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viernes, 8 de febrero de 2008

Contraste...

Si bien es cierto que reconocer el trabajo ajeno puede no servir de nada, también es cierto que no perjudica; en tanto que señalar únicamente los errores, conduce en la política a facturas que cuando se cobran el único perjudicado es el pueblo. Escribí esto en un artículo publicado en este mismo espacio a propósito del cambio en la administración municipal.

Hoy me da gusto comentar que la animosidad parece distenderse y cede el paso a lo importante: el trabajo por la comunidad. A plena marcha, la administración municipal se enfoca en los asuntos urgentes y así, paulatinamente, la ciudad luce más limpia, la vialidad mejora, las obras continúan y se retoman iniciativas importantes como el proyecto del corredor trans istmico.

Sin embargo no es suficiente con solo hacer las paces, firmar un armisticio y cada quien a lo que le toca; también es necesario colaborar aprovechando la experiencia del capital humano donde quiera que se encuentre para lograr los cambios que nuestra ciudad reclama.

Y puede hacerse, del lado de la autoridad gobernando con transparencia para todos y promoviendo la participación ciudadana; y del otro, abandonando la posición cómoda de quien se siente víctima del sistema; que critica y descalifica argumentando corrupción, nepotismo, prepotencia e ineptitud de otros; pero que no aporta ideas, que no se compromete con las causas de su comunidad… ¡Vamos, que ni siquiera barre la banqueta del frente de sus casa!

Quien asume el poder en un sistema como el nuestro -al margen de la mascara de corrupción, prepotencia e ineptitud que le endilguen, o que realmente sea suya- solo loco o necio, pensaría lograr únicamente el beneficio propio depredando los recursos de la comunidad que gobierna. En cualquiera de los casos quien asume el poder busca primordialmente trascender a través del desarrollo de sus gobernados pero no le es tarea fácil en ausencia de las ideas, las observaciones y la colaboración de la ciudadanía.

¿Qué soluciones puede aportar la ciudadanía, los opositores, las asociaciones, los empresarios, los comerciantes, las universidades, respecto de los muy diversos achaques que sufre la ciudad?

Las respuestas son muchas soluciones. Todos podríamos contribuir con la expresión respetuosa de ideas que contribuyan a mejorar la toma de decisiones de quienes tienen ahora la responsabilidad.

¿Qué habrá posiciones divergentes? ¡No cabe duda!

Sin embargo, justo en el contraste de las ideas está la palanca del desarrollo.

Con mis mejores deseos,



Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

PD Está en construcción una pagina Web ciudadana donde se podrán aportar y discutir soluciones sobre los problemas de la ciudad…
¡Solo por el gusto de hacerlo y para beneficio de todos!

martes, 13 de noviembre de 2007

¿Y Yo... por qué?

Si pregunto ¿Quién es el autor de la famosa respuesta “Y yo por qué”? estoy seguro que la mayoría respondería sin vacilar ¡Vicente Fox!

Sin embargo nada estaría más alejado de la verdad. Fox solo la hizo famosa cuando le preguntaron sobre el por qué no intervenía para resolver aquel conflicto entre dos televisoras; el dudoso honor de su autoría, definitivamente no le pertenece. El autor está perdido en la historia pues esa respuesta ha sido la favorita del pueblo de México desde hace ya muchísimos años.

¿A caso no recuerdas haber contestado así en más de una ocasión? ¿Y Yo por qué? ¡Que lo haga fulano, a mi no me toca! ¡Safo!

Una y otra vez esa ha sido la réplica con la cual la gran mayoría, una y otra vez, evitamos colaborar cuando se requiere nuestro apoyo. Y Yo ¿Por qué? He de pagar los impuestos, y Yo ¿Por qué? He de poner la basura en su lugar; y Yo ¿Por qué? He de apoyar al gobierno, a mi comunidad...; y Yo ¿Por qué? He de colaborar en el hacer de este México nuestro un país donde podamos vivir sintiendo verdadero orgullo más allá de la parafernalia patriotera.

Se ha dicho hasta el cansancio que el pueblo de México es un país solidario y yo lo dudo. Quienes han apoyado en las desgracias han sido solo una pequeña parte de la población, miles tal vez, pero no los millones restantes que si cambiaran su actitud estarían cotidianamente trabajando por el engrandecimiento de esta tierra en la que nos tocó nacer y nuestro México sería otro.

Pregunto ¿Por qué muchísima gente se negó a abandonar sus casas? La respuesta es simple: por que tenían miedo a los muchos que hacen uso del “Y Yo por qué he de respetar la propiedad ajena” que aprovechan la oportunidad de la desgracia para llevar agua a su molino.

Nos es más fácil victimizarnos para buscar culpables de aquello que como colectividad somos culpables. Esta actitud nos ha sido impedido reconocer nuestros errores como un primer paso para, de cara al futuro, asegurar las soluciones que tanto necesita nuestro país.

Es cierto que hay muchísima corrupción ¿Pero quiénes hemos omitido o ejercido irresponsablemente nuestro derecho al voto para permitir que los corruptos asuman el poder? ¿Quiénes de nosotros no hemos propiciado ó participado de una forma u de otra en la corrupción? ¿Cuántos no aplican para librarse de culpas –como si esto fuera posible- la tan trillada frase “Ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón?

¿Cuántos de nosotros no hemos volteado la mirada hacia otro lado cuando alguien nos pide colaborar en una causa justa pensando en la intimidad “Y Yo por qué”?

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com