La declaración en la columna anterior «…existen interesados muy poderosos fuera de nuestra fronteras, deseosos de “quebrar” al país o mantenerlo en la inestabilidad…» parece implicar la existencia de un complot en contra de nuestro país. La interpretación es incorrecta. No hay tal complot. Existen actores que por razones de mercado, competencia, seguridad nacional y/o energética, fundamentalismo, ideología, etcétera; actúan en forma independiente afectando nuestro desarrollo. Cada quien por su lado, sin cuestiones personales de por medio y por razones estrictamente de negocios.Aclarado el punto, recordarán ustedes que dentro de la receta para “quebrar” a una organización está como uno de los ingredientes, disminuir sus ingresos. El siguiente es un caso de la vida real donde podremos encontrar la respuesta…
Corría el año de 1958 cuando una joven señora enviudó y de repente, con el escaso salario de una maestra, enfrentó el reto de criar sola a cuatro hijos para quienes imaginó un futuro promisorio. ¿Cómo lo hizo?
Disminuyó el gasto al comprar directamente a los productores o al mayoreo: Alguna vez le pregunté porque se levantaba de madrugada para ir al mercado a lo que contestó: -Necesitamos zanahoria para tu jugo, si llegamos temprano al mercado la compraremos directamente a los campesinos que la traen a 80¢; más tarde, los precios suben y los intermediarios la venden a $1.20.
Desarrolló competencias para ser autosuficiente en sus necesidades básicas: Aprendió a cultivar y a criar gallinas. Así que huevos, yucas, verduras, cítricos y semillas nunca faltaron a la mesa.
Convirtió centros de costos en centros de utilidad: No obstante que el terreno de su casa era grande solo mantenía un pequeño jardín. En el resto del solar instaló el huerto y el gallinero. La cocina de la casa por las noches se convertía en una “fábrica” de tortas que vendía en la tienda de la cooperativa escolar.
Invirtió en tecnología para ser más productiva: A finales de los 60 contaba con toda suerte de equipos electrodomésticos –planchadora incluida- que en esa época difícilmente se adquirían.
Utilizó su crédito solo para proyectos productivos si estaba segura de poder cubrirlo: En una ocasión, el gerente de una tienda de la ciudad, el Sr. Pánfilo López, le insistía en venderle a crédito un aparato, su respuesta fue: Todavía no puedo, más adelante y así fue. Cuando estuvo segura de poder pagar regresó y lo compró.
Ahorró para los gastos “superfluos”: Siempre que le pedía algún obsequio su respuesta era: -haremos un ahorrito… y al paso de las semanas ¡ahí estaba!
Gastó de acuerdo a sus posibilidades: Las celebraciones siempre fueron importantes pero nunca gastó en ellas lo que no tenía porque lo importante cuando existe la convicción es justamente eso celebrar, no gastar en fuegos artificiales.
La estrategia da resultados, me consta. Si la aplica usted con visión de largo plazo, disciplina y sin esperar milagros, más tarde o más temprano mejorarán sus finanzas. Y si lo hiciera el país entero, al margen y a pesar de lo que el gobierno pudiera hacer, los beneficios se multiplicarán y llegarán antes.
Las acciones se pueden aplicar en todo tipo de organizaciones. De hecho el gobierno ya las conoce pero con un lenguaje distinto: Racionalizar el gasto público, promover el ahorro interno, desarrollar competencias, autosuficiencia en las actividades del sector primario, incrementar la productividad, invertir en proyectos productivos e infraestructura, financiar en su caso proyectos de valor agregado, nunca el gasto y mucho menos lo superfluo… de que la aplique o no, es otro asunto.
Nada es imposible, el cielo o el infierno lo construimos nosotros. El tema aún no se agota, continuaremos en la siguiente columna.
Con mis mejores deseos,
Enrique Chávez Maranto
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