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domingo, 15 de marzo de 2009

Tarjetas de crédito y la moderna tienda de raya...

Las tiendas de raya en la época de Don Porfirio Díaz eran el mecanismo perfecto para la acumulación desmedida de la riqueza en manos de los patrones a través de la explotación de los campesinos y los obreros de la época. A estos les pagaban una “raya” –salario- que apenas alcanzaba para cubrir las necesidades básicas, pero no había problema, los trabajadores tenían crédito en la tienda del patrón para que consumieran no solo los insumos básicos, si no también los productos para el “ego-consumo” de la época… el chal y los listones para la trenza de la indina, los botines para el juan… los guaraches para el niño…

La receta era sencilla, te pago poco por tu trabajo y gano mucho al vender los productos de la hacienda o de la fábrica. Te presto lo que quieras y como no me puedes pagar, gano mucho pues seguirás trabajando para mí hasta que mueras y cuando eso suceda, la deuda será de tus hijos. No podría uno calificar a ese sistema como esclavitud, pero los resultados para todos los efectos eran los mismos.

Hoy con distintos medios el sistema es el mismo. Una fuerte y perversa motivación al “ego-consumo” a través del bombardeo implacable de la publicidad enajenante que sabiamente dirigida a todos los “nichos de mercado” construye en los consumidores una imagen falsa del bienestar y la felicidad. Publicidad ante la cuál no existe defensa posible pues bien diseñada, con todo el rigor del estudio del comportamiento humano, se aplica con éxito para apretar los botones disparadores de la ansiedad por el consumo. Publicidad que no deja espacio sin cubrir y que termina convirtiéndonos en adictos sin saberlo.

Hace algún tiempo visité un país comunista y al pasear por las calles de su ciudad capital me sentí ciertamente raro, sentí desasosiego, sentí que algo me faltaba hasta que caí en cuenta… ¿Y los espectaculares? ¿Y el anuncio de la tienda? ¿Y los comerciales en la televisión? Simplemente no había nada de eso… en ese país no había publicidad… esa era la causa de mi ansiedad, ¡Horror! Mi desasosiego era ¡el síndrome de abstinencia por la falta de droga: la publicidad!

¿Recuerda usted las llamadas para ofrecerle “sin costo” por su cara bonita la última y más “chic” de las tarjetas? ¿El crédito preaprobado? Para comprar hoy ya no es el patrón el prestamista, son los bancos, las hipotecarias y las financieras que existen de todo tipo las que están atrás del ¡Compre en enero y pague en diciembre! ¡36 meses sin intereses! ¡Incluye placas y tenencia! ¡Abonos chi-qui-ti-ti-tos! ¡Lléveselo ahora y pague después! Es día de las Madres, del Padre, del Amor y la Amistad, de la Familia, de la Secretaria, de las Lupitas… no sea mal hijo, mal padre, mal jefe, mal novio, ¡Compre! ¡Compre! ¡Compre! Y pague en un después que se convierte en años de cubrir solo el “pago mínimo.” El interés, que es al cabo lo que interesa a los bancos para continuar prestando “ad infinitum…”

En cierta ocasión fui víctima de un hacker que robó no solo el dinero de mi cuenta de cheques, si no también el crédito de mis tarjetas que fueron canceladas y no están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo pero el suplicio duró ¡6 meses!. Me sentí entonces como el vaquero en el oeste al que le hubieran robado sus pistolas… No podía comprar nada que no fuera en efectivo…

El efecto combinado de los incentivos perversos para el ego-consumo y el muy fácil acceso al crédito es una deuda impagable de la que muchos solo pueden cubrir el pago mínimo que obliga a los trabajadores a vivir atados al empleo que sea y al costo que sea -corrupción incluida- en un sistema cuyo secreto ha sido mantener el nivel de sueldos apenitas lo suficiente para cubrir el servicio de la deuda... ¡del capital ni hablamos!

¿No se parece mucho a las antiguas tiendas de raya?

Lo que ocurrió en la reciente debacle financiera fue que nunca faltan los avariciosos que se pasan de listos y con exceso concedieron más crédito –vía los préstamos hipotecarios- que los ego-consumidores no menos avariciosos aceptaron. Créditos que pudieron pagar solo en un principio, al final ni los intereses. Y de esa manera se rompió el precario equilibrio del sistema y el resto de la historia la estamos viviendo: la crisis.

Recuerdo que cuando niño le pedía a mi madre que me concediera algún deseo, la respuesta invariable era… “Ya veremos, vamos a hacer un ahorrito…” Hoy las manos tiemblan, el corazón se acelera por la adrenalina… y tristemente termina en muchos casos con la fatal pregunta ¿Con cuál tarjeta mi Amor?

Con mis mejores deseos…

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 1 de febrero de 2009

La naturaleza del alacrán...

Estuve brevemente, pero eso sí, verdaderamente enojado, furibundo, iracundo, encolerizado, encrespado, indignado y cualquier otro sinónimo aplicable por las multimillonarias bonificaciones que recibieron en 2008 los ejecutivos de Wall Street no obstante la crisis financiera y la recesión económica mundial.

