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sábado, 14 de julio de 2012

Los sencillos placeres de la vida...


Conduciendo a lo largo de la costa por la ruta cotidiana, rumbo a la tienda nunca vista pero que siempre ha estado ahí… sentí la sonrisa pintar mi rostro al ver a un hombre impecable, erguido, admirando la playa, hinchado el pecho de la brisa y “de aquella alegría que no ocupa lugar alguno y sin embargo llena todo a su alrededor” (@Lulyann)

Bajo un sol tórrido el papá orgulloso, digno, tomando de la mano a su esposa y a su pequeño hijo, igual de impecables, se veía tan ajeno a las vicisitudes cotidianas… tan ajeno a esos ¿por qué? que tanto preocupan a algunos, pero que esa familia ha cambiado por la sencilla, pero tan complicada para muchos, alegría de vivir.

Todo ocurrió en un segundo, no pudo ser más, sin embargo el tiempo se detuvo para brindarme la oportunidad de disfrutar de su felicidad, hacerla mía, y convencerme de que el título, que esta semana escrito para ustedes, “El bolsón de Higgs” –si, el “bolsón”- debía esperar otra semana.

También que el tema ahora seria esa bella estampa, evidencia de la esperanza que impide claudicar a este país hermoso, grande, pleno de recursos donde vive un pueblo ingenioso y creativo; con algunos malandrines que construyen su propio infierno pero otros, la inmensa mayoría, son como esa hermosa familia.

¿Qué no todo les resulta fácil?, ¿Qué es culpa de los malandrines de siempre? con toda seguridad, pero eso tiene un propósito. Se necesita el contraste para crecer, desarrollar y fortalecer de forma sustentable la conciencia de los pueblos. Y hoy no me queda duda que ese hombre, orgulloso e impecable, tiene más conciencia.

Pero una muy especial: la que no impide disfrutar intensamente los sencillos placeres de la vida.

Reciban un afectuoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

sábado, 24 de julio de 2010

¿Conciencia o Negación?

“-¡Vaya que si es hermosa! ¿No te parece?

-¡Qué le puedo decir Señor! Escogimos bien el lugar pero parece que algo no nos funcionó bien con la semilla…

Sin contestar, Jesús descendió un par de escalones, sentó en el cómodo sillón del mirador y quedó fascinado como siempre ante la vista de miríadas de estrellas entre las cuáles destacaba ya aquel hermoso planeta azul... Bebió un breve sorbo de la copa de vino que le aguardaba y se perdió en los recuerdos, maravillosos unos, atroces otros, de aquella breve visita a las tierras de Judea.

-Hace ya mucho tiempo que no venía Señor…

-Si, es mucho para ellos, muy poco para nosotros…contestó Jesús, para ser exactos 2010 de sus años…

No es fácil olvidarlos pensó Jesús para sus adentros ¡Cómo hacerlo! Sí son una especie muy querida. Seres que en la receta de su creación se incluyó como ingrediente el drama permanente del dilema. Congruentes con su naturaleza los opuestos les definen: Sentimientos de temor y amor, conciencia y ignorancia, humildad y soberbia, generosidad y avaricia, todos a un tiempo, en el mismo crisol, dieron como resultado la maravillosa diversidad de su existencia, se dijo, el Amor para estas criaturas no lo es sin él sazón del sufrimiento...

-Pero aquí estamos nuevamente…

-¿Puedo preguntar porqué Señor?

-Las cosas no les han ido bien últimamente. Han llegado a extremos peligrosos. La situación es de tal forma delicada, que está en riesgo su permanencia y la verdad no veo como puedan corregir el rumbo sin nuestra ayuda. El balance no nos resultó perfecto. Al principio el dilema cumple su propósito, y mantiene el equilibrio pero pronto se pierde, y periódicamente hay que intervenir para recobrarlo. Eso fue justamente lo que hicimos en nuestra última visita…

-Y si, continuó Jesús, los equilibrios se han roto. Los efectos de la prelación de la ignorancia, el temor, la avaricia y la soberbia sobre la conciencia, el amor, la generosidad y la humildad humanas están ahí, salvo para aquellos que prefieren no ver y encerrase en su esfera de cristal.

-Y si, no solo se requiere “un” ajuste, se requiere una operación mayor. En una época donde el uso de indicadores está de moda, el principal de ellos, el apego a los valores se desplomó, está perdiendo la batalla en todas las regiones, niveles y sectores de la actividad humana.”


Muchos pensarán que la anterior es una visión pesimista del mundo. Sin lugar a dudas, todos tenemos el derecho al optimismo, pero los hechos están ahí. A ellos les diría, si el “indicador de los valores” no les convence, que vean entonces los síntomas de la enfermedad. Ya no digamos desde la perspectiva global y académica que utiliza palabras extrañas como geopolítica, hegemonías, plutocracias, globalización entre otras tantas.

