viernes, 8 de junio de 2012

Láminas nuevas para el techo de Don Jorge...


En una casa que tiene todos los servicios integrados: la cama, la estufa, el comedor, la sala, todo en un espacio de escasos 9 metros cuadrados, se sostuvo la siguiente conversación en el año de 2009 durante las campañas de las elecciones intermedias, entre Doña Emilia y su esposo Don Jorge, personajes de carne y hueso, muy versados en temas electorales…

-¿Y ahora a quien le toca? Fue lo primero que Don Jorge preguntó a Emilia su esposa, quien en ese momento estaba preparando una tacita de café para iniciar el día.

-Pues, mira, el lunes fueron los azules, el martes los amarillos, seguro que hoy nos tocan los rojos pues los partidos chiquitos no quieren venir a echar dinero bueno al malo y ya no se paran por la colonia…

-Ya dijiste Emilita, hoy nos toca ir de camiseta y gorra roja…

-Pero ¿ves como tuve razón en ahorrar un poquito para gastarlo en la campaña? Antes te regalaban las cosas, pero con eso de la mentada crisis, nos las venden pero eso sí, ¡muy baratas!

-Para que te digo que no, si sí. Tenías razón, el atado de láminas para el techo nos lo dieron a 100 pesos; la camionada de arena para el relleno de la calle sólo nos costó cooperar para la gasolina y la propina del chofer, pero las despensas… esas sí que estuvieron caras…

-No te quejes viejo, mira que ya quisiera yo que hubiera más campañas... ¡para que siquiera se acuerden de nosotros!

Y así con la curiosidad de lo que traería el candidato en turno, Don Jorge y Doña Emilia, que en esas fechas aprovechaban para comprar láminas, madera, despensas; ir al doctor o al dentista de la brigada médica gratuita patrocinada por el partido en turno. Se dispusieron a iniciar un día más en una de las miles de colonias marginadas convertidas en campo de batalla, perdón ¡de la campaña! electoral.

Recordé entonces a uno de los más notables aforismos de la política mexicana atribuida a Don Jesús Reyes Heroles: “…en política, frecuentemente, la forma es fondo.” lo que podría llevar a concluir que la percepción de liderazgo e integridad de un candidato corresponde efectivamente a lo que realmente es y por lo tanto, podríamos otorgar nuestro voto confiados de que no tirará sus promesas de campaña en el bote de la basura el día después de la elección.

Pero ese aforismo es algo en lo que no está de acuerdo Don Jorge. Él, desde la perspectiva de quien vive en una colonia marginada -como las tantas que solo son visitadas por los partidos políticos durante las campañas para atraer el voto legitimador- afirma que a los partidos políticos les basta la imagen del candidato y que el fondo es lo de menos.

Y va más allá, al imaginar que los candidatos son como los medicamentos que  receta un doctor sin escrúpulos no para curar al paciente, sino más bien para exprimirlo jugando con la esperanza de la sanación.

-¿Y cuando el paciente se da cuenta del engaño? ¿Cuándo el medicamento deja de rendir votos? ¿Qué sucede?…

-Pues nada grave responde Don Jorge… ¡simplemente cambian la receta! y se recicla el candidato pues lo que a los partidos políticos importa es ganar a toda costa, que si el candidato es un pillo con cara de ángel, no importa. Basta con que hable bonito y que su carita o su elocuencia se traduzca en votos.

-Le pregunto… ¿Qué no habrá candidato que realmente valga la pena?

-Cuando empiezan sí, pero una vez que pueden comprarse su gran carro, cuando dejan la cerveza por el güisqui, comen en restaurantes de postín y prueban las mieles del poder, los de atrás, nosotros, los de las colonias, atrás quedamos.

-Insisto, y ¿Luis Donaldo Colosio? ¿Qué acaso no habría valido la pena?

-Bueno sí, igual que Maquío y otros grandes, solo que no supieron esperar para abrir la bocota… por eso los callaron.

-Finalmente Don Jorge, dígame por favor ¿que esperaría de las campañas…?

-¡Pues que haya más!

¿Qué no ve que el techo ya tiene láminas nuevas?  

Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm