Ya reunidos, el sonido de los caracoles inundó el espacio hasta los confines de aquella maravillosa tierra al mismo tiempo que pronunciaban el mantra sagrado de su fe… Meshico, Meshico…”
Recordaban ese día a quien enamorado de esta maravillosa tierra, mirando lejos, decidió fincar raíces y hacer de ella el hogar de sus hijos y de los hijos de sus hijos…
Compartiendo sueños, otros llegaron detrás para dejar su huella en todos los confines. Para trascender, desarrollar cultura, ciencia y raigambre. Para lograr Meshico, hacer Patria, nuestra Patria…
Así con el devenir de los siglos, el caracol resonó en Teotihuacán, la ciudad donde los hombres se transforman en dioses. Y el águila devoró a la serpiente en el lugar donde se fundó Tenochtitlán. Y los quetzales cursaron los cielos de Chichén Itzá, Palenque, Uxmal y Tulum. Y los nichos de la pirámide del Tajín contaron el tiempo…
Hasta el principio de los tiempos aciagos, cuando un asombrado Bernal Díaz del Castillo escribió… “Al ver tantas ciudades y pueblos construidos en el agua, y otras poblaciones en tierra firme, nos quedamos admirados. Hubo quienes pensaron que se trataba de un hechizo, como los que se narran en el libro de Amadís, pues había grandes torres, templos y pirámides erigidos en el agua. Otros se preguntaban si todo eso no sería un sueño”.
Pero no lo era. Fue simplemente lo que Hernán Cortes expresó de la mejor manera en una de sus Cartas de Relación “¿Qué más grandeza puede ser que un señor bárbaro como éste tuviese contrahechas de oro y plata y piedras y plumas, todas las cosas que debajo del cielo hay en su señorío?...”
Y su miedo pudo destruir en pocos años las formas de aquello que no pudieron comprender. Pero no fueron capaces de enterrar su espíritu en trescientos años de dominación. Mucho menos ocultar la grandeza que cobró, al cabo de miles de años, el sueño de aquel hombre decidido a fincar raíces y hacer de México el hogar de sus hijos y de los hijos de sus hijos…
México es grande porqué los hechos están ahí, aunque muchos lo han olvidado o quieran ignorarlo. Porque el tiempo de una nación no se mide en hojas calendario. Ni su grandeza pierde méritos por aquellos que no han entendido que esto que vemos, no es México, México es mejor…
Eso es justo lo que voy a celebrar el día 15 de septiembre. Voy a celebrar el orgullo que siento de pertenecer a esta tierra maravillosa. Tierra que no fue, que es tierra de grandes logros de grandes hombres. Voy a honrar la fe, la voluntad, el sacrificio y la humildad de un pueblo generoso y solidario. Voy a honrar a nuestros símbolos porque sintetizan nuestro sino.
Y no voy a permitir que sometan mi espíritu al desánimo. Ni a permitir que pese más lo que estamos viviendo que toda nuestra historia. Historia que no empezó hace doscientos, ni quinientos años. Empezó hace miles.
Y sí, voy a gritar con la emoción hinchando el alma,
¡Viva México! ¡Viva México!
Con mis mejores deseos,
Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

