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sábado, 2 de octubre de 2010

Melo

El Amor para los seres humanos no lo es sin él sazón del sufrimiento...

Pues en la receta de la creación se incluyó como ingrediente el drama permanente del dilema. Así, congruentes con su naturaleza los opuestos les definen: Sentimientos de temor y amor, conciencia e ignorancia, humildad y soberbia, generosidad y avaricia, todos a un tiempo, en el mismo crisol, dan como resultado la maravillosa diversidad de su existencia.

Pero los equilibrios se han roto y hoy nuestro México sufre las consecuencias de la exacerbada prelación que hemos dado a la ignorancia, el temor, la avaricia y la soberbia sobre la conciencia, el amor, la generosidad y la humildad. Y los efectos están ahí, salvo para aquellos que prefieren encerrase en su esfera de cristal y no ver.

No ver que el narcotráfico, la inseguridad, la corrupción, la polarización, el abstencionismo y la pobreza entre otro muchos males, no son problemas independientes como nos lo han querido hacer ver. Se entrelazan formando un todo que tiene como raíces a la inequidad y a la injusticia. Cimientos que hay que derruir asumiendo a México como responsabilidad de todos, no únicamente del gobierno en turno.

Mucho se ha dicho que no basta con señalar, que hay que dar soluciones. Y es correcto. Solo que la solución no cabe esperarla de alguien más. La solución está en todos, porque México es responsabilidad de todos. Reconociendo, aunque duela, la realidad nacional porque solo así podremos transformarla haciendo lo correcto. Cada uno en la medida de sus posibilidades. Cada quien con el instrumento que le toca interpretar.

Porque nuestra vida es la música donde nota tras nota se suceden los hechos de nuestra existencia y del México nuestro. Unas sonarán bien, otras desafinarán, pero una vez expresadas quedarán. Nadie las podrá borrar de la memoria del que escucha atento.

Así que cuando de elegir la siguiente nota se trate, tenga presente que la conciencia, el amor, la generosidad y la humildad no le son ajenas; que siempre han estado en Usted.

Y para los momentos aciagos recuerde qué el tiempo de una nación no se mide en hojas calendario. Que lo de hoy, no es México, México es mejor y es más grande, porqué los hechos están ahí, aunque muchos pretendan ignorarlo.

Nada es imposible, el cielo o el infierno lo construimos nosotros.

El título de esta columna no tiene nada que ver con el contenido. Constituye un humilde homenaje a Baldomero Jiménez López, “Melo”, para quien el fundamento de la lealtad y la amistad incondicional fue el respeto. Ave de tempestades, Melo encontró en su querida Mariana amor, paz y sosiego. No le extrañaremos pues seguirá en nuestro corazón. A Melo, mil gracias por su afecto, ¡Mil gracias por todo!, Descanse en Paz. Cariñosamente Sura, Pingo y Guille.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 22 de marzo de 2009

La crisis de México

En las épocas de paz, cuando la seguridad prevalece, los hombres pueden transitar por la vida sin temor a sufrir atentados que pongan en riesgo su integridad física, mental o espiritual. Son las épocas de paz el terreno fértil para el florecimiento de los valores, de las artes y en general de todo aquello que ennoblece al ser humano. Son las épocas de paz en las que el bien común y el bienestar, adquieren un real significado, cuerpo y sustancia.

Esos tiempos son épocas de estabilidad en las que inconcientemente, imperceptiblemente, el hombre construye murallas -no físicas, pues no las necesita para defenderse- para encerrarse a disfrutar de sus apegos a la vida fácil, superflua y sin complicaciones, a las posesiones, a la riqueza y al poder. Incluso apegos al dueño cuando este con benevolencia, justicia y equidad trata al esclavo quién por no conocer la libertad no la extraña.

