
Cosmopolita, congruente con su fabulosa y difícilmente equiparable experiencia de superación personal dada en el contexto de una empresa global como lo es la Hyundai; en la contienda electoral ganó el apoyo de los sectores más influyentes de su país y del extranjero llevando sus propuestas globalizadoras a extremos nunca antes vistos en el mundo: una apertura total a las multinacionales y la inclusión de extranjeros en su gabinete.
Con el 48.7 por ciento de los votos, en contra del 26.2 por ciento de su más cercano oponente, la elección de diciembre de 2007 fue solo un trámite menor en la construcción del mito en el que se ha convertido. Con una legitimidad fuera de toda duda, inició su mandato con un capital político inmenso que fue más que evidente al superar los 70 puntos porcentuales en el índice de aprobación. La suya es, sin duda, una historia verdaderamente asombrosa.
Sin embargo, a solo cuatro meses de asumir el poder cientos de miles ya protestan en contra de sus reformas; su gabinete y el personal de la oficina presidencial ofreció su renuncia y el capital político se agotó: el índice de aprobación de su gestión cayó estrepitosamente a solo 20 puntos porcentuales.
¿Cuál fue la causa de la tragedia? Lee Myung-bak sencillamente olvidó que el pueblo de Korea del Sur tiene una identidad que se renuncia a perder.
En 1975, cuando Mao aun dirigía los destinos de la China que en ese entonces estaba cerrada al mundo, partí de Shangai rumbo a Beijing en un vetusto tren de vapor donde entablé conversación con nuestra amable guía quien, punto y aparte su perfecto español, mostraba un profundo conocimiento de la historia de México. A ella le pregunté si veía a México convertido en un país comunista dados los movimientos insurgentes que en ese entonces cobraban fuerza en Latinoamérica.
La guía, sopesando su respuesta, guardó silencio por un momento y me contestó diciendo “Cada País, como cada hombre tiene su destino, para nosotros la muerte del pueblo por el hambre, por el opio ó por la enfermedad eran la alternativa al comunismo, llegará el día en que no se necesite más; la historia, las circunstancias, los recursos y la geografía, de México y China son muy distintas” Lee Myung-bak en la embriaguez de su triunfo personal olvidó que el pueblo de Korea del Sur, como todos los pueblos del mundo, son algo más que simple mercado; son seres humanos con identidad, arraigo, orgullo de pertenencia y autodeterminación. No supo comprender que los pueblos no son empresa.
Mismo caso de nuestro México, donde más allá de los gritos y sombrerazos que hoy se viven, en la coyuntura histórica donde se ha colocado, el pueblo tiene plena conciencia del imperativo, que solo a él corresponde, de decidir su propio destino.
Más allá y a pesar de lo que otros quisieran.
Con mis mejores deseos,
Enrique Chávez Maranto