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domingo, 18 de octubre de 2009

¡Termínala!

Hace algunos días, recibí una carta capaz de restañar los vacíos de la frustración que eventualmente surgen en el alma de quienes emprenden, con la fuerza de la convicción, el difícil camino de la integridad. El mensaje, que transcribo a continuación, obliga a la reflexión e impulsa a seguir adelante:

“No sé muy bien que fue lo que sucedió, sinceramente no, ni me importa. Solo puedo percibir que te lastimaron. Sabes bien que el enojo, por el sentimiento de impotencia o la traición a la antigua; es algo difícil en individuos como nosotros. Por el contrario, somos normalmente capaces, aunque sintamos las punzadas en el estomago, de sacudirnos de cualquier cosa , de seguir adelante, y en breve olvidar todo el asunto.

Nos cuesta más trabajo, cuando quien nos lastima es alguien cercano. Alguien en quien depositamos nuestra confianza y con el que trabajamos mirando un ideal que a ratos no se veía tan lejano. Ahí es cuando sufrimos, cuando observamos lo horrible que puede ser este mundo y nos quedamos con una impresión de vacío inanimado y oscuro.

Casi siempre has sido tú quien, de una u otra manera y con la ayuda de Mamá, nos ha sacado de los problemas, que nos apapachas cuando necesitamos unas palabras de aliento, y quien nos ayuda a comprender lo que sucede y decidir a donde queremos ir. Pero como todos; no importa que tan fuerte o débil seas, siempre necesitaras un hombro y unas palabras de aliento que te ayuden a seguir adelante, aquí me tienes intentando llevar bien ese papel.

Somos raros, únicos, difícilmente comprensibles y solo se puede convivir con nosotros plenamente cuando aceptan, que nunca seremos del todo conocidos, que siempre guardaremos ese misterio y enigma con el que nacimos. La gente no siempre te entiende, eso lo sabes. No siempre están de acuerdo contigo porque no terminan de vislumbrar el final del túnel, no pueden ver lejos porque no han remontado lo suficiente por la ladera de la montaña.

En efecto, aquel que conoce y vive, tiene una existencia muy solitaria. Afortunadamente ese no es tu caso, tienes una familia extraordinaria, en la que puedes apoyarte siempre que sea necesario, que está y estará siempre que la necesites, y aunque no la necesites, si requieres un apapacho.

Definitivamente este no es momento para demostrar debilidad, ni impotencia, ni coraje. Es el momento en el que siempre brillamos más, porque, a pesar de los rechazos y problemas, siempre salimos adelante, siempre terminamos haciendo mejor las cosas y el balance al final del día nos beneficiará a nosotros.

Esa es la gran maldición, saber que necesitan de ti, y ver como al mismo tiempo tratan de aplastarte de todas las maneras posibles, individuos que nunca crearon nada, que nunca han vivido plenamente para sí, menos para los demás. Date cuenta que al sacarte de su campo de juegos te alejaron del lodo, para que tu solito puedas volver a brillar.

El pasado a estas alturas importa poco, lo que viene es lo trascendente. Desde hoy y para siempre serás mucho más sabio y al mismo tiempo te importara menos pues los intereses que mueven al mundo endémicamente se van pudriendo; se descomponen mientras solo aquellos bendecidos realizan tareas heroicas y sobrehumanas; si, aquellas que hacen leyendas.

La tuya ya empezó, termínala”.


Este mensaje está dirigido a todos los que, aún brevemente, flaqueamos y nos dejamos llevar por el coraje, la frustración y el resentimiento cuando no podemos avanzar el propósito de hacer de todo aquello que nos atañe y duele, algo más grande de lo que ha sido hasta ahora. No debemos recular, ni doblegarnos. Se vale sentir la frustración y el enojo pero solo por un momento para continuar en el camino de hacer leyenda en nosotros mismos, en nuestras familias, en nuestro trabajo, en nuestra comunidad y en nuestro México, con tareas pequeñas y humildes; que justo por eso, son heroicas y sobrehumanas. Mil gracias a mi hijo Guillermo por sus palabras.

