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sábado, 2 de abril de 2011

¿Quien gobierna a México?

Quien gobierna al país no es la “clase” política. Quien realmente gobierna a México es la permisividad de los millones de militantes anónimos que forman las filas del partido de la indiferencia.

Ellos, los que se abstienen de ejercer su derecho al voto y exigir transparencia y rendición de cuentas, han permitido los extremos que caracterizan el estado actual de las cosas en nuestro país. No solo han dejado transitar al poder a manos negras con mangas de todos los colores. También les han permitido hacer y deshacer a su antojo. Y todos, justos y pecadores, estamos pagando las consecuencias.

En ellos, en los millones de indiferentes, se encuentra la causa raíz del perfil que hoy caracteriza a México que muestra, a una soberanía en entredicho; a un poder ejecutivo, no presunto, culpable de que su legitimidad sea cuestionada; a un poder judicial, no presunto, culpable de la injusticia que prevalece por acotar sus decisiones al apego a las leyes hechas a modo; a un poder legislativo, no presunto, culpable de legislar el tema de coyuntura en favor de los grupos de interés y no de la Nación…

Poderes que cumplen legalmente con su responsabilidad pero alejados de la ética y de los valores que deberían prevalecer. Poderes que en conjunto no son presuntos, son culpables del estado en que se encuentran las instituciones antes motivo de orgullo.

Un Instituto Federal Electoral que ya no es más garante de la democracia sino operador de la partidocracia; un Petróleos Mexicanos en quiebra técnica por la astringencia y depredación a que ha sido sometido; un Instituto Mexicano del Seguro Social en franco declive, sin recursos para crecer, comprar medicamentos y pagar las prestaciones económicas; y entre otros muchos casos, una Comisión Federal de Electricidad que poco a poco ha dejado generar electricidad en detrimento de la capacidad hidroeléctrica instalada, y más y más distribuye la electricidad generada por empresas privadas, la mayoría extranjeras naturalmente.

La explicación en síntesis es muy sencilla. Ellos están ahí y han hecho lo que han hecho porque los millones de militantes del partido de la indiferencia les han permitido pasar y les han permitido hacer. Se afirma que pecamos por acción u omisión, que “tanto peca el que mata la vaca, como el que le amarra la pata”, también que “Los pueblos tienen el gobierno que se merecen” si es así, como lo es, todos somos pecadores y merecedores de lo que hemos creado.

Pregunto: ¿Seguiremos siendo ciudadanos de segunda? ¿Seguiremos sufriendo pánico por las atrocidades que se cometen? ¿Seguiremos desconfiando y sufriendo abusos de parte de las autoridades? ¿Seguiremos sin exigir transparencia y rendición de cuentas? ¿Seguiremos pagando impuestos sin recibir del estado servicios de calidad? ¿Seguiremos observando como depredan los recursos de la Nación? ¿Seguiremos sintiéndonos víctimas? O ¿Asumiremos la responsabilidad que nos toca?

México tiene dos opciones para salir de la tragedia en que se encuentra, los milagros que no existen, o retomar el camino de la democracia. Debemos todos asumir el compromiso mínimo que tenemos con nuestra patria abandonando el camino de la indiferencia y de la sumisión.

Por qué esto que vemos no es México, México, es mejor…

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

I ¿Ya iniciaron los trabajos para desarrollar el plan de protección civil y el programa para mejorar la vialidad de Coatzacoalcos?

domingo, 28 de marzo de 2010

Voto por México

Apatía, descontento, desesperanza,  conformismo, decepción, frustración,  resentimiento y tantos otros sentimientos concurren el día de las elecciones en Don Abstemio Votante, Don Resignado Alchanchullo y en sus millones de seguidores a sus más preclaros exponentes.

¿Votar si todo está ya “tamaleado”? ¿Para qué si las cosas nunca cambian? ¿Para qué voto si todos los candidatos son iguales de corruptos? ¿De qué sirve? ¡De nada! ¡Votar y nada es lo mismo!... ¿Votar yo? Hum... ¡Bola de tarugos! 



No obstante, al verlo desde otra perspectiva, parece, como lo es, que los tarugos son otros…

Irónicamente Don Abstemio, Don Resignado y los millones como ellos no se han dado cuenta que al despreciar su derecho al voto, se convirtieron en los mejores aliados de los partidos políticos. 



Sí, aliados de quienes acusan de ser los causantes de todos sus males… pues por su actitud, los políticos no tienen que preocuparse por convencer, con propuestas sensatas y ni resultados, a los millones de ciudadanos militantes “activos” del partido del abstencionismo.

En ese contexto, las campañas de los candidatos –generalmente producto del “dedazo” de las dirigencias partidistas al margen de su militancia- se han convertido única y exclusivamente, en la cínica lucha por el poder entre la partidocracia que persigue proteger sus privilegios antes que el legítimo interés de los ciudadanos.

De ahí que el abstencionismo sea la medida del fracaso de la democracia. Fracaso que unos promueven por conveniencia y que los ciudadanos “abstemios” fomentan con su actitud sin entender que votar, si bien es un derecho, también es una obligación.


Regresar a lo básico, recuperar el voto ciudadano son los retos para fortalecer la democracia como el medio idóneo para la construcción de un futuro promisorio para el pueblo de México. 



Un futuro donde el acto de votar sea el compromiso mínimo, ineludible por convicción, del ciudadano con la Patria.

Convencidos del camino de la democracia, asumir el compromiso de sumar a nuevos votantes en cada elección a través del convencimiento de nuestros familiares, vecinos, amigos, colaboradores y colegas será el camino natural para 
lograr una masa crítica de ciudadanos convencidos de acudir a las urnas para expresar su apoyo al candidato de su preferencia cualquiera que este sea, o a expresar su franco desacuerdo con la oferta política de los partidos políticos.

Una masa crítica de ciudadanos que dejen de lado la coyuntura política por la visión de largo plazo, por el sueño anhelado de equidad, justicia y prosperidad, que podemos, que debemos, construir al Votar Por México.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com

Twitter @enriquechm

domingo, 28 de junio de 2009

Abstemio y Resignado, historia de un voto…

Tomando el cafecito de siempre, en el lugar de siempre, Don Abstemio Votante intercambiaba comentarios con Don Resignado Alchanchullo y el resto de los ahí presentes que estaban muy atentos a la espera del último chisme… ¡perdón! de la última noticia de la campaña electoral…

- ¿Y para qué hacerle al guajolote votando? –Decía Don Abstemio- Si ni a cuál irle, todos son iguales… con uno o con otro, ¡las cosas no van a cambiar!

- Tienes razón, contestó Don Resignado -con voz de resignado naturalmente- afirmando con la cabeza… ¿Para qué perder el tiempo?, si ya todos sabemos quién va a ganar… El “bueno” es Dedazo Votoduro; ¡Ya está tamaleado!

Así continuaron discutiendo una y otra vez, uno y otro día, Don Abstemio, Don Resignado y sus amigos de mesa. Estos dos viejitos rabo verdes son una muy buena muestra de los millones que en la época de elecciones justifican su inacción, resignados a un México que según ellos no puede cambiar. Y así entonan alrededor de esas mesas de café, cantina u lo que sea, el himno de un sistema agotado, pero perpetuo justo por su abstención.

Sin embargo la realidad, no percibida por los resignados y abstemios del voto, muestra que los tiempos han cambiado. Siempre habrá alguna diferencia; nunca serán iguales las cosas con un candidato que con el otro… Es seguro que alguno será peor que el otro. También es cierto que hoy, por muy buena que sea la receta del “tamal”, el resultado de la votación puede ser sorprendente como lo vimos en las elecciones presidenciales del 2006 donde un poco menos de abstemios habría hecho la diferencia.

Así pues, aun y cuando no estemos del todo convencidos, hay que acudir a las urnas, nuestro voto puede realmente contribuir a decidir el destino del país. Si después de un cuidadoso análisis del perfil de los candidatos: mayor o menor imagen de corrupción, medallas en competencias de pista y campo; de sus propuestas: muchas pero absurdas o de plano inexistentes; de su equipo de trabajo: por aquello del dime con quien andas y te diré quien eres; de sus recursos: más tortas o menos tortas en los acarreos; de su imagen: mejor o peor dentadura en los carteles, bigote franco, remilgado ó ninguno… llegado el domingo de las elecciones, en la intimidad de la urna, invoque a los dioses, déjelo a la suerte, medite un segundo, siga su corazón, ¡lo que sea! pero vote.

Vale más un volado y votar, ó anular su voto para manifestar su franco desacuerdo con los candidatos antes que dejar que el abstencionismo avale a una minoría. Así que por favor, Abstemios y Resignados ¡Voten!

Solo me queda encomendar a Quetzalcoatl, donde quiera que se encuentre, que tenga misericordia de su pueblo y vuelva para espantar a las víboras prietas, tepocatas, a las culebras ponzoñosas, a los alquimistas y los mapaches de cualquier color para que en la próxima jornada electoral el pueblo –sin resignados, ni abstemios- exprese su voluntad y las urnas terminen “embarazadas” Ojo: no por la acción de malandrines, si no repletas por la decisión ciudadana de un México mejor.

Así que, San Padrón Inmaculado, ¡Ruega por nosotros!

El abstencionismo es la medida del fracaso de la democracia que se da no solo por el sistema electoral, los candidatos o los partidos. Se da también muy particularmente por aquellos que no entendemos que el derecho al voto es también obligación.

¡Nos vemos en las casillas!


Reconocimiento: Al agente de tránsito que con firmeza y el reglamento en la mano me indicó la infracción que cometí cuando la semana pasada buscaba donde estacionar mi automóvil cerca al mercado 27 de febrero en Coatzacoalcos. No me multó ni intentó recibir nada. Simplemente me detuvo, me llamó la atención y terminó el incidente señalando el lugar donde podía estacionarme.

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com