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domingo, 7 de octubre de 2012

Amar


La semana anterior estuve fuera de circulación por motivos de salud. Fue tal vez por que en esos días no estuve al tanto del acontecer nacional, que me dio una inmensa flojera escribir sobre los temas trillados de siempre. Siendo así surgió el tema de la siguiente reflexión desarrollada a partir de un tuit sobre la definición de “Amar”...  

Alejandro Jodorowsky Prullansky, chileno de origen judío-ucraniano, definitivamente nunca ha sido un “niño” normal. Artista polifacético y ciudadano del mundo, ha sido escritor en todos los géneros, director teatral, director de cine, guionista de cine, actor, mimo, marionetista, compositor de bandas sonoras, escultor, pintor y escenógrafo en cine, guionista de cómics, dibujante, instructor del tarot, psicoterapeuta, psicomago -cualesquiera que esto ultimo signifique- y un tuitero poco o nada interesado en seguir a otros, solo sigue a 18 para ser exactos, no obstante que él es seguido por más de 622,000 personas.

El señor Jodorowsky, es pues todo un líder de opinión en la red social twitter, de cuyos tuits está pendiente mucha gente. Pensarán ustedes que difunde buenos chistes, chismes, críticas, trivialidades  o cosas por el estilo que atraen el morbo de la gente. Pues no, él dijo y cito: “No voy a hacer concesiones. No voy a hablar de mi ego o mi ombligo. Voy a hablar de temas impersonales. Cosas que me han servido en la vida. Frases de gente famosa. Pensamiento. Todo lo que he estudiado…” sintetizado en ¡140 caracteres! Y para muestra una de las definiciones de su muy personal diccionario:

Amar para Alejandro es la “Alegría por la existencia ilusoria del otro y, con veneración ayudarlo a desarrollar su conciencia” Palabras que en el breve espacio de los 140 caracteres de un tuit, siembran la semilla de la reflexión.

¿Sientes alegría por que percibes al objeto de tu amor tal como lo concebiste? ¿Estás convencido de que la falta de respeto, que se manifiesta en el control que en muchos casos se pretende ejercer sobre la persona amada, es lo más alejado a la veneración y actúas con base en esto? ¿Entiendes que todos somos un milagro; que los milagros no se juzgan y sí se aceptan, y se veneran? ¿Sabes que apoyar el desarrollo de la conciencia del ser amado fortalece su libertad y le permite convertirse en líder de sí mismo, antes que en seguidor de alguien más?

A partir del concepto de Amar de Alejandro Jodorowsky podemos inferir unas cuantas preguntas que ayudarían a cualquier pareja enamorada… ¿Pinta el rostro de alegría cuando te ve? ¿Respeta tus decisiones? ¿Te acepta tal como eres? ¿Te brinda ideas pero no trata de imponerlas? Si has respondido que sí a todo, solo entonces podrías pensar que tal vez te ame.

Pero el concepto no solo se aplica al caso de las parejas, también puede aplicarse en otros muchos casos como los maestros y los alumnos... ¿Siente el maestro alegría cuando ve a sus alumnos jugar en el patio de la escuela; y con veneración al futuro que representan, les ayuda a desarrollar su conciencia?

Ya para terminar un pequeño ejercicio. ¿Quién sistemáticamente al verte pinta el rostro de enfado, controla tus emociones, cambia tus decisiones, no te acepta tal como eres y te dice que pensar? Si contestaste que tus papás, tu pareja, tu novia(o), alguno de tus hermanos, el gobierno, los medios o tu jefe entre otros presuntos culpables, déjame decirte que podrías estar perfectamente equivocado pues hay alguien más importante que todos ellos… Tu mismo.

O acaso… ¿Sonríes a diario cuando ves tu rostro en el espejo; o no te reprimes cuando deseas expresar tus sentimientos; o no le faltas al respeto a tus decisiones cuando por cualquier causa, miedo principalmente, faltas a tu palabra; o no estás satisfecho tal como eres y te percibes gordo o flaco o con patas de gallo pero nunca hermoso como el milagro que eres; o no estás siempre cerrado a las nuevas ideas y solo actúas conforme al librito del deber ser…?

Si amigo lector, somos muy buenos para ver la paja en el ojo ajeno antes que la viga en el propio.

Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

sábado, 25 de diciembre de 2010

La gran maestra

Créeme, te lo aseguro, uno de los dos se sorprenderá… Con esta frase inició un acto más de una obra de teatro que permanecerá en cartelera por muchos años más.

La historia inició un día del mes de abril de este 2010 cuando sentado en el jardín disfrutaba de un atardecer que, al escuchar de labios de mi amigo y doctor de cabecera la mala noticia, se tornó súbitamente en noche oscura…

Alguna vez pregunté ¿Cómo podrá el rico disfrutar de su riqueza si nunca ha sido pobre? pensando en aquellos que la cigüeña, instrumento eventual de la fortuna, deposita en pañales de seda donde crecen sin carencias, en la abundancia. Entonces no pensé que esa pregunta también expresaría la metáfora de la vida de muchos de nosotros. A la pregunta respondí que difícilmente los afortunados podrían apreciar realmente su riqueza; al menos no como aquellos que la han construido, “desde abajo”, con el sudor de su frente.

En esa época me jactaba de gozar excelente salud sin conocer lo que significaba realmente “salud”. Solo semanas después de mi 57 aniversario la frase que escuché por el auricular del teléfono celular “…el resultado de los análisis fue positivo. Necesitamos hablar cuanto antes…” me sumió en la pobreza.

Ese día que, como dije el atardecer se tornó en una noche oscura, inicié el camino que hoy me hace reconocer que nunca disfruté de mi riqueza pues sólo hasta que viví la pobreza de mi enfermedad, pude aquilatar las gemas preciosas que hay en el cofre del tesoro de mi vida.

Por un corto trecho caminé solo, acechado por el temor y la incertidumbre hasta que el amor incondicional de mi familia y las palabras de aliento de mis cercanos me permitieron entender que la vida misma, siempre generosa, me impartía clases gratuitas en un curso apresurado donde ya no hubo más teoría solamente quedaba la práctica.

Y así en este último año he aprendido que sentir es vivir; que la tarea es construir nuestro sueño y actuar; que las soluciones correctas son sencillas, elegantes, y las podemos recibir de quien menos esperamos si hay humildad para reconocerlas; que la verdad, nuestra verdad, permanecerá sólo el tiempo justo para concedernos un breve descanso antes de continuar el camino para alcanzar nuevas alturas; que esa nuestra verdad, no es la Verdad pues cada quien tiene derecho a construir la propia; que el amar y el respetar es aceptar sin condiciones, sin juicios; que cuando hay auténtica aceptación la tolerancia sobra y no existe lugar para el ego; que hay que estar dispuestos aceptar los regalos que la vida cotidianamente nos ofrece para alcanzar la felicidad, la salud y el bienestar porque todos somos dignos…

Con esas y otras lecciones aprendidas llegué el miércoles pasado al laboratorio a realizar uno más de mis periódicos análisis clínicos. Fue entonces cuando expresé a mi buena amiga, la química a cargo, la frase que inició esta historia Créeme, te lo aseguro, uno de los dos se sorprenderá…con los resultados.

Así fue, por la tarde al acudir a recogerlos, su franca e iluminada sonrisa, confirmó lo que yo ya sabía. Me dijo entusiasmada que no lo podía creer, al tiempo que me entregó un maravilloso regalo de Navidad: los resultados de mis análisis mostrando una sorprendente mejoría.

Les confirmo, la obra de teatro continuará aún muchos años en cartelera. Hasta que el productor decida, no porque el actor principal, que soy yo, renuncie.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 11 de julio de 2010

El peor pecado...

Si existiera un pecado, el peor sería el atentado al libre albedrío. Sería, en otras palabras, la imposición por cualquier medio de nuestra voluntad a un tercero para modificar o controlar su comportamiento en función del propio interés.

Es un hecho que más allá de las reglas de comportamiento social comúnmente aceptadas, cada individuo desarrolla expectativas respecto de lo que “debe” recibir de las personas que le rodean. Así, en cualquier circunstancia, donde dos personas interactúan, las dos siempre esperarán algo de su contraparte.

Los ciudadanos de sus gobernantes, los empleados de sus jefes, los aficionados de sus equipos, los amigos de los amigos, el paciente de su médico, los enamorados de su media naranja, los padres de los hijos, la pareja de su pareja… y así hasta el infinito. Todos esperamos algo, tal vez simbólico, tal vez sin importancia, pero algo de los demás y aún más de los más cercanos.

