La película de suspenso psicológico “El Cisne Negro”, protagonizada por Natalie Portman ganadora del Oscar a la mejor actriz en este año 2010, es una bellísima metáfora de la lucha por el logro.Ilustra a la perfección los atributos de disciplina, tenacidad, sacrificio, compromiso, entrega plena que se requieren para hacer realidad nuestros más profundos anhelos; y más allá de eso es muestra del dilema permanente, el drama de la naturaleza humana, la lucha entre el bien y el mal, que el personaje resuelve, en un acto de congruencia e integridad, con el auto sacrificio justo al momento cruzar el arco del triunfo.
Al final, la Prima Ballerina, en el papel del Cisne Blanco, eligió antes que permanecer en el pináculo de la gloria como víctima de su lado oscuro, ser su propia victimaria.
Esta metáfora puede aplicarse perfectamente, pero con un final distinto, a quienes tal vez con las mejores intenciones, gozando de los mismos atributos, lograron alcanzar el poder y aquí no hablo de personas únicamente, también de las formas en las que se organizan, países incluidos. Veamos un ejemplo:
El subsecretario antinarcóticos de Estados Unidos, William R. Brownfield, durante la XXVIII Conferencia Internacional para el Control de las Drogas, declaró en un acto se sinceridad inaudita lo siguiente:
“…las organizaciones delictivas ya no están integradas verticalmente, ni tienen sus centros en países individuales, sino que su operación es global… Son organizaciones que tienen grandes conocimientos tecnológicos y en algunos casos tienen mejor tecnología que nosotros, utilizan negocios lícitos para poder efectuar sus operaciones, son flexibles, cambian sus tácticas, sus rutas, sus medios de transporte y sus mecanismos. La forma en que operan hoy es diferente a cómo operaban el mes pasado y diferente a como lo harán el próximo…Dos de las más grandes organizaciones vinculadas con el narcotráfico son conocidas como Talibán y Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.”
Al respecto, 3 años atrás publiqué el texto titulado “Un arma silenciosa” que narra una hipotética reunión de un emperador y sus ministros a propósito de la guerra que libraban contra el narcotráfico; en uno de los párrafos se dice:
“Sí su Excelencia, estamos en guerra, pero definitivamente no es una guerra convencional. Nos enfrentamos a organizaciones sin burocracia, que suscriben alianzas estratégicas, con líderes efectivos que, al conocer que durarán poco en el encargo, delegan y preparan reemplazos, que desarrollan estrategias muy depuradas, organizaciones con códigos de conducta muy estrictos, pero a la vez flexibles y con capacidad de respuesta, con expertos innovadores en todos los campos, tropas motivadas y, permítame decirlo… tienen lo mejor de nuestra tecnología en armamento, comunicaciones y cómputo…”
La coincidencia es asombrosa, sin embargo no puedo creer que, parafraseando al subsecretario Brownfield, “solo después de 32 años, miles de millones de dólares y muchas estrategias después digan que no pudieron, que se equivocaron…”
¿Cómo? ¿Ellos, el país más poderoso del mundo? ¡Por Dios! a otro perro con ese hueso. ¿Cómo es posible que un observador con escasos recursos de información de inteligencia haya llegado 3 años antes a las mismas conclusiones que hoy confiesan con falsa humildad? No, no es posible. Ellos conocen bien el estado de las cosas y la solución que también incluí en mi texto:
“La solución es acabar el resentimiento que nos tiene el mundo, necesitamos una estrategia radicalmente diferente. Nuestro pueblo debe dejar de ser el victimario del mundo y los cárteles no tendrán más el apoyo de los grupos radicales, que con gran resentimiento emplean a los narcotraficantes como arma, no para destruir nuestro presente, que no pueden, pero si a nuestro futuro que es la juventud… Debemos apoyar a las grandes causas del mundo como la lucha contra el cambio climático, la pobreza, las enfermedades y así los pueblos del mundo apoyarán con sinceridad, no con hipocresía, la lucha contra nuestros enemigos...Si seguimos este camino no habrá más mercado para las drogas. Nuestra juventud no necesitará buscar más la felicidad en ese mundo, pues les será posible encontrarla en el que les heredaremos…”
Nadie hizo caso a la propuesta del ministro. En síntesis, quién prevaleció en ellos fue el Cisne Negro dispuesto a todo, a cometer la peor de las atrocidades, a victimizar su parte buena, el Cisne Blanco, a sacrificar sus valores fundacionales, antes que perder la hegemonía una vez alcanzada.
Así que, antes de evitar el tráfico de armas o las guerras ¡Que prevalezca el la industria armamentista y el estilo de vida americano! Antes de que lloren en su casa ¡Que lloren en la nuestra!, así que antes de que nuestro el gobierno reconozca que erró la estrategia que mueran 10, 20, 30 mil más los que sean…
¡Qué más les da!
II ¿Ya iniciaron los trabajos para desarrollar el plan de protección civil y el programa para mejorar la vialidad de Coatzacoalcos?
Con mis mejores deseos,
Enrique Chávez Maranto
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