Finalmente he de decir, a propósito de enchiladas, de experiencia, de meta data, de análisis y de síntesis; que mi posición no es de izquierda, ni de derecha, si no todo lo contrario: con convicción procuro, de forma lisa y llana, hacer y expresar lo que considero correcto. Las etiquetas no abonan, separan.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 30 de marzo de 2008

Siervo de la Nación...

Las reflexiones de hoy entremezclan los comentarios que recibí a propósito de mi artículo anterior titulado “Reunión de Gabinete” donde narré las palabras del Presidente de la República a sus secretarios de estado al inicio de una hipotética reunión de trabajo. Agradezco sinceramente y doy el debido crédito a Cinthya, Alfonso, Agustín, Manuel, Guillermo y Juan Fernando quienes seguramente podrán identificar sus comentarios dentro del texto.

El artículo “Reunión de Gabinete” esboza la mística que debería prevalecer en el servicio público para la búsqueda del bien común. Mística que los políticos difícilmente aplican y entienden por lo que a ese artículo debí intitular “Utopía”.

Mística que pudo ser la que guió a Don Benito Juárez a quien el imaginario colectivo concibe como el arquetipo del líder que privilegió el interés de la Patria antes que el suyo propio. Sin embargo esa, la historia escrita por los vencedores, se convierte en instrumento útil para todos los actores. Baste recordar el aniversario del natalicio del Benemérito, cuando uno y otro bando, buscaron apalancarse en su figura para fortalecer su causa.

La consecuencia es que muchos consideran a los políticos como ignorantes, soberbios unos y resentidos otros; carentes de valores, memoria histórica, principios y amor a la comunidad; que se muestra en el comportamiento mentiroso y corrupto que no escucha, que vela solo por su interés, o el de su tribu, para llevar agua a su molino antes que bienestar al pueblo. Hay excepciones que se iluminan solo con la lámpara de Diógenes.

¿Cómo Benito Juárez aprendió los valores que le guiaron? ¿Los mamó en casa? ¿Los adquirió por voluntad propia? ¿Cómo? Es difícil decirlo, pero tengo la convicción de que, así como del contraste de las ideas surgen las opciones válidas; él contraste de las experiencias es propicio para desarrollar la conciencia y fortalecer el carácter de aquellos como el Benemérito. Él vivió grandes contrastes y seguramente aprendió que crear valor para todos, implica exactamente lo mismo para el pastor que para el gobernante: servir a sus ovejas y no servirse de ellas.

La mayoría de quienes hoy detentan el poder, nacieron en pañales de seda y fueron educados muy distantes de la realidad cotidiana del resto de la población; en contraste, muchos de sus opositores crecieron con el lastre del resentimiento y la frustración acumulados a lo largo de muchas generaciones. Ni unos ni otros han tenido grandes contrastes a lo largo de su vida, si acaso el poder coyuntural que corrompe lo que toca cuando no hay una sólida base de valores de por medio.

Valores que se transmitirían de padres a hijos como los eslabones de una cadena que hoy se ve rota. ¿Cuál eslabón se fracturó? ¿Por qué? Si bien es cierto que para la formación en valores la familia es un factor clave; también es cierto que la brecha generacional se ahonda y se expande exponencialmente en razón de un proceso de transculturación acelerado por razón de la tecnología, la competitividad y la globalización, esta última no solo desde la perspectiva del comercio sino también de las ideas.

Así se trastocan los valores, se dan nuevas formas de percibir la realidad y nuevas formas de comunicarse en las generaciones más recientes al extremo de la casi total incomprensión entre “viejos” y los “jóvenes”. Hace unos pocos días una adolescente de escasos 14 años se dirigió a mí, con 55 años, en un “español” que no conozco; sorprendido, lo comenté con mi hijo de 26 años que presenció los hechos y él me respondió lacónico: Papá, así hablan entre ellos.