Véanla tan solo desde la perspectiva de lo que está a la vuelta de la esquina, con lo que nos topamos todos los días en nuestras comunidades: corrupción, desempleo, inseguridad, alcoholismo, violencia, drogadicción, depredación ambiental y pobreza extrema entre otros tantos males que nos aquejan. Porque justo ahí, en lo más cercano, es donde está la solución.

Mucho se ha dicho que no basta con señalar, que hay que dar soluciones. Y es correcto. Solo que la solución no cabe esperarla de alguien más. La solución está en todos. Cada uno en la medida de sus posibilidades. Cada uno en la trinchera que le corresponde como padre, empleado, patrón, líder, político, hijo, esposo, funcionario público… Cada uno cuando tenga que elegir la siguiente nota de su vida habrá de considerar que la conciencia, el amor, la generosidad y la humildad no le son ajenos; que siempre han estado en nosotros; como ingredientes de la maravillosa receta de la diversidad humana; reconociendo que los hechos, hechos son y que lo que cuenta es la actitud con la que se enfrentan…

Cuenta la leyenda que el último rey de Granada, Boabdil, al salir camino de su exilio en las Alpujarras, cuando estaba en la cima de una colina, volteó la cabeza para ver su ciudad por última vez y lloró, escuchando entonces de su madre la sultana Aixa, el duro reproche "no llores como una mujer lo que no supiste defender como un hombre”.

Lo que ocurrió entonces con el rey Boabdil fue que no supo reconocer sus debilidades y en consecuencia no supo como superarlas. A esa colina se le llamó desde entonces la colina del Suspiro del Moro… Por favor, reconozcamos, aunque duela, la realidad nacional para defender la Patria de sus enemigos, haciendo lo correcto, justo en nuestra trinchera.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
http://twitter.com/enriquechm

domingo, 12 de octubre de 2008

Tarde de toros...

No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo pero han de saber que eventualmente viajo a la ciudad de México por cuestiones de trabajo y que la historia de hoy corresponde al último de esos mis viajes de “voy” rumbo a la capital en el primer vuelo y “vengo” a casa en el último del día. “Voy, vengo pues…” Empezamos…

06:00 AM Despertar y vestir el uniforme chilango por excelencia ¡el traje! 7:00 AM Salir a esperar en la banqueta a donde me dan las 7:05, las 7:10, las 7:15 y el “aventón” ¡nunca llega! Activar el plan b, sacar de volada el coche, correr al cajero, “volar” al aeropuerto; solo me quito el cinturón –el guardia estaba de buen modo- para superar el control de seguridad del aeropuerto, abordar, escuchar por enésima ocasión las instrucciones de seguridad al tiempo que una aeromoza -que vio pasar ya sus años mozos- hace la calistenia habitual para señalar las salidas de emergencia, las mascarillas de oxígeno, a la que escucho “con toda atención” para no parecer mal educado. Superar la tensión del despegue para relajarme después en medio de turbulencias entre “ligeras y moderadas” que hacen brincar, igualmente entre ligera y moderadamente a la nota del periódico que me esfuerzo por leer…

El aterrizaje de regular a bueno, –el avión no rebotó más de una vez- corro a la fila del taxi para salir rumbo a la cita, llego con tiempo para un "tente en pie" en el Sanborn’s de la esquina, el café ¡a todo dar! y el pan de muerto ¡buenísimo! servido por una mesera de la segunda ¿tercera? edad de lo más amable y... hum... listo, ¡barriga llena y corazón contento! Ahora si... ¡a la faena! ¡Venga la reunión con los auditores que nos harán lo que el viento a Juárez!

12:30 en punto, ya en el ruedo con el público impaciente se abre la puerta de toriles por donde salen al ruedo no uno, ni dos, ni tres ¡cinco toros-auditores de lidia! listos a coger entre sus astas a los temblorosos integrantes-funcionarios públicos de la cuadrilla... Pronto la afición muestra su entusiasmo con el primer ¡Ole! de la tarde por el magistral pase del matador ante la primera embestida. ¡Uff! exclaman cuando por poco se llevan entre las patas al de las banderillas... finalmente todo termina en un empate... nada para nadie, ni sangre, ni dolor en la arena... ¡será para la próxima! Y así regresan con enfado los toros-auditores a los corrales... y la cuadrilla a comer y brindar por el "éxito" obtenido, a realizar el recuento de los daños y ordenar el remiendo del terno de luces para la próxima y definitoria faena donde seguramente la sangre llegará a la arena... y los pañuelos pintaran de blanco el graderío exigiendo el indulto del toro ó las orejas y el rabo para el matador…

15:30 PM ¡Al aeropuerto por favor que ya nos vamos! Qué si... ¿tuvo feliz estancia? ¿El tráfico está del demonio? ¿Llegaremos a tiempo? la charla mata los minutos del tedioso recorrido hasta llegar justo a tiempo para abordar el avión… pero, ¡nunca falta un pero! La voz cada vez más fea -que me recuerda la de las estaciones de autobuses- nos trae el anuncio mas odiado -Su atención por favor pasajeros del vuelo 9323 con destino al aeropuerto de Minatitlán se les informa que por las condiciones meteorológicas su vuelo está retrasado…- anuncio tras el cual un diligente empleado de la aerolínea nos invita a esperar en el salón “ejecutivo” donde dice encontraremos refrescos, bebidas, pastelillos y demás chunches cortesía de la casa para hacer menos cansada la espera…

¡Y ahí vamos! Como cuando se espera que la tienda agote la oferta –en este caso las bebidas-, nos dirigimos en tropel al ponderado salón solo para que justo al momento de dar el primer trago, antes siquiera de tocar la botana, el mismo empleado con la misma sonrisa amable –pintada seguramente- nos apresura a regresar a la sala de última espera para bordar el avión ¿Por qué le dirán así? ¡Dan ñanaras!

Y el enojo surge de pronto, a repelar todos por el desperdicio, se exige tiempo para dar cuenta de la bebida recién servida, solo que no hay pero que valga para el mensajero y de nuevo ahí vamos solo que ahora a pasito “tun tun” refunfuñando por la oportunidad perdida de cortar una flor del jardín de la aerolínea…De nuevo a sacar el boleto y la identificación, presentarlo a otro empleado –este con cara de ya estoy por acabar mi turno- recorrer los largos pasillos, embarcarse en el autobús, contar historias trágicas de aviones para fastidiar a los que transpiran el miedito que les da subirse a estos prodigios de la aviación –sobre todo cuando se espera que se mueva como batidora- saludar a la aeromoza, acomodarse en el asiento y ¡Oh, sorpresa! no pasa nada… los motores apagados… ¡Malandrines, ya entiendo! Nos vieron con muchas ganas de acabar con su despensa y prefirieron encerrarnos en la cabina del avión… Finalmente después de 15 o 20 minutos de larga espera con la advertencia de que si el tiempo no mejora regresaremos a la capital, escucho y siento la vibración de los motores que invitan a prepararse, de súbito el “arrancón” del despegue que en estos aviones si se siente y la vista que nunca deja de maravillar, de la gran ciudad a tus pies… Solo que hoy el paisaje es diferente, con la vista al infinito embelesado me captura la maravillosa sinfonía de colores de una puesta de sol que se difunde entre las nubes blancas que de tan blancas deslumbran y las negras, que de tan negras espantan enmarcando por momentos a un Don Goyo inquieto, humeante, tal vez enojado por nuestros desatinos, tal vez divertido, o simplemente indiferente pues conoce lo que ha sido y sabe que estará en lo que será. Y a su eterna compañera Iztaccihuatl la que no ve pues está dormida pero que acompaña el momento mágico que deseo interminable.

¿La crisis? ¡Cuál crisis! ¿La inseguridad? ¡Cuál inseguridad! ¿La corrupción? ¡Cuál corrupción ¡Humildad! es lo que respiro y debieran respirar todos los ciegos que no ven porque no quieren, escondidos tras la muralla que construyeron ellos mismos y ya olvidaron como cruzar… Y así del embeleso a la penumbra y de ahí al sueño y después al despertar en sobresaltos cuando una voz que no era de ángel anunció… “Sres. pasajeros estamos por iniciar nuestro descenso, favor de abrochar su cinturón, colocar el respaldo de sus asientos en posición vertical y abrir las cortinillas…” para dar paso a que los monstruos antes desvanecidos cobraran vida de nueva cuenta al conjuro del último anuncio del día “Señores pasajeros favor de permanecer en sus asientos por su propia seguridad hasta que el avión se haya detenido por completo en plataforma”

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 26 de agosto de 2007

Historia de un herrero...

El enfoque personal de la Trilogía Intuitiva

“Juan un pionero de mediados del siglo XIX, disfrutaba impresionado y en actitud reflexiva, el maravilloso paisaje que se extendía hasta el horizonte donde imaginaba un futuro promisorio para él y su joven esposa. Hábil herrero y agricultor, estaba conciente de que el bosque, al margen de su belleza, ocultaba muchos peligros de los cuales tenía que protegerse, para contar con un espacio seguro donde refugiarse primero y después desarrollar los oficios en los que sabe puede fincar su futuro.

Así que, observando cuidadosamente seleccionó un lugar, que estratégicamente ubicado, le permitiría dominar la llanura alrededor de su futura cabaña, el sendero que cruzaba por sus tierras así como la cercanía a la fuente de agua necesaria para la casa, la siembra y la forja de las herramientas.

