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sábado, 7 de mayo de 2011

Con copia a Mamá

Queridos Pingo y Guille:

Un sentimiento constante en mi vida es la inmensa gratitud hacia el Amor que me ha concedido la maravillosa experiencia de ser Papá. Porque hijos, ustedes provienen de él como muestra de la vivencia más profunda del maravilloso misterio de la vida, expresado en y a través de, mi amadísima esposa, su Madre.

Sin embargo ¡Cuántos sin sabores le hemos causado!… ¡De cuántos momentos de su tristeza somos responsables!... ¡Cuán insensibles hemos sido ante sus lágrimas!... ¡Cuán ignorantes nos hemos visto al dudar por momentos de su afecto!... Y todo por no comprender las múltiples motivaciones y expresiones de su Amor.

Ustedes, y yo en mi oportunidad con su Abuelita, en muchas ocasiones nos hemos sentido incomprendidos y lejanos de su afecto.

Pero hoy entiendo que jamás hubo incomprensión y que jamás nadie puede estar lejano del afecto de una Madre.

Y sí, hoy es 10 de Mayo, una fecha tal vez demeritada por hacer puntual el desagravio al buscar en un solo día, con un regalo y una flor acaso, borrar las culpas y brindar el reconocimiento que debería ser un acto permanente a la inmensa capacidad de amar de su querida Mamá.

Porque ustedes son su orgullo y son sus ojos; porque ustedes son su joya más preciada y el más hermoso regalo que ella, su madre, tuvo jamás.

Así que Hijos Míos, reconózcanse como eso, sus hijos, y permitan que de lo más profundo de su alma surja, tal vez como un breve susurro...

“Te Quiero Mucho, Mamá”

Su Papá que los ama, hoy y siempre.

Ccp. Mamá.

La versión original de la carta la escribí once años atrás para mis hijos, Pingo y Guille, cuando esperaba el vuelo de regreso a casa. El 10 de mayo del año 2000 para ser exactos. Al concluirla me emocioné tanto que sin pensarlo la mostré a una señora que como yo esperaba en el asiento contiguo.

Ella, extrañada en un principio, aceptó darle lectura solo para finalizar profundamente emocionada y con lágrimas en su rostro. En ese momento solo atinó a pedirme si podía conservarla y se levantó apresuradamente. Nunca más la he vuelto a ver.

Ese día di por supuesto el motivo de su llanto, era el texto que habría tocado una fibra muy sensible de su maternidad. Hoy, a once años de distancia, pienso que también cabe otra posibilidad. Pudo ser una hija que se juzgó culpable, como yo inconscientemente al redactar el escrito, de no haber dicho mil y una vez:

“Te quiero mucho Mamá”

VI ¿Ya iniciaron los trabajos para desarrollar el plan de protección civil y el programa para mejorar la vialidad de Coatzacoalcos?

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

domingo, 9 de mayo de 2010

Carta de un papá a sus hijos...

Hijo mío no puedo dar respuesta
Porque el milagro se da en sus entrañas, pero dime,
¿Recuerdas cuando no la conocías, pero sentías su presencia?
En ese cálido refugio donde te transformabas,
Día con día, inmerso en el Amor.
Si acaso lo olvidaste… Mamá, ten por seguro que no


A mis queridos Hijos:

Deseo aprovechar esta oportunidad para expresar lo que ha sido y es una constante en mi vida: la inmensa gratitud que siento por quien me concedió la maravillosa experiencia de ser padre, y por quien ustedes, son lo que son: La evidencia plena del milagro de la vida, que solo ha sido posible por algo que es ajeno a la naturaleza de los hombres: El amor de una Madre.

Ajenos sí, pues nunca un hombre podrá comprender jamás la naturaleza del vínculo que se expresa por medio de sentimientos que solo ellas viven. Sentimientos indescriptibles, que emergen justo en el instante cuando inicia el milagro de nuestra existencia, dentro del cálido refugio donde, inmersos en su Amor, nos preparamos para arribar al mundo como esperanza de trascendencia, de sueños, de ilusiones, del deseo de un futuro promisorio.

Sin embargo, como hijos, ¿De cuanta ingratitud, sinsabores, momentos de infinita tristeza hemos sido responsables? ¿Cuán insensibles hemos sido ante sus lágrimas? ¿Cuánto hemos pecado al dudar por momentos de su afecto o de su comprensión? Todo por no reconocer las múltiples motivaciones y expresiones de ese amor. Siendo como es, que jamás hubo incomprensión, ni nadie podría estar lejano al afecto de su Madre.

Y sí, hoy es 10 de Mayo, una fecha tal vez desmerecida por hacer puntual el desagravio y pretender en un solo día, con un regalo y una flor, borrar las culpas y brindar el reconocimiento que debería ser un acto de correspondencia permanente a la inmensa capacidad de amar y perdonar de su madre.

Porque ustedes son su orgullo y son sus ojos. Porque ustedes son sus joyas. Porque ustedes son el regalo más preciado que jamás ella haya recibido. Porque ustedes son la manifestación de su Amor.

¿Qué los hijos solo les son prestados? ¿Qué no son suyos? Tal vez eso dicte la soberbia de quien ve en los hijos tan solo el resultado de un proceso biológico; pero nunca el humilde, quien comprende al milagro de la concepción, como la manifestación más pura del amor.

Así que hijos míos, reconózcanse como lo que son, suyos, como ella lo es de ustedes, recuerden su refugio y permitan que de lo más profundo de su alma surja un breve susurro que exprese...

“Te quiero mucho, Mamá”

Con mis mejores deseos para todas las mamás del mundo.

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com
Twitter @enriquechm

miércoles, 9 de mayo de 2007

¿Qué nos hace diferentes?



Hijo mío…
No puedo darte respuesta
Porque el milagro se da en sus entrañas

¿Recuerdas cuando no la conocías?
¿Pero sentías su presencia?

En ese regazo, calido refugio
Donde te transformabas, día con día…
Inmerso en el Amor…

Si acaso lo olvidaste,

Mamá, ten por seguro… que no.

Con todo mi Amor para Sura, la Mamá de Pingo y Guille, mis hijos; para mi Mamá Monche; para las Mamás de mi Familia y ¡todas las Mamás del Mundo!

Enrique Chávez Maranto