Apegos que con el transcurrir del tiempo, lenta pero sostenidamente, se fortalecen y oscurecen la pátina que impide al hombre ver y verse. Apegos que llega a concebir como la razón de su vida. Pero no aquella vida que proviene del platillo balanceado que fortalece, si no de aquel que no sacia y debilita, pues la receta incluye las semillas de la soberbia, cuando el hombre considera que no hay platillo más delicioso que el suyo; de la avaricia, por que el manjar no le sacia y siempre tiene hambre; del egoísmo, porque se niega a compartir el alimento que siente insuficiente; y del temor, porque piensa que puede perder lo que percibe como su único sustento.

Y así, encerrado tras la muralla en la que disfruta de sus apegos, ve solo aquello que quiere ver hasta que es demasiado tarde para reaccionar ante una realidad que finalmente se impone inmisericorde y dolorosa en lo que llamamos época de crisis donde los valores se descartan y el bienestar y el bien común, se convierten ahora en utopías sin significado, sin cuerpo ni sustancia.

México vivió una estabilidad donde el gobierno se apegó a los recursos petroleros y al dispendio, los políticos al poder, la delincuencia al dinero fácil de la impunidad, todos a la corrupción, y el pueblo al paternalismo de la autoridad pero también a la idea de un liderazgo que pudiera conducir al país a una nueva circunstancia que pareció concretarse en las promesas, las víboras prietas, las tepocatas y demás alimañas de la jeringonza de un Vicente Fox que no supo o no pudo, para el caso es lo mismo, responder a la confianza otorgada por el electorado.

Electorado quien por su parte tampoco superó los apegos del paternalismo, ni asumió responsabilidad y ni actuó en su trinchera para apoyar la transformación deseada; y una oposición que no aceptó la derrota y menos aun asumir con dignidad el nuevo papel que le correspondía. Y así los síntomas de la enfermedad, que muchos se negaron a ver, se dieron y culminaron en la crisis de la elección del año 2006 donde como siempre los actores políticos dejaron a un lado los valores de la integridad y la honestidad, unos con el afán de recuperar sus apegos al poder y las prebendas, otros con el afán de no perder los recién ganados y otros más con el afán obtenerlos para hacer la justicia que su resentimiento les reclama.

Crisis que abortó la transición a la democracia a favor de la partidocracia, que causó el demérito de las instituciones y dio lugar a un país dividido gobernado por el partido de la indiferencia cuyos millones de militantes, con su abstencionismo, son en gran medida los responsables de que México -atado al destino de los Estados Unidos quien nos suma sus pesares a los muchos que ya de por sí cargamos- se encuentre en la grave situación que enfrenta.

Una estabilidad con mas de lo mismo; desarrollo de apegos al poder político, a la riqueza fácil o mal habida, a la corrupción, a la impunidad, al paternalismo; la negación y descalificación de los “catastrofistas”; y finalmente el tiempo de crisis con la correspondiente pérdida de valores han sido las etapas del círculo perverso que ha caracterizado la vida del país.

Rompamos ese círculo, hagamos la diferencia en la próxima elección, convenzamos a los militantes del partido de la indiferencia a que abandonen sus filas y que se decidan a votar por el bien de México.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 21 de septiembre de 2008

¡Hay que salir en la foto!

Enfrentados a la inmensidad de la tragedia causada por el sismo de 1985, una vez superados los primeros minutos de pánico, los habitantes de la ciudad de México se unieron en un comportamiento colectivo que les permitió mitigar el dolor y el sufrimiento.

¿Qué fue lo que ocurrió en los primeros días? Simplemente se rompió temporalmente el paradigma del liderazgo ejercido por el poder en México. Los afectados no se sentaron a esperar las decisiones de quien se ve a si mismo como el único capaz de proveer soluciones a los complejos problemas de un pueblo tradicionalmente sumiso y mediatizado.

Sobrevino, como por arte de magia, el trabajo en equipo sustentado en la confianza, la coordinación, la comunicación, la colaboración, el compromiso, la solidaridad, el desprendimiento y la honestidad que surgieron, entre la gente hasta ese momento desconocida, como el vínculo primordial para enfrentar la catástrofe. Los ciudadanos en esos momentos, ante la inacción de la autoridad, eligieron asumir el liderazgo transformador que nuestro país requiere no solo para enfrentar las emergencias si no también, para conducir el esfuerzo de todos hacia una nueva y mejorada realidad nacional.

