Mostrando las entradas con la etiqueta bien común. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta bien común. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de septiembre de 2009

Tormenta...

Identidad, raíces, tierra, nación, bien común, patria

Acompañado de una brisa fresca partí antes de la salida del sol hacia las escolleras para meditar y disfrutar de un momento de paz y comunión con la naturaleza. Ansioso por lo que esperaba, disfrutando a priori, irrumpí impertinente con el ánimo exaltado, en el escenario aquel donde no hay límites para la imaginación. Escenario que como siempre, se me entregó gratuito y hermoso para ver al infinito pues desde ahí, no hay otra forma.

Ya instalado sobre la roca de cara al cerro de San Martín, momentos después me embargó la emoción al comprender que hasta donde la vista llega es parte minúscula de la inmensidad que llamamos Patria. Nación, tierra nuestra y de los sueños que nos dieron la identidad mexicana.

Fue entonces cuando sobrevino el desencanto. La brisa olvidó el refrescante abrazo para tornarse en fuerte y fría al tiempo que los negros nubarrones cargados de agua dejaron mi ánimo agobiado por la penumbra que se desvanecía brevemente por los relámpagos que muestran el enojo por lo que pudiendo hacer no hemos hecho.

Patriotismo, ¿Qué palabra tan extraña es esa?, ¿Acaso alguien recuerda su significado? Y el silencio fue la respuesta. Vana, vacía, hueca, sin sentido se escucha en los labios irreverentes de la soberbia cuando arenga al pueblo apelando a lo que no siente. Porque el patriotismo es ejemplo cotidiano de integridad, es orgullo de lo nuestro, de nuestros logros en pos del bien común, es sumar no dividir. No la buena fe de los corruptos, ni la honestidad intelectual dogmatizada.

¿Quiere el gobierno trascender? Pensaría que le es poco menos que imposible sin embargo aún podría hacerlo. Le haría falta reconocer con toda humildad que se equivocó hace 3 años cuando eligió entrar por la puerta trasera al registro de la historia nacional. Porqué el ejercicio pleno del poder solo puede darse con el peso y la percepción su plena legitimidad. Jamás en un acta constancia de una mayoría exigua, casi inexistente, falsa... tal vez.

Porqué el ejercicio del poder no puede apalancarse solo en la milicia para enfocarse en una lucha que no era nuestra y ahora lo es. Con miles de víctimas inocentes o culpables, muertos al fin.

¿Qué les ha tocado enfrentar más retos que a ningún otro gobierno? Es verdad pero eso nunca será excusa, pues aún en las peores circunstancias, el patriotismo al que apelan solo cobra fuerza y propósito cuando el pueblo percibe la voluntad y la humildad en el ejercicio del poder. Cuando el líder conduce a su pueblo hacia el logro de una visión compartida del bien común, nunca cuando se piensa en patrias diferentes.

Y si, tiene razón mi hijo Guillermo al decir que cuando las cosas van mal… los locos salen a la calle. Serán por eso los nubarrones y relámpagos que por cotidianos, cada vez se notarán menos… hasta que la tormenta se desate.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com

domingo, 20 de abril de 2008

¡Pobrecita Madre Patria...!

Pobrecita Madre Patria cuando ve a sus hijos enfrentados defendiendo una verdad que solo existe por el apego a su ignorancia.

Pobrecita Madre Patria cuando ve en sus tierras el combate de la sin razón y la soberbia; donde los oídos no escuchan y la boca de sus hijos solo se abre para pronunciar las palabras del oprobio, del resentimiento y la descalificación.

Pobrecita Madre Patria, cuando en el lecho de su dolorosa agonía, de lo más profundo de su entraña, surja la pregunta lacerante que acompañará su último suspiro:

¿Qué acaso no son todos mis hijos?

Sí, Queridísima Madre todos somos tus hijos, pero ya pocos se acuerdan de ello.

México es hoy el campo de batalla de dos percepciones de la realidad y de dos percepciones respecto al futuro deseado para el país que mutuamente se excluyen, donde cada parte asume su verdad como inequívoca.