Cuando no recibimos la “contraprestación” deseada, dependiendo del tipo de relación, surgen desde las formas de imposición de la voluntad más burdas para obtener el comportamiento deseado: “Es una orden”, “Porque yo lo digo”… hasta las más sutiles de la manipulación...

La que sigue es una de ellas. Muchos esperan cambiar a la gente que les rodea cambiando ellos mismos. Frustrados o resentidos por no obtener lo que desean deciden consciente o inconscientemente emprender un camino diferente… El ciudadano se convierte en ejemplar, el retoño en el hijo modelo, el empleado en el más productivo, el consorte en el conyugue perfecto, los enamorados en los candidatos ideales… Y el resultado solo puede ser uno de dos:

Una mayor frustración y dicen: “No es cierto que la gente cambie si uno cambia. He cambiado y mi X sigue igual” –sustituya X por quién le guste: jefe, esposa, esposo, hijo, padre, novio, etcétera.

Una mayor paz interior y dicen: “Cambié sinceramente, con convicción, y me siento bien conmigo mismo. Ahora sé que el cambio que anhelo en X depende de él. Mi ejemplo puede ayudar pero solo de él depende. Respeto su libre albedrío.”

Promover el cambio de alguien, simulando, consciente o inconscientemente, nuestro propio cambio con el único propósito de conservar al novio, el empleo, al amigo, al consorte, etcétera es una de las formas de control más sutiles de la soberbia. Esta ruta termina en la frustración y el resentimiento de una o de las dos partes.

En contraste, pensar, declarar y actuar con convicción, con integridad, nos coloca en el camino de la verdadera transformación y la paz interior al cumplirse el anhelo de ser mejores hijos, esposos, empleados, amigos, ciudadanos y gobernantes al margen de lo que X pueda elegir. Usted merece dormir con la conciencia tranquila. Un día a la vez.

Con mis mejores deseos

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 29 de noviembre de 2009

Diamante

El diamante siempre luce distinto a los ojos de quienes le admiran sin dejar de ser lo que es… diamante. La gema maravillosa que surge de la piedra opaca de la mina por los golpes precisos y el incesante pulir del tallador. Diamante que sigue siendo aun cuando la luz falte o el polvo y la suciedad enmascaren su brillo. Diamante siempre el mismo… pero siempre distinto a los ojos de los demás.

De igual manera es el Ser. Él requiere del tallador de la experiencia para transformarse y revelar las facetas de su grandeza. Ser siempre el mismo. Ser siempre distinto a los ojos de los demás. Ser que en tanto gema, ha de mantenerse limpio para no perder el brillo bajo la pátina de la soberbia y el resentimiento. Ser que ha de mantenerse limpio para poder ver su propia luz. Sin embargo, a diferencia del diamante que solo es lo que el tallador decide; el Ser no tiene límites y será siempre lo que él elija, aunque lo desconozca.

Eso escribí a principios del año 2007 y lo recordé hace poco cuando un amigo mío me comentó que como resultado de su participación en un proyecto donde le hicieron un estudio de sus fortalezas y debilidades gerenciales -basado en los conceptos de John H. Zenger y Joseph Folkman autores del libro “El líder extraordinario”- pudo confirmar que cada uno de los distintos grupos en los que se desenvuelve le perciben de manera distinta y que en consecuencia, cada cuál tiene expectativas distintas respecto de él. Mi amigo es quien es, pero como el diamante, es distinto dependiendo los “ojos” de quien lo mira.

La primera intención –y ese es el enfoque de los modelos tradicionales del desarrollo humano- sería buscar resolver las debilidades y procurar darle gusto a todos. Pero… ¿Es una actitud sensata? Difícilmente puede serlo. Es imposible negar tu naturaleza. Podrás mantener limpia la superficie de tu diamante pero jamás limpiar lo suficiente la superficie de los diamantes que te rodean.

La responsabilidad del líder es mantener limpia la superficie de su cristal para con la menor distorsión posible recibir información y transmitir su mensaje para, apalancado en lo que conoce como sus fortalezas, construir la “realidad” deseada. Nunca pretender darle gusto a todos. Eso es imposible.

Para constituir a México como un verdadero líder en el concierto de las naciones, ha de construir su propio camino y fincar su desarrollo en sus muchas fortalezas que no hemos querido ver como tales. Orgullosos de lo nuestro, orgullosos de lo que realmente somos, orgullosos de nuestra diversidad… con la superficie de nuestro diamante limpia, para dejar ver su luz en los confines del mundo.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto

lunes, 4 de febrero de 2008

Distancias...