Ocurrió que los ciudadanos hicieron simplemente lo correcto: se convirtieron en líderes de si mismos y actuaron. Aplicaron lo mejor de ellos para resolver lo que estaba a su alcance. Decidieron lo que tenían que hacer, confiaron en gente desconocida, se coordinaron sin discutir ni pretender controlar a los demás, colaboraron sin esperar reconocimiento ni recompensa alguna, se comprometieron a enfrentar un reto superior a sus fuerzas, fueron solidarios con el más necesitado al margen de las propias tragedias.

Hoy nuestro país enfrenta desafíos de tal magnitud que solo podrán resolverse con el mismo tipo de liderazgo transformador que se ha hecho presente en catástrofes como la del sismo de 1985. En ese año la tragedia se presentó de súbito y los habitantes de la ciudad de México reaccionaron de inmediato en contraste con la experiencia de estos días, cuando la podredumbre que subyace se ha hecho evidente de a poco hasta llegar a los extremos que se han vivido. Y porque ha sido así, de a poco, la reacción no se ha dado con la contundencia que se requiere pero no solo para quejarse y marchar, si no también para comprometerse y ser proactivo en la construcción de soluciones antes que esperar que estas provengan de alguien más.

Cuando lo anterior se logra, cuando se asume la responsabilidad de ser nuestro propio líder, se abre la puerta a un enorme campo de acción con solo hacer lo correcto respecto de nosotros mismos, de nuestra familia, de nuestra colonia, de nuestra comunidad y de nuestro trabajo. Enfocando nuestra energía y competencias donde podemos contribuir al cambio y evaluar cotidianamente los resultados.

¿Qué el reto es muy grande para nuestras fuerzas? Si, si actuamos solos el reto será muy grande para nuestras fuerzas, pero si todos aportamos nuestro granito de arena podemos constituirnos en playa. ¿Saben ustedes porqué el que se mueve no sale en la foto? Es por que no le han dado “línea” o esta ha sido equivocada. Lamentablemente ese es el caso de México quien hasta ahora solo se ha movido en respuesta a la “línea” equivocada dictada por unos cuantos y de seguir así, jamás saldrá en la foto de las naciones que han logrado proveer de una vida digna a toda su población.

Sin embargo la solución está al alcance de nuestra mano, decida ser su propio líder y actúe. Aporte su granito de arena y seamos playa.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 11 de mayo de 2008

¿Y la cantina Apá..?

-Pos áhi sigue la mata dando m’hijo…

Sin pretender minimizar el esfuerzo de los ciudadanos que evitó la construcción de los locales comerciales disfrazados de baños en la playa; puedo decir que eso fue cosa de niños comparado con el reto de clausurar la gran cantina en que se ha convertido nuestro Malecón costero.

La demolición los baños fue consecuencia en primera instancia de la denuncia ciudadana de un acto cometido por particulares a todas luces irregular; y más adelante, de la voluntad política de la autoridad municipal para poner término a un asunto claramente delimitado en los hechos, las circunstancias y los participantes. Ahora, tal vez por analogía, hay quienes piensan que para resolver el problema del malecón-cantina se requeriría aplicar la misma fórmula: presión ciudadana para forzar la aplicación de la Ley; sin embargo, el asunto es con mucho, más complicado que eso.

Si consideramos al malecón-cantina como el negocio que es, este se ha consolidado a lo largo de los últimos años. Sus insumos –alcohol, droga y prostitución- son abundantes; con un proceso de comercialización sencillo que no requiere mayores recursos; los precios son accesibles para los miles de consumidores, adolescentes y adultos jóvenes –los parroquianos- que representan una demanda fuerte y diversificada; y finalmente es un negocio que no tiene controles efectivos ó si los tiene, simplemente no se aplican.

