y sacudir la conciencia colectiva para lograr México, patria, nación, historia…

Taxista rebasándome por la derecha como alma que lleva el diablo; lata de cerveza sale volando del carro de los imberbes cuyas cabezas apenas alcanzan a asomar por arriba del volante; las caras sonrientes de los candidatos que en los anuncios espectaculares representan siempre lo mismo; el andar suave de la preciosa y poderosa camioneta que cuando la vi antes alguien me dijo «cuidado, es de los malos»; tope, vuelta a la izquierda para cruzar una zona de edificios que de viejos se caen, pero que los están pintando con murales de alegres colores para dignificar la imagen de nuestro hermoso malecón… ó más bien diría yo, para ocultar tras el arte la pobreza que los habita.

Vista al espejo retrovisor, a lo lejos la bandera en mi imaginación ya no ondea, cuelga del asta inmóvil, yerta, con el águila avergonzada escondida entre la tela para no ver la triste realidad de lo que todos hemos hecho…

Ya en casa, el sonido del timbre… los amigos, los brindis, las deliciosas viandas, las risas del relato de las anécdotas de quienes se conocen de siempre, una charla que inexorablemente deriva hacia el tema que estuvo en muchas mesas esa noche violando la regla no escrita de que en las fiestas no se habla ni de política, ni de religión, ni de deporte, pero que hoy nadie recuerda y si lo hace pues ¡que importa!

No faltó quien soltara la pregunta ¿Por quien vas a votar? Y la discusión se enciende; los argumentos vuelan atropellándose, nadie convence a nadie, tres contra uno, uno contra todos, todos contra todos; pareciendo impulsar en mi imaginación una brisita que espero se convierta en viento fuerte el próximo 5 de julio para que una bandera ansiosa impulse al vuelo a esa águila que hoy nadie recuerda, pero que ha estado ahí siempre.

Ese día, todos, absolutamente todos, tenemos que cumplir con nuestro deber y votar. ¿Por quién? Por quien le plazca; ¿Si no le convence ninguno? Pues de todas maneras vaya y vote por ninguno; ¿Por qué razón? Por la que usted quiera, todas valen; Lo único que no se vale es dejar a otros la boleta y la decisión que solo le corresponde a Usted.

Y si cuando al salir de la urna le preguntan ¿Por quien votaste? responda con orgullo…

¡Voté por México!

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 1 de marzo de 2009

Sufragio Efectivo No Reelección... ¡Recargado!

En agosto de 2007 publiqué un artículo a propósito del debate sobre la reforma electoral que fue aprobada un mes después. Lo titulé “Sufragio Efectivo, No Reelección”. Por los comentarios recibidos y la tendencia creciente en el número de sus lectores en la Web, el tema y su desarrollo no fueron de coyuntura. Al contrario, resultaron ser un dedo más en la llaga de la herida purulenta, pestilente, que se mantiene abierta desde la revolución mexicana hasta nuestros días: El sistema electoral Mexicano.

La entrega de hoy reproduce el artículo original, con pequeños ajustes y nuevos comentarios al final…

Sufragio Efectivo, No reelección… ¡Recargado!

-Mi General Huerta de plano se equivoca, ¿Qué acaso no se da cuenta que al asesinar al Presidente Madero esta condenando al país?

Así reflexionó para sus adentros y con el ánimo compungido el verdugo encargado de las ejecuciones. No obstante, pudo más su obediencia –miedo diría yo- cuando expresó… ¡Jálenle! ¡Acaben con esto de una vez! Para dar paso a los disparos que resonaron en la oscuridad de la noche y que dieron lugar al México que hoy todos conocemos…


La idea original del “Sufragio Efectivo” fue un sistema electoral sin mapaches y sin alquimistas que asegurara elecciones legítimas y san se acabó… Si el gobernante en turno era íntegro, competente y cumplía sus promesas… ¿Por qué no habría de reelegirse si esa era la voluntad popular? Sin embargo, la propuesta no convino a quienes aspiraban a sentarse alguna vez en la silla presidencial.