Los unos contra los otros; los unos, apegados a lo atávico que no reconoce que el mundo ha cambiado y que en ese cambio existen oportunidades que se niegan; los otros, apegados a un proyecto que desvanece el concepto de nación tal como lo conocemos y que descartan a priori valores de lo viejo que deben prevalecer. Modelos mentales incompatibles apegados a un fundamentalismo irracional donde transigir resulta inaceptable, donde buscar la reconciliación es sinónimo de traición, donde someter al contrario para ellos es la única opción.

Es la batalla de lo blanco contra lo negro, del bien contra el mal, del resentimiento contra la soberbia donde solo subyace la profunda ignorancia del verdadero significado del bien común. ¿Será bien común ser peón en las tierras que fueron tuyas pudiendo ser diferente? ¿Ese es el papel que realmente deseamos para las futuras generaciones?

La situación que enfrenta Petróleos Mexicanos y en general el sector energético del país no es algo que se dio de la noche a la mañana, como tampoco lo es el enfrentamiento que hoy muestra la verdadera cara de los contendientes. La estrategia de unos fue matar de inanición a la industria a lo largo de muchos años al punto de que solo con la propuesta gubernamental en curso se podrían re encausar los recursos petroleros para el bienestar del pueblo tal como su publicidad afirma. La estrategia de los contrarios ha sido enfocar el resentimiento acumulado de sus seguidores para evitar a cualquier costo iniciativas que pueda capitalizar políticamente el partido en el poder. Nada más alejado del bien común.

Sin embargo el hecho es que la coyuntura se ha dado y requiere de la sociedad una respuesta vigorosa que exija, que demande, que cualesquiera que sea la solución, esta se derive de consensos más allá del interés de los partidos políticos.

No es cierto que la solución que propone el gobierno sea la única, ni la mejor opción como tampoco es cierto que tomar el congreso sea el camino para resolver las diferencias.

Los reconocimientos de la semana:


  • A Hogar Digno, la Casa del Niño Porteño, a la Fundación Tokoneme, a Nueva Vida ante el Cáncer, a Soy Capaz; a Te Queremos Ayudar, a Posada Belén y a muchos otras asociaciones quienes entregan su tiempo y su cariño para atender a los necesitados.
  • A todos los que laboran en el Hospital Comunitario por brindar cotidianamente una opción de vida a muchos que no tienen nada.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 30 de marzo de 2008

Siervo de la Nación...

Las reflexiones de hoy entremezclan los comentarios que recibí a propósito de mi artículo anterior titulado “Reunión de Gabinete” donde narré las palabras del Presidente de la República a sus secretarios de estado al inicio de una hipotética reunión de trabajo. Agradezco sinceramente y doy el debido crédito a Cinthya, Alfonso, Agustín, Manuel, Guillermo y Juan Fernando quienes seguramente podrán identificar sus comentarios dentro del texto.

El artículo “Reunión de Gabinete” esboza la mística que debería prevalecer en el servicio público para la búsqueda del bien común. Mística que los políticos difícilmente aplican y entienden por lo que a ese artículo debí intitular “Utopía”.

Mística que pudo ser la que guió a Don Benito Juárez a quien el imaginario colectivo concibe como el arquetipo del líder que privilegió el interés de la Patria antes que el suyo propio. Sin embargo esa, la historia escrita por los vencedores, se convierte en instrumento útil para todos los actores. Baste recordar el aniversario del natalicio del Benemérito, cuando uno y otro bando, buscaron apalancarse en su figura para fortalecer su causa.

La consecuencia es que muchos consideran a los políticos como ignorantes, soberbios unos y resentidos otros; carentes de valores, memoria histórica, principios y amor a la comunidad; que se muestra en el comportamiento mentiroso y corrupto que no escucha, que vela solo por su interés, o el de su tribu, para llevar agua a su molino antes que bienestar al pueblo. Hay excepciones que se iluminan solo con la lámpara de Diógenes.

