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sábado, 7 de enero de 2012

Ya se fueron...


Las fiestas de Guadalupe a Reyes terminaron. Las maletas se cerraron y con ellas se fue la cercanía de los afectos, de la familia, de los hijos que retoman una vida de la que, cada vez más, solo podemos ver a la distancia las alegrías, los sinsabores, la madurez y el crecimiento. Cada uno en su ruta, cada uno a su ritmo.

Para las alegrías el gozo compartido, para los sinsabores solo el consejo acaso pedido y la maravillosa caja de herramientas que con Amor se dotó cotidianamente de valores, ejemplo y educación. Así, la rueda de la vida concluyó otro ciclo que sinceramente espero haya sido para todos pleno de experiencias, lecciones aprendidas y de rompimiento con lo que nos hace intolerantes a la felicidad: el “así debe ser”.

Y a propósito de estas fechas ¿Saben que me trajeron Santa y los Reyes Magos? A ver si adivinan, ¿Cuál es el juego que no te conduce a la frustración o al desengaño?, ¿Cuál es el juego en el que siempre disfrutas con los pequeños logros?, ¿Cuál es el juego en el que siempre tienes otra oportunidad?, ¿Cuál es el juego en el que no tienes a quien echarle la culpa si las cosas no resultan como esperabas?, ¿Cuál es el juego que no crea resentimientos?, ¿Cuál es el juego en el que puedes avanzar a tú ritmo?.

El nombre del juego para los que no adivinaron es “El Rompecabezas de la Vida”. Un juego donde nuestra visión del futuro es la figura en la caja que con paciencia y fe siempre podemos alcanzar; donde la felicidad se alcanza cotidianamente con los pequeños o grandes logros al colocar cada pieza en su lugar, antes que con el resultado final; donde si equivocas la responsabilidad es tuya, pero donde también sólo tú eres responsable de volver a empezar; donde puedes avanzar a tu propio ritmo si dejas de compararte con los demás; donde la única regla, para no crear resentimientos, es que tus acciones se den en armonía encajando las piezas suavemente, sin forzarlas.

Y ya para dar vuelta a la página y poner punto final al 2011, parafraseando a una apreciada lectora, Isabelle Rousseau, les diré que quizás el mejor deseo que se le puede hacer a un amigo es "no desear nada", lo cual equivale a que sin carencias estén contentos con lo que tienen… pero no en un sentido conformista y si con la alegría de vivir por el milagro que somos

Reciban un cariñoso abrazo,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
twitter.com/enriquechm

jueves, 24 de diciembre de 2009

El Rompecabezas de la Vida

“Como todos ustedes saben, los regalos de Navidad y Día de Reyes no son un asunto trivial. Satisfacer a los pequeñines no es igual que hace dos mil años –para ser exactos 2009 años- cuando recibimos la encomienda; hoy son cientos de miles de cartas de niños –algunos no tan niños- con peticiones cada vez más sofisticadas y si hemos de ser sinceros, no damos el ancho, estamos perdiendo mercado aceleradamente… simplemente las cosas no marchan nada bien…”

Ese fue una parte del discurso inaugural de la inusual e inédita reunión entre Santa Claus y los tres Reyes Magos quienes por primera vez, dejando a un lado su tradicional rivalidad, se sentaron juntos a la mesa para discutir como enfrentar su paulatina pero constante pérdida de liderazgo en el mercado “global” de los juguetes; mercado, que punto y aparte, para ellos siempre ha sido global...


Santa, propuso incrementar la capacidad de las plantas productoras de juguetes y hacer economías de escala; adoptar nuevas tecnologías y compartir el mercado mediante alianzas estratégicas con los nuevos jugadores Mattel, Nintendo y otros fabricantes; en tanto que los Reyes Magos pugnaron por retornar a lo básico, un poco lo “retro”, porqué argüían y con razón, que los valores de los niños –y de los papás de los niños- se habían diluido con el paso del tiempo por la sofisticación tecnológica, la violencia, la competitividad, el apego a lo material y demás chunches que aquejan a la sociedad actual.

Las pláticas por momentos se tornaron tensas -particularmente entre Santa y Melchor quienes por alguna ignota razón de plano no se caían bien- sin embargo, el espíritu navideño prevaleció y al cabo de unos cuantos días las conclusiones llegaron: La alianza sería solo entre ellos y si bien es cierto que tendrían que actualizar tecnológicamente sus fábricas para incrementar la capacidad de producción con menores costos; su apuesta en el mercado estaría del lado de juguetes que ayudaran a rescatar los valores para la niñez y la juventud.

