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sábado, 18 de septiembre de 2010

POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU

Dicen que la curiosidad mató al gato.

En mi caso, no por ser gato pero si «perro» en época de las novatadas universitarias, la curiosidad me condujo encapuchado con la cabellera trasquilada y el orgullo herido, directo a una peluquería en la Plaza de San Jacinto en la Delegación Álvaro Obregón... ¿Cómo se lo arreglo? Dijo el fígaro con una sonrisa burlona… ¿A rape?

-¡Párenle, párenle que no somos de ingeniería!, estudiamos física en ciencias y allá no rapan… -¿Física? ¡Aquí también se enseña física! Contestaron los méndigos con las tijeras en mano y bueno, el resto de la historia, perdón del pelo, terminó en el piso de la peluquería.

Eso fue a principios de 1970, 60 años después de que Justo Sierra pronunciara su discurso en la inauguración de la Universidad Nacional de México. 25 años después de que le fue otorgada la autonomía, 20 años después de colocada la primera piedra de la actual Ciudad Universitaria, dos años después del movimiento del ’68 y a escasos seis meses del jueves 10 de junio.

Mis comienzos en la universidad fueron la época de los comités de huelga, de las interminables asambleas, de los encendidos discursos, del dolor y del resentimiento por los muertos, de las historias de horror, de las aclamaciones y los abucheos, de los desaparecidos, de los presos, de las pintas, del volanteo. Que muchos provincianos al principio poco entendíamos salvo que lo que ahí se gestaba era grande, algo que trascendería a todos nosotros. Y llegó el infausto 10 de junio, el jueves de corpus, el de los halcones, su violencia y nuestros muertos… y el tiempo empezó a transcurrir despacio, y la frustración a convertirse en silencio, en anécdota y hoy en olvido.

Pero no para todos. Pues hay muchos, muchísimos afirmo, que no han olvidado los logros de su historia. Ni tampoco el propósito que Justo Sierra expresó en su discurso inaugural:

"(…) nosotros decimos a los universitarios de hoy, la verdad se va definiendo, buscadla, enfatizando que (…) tenéis encomendada la realización de un ideal político y social que se resume así: democracia y libertad."

Así, soy un universitario orgullosamente egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Agradecido porque, plural como es, por ella conocí la diversidad que nos distingue como país. Porqué en sus aulas aprendí que la educación es oportunidad de grandeza. Porqué ahí recibí las bases para contribuir a un México mejor. Porqué cuando pude comprender que “POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU” entendí el real significado de expresar:

¡Viva México!

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

domingo, 13 de abril de 2008

¡Qué mala ley...!

Que mala ley de los que hablan sin motivo
Masticando entre los dientes la mentira maldiciente de que nunca te he querido…


Que mala ley si mi vida esta contigo…
Hay que ser desvergonzado y tener muy mala ley…
Para ser tan traicionero
Y decir que no te quiero y que voy a ser tu cruz…

Si jamás nunca se ha dado, ni podría igualarlo un rey…
Un amor que es el primero que se entrega todo entero
Porque así mereces tú…

Que mala ley…”

La anterior es la letra de una hermosa canción titulada “Mala Ley” de los compositores Rubén Fuentes y Rafael Cárdenas que interpreta magistralmente Marco Antonio Muñiz que me pareció ni mandada a hacer a propósito de las iniciativas de Ley para el fortalecimiento de Petróleos Mexicanos que presentó el ejecutivo federal y déjenme contarles porqué…

Apenas antes de ayer conocí el documento “Opinión de los académicos sobre la necesidad de tener una política energética de estado congruente a un país petrolero como es el nuestro” (publicado en el periódico el Universal el 6 septiembre de 2005 por profesor Rafael Decelis Contreras) donde se realiza un revelador análisis del discurso a lo largo del tiempo tanto de funcionarios y políticos nacionales como de nuestros vecinos del norte sobre la cuestión petrolera Mexicana. La síntesis de ese discurso es la frase del ex-secretario de energía de los EUA (1976 -1980) James Schlesinger: “No podemos tolerar que exista un Japón al Sur de nuestra frontera”

En esas misma fechas desarrollé una reflexión sobre Petróleos Mexicanos enfocando las diferentes aristas de la problemática; comenté entonces las fuerzas que inciden en el desarrollo de la industria: la geopolítica; la seguridad nacional de los Estados Unidos; la percepción del futuro deseado para México; el estado de nuestras reservas petroleras; el papel del sindicato petrolero y finalmente, las circunstancias de la propia empresa que en conjunto nos han conducido a la situación que hoy se pretende remediar con las iniciativas de Ley presentadas por el Ejecutivo Federal.

Concluí que el control de los recursos petroleros de México es un factor clave para la seguridad nacional y el liderazgo hegemónico de los Estados Unidos cuya estrategia promovería la corrupción y la falta de consenso político como instrumentos para controlar e impedir un Petróleos Mexicanos fuerte, detonador del desarrollo de las cadenas productivas de la Nación que igualmente se sintetiza en la frase de James Schlesinger: “No podemos tolerar que exista un Japón al Sur de nuestra frontera”

La recientemente presentada iniciativa de Ley para el fortalecimiento de Petróleos Mexicanos confirma las apreciaciones anteriores; si bien es cierto que en la parte que toca a la operación misma de la empresa la iniciativa resuelve casi todos los problemas por otro lado otorga al gobierno federal los más amplios poderes para decidir todo en cuanto a los recursos petroleros de la Nación. De ser aprobadas las iniciativas, no solo de hecho si no derecho, el usufructo del petróleo estaría en manos de la decisión de unos cuantos. Pemex en todo caso sería solo el operador.

Así que la canción resultó ni mandada a hacer, todos podemos decir: “Que mala ley…” el gobierno respecto de la reacción de la oposición, “Qué mala ley…” la oposición respecto de la iniciativa del gobierno y el pueblo de todos ellos…

¡Que mala Ley!

En otro orden de ideas a partir hoy incluyo un apartado de reconocimientos a quienes hacen posible las cosas buenas que también ocurren y que pasan normalmente desapercibidas… así que mi reconocimiento a:

  • El conductor del taxi 134 que amablemente detuvo su marcha para dar el paso a una señora de avanzada edad…
  • Al SAT por que tardé nada en presentar mi declaración anual del ISR por Internet y también por que cuando dejé un mensaje de voz en una grabadora para pedir asistencia, dejé mi teléfono y me devolvieron rápidamente mi llamada.
  • A las autoridades municipales por que el camión de la basura ahora llega puntual a recogerla; por la nueva imagen del centro de la ciudad y del malecón; y los baches que repararon en mi ruta de todos los días.

A todos gracias, con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com