Algunos maldicientes afirman que de la primera parte del rescate, que les concedió el gobierno de Bush, se otorgaron en bonos la nada despreciable cantidad de $18 mil 400 millones de dólares, la sexta más grande de la historia de ese centro financiero...aunque, pobrecitos ellos, realmente hicieron su mejor esfuerzo; solidarios con los contribuyentes, que son quienes están pagando el costo de la crisis, se apretaron el cinturón y esa cantidad ¡solo ascendió al 50% de lo que recibieron en el año 2007! Y bueno, también habría que abonar en su favor que cancelaron algunas compritas que podrían se consideradas como un exceso: Ya no viajarán más en jet privado… si no humildemente en primera clase...

El hecho fue considerado por el Presidente Barack Obama como “…escandaloso…” “…el colmo de la irresponsabilidad. Es vergonzoso…” y declaró indignado “El pueblo estadounidense entiende que estamos en un gran agujero del que tenemos que salir, pero no le gusta la idea de que haya gente que está cavando un agujero más grande...”

¡Uopss! Exceso de rudeza, les debió doler… tanto que ese mismo día las bolsas cayeron fuertemente, no obstante que ya le habían aprobado al Presidente Obama la segunda parte del rescate, que acaso sirva digo yo ¡para los bonos del año que entra!

Solo que como antes dije mi enojo fue breve porque vino a mi mente la historia del alacrán y la rana, ¿La recuerdan? Sí aquella fábula donde la rana, convencida por la labia y las promesas del alacrán acepta, a pesar de sus temores, transportarlo a un lugar seguro. A la postre el alacrán incumple sus promesas, pica a la rana que cuando agoniza le pregunta que porqué lo ha hecho, el alacrán le contesta “perdóname...no pude evitarlo, está en mi naturaleza, soy un alacrán”

¿Cómo la rana podría enojarse con el alacrán? En todo caso la rana tendría que enojarse consigo misma por no entender que el impulso asesino del alacrán es incontrolable no obstante todas sus buenas intenciones. ¿Cómo podría el mundo enojarse con los financieros de Wall Street? En todo caso el mundo tendría que enojarse consigo mismo por no entender que la avaricia les es incontrolable. En consecuencia ¿Cómo podría permanecer yo enojado más allá de unos instantes…? Esperaría lo mismo del Presidente Obama y su equipo de trabajo, que la indignación les dure poco y con la cabeza fría actúen.

Los síntomas de la naturaleza avariciosa, corrupta, sin escrúpulos y carente de ética de muchos de los controladores de los sistemas económicos, financieros y empresariales han estado ahí siempre: Jerome Kerviel, Enron, Worldcom, las tiendas de raya globales como, entre muchas, Wall Mart que así fue reconocida por la Suprema Corte de Justicia Mexicana, rescates fallidos de grandes empresas y muchos otros escándalos financieros, son los síntomas de una enfermedad que nadie quiso ó pudo diagnosticar y mucho menos prevenir.

Ahora en Davos 2009 sobran plañideros y plañideras. A ellos habría que decirles que no tienen excusa, porque las señales de la crisis -que el primer ministro ruso, Vladimir Putin etiqueta como la “tormenta perfecta” y que el financiero George Soros dice no pudo prever- siempre estuvieron ahí. Solo que no hay peor ciego que él que no quiere ver; ó peor ignorante que él que no quiere aprender salvo, claro está ¡Cuando convenga a sus intereses!

México está haciendo frente a la “tormenta perfecta” en mejores condiciones que otros países. La contratación de un “seguro” para garantizar los ingresos petroleros fue una medida más que acertada cuando el año pasado todas las previsiones apuntaban a que los precios seguirían subiendo; benditos sean quienes instrumentaron la idea. Eso nos da un año de plazo para que las medidas que ya está tomando el gobierno aterricen antes del 2010 que será complicadísimo. 2010 en el que necesariamente se tendrá que hacer uso inteligente de las reservas internacionales de dólares del país.

Pero no todo está en manos del gobierno, también nosotros, los empresarios, los consumidores; todos, absolutamente todos los ciudadanos tendremos que hacer nuestra parte y la palabra clave es ahorrar. Para esto le pido que aplique el refrán aquel que dice “de que lloren en mi casa, que lloren en la de enfrente” que en la crisis sería de que lloremos en México, que lloren en otros países". ¿Cómo?

a) Compre estrictamente lo necesario y deje la satisfacción de sus deseos –los gastos inútiles- para mejores épocas; b) Compre productos hechos en México, peso que Usted gaste en productos importados, saldrá de México convertido en dólares para ayudar al país de origen a resolver sus problemas, a crear o mantener empleos a costa de los nuestros. c) Pague sus deudas cuanto antes y ahorre intereses; los bancos en México, salvo BANORTE y algún otro, están en manos extranjeras ávidas de dólares para resolver la crisis financiera en que se encuentran sus matrices. Peso que gaste en intereses, que ya los subieron, se irá fuera de México para ayudar a resolver los problemas financieros de la banca extranjera. d) Ahorre gasolina reduciendo el uso de su vehículo. De cada 10 litros que consume, 4 litros es gasolina importada que se paga en dólares que necesitamos aquí. En suma, ¡Ahorre! ¡Ahorre!

Finalmente, como dice Sarah Délano, solo espero “en un mundo que parece tambalearse… a esos lazarillos…que se aparecen en la noche oscura del alma para dar cobijo y luz.” Y también a la par ¡mucho trabajo!

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com