Y si no recuerden a Don Porfirio Díaz; con quien no había opciones, el repartía los huesos cuando y como quería. Y como quería muy poco, había que esperar a que alguien de su gabinete muriera o cayera en desgracia para que algo se moviera en la “Pax Porfiriana”… De plano no era justo… y así cobró vigencia la segunda parte de la frase: la “No reelección” fortalecida con la memoria de los mártires de la decena trágica. Y por eso, estamos como estamos…

Un sufragio muy, pero muy efectivo solo para los partidos, cuyos militantes se la pasan de presidente municipal a diputado estatal, de diputado estatal de nuevo a presidente municipal y de ahí a diputado federal, a senador, a gobernador, a plurinominal de esto y de aquello esperando que finalmente, un buen día, les llegue la oportunidad de la grande….

Un país saqueado por presidentes y gabinetes que saben que 6 años se van rápido así que hay que apresurarse, ajustar la legislación para actuar siempre en el marco de la ley y finalmente cerrar las cuentas en el ya famosísimo “Año de Hidalgo”

Y de la procuración de justicia ni que decir, aquella famosísima frase de Don Benito Juárez, “Para los amigos justicia y gracia; para los enemigos, la ley a secas” no ha podido ser más honesta, si, pero de la manera más perversa en el interés de quienes han detentado el poder en el país. ¿Transparencia en la aplicación de la ley? ¿Simplificación de procedimientos? ¡Cómo va a ser! ¡Al contrario! Complicadísimos códigos plagados de vías de escape -justicia y gracia- para los cómplices y de trampas –ley a secas- para los enemigos.

Para modificar el estado de las cosas en nuestro país se requiere de un solo México, una sola legislación que provea un marco de actuación único, te encuentres donde te encuentres. Si delinques en Mérida, delinques en Ensenada, si aperturas un negocio en el D.F. igual lo harás en Coatzacoalcos… Se requiere un solo sistema electoral aplicable a elecciones de cualquier tipo, incluso sindicales; donde cualquiera cuyo historial esté certificado y financie su campaña pueda postularse; donde se aseguren resultado legítimos sin mapaches y ni alquimistas; donde se asegure que todos acudan a votar antes que quedarse a ver el fútbol.

SI a la reelección, pero también SI a mecanismos sencillos (referéndum, plebiscito) que permitan a los votantes expresar con oportunidad su repudio y expulsar a quienes no cumplan con sus compromisos; y No a quienes pretendan saltar, ad perpetuam, cuál chapulines, de un puesto a otro a la espera de la “grande” cualesquiera cosa que para su altura de miras eso signifique.

México debe regresar a lo básico y dejar de lado aquello que solo ha funcionado bien para unos cuantos pero nunca para el país…

2 de marzo de 2009.- La reforma electoral del año de 1996 fue un gran aliento para la democracia. Por ella, el Instituto Federal Electoral llegó a convertirse en la referencia internacional para la conducción ciudadana de procesos electorales. El IFE de ese entonces se ganó el respeto de propios y extraños. Por desgracia ese respeto fue su perdición. Los partidos políticos tomaron nota de la amenaza contra sus intereses y ni tardos ni perezosos, se pusieron de acuerdo, en esto si rápidamente, para reducir al IFE a la patética caricatura que es hoy y al ciudadano sin militancia partidista en ciudadano de segunda.

¿Qué no gustaron las multas a las televisoras? ¡Modifiquen la ley para quitar al IFE esa facultad! Eso ocurrió calladamente en menos de una semana. ¿Qué no gustó el incremento de sueldo contemplado en la Ley para alejar de tentaciones a los consejeros y dedicarlos por entero a la labor más importante: garantizar la legitimidad democrática del estado? Se les dijo, ¡A ver consejeros! ¿Qué prefieren, aumento hoy ó la calle mañana? Los partidos tienen todo el poder para hacerlo. Pero, por cierto, la corte y las cámaras si incrementaron sus salarios.

¿Y los ciudadanos qué? Como siempre sumisos o indiferentes, que para el caso es lo mismo, desperdiciando lo único que tienen, el derecho al voto. La invitación es a VOTAR POR MEXICO, ¿Cómo? Este será el tema de mi próxima entrega.

Con mis mejores deseos…

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 8 de febrero de 2009

A la fuerza... ¡Ni los zapatos entran!!