Cuando se dice que la solución al problema que representa el malecón-cantina consiste en aplicar la Ley para impedir la ingesta de bebidas embriagantes en la vía pública me salta la pregunta ¿Eso es todo? ¿Depende únicamente de un acto de autoridad? Y si es así, ¿La sociedad es víctima entonces de la omisión de la autoridad? Sinceramente lo dudo mucho. Cuando el legislador dictó la Ley en sus orígenes, lo hizo pensando en aquel borracho impertinente que eventualmente importunaba; ahora no es un borracho, son cientos, son miles. El contexto sencillamente cambió.

Para que el negocio del malecón-cantina exista concurren muchos factores de los cuáles somos responsables absolutamente todos pues tan culpable es el que mata la vaca como el que le agarra la pata. Ese negocio, que si bien es cierto, tiene un propósito económico para los distribuidores de alcohol, droga y prostitución que expenden su “mercancía” en ese lugar, así como también el mismo propósito para los judas que no ven, ni oyen nada a cambio de treinta monedas; también es cierto que tiene una fuerte demanda que habría que analizar bien a bien el porqué existe, cuál es su causa raíz y quien al final del día tiene la responsabilidad de que exista.

No solo es necesario, es imperativo, no tanto solucionar el alcoholismo, la prostitución y la drogadicción de nuestra juventud en sí; si no curar la enfermedad que subyace de la cual, alcoholismo, prostitución y drogadicción son tan solo sus síntomas. Es imperativo curar esa enfermedad de la cual muchos -muy convenientemente- no quieren percatarse pues es más cómodo hacernos víctimas de la omisión de la autoridad antes que responsables del porqué nuestros hijos son parroquianos de ese gran negocio que es el malecón-cantina.

¿Qué la autoridad debe aplicar la Ley, aplicar controles estrictos a quienes ya tienen permisos, clausurar a quien venda a menores de edad, restringir los horarios de expendios y antros, sin otorgar un permiso más? Si, ¿Qué la autoridad debe rescatar los espacios públicos y proveer espacios alternativos para el esparcimiento de nuestra juventud? Totalmente y absolutamente de acuerdo; pero también estoy convencido que nosotros, los padres debemos hacer la parte que nos corresponde transmitiendo, comunicando; valores y conductas con el ejemplo así como también controlando y supervisando a nuestros hijos, no basta solo sermonear sin mayor sustento para finalmente dejarlos hacer lo que quieren, porque eso resulta mas sencillo que educar.

Impedir la ingesta de bebidas alcohólicas en la vía pública con un acto de autoridad sin hacer la parte que nos toca, provocará que nuestros hijos, los jóvenes parroquianos, que hoy están a la vista de todos, busquen otros espacios pero ahora en lo oscurito lo que sería tanto como esconder la basura debajo de la alfombra lo que no es, de ninguna manera, la solución. Nada me dará más gusto recibir en mi correo electrónico las ideas de los papás, de los parroquianos, de los maestros y de las autoridades para desarrollar conjuntamente una propuesta integral a este asunto que nos concierne a todos.

Reconocimientos:

A todas las Mamás del mundo por el Amor, la paciencia y la humildad con que se han aplicado a la cada vez más complicada tarea de formar a sus hijos con conciencia, valores y responsabilidad de si mismos.

A los barrenderos y barrenderas, que todos los días dejan impecable las calles de nuestra ciudad y que en estos calurosísimos días realmente sudan la gota gorda.

A los ciudadanos, a los medios de comunicación y a las autoridades que promovieron la aplicación de la Ley en contra de quienes estaban irresponsablemente extrayendo la arena de las dunas.

Con mis mejores deseos…

Enrique Chávez Maranto


enrique.chm@gmail.com

domingo, 30 de marzo de 2008

Siervo de la Nación...

Las reflexiones de hoy entremezclan los comentarios que recibí a propósito de mi artículo anterior titulado “Reunión de Gabinete” donde narré las palabras del Presidente de la República a sus secretarios de estado al inicio de una hipotética reunión de trabajo. Agradezco sinceramente y doy el debido crédito a Cinthya, Alfonso, Agustín, Manuel, Guillermo y Juan Fernando quienes seguramente podrán identificar sus comentarios dentro del texto.

