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domingo, 15 de agosto de 2010

Primera Propuesta

La declaración en la columna anterior «…existen interesados muy poderosos fuera de nuestra fronteras, deseosos de “quebrar” al país o mantenerlo en la inestabilidad…» parece implicar la existencia de un complot en contra de nuestro país. La interpretación es incorrecta. No hay tal complot. Existen actores que por razones de mercado, competencia, seguridad nacional y/o energética, fundamentalismo, ideología, etcétera; actúan en forma independiente afectando nuestro desarrollo. Cada quien por su lado, sin cuestiones personales de por medio y por razones estrictamente de negocios.

Aclarado el punto, recordarán ustedes que dentro de la receta para “quebrar” a una organización está como uno de los ingredientes, disminuir sus ingresos. El siguiente es un caso de la vida real donde podremos encontrar la respuesta…

Corría el año de 1958 cuando una joven señora enviudó y de repente, con el escaso salario de una maestra, enfrentó el reto de criar sola a cuatro hijos para quienes imaginó un futuro promisorio. ¿Cómo lo hizo?

Disminuyó el gasto al comprar directamente a los productores o al mayoreo: Alguna vez le pregunté porque se levantaba de madrugada para ir al mercado a lo que contestó: -Necesitamos zanahoria para tu jugo, si llegamos temprano al mercado la compraremos directamente a los campesinos que la traen a 80¢; más tarde, los precios suben y los intermediarios la venden a $1.20.

Desarrolló competencias para ser autosuficiente en sus necesidades básicas: Aprendió a cultivar y a criar gallinas. Así que huevos, yucas, verduras, cítricos y semillas nunca faltaron a la mesa.

Convirtió centros de costos en centros de utilidad: No obstante que el terreno de su casa era grande solo mantenía un pequeño jardín. En el resto del solar instaló el huerto y el gallinero. La cocina de la casa por las noches se convertía en una “fábrica” de tortas que vendía en la tienda de la cooperativa escolar.

Invirtió en tecnología para ser más productiva: A finales de los 60 contaba con toda suerte de equipos electrodomésticos –planchadora incluida- que en esa época difícilmente se adquirían.

Utilizó su crédito solo para proyectos productivos si estaba segura de poder cubrirlo: En una ocasión, el gerente de una tienda de la ciudad, el Sr. Pánfilo López, le insistía en venderle a crédito un aparato, su respuesta fue: Todavía no puedo, más adelante y así fue. Cuando estuvo segura de poder pagar regresó y lo compró.

Ahorró para los gastos “superfluos”: Siempre que le pedía algún obsequio su respuesta era: -haremos un ahorrito… y al paso de las semanas ¡ahí estaba!

Gastó de acuerdo a sus posibilidades: Las celebraciones siempre fueron importantes pero nunca gastó en ellas lo que no tenía porque lo importante cuando existe la convicción es justamente eso celebrar, no gastar en fuegos artificiales.

La estrategia da resultados, me consta. Si la aplica usted con visión de largo plazo, disciplina y sin esperar milagros, más tarde o más temprano mejorarán sus finanzas. Y si lo hiciera el país entero, al margen y a pesar de lo que el gobierno pudiera hacer, los beneficios se multiplicarán y llegarán antes.

Las acciones se pueden aplicar en todo tipo de organizaciones. De hecho el gobierno ya las conoce pero con un lenguaje distinto: Racionalizar el gasto público, promover el ahorro interno, desarrollar competencias, autosuficiencia en las actividades del sector primario, incrementar la productividad, invertir en proyectos productivos e infraestructura, financiar en su caso proyectos de valor agregado, nunca el gasto y mucho menos lo superfluo… de que la aplique o no, es otro asunto.

Nada es imposible, el cielo o el infierno lo construimos nosotros. El tema aún no se agota, continuaremos en la siguiente columna.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

lunes, 17 de mayo de 2010

Requisito indispensable: Vocación

Hace ya medio siglo me hicieron una afortunada encomienda: escribir la biografía de mi Padre de quien solo recordaba cuando en alguna ocasión caminé tomado de su mano hacia la esquina de la carnicería de Don Siriaco -aquel horrible, flaco y huraño personaje enfundado siempre en un mandil ensangrentado- para abordar un vetusto camión con rumbo a la escuela donde mi Papá era maestro. En ese entonces tendría yo 4 o 5 años de edad.

De él conocía de oídas su espíritu bohemio, de sus actividades como profesor de educación primaria, locutor, periodista, empresario y su afición por los zapatos, pero nunca lo que encontraría, hurgando los viejos papeles, en un pequeño cuaderno de páginas amarillentas que parecían deshacerse entre mis manos… ¡el borrador de un ensayo, escrito de su puño y letra! de cual transcribo una pequeña muestra de su reflexión…

[Será ideal el día en que los niños petroleros cuenten con escuelas técnicamente organizadas con profesorado idóneo y con una ideología que no incurra en los defectos del fascismo revolucionario o torciendo con una mala interpretación los postulados de la Escuela Socialista Mexicana.] Enrique Chávez Vázquez; “Las Escuelas para Niños de Trabajadores Petroleros”, 1940.