¿Cómo Benito Juárez aprendió los valores que le guiaron? ¿Los mamó en casa? ¿Los adquirió por voluntad propia? ¿Cómo? Es difícil decirlo, pero tengo la convicción de que, así como del contraste de las ideas surgen las opciones válidas; él contraste de las experiencias es propicio para desarrollar la conciencia y fortalecer el carácter de aquellos como el Benemérito. Él vivió grandes contrastes y seguramente aprendió que crear valor para todos, implica exactamente lo mismo para el pastor que para el gobernante: servir a sus ovejas y no servirse de ellas.

La mayoría de quienes hoy detentan el poder, nacieron en pañales de seda y fueron educados muy distantes de la realidad cotidiana del resto de la población; en contraste, muchos de sus opositores crecieron con el lastre del resentimiento y la frustración acumulados a lo largo de muchas generaciones. Ni unos ni otros han tenido grandes contrastes a lo largo de su vida, si acaso el poder coyuntural que corrompe lo que toca cuando no hay una sólida base de valores de por medio.

Valores que se transmitirían de padres a hijos como los eslabones de una cadena que hoy se ve rota. ¿Cuál eslabón se fracturó? ¿Por qué? Si bien es cierto que para la formación en valores la familia es un factor clave; también es cierto que la brecha generacional se ahonda y se expande exponencialmente en razón de un proceso de transculturación acelerado por razón de la tecnología, la competitividad y la globalización, esta última no solo desde la perspectiva del comercio sino también de las ideas.

Así se trastocan los valores, se dan nuevas formas de percibir la realidad y nuevas formas de comunicarse en las generaciones más recientes al extremo de la casi total incomprensión entre “viejos” y los “jóvenes”. Hace unos pocos días una adolescente de escasos 14 años se dirigió a mí, con 55 años, en un “español” que no conozco; sorprendido, lo comenté con mi hijo de 26 años que presenció los hechos y él me respondió lacónico: Papá, así hablan entre ellos.

Muchos estamos cansados de percibir cotidianamente solo cosas que incomodan, lastiman, humillan… que laceran lo más profundo de nuestro ser y urgimos al cambio -que solo podría darse a través de la reconciliación de los que perdieron, de los que ganaron, de los que creen que ganaron, de los que creen que todo fue una farsa- para poder cerrar filas y así, pro activamente, lograr consensos y acuerdos a instrumentar con el verdadero trabajo en equipo de todos los Mexicanos.

Es cierto, el cambio urge, sin embargo el tamaño del reto es mayúsculo pues implica reconciliar a actores políticos con valores, lenguajes y cultura que corresponden a percepciones muy distintas de la realidad, percepciones que si acaso comparten solo la geografía pero no las expectativas, salvo el poder.

¿Significa esto acaso que la lucha está perdida? ¿Qué ya no se puede hacer nada? La respuesta es que sí podemos hacer algo, solo que no esperemos levantar nosotros la cosecha de las semillas que sembremos hoy.

Quienes promovamos el cambio aprenderemos que se puede navegar con el viento en contra; que se puede crear conciencia en uno y en otro lado de la contienda, primero en nuestro entorno más cercano, poco a poco, cada cuál en su trinchera, cada cuál de acuerdo a sus capacidades. Igual aprenderemos a dejar de lado los atavismos que impiden asimilar lo bueno de las nuevas formas.

Quienes promovamos el cambio, entenderemos que no se busca imponer las viejas soluciones, ni asumir liderazgos protagónicos, si no construir puentes de entendimiento alineando voluntades entre quienes hoy se enfrentan para que sean ellos, los dueños del futuro, quienes finalmente elijan lo que mejor corresponda al propósito de nuestra Nación.

¿Recuerdan la imagen del pastorcillo guiando a sus ovejas?

Con mis mejores deseos.

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

PD: La coyuntura de los “baños” en el malecón felizmente concluyó. Los ciudadanos iniciamos y la autoridad concluyó. Mi reconocimiento a todos los que participaron con poco o con mucho, a quienes entendieron que la confrontación es estéril y que el cambio que buscamos es responsabilidad de todos.