Muchos estamos cansados de percibir cotidianamente solo cosas que incomodan, lastiman, humillan… que laceran lo más profundo de nuestro ser y urgimos al cambio -que solo podría darse a través de la reconciliación de los que perdieron, de los que ganaron, de los que creen que ganaron, de los que creen que todo fue una farsa- para poder cerrar filas y así, pro activamente, lograr consensos y acuerdos a instrumentar con el verdadero trabajo en equipo de todos los Mexicanos.

Es cierto, el cambio urge, sin embargo el tamaño del reto es mayúsculo pues implica reconciliar a actores políticos con valores, lenguajes y cultura que corresponden a percepciones muy distintas de la realidad, percepciones que si acaso comparten solo la geografía pero no las expectativas, salvo el poder.

¿Significa esto acaso que la lucha está perdida? ¿Qué ya no se puede hacer nada? La respuesta es que sí podemos hacer algo, solo que no esperemos levantar nosotros la cosecha de las semillas que sembremos hoy.

Quienes promovamos el cambio aprenderemos que se puede navegar con el viento en contra; que se puede crear conciencia en uno y en otro lado de la contienda, primero en nuestro entorno más cercano, poco a poco, cada cuál en su trinchera, cada cuál de acuerdo a sus capacidades. Igual aprenderemos a dejar de lado los atavismos que impiden asimilar lo bueno de las nuevas formas.

Quienes promovamos el cambio, entenderemos que no se busca imponer las viejas soluciones, ni asumir liderazgos protagónicos, si no construir puentes de entendimiento alineando voluntades entre quienes hoy se enfrentan para que sean ellos, los dueños del futuro, quienes finalmente elijan lo que mejor corresponda al propósito de nuestra Nación.

¿Recuerdan la imagen del pastorcillo guiando a sus ovejas?

Con mis mejores deseos.

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

PD: La coyuntura de los “baños” en el malecón felizmente concluyó. Los ciudadanos iniciamos y la autoridad concluyó. Mi reconocimiento a todos los que participaron con poco o con mucho, a quienes entendieron que la confrontación es estéril y que el cambio que buscamos es responsabilidad de todos.

lunes, 4 de febrero de 2008

Distancias...

El universo, el mundo, la naturaleza, los pueblos, el hombre tienen como única constante el cambio. El status quo, como la verdad, permanece en tanto nos concede un breve descanso para alcanzar nuevas alturas.

Nadie puede decir que es el mismo ante los ojos de los demás y de si mismo sin engañarse. El cambio es un hecho; la experiencia y las circunstancias incitan el cambio de las actitudes que de enraizarse, transforman la esencia de nuestros valores de manera muy lenta y sutil tanto que pareciera que permanecen en el tiempo induciéndonos a pensar que no hay tal transformación.

Para el Ser Humano el motor de ese cambio es el contraste de las ideas. De ahí que la garantía de la libre expresión resulte ser factor crítico del éxito de los pueblos. No puede entenderse el desarrollo ciudadano en una sociedad que reprime la expresión de las ideas; ni de los negocios, donde la voz del cliente y los empleados no es tomada en cuenta; ni de las familias, donde solo prevalecen las ideas de alguno de los cónyuges.

En alguna ocasión me preguntaban sobre la diferencia entre los matrimonios exitosos y aquellos que fracasan irremediablemente. Muchos piensan que es la tolerancia, otros que es la comunicación, otros que es el respeto y ninguno de ellos se equivoca.

El secreto del éxito para la convivencia y el desarrollo en cualquier escala, es la libre comunicación de las ideas la que solo puede darse en un contexto de respeto y tolerancia ausente de soberbia. Pues aún y cuando en principio no estemos de acuerdo, el solo planteamiento cuestiona e induce en la intimidad a la reflexión y ahí es donde se presenta la oportunidad del cambio y el crecimiento de la conciencia.