“How many years can a mountain exist, Before it's washed to the sea? / Yes, 'n' how many years can some people exist, Before they're allowed to be free? / Yes, 'n' how many times can a man turn his head, Pretending he just doesn't see? / The answer, my friend, is blowin' in the wind…” Bob Dylan
“¿Cuantos años existirá una montaña, antes que se deshaga en el mar? / ¿Cuantos años debe la gente existir, antes de que se les permita ser libres? / ¿Cuántos veces puede un hombre volver la cabeza, pretendiendo que no ve? / La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento…” Bob Dylan


La noche fue casi perfecta…Entre el sonido del motor de mi inolvidable Renault R8/S, la música de Bob Dylan, el cielo estrellado, el friíto, la vista de las pirámides de Teotihuacan, era un placer conducir rumbo a una Ciudad de México entonces segura, sin tráfico y bellamente iluminada por la temporada navideña…

Solo que nada es para siempre, siempre hay un pelo en la sopa: La música de Dylan provenía de una estación de radio que justo, como todas las del país, concluiría su programación normal unos minutos más tarde para enlazarse como cada domingo a las 10:30 de la noche en una cadena nacional de estaciones de radio. Y no tenía opción, en ese entonces, 1973, aún no se inventaban el Ipod, ni el CD, ni los toca cintas –de las chiquitas-… El “cuino” como le decía de cariño a mi R8/S, solo tenía un “moderno” reproductor de aquellos enormes cartuchos de ¡ocho pistas! cuyo deporte favorito en esos días no era tocar, ¡si no enredar las cintas!…

Así que, o escuchaba la “Hora Nacional,” ó nada. La decisión no estaba en duda. El programa de la Hora Nacional, concebida como un medio del gobierno federal para estrechar la comunicación con la sociedad y fortalecer la integración nacional a través del idioma, la cultura, las tradiciones y la creación artística, logró, no sé si los objetivos propuestos, pero sí el milagro de sumar las voluntades de millones de mexicanos en un acto simbólico si, pero de un gran significado: “La Hora Nacional, la hora en que todos los mexicanos apagamos el radio” era la frase favorita al momento de silenciar el radiorreceptor en cuanto concluíamos de escuchar respetuosamente el Himno Nacional que antecedía al programa. Podría haber estado muy bueno el programa ese pero, ¿En cadena nacional? ¿Obligado? ¡Nada!

En el 2007 se aprobó una reforma electoral que me llevó a reflexionar sobre el significado de la frase “Sufragio Efectivo, No Reelección” y a concluir que la reforma en ciernes, debería hacer de lado la basura legislativa acumulada por tantos años de privilegiar intereses de los gobernantes en turno. Se debia partir de cero y construir un nuevo sistema que permitiese a México consolidar su incipiente democracia. Imaginé entonces el contenido mínimo de una
verdadera reforma electoral, que incluyera un IFE fortalecido y no demeritado como ahora, reducido al papel de una moderna inquisición electoral; con figuras como el referéndum, el plebiscito, la reelección y las candidaturas ciudadanas.

Poco me duró el gusto de soñar el sueño guajiro de un México democrático. De hecho tuve un muy amargo despertar. No se aprobó una reforma, se aprobó un retroceso electoral que impuso la partidocracia que mostró con todo cinismo, su verdadero carácter a Juan Pueblo; los tres grandes admirablemente superaron con toda diligencia y prontitud sus “diferencias” para ponerse de acuerdo en un crimen de lesa humanidad, como en su oportunidad comenté: Abortar la gestación de la democracia.

Juan Pueblo puede votar como siempre, pero no aspirar a un cargo de elección popular y ser realmente ciudadano, pues esto solo podrán concederlo los partidos políticos; puede escuchar las promesas de campaña pero solo eso, pues no puede reelegir a los candidatos que efectivamente las cumplan; tiene ahora campañas blancas donde esta prohibido decir cosas “impropias” pero solo eso, pues no puede escuchar las verdades que también se dicen; tiene libertad de expresión pero solo en el café, pues no puede difundirla al no tener acceso a los medios de comunicación; puede mantenerse informado, pero solo de lo que digan los partidos políticos; puede ver como se despilfarra el dinero pero no exigir rendición de cuentas; tiene campañas más cortas pero solo eso, porque el dinero que gastan por día es mayor con precampañas que ahora si están “reguladas”; tiene un IFE como árbitro pero solo eso, porque los jugadores le podrán sacar tarjeta roja y expulsarlo del campo.

Y las consecuencias están ahí, los medios de comunicación haciendo lo que se les viene en gana con un Juan Pueblo, ciudadano de segunda, que ahora tendrá que ir por la botana antes que indigestarse con los benditos spots que son como siempre han sido. Más de lo mismo.