El universo, el mundo, la naturaleza, los pueblos, el hombre tienen como única constante el cambio. El status quo, como la verdad, permanece en tanto nos concede un breve descanso para alcanzar nuevas alturas.

Nadie puede decir que es el mismo ante los ojos de los demás y de si mismo sin engañarse. El cambio es un hecho; la experiencia y las circunstancias incitan el cambio de las actitudes que de enraizarse, transforman la esencia de nuestros valores de manera muy lenta y sutil tanto que pareciera que permanecen en el tiempo induciéndonos a pensar que no hay tal transformación.

Para el Ser Humano el motor de ese cambio es el contraste de las ideas. De ahí que la garantía de la libre expresión resulte ser factor crítico del éxito de los pueblos. No puede entenderse el desarrollo ciudadano en una sociedad que reprime la expresión de las ideas; ni de los negocios, donde la voz del cliente y los empleados no es tomada en cuenta; ni de las familias, donde solo prevalecen las ideas de alguno de los cónyuges.

En alguna ocasión me preguntaban sobre la diferencia entre los matrimonios exitosos y aquellos que fracasan irremediablemente. Muchos piensan que es la tolerancia, otros que es la comunicación, otros que es el respeto y ninguno de ellos se equivoca.

El secreto del éxito para la convivencia y el desarrollo en cualquier escala, es la libre comunicación de las ideas la que solo puede darse en un contexto de respeto y tolerancia ausente de soberbia. Pues aún y cuando en principio no estemos de acuerdo, el solo planteamiento cuestiona e induce en la intimidad a la reflexión y ahí es donde se presenta la oportunidad del cambio y el crecimiento de la conciencia.

El matrimonio es uno de esos espacios donde se presenta la maravillosa oportunidad del crecimiento pero que zozobra irremediablemente impulsado por los vientos del tedio y el hastío en ausencia del contraste de las ideas que se comparten y se consideran.

Sin embargo, aun con toda la buena voluntad, no es tarea fácil vencer las barreras de la comunicación cuando, sin comprender el proceso, cada cuál espera que su mensaje sea comprendido a plenitud. No existe el emisor, ni el mensaje, ni el canal, ni el receptor que respondan a plenitud a la intención de las ideas que se desean transmitir.

En muchos casos la frustración de la autoridad, del jefe, del empleado, de los esposos, de los hijos, deriva en el mejor de los casos en la renuncia y el aislamiento; en el peor, en el resentimiento y la ruptura violenta.

Entender el proceso de la comunicación reconociendo nuestras debilidades es uno de los primeros pasos para la construcción, ex profeso para cada uno de los contextos en los que nos desarrollamos, de medios para transmitir nuestras ideas y sentimientos de manera efectiva y emprender el camino del desarrollo.

De otra manera las distancias se tornan insalvables.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto

enrique.chm@gmail.com

domingo, 26 de agosto de 2007

Historia de un herrero...

El enfoque personal de la Trilogía Intuitiva

“Juan un pionero de mediados del siglo XIX, disfrutaba impresionado y en actitud reflexiva, el maravilloso paisaje que se extendía hasta el horizonte donde imaginaba un futuro promisorio para él y su joven esposa. Hábil herrero y agricultor, estaba conciente de que el bosque, al margen de su belleza, ocultaba muchos peligros de los cuales tenía que protegerse, para contar con un espacio seguro donde refugiarse primero y después desarrollar los oficios en los que sabe puede fincar su futuro.

Así que, observando cuidadosamente seleccionó un lugar, que estratégicamente ubicado, le permitiría dominar la llanura alrededor de su futura cabaña, el sendero que cruzaba por sus tierras así como la cercanía a la fuente de agua necesaria para la casa, la siembra y la forja de las herramientas.

Conciente de necesitar buenas relaciones, apenas instalado, Juan emprendió un recorrido para visitar a sus vecinos a quienes les ofreció su apoyo y sus servicios; en esas visitas pudo detectar lo que requerirían de él, pero también se dio cuenta que necesitaba aprender a utilizar las armas para proteger a su familia de los bandidos que asolaban la región y así lo hizo, practicó hasta que tuvo algo más que buena puntería.