Pero mis sorpresas ese día no terminaron ahí, pues al continuar al continuar la búsqueda de material para documentar la biografía encontré la tesis de mi Madre, también Maestra, que la concluyó afirmando…

[Si hacemos nuestro lo que el gran Vate veracruzano dijo, me refiero a Salvador Díaz Mirón, “Nadie tiene derecho a lo superfluo mientras otros carezcan de lo estricto” entonces no importaría que la sociedad se divida en cien clases. Que nadie carezca de lo estricto; que los bienes naturales estén humanamente distribuidos. Que el niño, el valor humano más grande y más importante de nuestra vida, se desarrolle en un ambiente sano y de comodidad. Ese es nuestro más grande ideal]… [Qué sean nuestras escuelitas, la verdadera y más alegre casa del pueblo, donde el niño se desarrolle feliz y estudie con ganas de volver a ella] Ramona Maranto Riego; “Influencia del Factor Económico en la Educación del Niño”, 1956.

Dos tiempos diferentes, dos maestros, dos distintos enfoques, pero un mismo propósito que solo fui capaz de comprender cuando después de leer esos escritos, recordé a la pequeña alumna de mi Madre que, con lágrimas en sus ojos, en el anonimato, depositó una humilde flor sobre su tumba.

“No deberían existir maestros sin vocación porque el magisterio es amor y compromiso por el bien más preciado, nuestra niñez, el futuro de México” Ramona Maranto Riego.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
www.ramari.blogspot.com
Twitter @enriquechm

domingo, 21 de marzo de 2010

En México, ¿Somos familia?

1944, Daniel Maranto Rosas, viaja de polizón a la zona del desastre causado por la inundación en Chacaltianguis, Ver., para rescatar a mi Madre quien a los 18 años era maestra rural.

9 de abril de 1941, Enrique Chávez Vázquez, profesor, periodista y más tarde locutor, tres años después de la expropiación petrolera recibe un telegrama que dice «Extrañadísimos silencio acontecimientos petroleros esa región ocupación campos tropas Federales y huelga anunciada exitámoslos (sic) cumplir deber enviando esta vía informaciones hechos palpitantes urgentísimo, LA PRENSA”»

17 de marzo de 1952, Enrique Chávez Vázquez, socio fundador de la Compañía Radiofónica de Poza Rica, conduce desde “la capital petrolera de México…” la emisión inaugural de la radiodifusora XEPR, la primera en el norte del estado de Veracruz.

28 de septiembre de 1956, Ramona Maranto Riego, en su examen profesional para obtener su título de Profesora de Educación Primaria, afirma «…todos los niños, desde un punto de vista humano y patriótico, debe gozar de iguales derechos, no importa la clase social a la que pertenezcan…»

¿Y lo anterior, a qué viene? Ramona, Enrique y Daniel, mi Madre, mi Padre y mi Abuelo son parte de la respuesta a una queridísima lectora que en días pasados, a propósito de una reunión familiar, me sugirió escribir sobre la familia. Me pregunté en ese momento, ¿Cómo enfoco el tema si tanto se ha dicho ya? La respuesta no tardó en llegar. Una vocecita me dijo, apela a tus sentimientos. Ahí la encontrarás.

De inmediato surgieron los sentimientos de orgullo, de asombro, de tristeza y de agradecimiento por sus logros, sus luchas, sus aflicciones y los maravillosos regalos que recibí de mis mayores. Sentimientos cotidianos que igual están ahí por mi esposa, mis hijos, mis hermanos, mis tíos, mis primos, mis parientes todos. Sentimientos que no he elegido, que surgen de mis entrañas porque hay un pedacito de todos en mi; y en ellos, un pedacito de mí.

Son esos los sentimientos que siempre han estado simplemente por ver la luz donde nacimos. Sentimientos que serán pequeñitos o grandes si la actitud elegida fortalece los vínculos para poder decir sin duda alguna ¡Somos familia!...

Y extendiendo esta idea a una escala mayor pregunto: En México. ¿Somos familia?

En las familias difícilmente estarán todos siempre de acuerdo, los hermanos en la adolescencia, siempre peleando, hemos sido buen ejemplo de ello. Sin embargo al final del día el Amor, los valores y el ejemplo del liderazgo superan siempre las diferencias.

Así México puede ser familia. Sí, si empezamos en casa.

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto

enrique.chm@gmail.com

www.ramari.blogspot.com

Twitter @enriquechm