
¿Sobre el silencio? Si, pero no sobre el silencio, silencio que entendemos comúnmente como la ausencia de sonido. Será sobre otro tipo de silencio, el que se expresa con palabras que no existen pero que infunden tranquilidad y reposo al alma.
El silencio que se expresa, con el embelezo que provocan las maravillas y misterios de la naturaleza; con la hermosura de una sonrisa franca que muestra la alegría sincera; con la calidez de aquella dulce mirada cómplice del amor; con la ternura de la ingenuidad de los primeros años de quienes son por nosotros y que algún día se irán con nosotros dentro; con la emoción del recuerdo de una madre que cobija a su hijo en medio del fragor de la tormenta; con la vista al infinito en lo alto de una pirámide recuerdo de épocas muy lejanas; con las miríadas de estrellas que navegan en el universo e iluminan tu camino en la profundidad del bosque. Silencio… Umm… Ese silencio de la música del Alma que ella interpreta para ella misma.
Cuantos recuerdos de momentos de interminable y tranquilizador silencio que siempre han estado ahí, atesorados pero ocultos tras la algarabía discordante de lo cotidiano que no nos deja ser:
¡Ring, ring! Sí, ¿Diga? ¡Ya le dije que aquí no vive ese señor!... “Ha recibido un e-mail” Puff ¡más propaganda! ¿Escuchaste las noticias? ¡Hombre que notición!… ¡Piiii, piiii! ¡Apurate animal! ¿Qué no ves que ya está el verde?... ¿A que horas es el partido? ¿Dónde? ¿En la Guabina? ¡Perfecto!... ¡Ya cámbiale! ¡Qué no ves que ya empezó la tele novela!... ¡Sí señor! ¡Lo que usted diga señor! ¿Para cuándo? ¿Para ayer? Noooo… ¡Salud jóvenes! ¡A ver, a ver, todos a la foto, a la foto!... ¿Ya viste las babosadas que dice el cuate ese? ¡Sí hombre! no se vale… ¡Por eso estamos como estamos! ¿Estamos “kemo sabi”?... ¿Cómo de que no hiciste lo que te pedí? Ni me digas…
Así que en unos momentos más pondré mi súper procesador “Lentium Brain” en modo silencio -por aquello de que calladito me veo más bonito-, también apagaré el Crackberry, ¡perdón “el” Blackberry! teléfono celular-cámara fotográfica y de video-navegador Internet-correo electrónico-GPS-calculadora-agenda electrónica-lista de pendientes-etcétera-etcétera-etcétera; por donde recibo buena parte de la algarabía discordante. Entonces me dedicaré a sacar del cofre de mis tesoros uno por uno de esos momentos de interminable y tranquilizador silencio que siempre han estado ahí.
¡Brilp,birlp! “Ha llegado un nuevo mensaje”… ¡No lo leeré! Aunque… ¿Y si es el que he estado esperando…? ¡Noooooooooooooooooo!…
Este año para mí y para muchos, no duró un año. No se por qué pienso que nos vendieron como completo un año que duró poquísimo. Así lo sentí. En lo que a mi toca me proveyó, como pocos años, de un cúmulo de experiencias, sentimientos de todo tipo y que cierra tal como empezó: a un ritmo acelerado.
El día que lean este artículo la algarabía discordante habrá quedado atrás y mi atención estará centrada en la algarabía del amor de mis seres queridos y ¿Por qué no? También en la algarabía del silencio de mis recuerdos más preciados como los sonidos del anochecer en selva y del canto de los papagayos que alguna vez escuché tendido con la mirada a un cielo tachonado de estrellas en la cima de ese lugar mágico y misterioso que es la pirámide de los nichos del Tajin. Justo ahí donde la brisa susurraba, quedo, muy quedito… Meshico… ecos de un tiempo muy lejano…
¡Feliz Año Nuevo!…
Enrique Chávez Maranto
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