El matrimonio es uno de esos espacios donde se presenta la maravillosa oportunidad del crecimiento pero que zozobra irremediablemente impulsado por los vientos del tedio y el hastío en ausencia del contraste de las ideas que se comparten y se consideran.

Sin embargo, aun con toda la buena voluntad, no es tarea fácil vencer las barreras de la comunicación cuando, sin comprender el proceso, cada cuál espera que su mensaje sea comprendido a plenitud. No existe el emisor, ni el mensaje, ni el canal, ni el receptor que respondan a plenitud a la intención de las ideas que se desean transmitir.

En muchos casos la frustración de la autoridad, del jefe, del empleado, de los esposos, de los hijos, deriva en el mejor de los casos en la renuncia y el aislamiento; en el peor, en el resentimiento y la ruptura violenta.

Entender el proceso de la comunicación reconociendo nuestras debilidades es uno de los primeros pasos para la construcción, ex profeso para cada uno de los contextos en los que nos desarrollamos, de medios para transmitir nuestras ideas y sentimientos de manera efectiva y emprender el camino del desarrollo.

De otra manera las distancias se tornan insalvables.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto

enrique.chm@gmail.com

martes, 5 de junio de 2007

Mas vale tarde que nunca...


Mis muy estimados colaboradores; me voy de vacaciones, por favor se portan bien, le dan todo el apoyo a ya saben quien, (si se le sube, o se sienta en mi silla me avisan…) nada de golpes bajos en mi ausencia, ni me hagan quedar mal con el Jeefee que para eso me basto solo, ¿Comprendido? Les aseguro que regresaré bronceado, gastado y de muy mal humor… ¿Qué por qué? Hombre imagínense nomás… ¡Regresar a trabajar, huácala!

Paso a pasito me encamino al estacionamiento saboreando de antemano los difíciles días que me esperan… ¡Caray! ¿Se imaginan? Un sentimiento de angustia me invade de solo pensar en el dolor de cuerpo cuando me levante digamos… ¿A las 11?

-Don Enrique… ¿está usted enfermo? Es muy temprano…
-No, Beni, no, ¡estoy de vacaciones! ¿Cómo la ves desde ahí?

Respondo acompañado de una meneadita al estilo Cantinflas...

-Me da gusto, patroncito, usted se lo merece, siempre tan puntual y responsable…
-Beni, ¿Y la familia?
-El “niño” Enrique trabajando… y la señora… -haciendo como que piensa- ¡pues quien sabe!

¡Órale! La casa para mi solito por un ratito… ¡muy buen comienzo!

Y ¿Él pijama? ¡Venga! ¿Y el güisqui? ¡Venga! ¿Y el control de la tele? ¡Venga!

Y al ratito… ¿Mi familia? ¡Venga!

Estoy de vacaciones…

Hubo una época en la que difícilmente disfrutaba de mis vacaciones; siempre había un pretexto de trabajo para posponerlas, acortarlas y cuando finalmente salía, no podía desconectarme… ¿Qué estará pasando? ¿Se resolvería tal o cuál asunto? ¿Cómo encontraré las cosas cuando regrese? En fin, que cuando atinaba a relajarme era el tiempo de regresar y volver a la rutina.

Hoy he aprendido a disfrutar de mis vacaciones… a despertar sin un plan y a simplemente dejarme llevar por el momento, y complacer a quien quiere complacerse de mí tiempo que es el suyo, y que tanto me rehusé a dar…

Y cuando regreso a la oficina todo está en su lugar, como siempre… si con puntos suspensivos…

Con una pequeñísima diferencia… el recuerdo del tiempo que me complació recibir de quien era suyo y que antes nunca disfruté.

Con todo mi Amor para mi esposa Sura y mis hijos Pingo y Guille.

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com