El artículo “Reunión de Gabinete” esboza la mística que debería prevalecer en el servicio público para la búsqueda del bien común. Mística que los políticos difícilmente aplican y entienden por lo que a ese artículo debí intitular “Utopía”.

Mística que pudo ser la que guió a Don Benito Juárez a quien el imaginario colectivo concibe como el arquetipo del líder que privilegió el interés de la Patria antes que el suyo propio. Sin embargo esa, la historia escrita por los vencedores, se convierte en instrumento útil para todos los actores. Baste recordar el aniversario del natalicio del Benemérito, cuando uno y otro bando, buscaron apalancarse en su figura para fortalecer su causa.

La consecuencia es que muchos consideran a los políticos como ignorantes, soberbios unos y resentidos otros; carentes de valores, memoria histórica, principios y amor a la comunidad; que se muestra en el comportamiento mentiroso y corrupto que no escucha, que vela solo por su interés, o el de su tribu, para llevar agua a su molino antes que bienestar al pueblo. Hay excepciones que se iluminan solo con la lámpara de Diógenes.

¿Cómo Benito Juárez aprendió los valores que le guiaron? ¿Los mamó en casa? ¿Los adquirió por voluntad propia? ¿Cómo? Es difícil decirlo, pero tengo la convicción de que, así como del contraste de las ideas surgen las opciones válidas; él contraste de las experiencias es propicio para desarrollar la conciencia y fortalecer el carácter de aquellos como el Benemérito. Él vivió grandes contrastes y seguramente aprendió que crear valor para todos, implica exactamente lo mismo para el pastor que para el gobernante: servir a sus ovejas y no servirse de ellas.

La mayoría de quienes hoy detentan el poder, nacieron en pañales de seda y fueron educados muy distantes de la realidad cotidiana del resto de la población; en contraste, muchos de sus opositores crecieron con el lastre del resentimiento y la frustración acumulados a lo largo de muchas generaciones. Ni unos ni otros han tenido grandes contrastes a lo largo de su vida, si acaso el poder coyuntural que corrompe lo que toca cuando no hay una sólida base de valores de por medio.

Valores que se transmitirían de padres a hijos como los eslabones de una cadena que hoy se ve rota. ¿Cuál eslabón se fracturó? ¿Por qué? Si bien es cierto que para la formación en valores la familia es un factor clave; también es cierto que la brecha generacional se ahonda y se expande exponencialmente en razón de un proceso de transculturación acelerado por razón de la tecnología, la competitividad y la globalización, esta última no solo desde la perspectiva del comercio sino también de las ideas.

Así se trastocan los valores, se dan nuevas formas de percibir la realidad y nuevas formas de comunicarse en las generaciones más recientes al extremo de la casi total incomprensión entre “viejos” y los “jóvenes”. Hace unos pocos días una adolescente de escasos 14 años se dirigió a mí, con 55 años, en un “español” que no conozco; sorprendido, lo comenté con mi hijo de 26 años que presenció los hechos y él me respondió lacónico: Papá, así hablan entre ellos.

Muchos estamos cansados de percibir cotidianamente solo cosas que incomodan, lastiman, humillan… que laceran lo más profundo de nuestro ser y urgimos al cambio -que solo podría darse a través de la reconciliación de los que perdieron, de los que ganaron, de los que creen que ganaron, de los que creen que todo fue una farsa- para poder cerrar filas y así, pro activamente, lograr consensos y acuerdos a instrumentar con el verdadero trabajo en equipo de todos los Mexicanos.

Es cierto, el cambio urge, sin embargo el tamaño del reto es mayúsculo pues implica reconciliar a actores políticos con valores, lenguajes y cultura que corresponden a percepciones muy distintas de la realidad, percepciones que si acaso comparten solo la geografía pero no las expectativas, salvo el poder.

¿Significa esto acaso que la lucha está perdida? ¿Qué ya no se puede hacer nada? La respuesta es que sí podemos hacer algo, solo que no esperemos levantar nosotros la cosecha de las semillas que sembremos hoy.