Conciente de necesitar buenas relaciones, apenas instalado, Juan emprendió un recorrido para visitar a sus vecinos a quienes les ofreció su apoyo y sus servicios; en esas visitas pudo detectar lo que requerirían de él, pero también se dio cuenta que necesitaba aprender a utilizar las armas para proteger a su familia de los bandidos que asolaban la región y así lo hizo, practicó hasta que tuvo algo más que buena puntería.

Al cabo de los meses; Juan, con la forja en plena producción, ya no era uno más de los recién llegados, plenamente integrado a su comunidad se había convertido en Juan, “El herrero”, oficio al que se entregaba con vitalidad y entusiasmo; la prosperidad se empezaba entonces a mostrar en sus posesiones….”


El relato anterior nos muestra como, al alejárnos por un momento de la sofisticación de la vida moderna, se pueden identificar de manera sencilla las tres necesidades vitales a satisfacer para lograr bienestar: la necesidad de producir y crear; la necesidad de protegernos; y la necesidad de conocernos a nosotros mismos. Cuando con la prioridad que dicten nuestros valores atendamos en forma armónica a estos tres aspectos vilates, se creará sinergia para potenciar nuestras capacidades más allá de lo que cualquiera pudiera imaginar.

La protección y la seguridad

El ambiente que rodeaba a Juan era hostil. Él necesitaba conocer como protegerse y crear un entorno seguro para poder desempeñar sus otras dos necesidades básicas. Su punto de partida para estas tareas de protección y seguridad, es la permanente observación y el análisis tanto de sí mismo, para identificar sus debilidades y fortalezas; como de su entorno en busca de amenazas y oportunidades que le permitan prevenir y reaccionar adecuadamente. Capacitarse en el uso de las armas, planear la ubicación de su casa y visitar a sus vecinos formó parte de este aspecto.


Para esto Juan, como cualquiera de nosotros, requiere de cualidades que puede desarrollar como la observación, la prudencia, el valor y el autocontrol para enfrentar contingencias, asi como la moderación de su conducta para evitar meterse en problemas.

La producción y la creación

Para la comunidad donde se desenvuelve Juan, él tiene un propósito; para ellos, lo que Juan produce y crea es la identidad que proyecta, es el “Herrero” en tanto que para él, su trabajo le permite crear riqueza y prosperidad para asegurar el bienestar físico y material tanto el propio como el de su familia, satisfaciendo sus necesidades y deseos. Ser vital, apasionado, competente, innovador y adaptable al contexto son las cualidades que proyecta y que ponderan todos los que le rodean más allá del significado que para él tiene la vida.

El conocimiento de si mismo

Juan no actúaba, ni decidía con base a supuestos respecto de si mismo; sabía lo que quería, conocía sus debilidades, sus fortalezas, tenía un sueño y fue tras de él. El conocimiento de si mismo fue el recurso que tuvo para tomar las decisiones que le colocaron efectivamente en el camino a satisfacer sus necesidades y deseos. Ser humilde, ser conciliador y tener fuerza de voluntad le permitió ser su propio líder, motivarse y enfocarse; en síntesis auto determinarse y lograr su visión de futuro.

Comentarios

Para intentar explicar el comportamiento humano se han escrito muchos libros. Tratados donde, con toda formalidad, se profundiza en temas como la praxeología, la epistemología, la axiología, la ontología, etcétera utilizando un lenguaje por demás complicado y alejado del común de los mortales; la tan de moda, literatura de superación personal, ofrece muchas recetas para alcanzar el éxito en todos los temas; sin embargo no he logrado encontrar un solo libro que logre explicar de manera sencilla cuales son las herramientas fundamentales, como se complementan y porqué las requerimos todas para alcanzar el bienestar.

La tesis de la Trilogía Intuitiva trata sobre los fundamentos filosóficos de la gestión empresarial; fue desarrollada por Renée Bédard, Ph.D. graduada en la Escuela de Altos Estudios Comerciales en Montreal (HEC) donde forma parte del Grupo de Investigación Humanismo y Gestión que dirige el profesor Alain Chanlat. Este grupo se ha propuesto como misión desarrollar una perspectiva de la administración centrada en la persona y, para lograrlo, se apoyan sobre las contribuciones de las ciencias humanas y de la filosofía bajo una perspectiva interdisciplinaria.

Conocí esta tésis en 1994 cuando cursé un diplomado en el ITAM donde el profesor Chanlat fue mi maestro. La tésis me impresionó pues su enfoque humanista y el sentido común que la sustenta la coloca muy por encima de las escuelas tradicionales de la gestión empresarial moderna; sin embargo tal como se expresa originalmente aplica a las organizaciones por lo que me dí a la tarea de aplicar los mismos conceptos a un modelo aplicable a las personas y esto es lo que les he presentado hoy.

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com