Por qué a fuerza, ¡ni los zapatos entran!

“¿Cuantos años existirá una montaña, antes que se deshaga en el mar? / ¿Cuantos años debe alguna gente existir, antes de que se les permita ser libres? / ¿Cuántos veces puede un hombre volver la cabeza, pretendiendo que no ve? / La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento…” Bob Dylan
Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 19 de agosto de 2007

Sufragio Efectivo, No Reelección...

-Mi General Huerta de plano se equivoca, ¿Qué acaso no se da cuenta que al asesinar al Presidente Madero esta condenando al país?

Así reflexionaba para sus adentros y con el ánimo compungido el verdugo encargado de las ejecuciones sin embargo, pudo más su obediencia –temor diría yo- cuando expresó… ¡Jálenle! ¡Acaben con esto de una vez! Para dar paso a los disparos que resonaron en la oscuridad de la noche y que dieron lugar al México que hoy todos conocemos…

La idea original del “Sufragio Efectivo” fue un sistema electoral sin mapaches y sin alquimistas que asegurara elecciones legítimas y san se acabó… Si el gobernante en turno era íntegro, competente y cumplía sus promesas… ¿Por qué no habría de reelegirse si esa era la voluntad popular? Sin embargo, la propuesta no convino a quienes aspiraban a sentarse alguna vez en la silla presidencial.

Y si no recuerden a Don Porfirio; con quien no había opciones, el repartía los huesos cuando y como quería. Y como quería muy poco, había que esperar a que alguien de su gabinete se muriera o cayera en desgracia para que algo se moviera en la “Pax Porfiriana”… De plano no era justo… y así cobró vigencia la segunda parte de la frase: la “No reelección” fortalecida con la memoria de los mártires de la decena trágica. Y por eso, estamos como estamos…

Un sufragio muy, pero muy efectivo solo para el partido en el poder, quien reeligió a sus cuadros durante 72 años. De presidente municipal a diputado estatal, de diputado estatal de nuevo a presidente municipal y de ahí a diputado federal, a senador, a gobernador, a plurinominal de esto y de aquello para, finalmente, un buen día, la oportunidad de la grande….

Un país saqueado por presidentes y gabinetes que sabían que 6 años se iban rápido así que había que apresurarse, ajustar la legislación para actuar siempre en el marco de la ley y finalmente cerrar sus cuentas en el ya famosísimo “Año de Hidalgo”

De la procuración de justicia ni que decir, aquella famosísima frase de Don Benito Juárez, “Para los amigos justicia y gracia; para los enemigos, la ley a secas” no ha podido ser más honrada, si, pero de la manera más perversa en el interés de quienes han detentado el poder en el país. ¿Juicios orales? ¿Transparencia en la aplicación de la ley? ¿Simplificación de procedimientos? ¡Cómo va a ser! ¡Al contrario! Complicadísimos códigos plagados de vías de escape para los “amigos” y de trampas para los enemigos.

Para modificar el estado de las cosas en nuestro país se requiere de un solo México, una sola legislación que provea un marco de actuación único te encuentres donde te encuentres. Si delinques en Mérida, delinques en Ensenada, si aperturas un negocio en el D.F. igual lo harás en Coatzacoalcos…

Un solo sistema electoral aplicable a elecciones de cualquier tipo, incluso sindicales; donde aquel cuyo historial esté certificado y financie su campaña pueda postularse; donde se aseguren resultados legítimos, sin mapaches y ni alquimistas; donde se asegure que todos acudan a votar antes que quedarse a ver el fútbol.

SI a la reelección, pero también SI a mecanismos sencillos (referéndum) que permitan a los votantes expresar con oportunidad su repudio y expulsar a quienes no cumplan con sus compromisos; y No a quienes pretendan saltar, ad perpetuam, como chapulines, de un puesto a otro a la espera de la “grande” cualesquiera cosa que para su altura de miras signifique eso.

Debemos regresar a lo básico y dejar de lado aquello que funcionó bien para unos cuantos pero nunca para el país.

Otros artículos sobre la materia electoral que pueden encontrar en mi página Web:

Sufragio Efectivo No Reelección… ¡Recargado!
Amargo Despertar
Sueños Guajiros
A la fuerza… ¡Ni los zapatos entran!
Recuperando el espíritu: Mexihco


Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com