Quienes promovamos el cambio aprenderemos que se puede navegar con el viento en contra; que se puede crear conciencia en uno y en otro lado de la contienda, primero en nuestro entorno más cercano, poco a poco, cada cuál en su trinchera, cada cuál de acuerdo a sus capacidades. Igual aprenderemos a dejar de lado los atavismos que impiden asimilar lo bueno de las nuevas formas.

Quienes promovamos el cambio, entenderemos que no se busca imponer las viejas soluciones, ni asumir liderazgos protagónicos, si no construir puentes de entendimiento alineando voluntades entre quienes hoy se enfrentan para que sean ellos, los dueños del futuro, quienes finalmente elijan lo que mejor corresponda al propósito de nuestra Nación.

¿Recuerdan la imagen del pastorcillo guiando a sus ovejas?

Con mis mejores deseos.

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

PD: La coyuntura de los “baños” en el malecón felizmente concluyó. Los ciudadanos iniciamos y la autoridad concluyó. Mi reconocimiento a todos los que participaron con poco o con mucho, a quienes entendieron que la confrontación es estéril y que el cambio que buscamos es responsabilidad de todos.

martes, 13 de noviembre de 2007

¿Y Yo... por qué?

Si pregunto ¿Quién es el autor de la famosa respuesta “Y yo por qué”? estoy seguro que la mayoría respondería sin vacilar ¡Vicente Fox!

Sin embargo nada estaría más alejado de la verdad. Fox solo la hizo famosa cuando le preguntaron sobre el por qué no intervenía para resolver aquel conflicto entre dos televisoras; el dudoso honor de su autoría, definitivamente no le pertenece. El autor está perdido en la historia pues esa respuesta ha sido la favorita del pueblo de México desde hace ya muchísimos años.

¿A caso no recuerdas haber contestado así en más de una ocasión? ¿Y Yo por qué? ¡Que lo haga fulano, a mi no me toca! ¡Safo!

Una y otra vez esa ha sido la réplica con la cual la gran mayoría, una y otra vez, evitamos colaborar cuando se requiere nuestro apoyo. Y Yo ¿Por qué? He de pagar los impuestos, y Yo ¿Por qué? He de poner la basura en su lugar; y Yo ¿Por qué? He de apoyar al gobierno, a mi comunidad...; y Yo ¿Por qué? He de colaborar en el hacer de este México nuestro un país donde podamos vivir sintiendo verdadero orgullo más allá de la parafernalia patriotera.

Se ha dicho hasta el cansancio que el pueblo de México es un país solidario y yo lo dudo. Quienes han apoyado en las desgracias han sido solo una pequeña parte de la población, miles tal vez, pero no los millones restantes que si cambiaran su actitud estarían cotidianamente trabajando por el engrandecimiento de esta tierra en la que nos tocó nacer y nuestro México sería otro.

Pregunto ¿Por qué muchísima gente se negó a abandonar sus casas? La respuesta es simple: por que tenían miedo a los muchos que hacen uso del “Y Yo por qué he de respetar la propiedad ajena” que aprovechan la oportunidad de la desgracia para llevar agua a su molino.

Nos es más fácil victimizarnos para buscar culpables de aquello que como colectividad somos culpables. Esta actitud nos ha sido impedido reconocer nuestros errores como un primer paso para, de cara al futuro, asegurar las soluciones que tanto necesita nuestro país.

Es cierto que hay muchísima corrupción ¿Pero quiénes hemos omitido o ejercido irresponsablemente nuestro derecho al voto para permitir que los corruptos asuman el poder? ¿Quiénes de nosotros no hemos propiciado ó participado de una forma u de otra en la corrupción? ¿Cuántos no aplican para librarse de culpas –como si esto fuera posible- la tan trillada frase “Ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón?

¿Cuántos de nosotros no hemos volteado la mirada hacia otro lado cuando alguien nos pide colaborar en una causa justa pensando en la intimidad “Y Yo por qué”?

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com