Con esa premisa, los creativos de Santa Claus Inc. y Los Tres Reyes Magos SA de CV se dieron a la tarea de encontrar el concepto que fuera la piedra de toque para recuperar la preferencia de los niños. Encerrados en un bunker para protegerse del espionaje industrial –medida por demás inútil pues ya nadie los consideraba competencia- el grupo, después de arduas jornadas de trabajo, se dispuso orgulloso a presentar a sus superiores el resultado de las arduas jornadas de trabajo…

Y así llegó el gran día. Los renos, el caballo, el elefante y el camello arribaron imponentes con los distinguidísimos miembros del consejo de administración; el staff puso a punto el equipo de proyección, las luces se apagaron y en la pantalla apareció la primera lámina –en Power Point naturalmente- con una sola frase:

Rompecabezas el juego de la vida…


Por breves pero a su vez interminables segundos el silencio ocupó todos los espacios de la pequeña sala donde se jugaba el destino de las tradiciones milenarias de Amor, buena voluntad, reconciliación y esperanza de toda la humanidad…

“Si, nuestra apuesta es por el Rompecabezas de la Vida –rompiendo el pesado silencio dijo con firmeza y convicción el más joven del equipo de mercadotecnia que recién había cumplido su milésimo aniversario en el equipo de los tres Reyes Magos- permítanme explicar por qué…

¿Cuál es el juego que no te conduce a la frustración o al desengaño? El rompecabezas pues cuando quitas el moño y la envoltura, puedes ver lo que más tarde o más temprano obtendrás.

¿Cuál es el juego en el que siempre disfrutas con los pequeños logros? El rompecabezas, cuando unes una pieza con otra.

¿Cuál es el juego en el que siempre tienes otra oportunidad? El rompecabezas donde nada te impide volver a empezar.

¿Cuál es el juego en el que no tienes a quien echarle la culpa si las cosas no resultan como esperabas? El rompecabezas, pues tú eres el único responsable de los resultados.

¿Cuál es el juego que no crea resentimientos? El rompecabezas donde siempre ganas y no hay vencedores ni vencidos.

¿Cuál es el juego donde puedes avanzar a tú ritmo? El rompecabezas que solo requiere paciencia y enfoque para jugarlo.

Es suma, terminó diciendo el “joven” ejecutivo, el juego del rompecabezas es como la vida donde nuestra visión del futuro es la figura en la caja que con paciencia y fe siempre podemos alcanzar; donde la felicidad se alcanza cotidianamente con los pequeños o grandes logros antes que con el resultado final; donde si fracasas solo tú eres el responsable pero también solo tú eres responsable de otorgarte la oportunidad de volver a empezar; donde puedes avanzar a tu propio ritmo si dejas de compararte con los demás; donde la única regla para no crear resentimientos es que tus acciones se den en armonía encajando las piezas suavemente, sin forzarlas.”

Y ahí terminó la reunión con el resto de las láminas en el computador pues no fue necesario explicar nada más.

Solo quedó una pregunta en las mentes de Santa y los Reyes Magos

¿Lo entenderán?

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com

domingo, 14 de diciembre de 2008

Carta de un ciego a los Reyes Magos

-La verdad no veo cómo es que ahora si las cosas van a cambiar...a ver dime, ¿Por qué tendría que ser diferente? ¿Qué tiene este que no tengan los otros?…bola de descuidados, irresponsables que han estado a punto de matarme más de una vez… ¿Recuerdas a Rogelio? Aquel que por andar de coscolino y seguir a una muchacha me dejó a media calle y por poco me atropella un coche… ¿Y al tal Juan? que no daba una para encontrar una dirección y que me traía a la vuelta y vuelta desgastando mi bastón hasta que nos enteramos que no sabía leer el muy burro…No, no, la verdad no “veo” como pueda confiar en esa runfla de pelafustanes que malamente se hacen llamar lazarillos… ¡Yo ciego y ellos unos pillos buenos para nada!

-Me llevan por donde se les pega la gana, mis zapatos apestan a todo lo que te puedas imaginar después de pasar charcos e inmundicias; me arrastran en medio de multitudes y acabo todo lleno de moretones –que no veo pero si siento- Se aprovechan de mi ceguera para hacerme de chivo los tamales con mi dinero… ¡Se roban todo lo que pueden! Y cuando les reclamo me dicen que merecen todo eso y más porque sin ellos, sería yo un perfecto inútil que no sabría como llegar ni a la esquina…En fin, no veo como pueda volver a confiar en ellos…

-Te entiendo, es muy difícil dejarse conducir por alguien en quien no confías. Pero te aseguro que ahora todo va ha ser diferente. Tu nuevo Lazarillo ha estudiado para serlo, no te robará, será el compañero discreto y fiel que tanto has buscado, se sentirá satisfecho si le das casa, comida y cuidas de él en la enfermedad; ten por seguro que estará dispuesto a dar su vida por la tuya. ¡Créeme amigo ciego que él es lo que siempre has buscado!