Al cabo de los meses; Juan, con la forja en plena producción, ya no era uno más de los recién llegados, plenamente integrado a su comunidad se había convertido en Juan, “El herrero”, oficio al que se entregaba con vitalidad y entusiasmo; la prosperidad se empezaba entonces a mostrar en sus posesiones….”


El relato anterior nos muestra como, al alejárnos por un momento de la sofisticación de la vida moderna, se pueden identificar de manera sencilla las tres necesidades vitales a satisfacer para lograr bienestar: la necesidad de producir y crear; la necesidad de protegernos; y la necesidad de conocernos a nosotros mismos. Cuando con la prioridad que dicten nuestros valores atendamos en forma armónica a estos tres aspectos vilates, se creará sinergia para potenciar nuestras capacidades más allá de lo que cualquiera pudiera imaginar.

La protección y la seguridad

El ambiente que rodeaba a Juan era hostil. Él necesitaba conocer como protegerse y crear un entorno seguro para poder desempeñar sus otras dos necesidades básicas. Su punto de partida para estas tareas de protección y seguridad, es la permanente observación y el análisis tanto de sí mismo, para identificar sus debilidades y fortalezas; como de su entorno en busca de amenazas y oportunidades que le permitan prevenir y reaccionar adecuadamente. Capacitarse en el uso de las armas, planear la ubicación de su casa y visitar a sus vecinos formó parte de este aspecto.


Para esto Juan, como cualquiera de nosotros, requiere de cualidades que puede desarrollar como la observación, la prudencia, el valor y el autocontrol para enfrentar contingencias, asi como la moderación de su conducta para evitar meterse en problemas.

La producción y la creación

Para la comunidad donde se desenvuelve Juan, él tiene un propósito; para ellos, lo que Juan produce y crea es la identidad que proyecta, es el “Herrero” en tanto que para él, su trabajo le permite crear riqueza y prosperidad para asegurar el bienestar físico y material tanto el propio como el de su familia, satisfaciendo sus necesidades y deseos. Ser vital, apasionado, competente, innovador y adaptable al contexto son las cualidades que proyecta y que ponderan todos los que le rodean más allá del significado que para él tiene la vida.

El conocimiento de si mismo

Juan no actúaba, ni decidía con base a supuestos respecto de si mismo; sabía lo que quería, conocía sus debilidades, sus fortalezas, tenía un sueño y fue tras de él. El conocimiento de si mismo fue el recurso que tuvo para tomar las decisiones que le colocaron efectivamente en el camino a satisfacer sus necesidades y deseos. Ser humilde, ser conciliador y tener fuerza de voluntad le permitió ser su propio líder, motivarse y enfocarse; en síntesis auto determinarse y lograr su visión de futuro.

Comentarios

Para intentar explicar el comportamiento humano se han escrito muchos libros. Tratados donde, con toda formalidad, se profundiza en temas como la praxeología, la epistemología, la axiología, la ontología, etcétera utilizando un lenguaje por demás complicado y alejado del común de los mortales; la tan de moda, literatura de superación personal, ofrece muchas recetas para alcanzar el éxito en todos los temas; sin embargo no he logrado encontrar un solo libro que logre explicar de manera sencilla cuales son las herramientas fundamentales, como se complementan y porqué las requerimos todas para alcanzar el bienestar.

La tesis de la Trilogía Intuitiva trata sobre los fundamentos filosóficos de la gestión empresarial; fue desarrollada por Renée Bédard, Ph.D. graduada en la Escuela de Altos Estudios Comerciales en Montreal (HEC) donde forma parte del Grupo de Investigación Humanismo y Gestión que dirige el profesor Alain Chanlat. Este grupo se ha propuesto como misión desarrollar una perspectiva de la administración centrada en la persona y, para lograrlo, se apoyan sobre las contribuciones de las ciencias humanas y de la filosofía bajo una perspectiva interdisciplinaria.

Conocí esta tésis en 1994 cuando cursé un diplomado en el ITAM donde el profesor Chanlat fue mi maestro. La tésis me impresionó pues su enfoque humanista y el sentido común que la sustenta la coloca muy por encima de las escuelas tradicionales de la gestión empresarial moderna; sin embargo tal como se expresa originalmente aplica a las organizaciones por lo que me dí a la tarea de aplicar los mismos conceptos a un modelo aplicable a las personas y esto es lo que les he presentado hoy.

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com