-¿Estás seguro que no me engañará, que no se robará mi dinero, que no me meterá en charcos, ni hará que pise inmundicias y que tampoco me dejará abandonado a mi suerte cuando más lo necesito?

-Sí, así es, podrás confiar totalmente en él, pero habrás de tomar en cuenta que no te resolverá la vida. Tu nuevo Lazarillo, si lo aceptas, solo te prevendrá de los peligros cuando camines por las calles de la ciudad pero quien tendrá que saber a donde quieres ir y como, serás tú…Tendrás que esforzarte por comunicarte con él como nunca lo has hecho con tus anteriores Lazarillos, pues no habla, ladra…

Fin de la historia.

La moraleja es que el ciego necesita confiar en su lazarillo para dejarse conducir y que el éxito de la pareja ciego – lazarillo depende justamente de la confianza. Conclusión que también es perfectamente aplicable para los ciudadanos, empleados, miembros de cualquier tipo de organización ó comunidad que requiera de un liderazgo. Para que ellos estén dispuestos a dejarse conducir y contribuir a lograr las metas de la comunidad necesitan confiar en sus líderes. Pero…

¿Cómo confiar en diputados que pagan impuestos pero que no los pagan? ¿Cómo confiar en mandatarios con familias incómodas? ¿En funcionarios que actúan como empresarios? ¿En empresarios ricos con empresas y empleados pobres? ¿En gobernadores preciosos, dadivosos, cariñosos y demás calificativos? ¿En funcionarios que se reparten con la cuchara grande? ¿En policías que asaltan a los asaltantes y a quien se deja y a quien no se deja también? ¿Cómo confiar en los impunes que castigan a inocentes? ¿Cómo confiar en quienes por complicidad, ignorancia u omisión tienen al país sumido en la incertidumbre y el temor?

¿Cómo transformar la apatía y la desconfianza en el entusiasmo y compromiso de todos hacia un esfuerzo transformador? La respuesta es simple: repartir equitativamente la riqueza sin embargo esto no es una tarea sencilla pues cuando de esto se trata, prevalece en la mayoría de los casos el comportamiento avaricioso y mezquino de quienes con visión estrecha no ven más allá de lo que miran sus ojos y que por esa misma razón no miden el impacto de sus acciones en la sustentabilidad de las cadenas productivas en las que participan. Cada cuál lleva agua a su molino y barre su pedacito sin importarle lo que le ocurra al vecino.

La forma lograr ese compromiso y entusiasmo sería construyendo una visión de futuro compartida que permita conocer a todos cuál es la medida de su participación y en consecuencia lo que en justicia, con equidad, le corresponde del valor creado al final de la cadena en la que participa. En comunidades pequeñas siempre es posible desarrollar una visión de futuro compartida con la participación de todos, sin embargo, en una comunidad numerosa, dispersa en una amplia y diversa geografía, multiétnica, multicultural, con contrastes enormes en cuanto a educación y economías como lo es nuestro país, la tarea constituye todo un desafío prácticamente imposible de vencer.

Pero no imposible, yo todavía creo que los Santos Reyes nos traerán entre otros muchos regalos… que los diputados devuelvan el dinero de los impuestos que pagaron pero que se regresaron, que las familias incomodas donen sus fortunas mal habidas a las causas justas, que los funcionarios acepten vivir con la medianía que les permitan sus salarios y no con el lujo que les permiten los negocios que hacen al amparo de sus encargos, que los políticos se comprometan al bien común y no al propio, que los empresarios declaren lo que realmente ingresan y paguen buenos aguinaldos, que los burócratas de ventanilla se olviden de pedir para los “chescos”, que los medios informen lo que deben no lo que les conviene o lo que les ordenan, que los agentes de tránsito dejen de morder, que los policías de asaltar a los que no deben y metan a la cárcel a los que si la deben, que los de la cuadra barran su banqueta, saquen la basura a tiempo y saluden al vecino…

Y ya le paro porque la carta a los Santos Reyes no terminaría nunca y pensándolo bien ellos traen regalos, no hacen milagros…

Con mis mejores deseos,

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com