domingo, 13 de febrero de 2011

¡Al Servicio de la Patria!

Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia… la siguiente historia está basada en hechos reales.

Corría el año de 1981 cuando conocí a un joven empleado entonces ayudante, del ayudante, del ayudante, del ayudante… de un funcionario conocido mío. El muchacho, recién egresado de la universidad era inteligente, proactivo, colaborador, simpático y muy trabajador, tanto, que le auguraba un futuro promisorio y así fue. En poco tiempo ascendió a ayudante del ayudante, después, a “el ayudante”, y de ahí no pasó mucho antes de ser comisionado a un puesto de mayor responsabilidad en otro centro de trabajo. Fue entonces cuando le perdí la pista.

Años más tarde, en una de las tantas vueltas que da la vida, regresó a la ciudad. Estaba en muy buena posición. Se aplicó a estudiar con empeño y ya no era más “el licenciado”, ahora era “el doctor”. Tampoco era el ayudante de nadie, ahora era todo un funcionario de primer nivel. Realmente me gustó conocer su éxito y más aún cuando, recordando viejas anécdotas en el bar la Guabina, descubrimos amistades comunes.

No obstante poco duró el entusiasmo. Algo había cambiado en él. Insistía en ser llamado “doctor” por sus subordinados, casi de inmediato se escucharon rumores sobre conductas inapropiadas en la oficina y más adelante de supuestos “negocios” al amparo de su posición… Dice el dicho que cuando el río suena, es que agua lleva… y la sentencia se cumplió al pié de la letra con una pequeña adición: al doctor, el torrente arrastró…

Ahora toca narrar un caso diametralmente distinto, el de un funcionario ejemplar. La historia inicia a finales del año de 1993 cuando, no están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo pero me encontraba desempleado e inquieto por una llamada telefónica que recibí un sábado por la noche, lo recuerdo bien, para invitarme a una entrevista de trabajo.

Cómo podrán ustedes suponer, acudí puntualmente a la cita donde conocí a mi entrevistador, un hombre tranquilo que de inmediato me infundió confianza. Me explicó que previendo la salida de uno de sus subordinados, buscaba a un reemplazo de la localidad, cosa que me pareció de lo más extraña pues, los fuereños y él lo era, normalmente contratan a fuereños, máxime si el puesto es de buen nivel. Pero he de decirles que finalmente el puesto continuó ocupado y el desempleado… desempleado, aunque para mi fortuna solo por poco tiempo ya que –recuerden que Dios aprieta pero no ahorca- fui contratado en otra área.

Para Pemex-Petroquímica, donde trabajo desde entonces, sus primeros años fueron de una esperanza motivadora que pronto se tornó en desesperanza. Sin embargo en una desesperanza que no le ha impedido enfrentar y superar cotidianamente retos cada vez mayores. Ahí he podido constatar que la empresa y Petróleos Mexicanos se deben a gente que se ha ganado el aprecio, el respeto y sin lugar a dudas el reconocimiento de sus compañeros, sin protagonismos, con humildad, con compromiso, haciendo simplemente lo correcto, cada quien en su trinchera, cada quien en su época y sus circunstancias.

Hace unos cuantas semanas, ante la noticia de que sería la última jornada de trabajo del funcionario ejemplar que me entrevistó hace ya más de 17 años, en un acto inédito, se congregó espontáneamente justo al momento de su salida, una multitud de empleados a ovacionarle y brindar un merecido aplauso de despedida, el más largo que haya yo escuchado.

Don Mario González Petrikowsky salió por la puerta grande, dando gracias a la vida por lo mucho que le ha dado y ante la obligada pregunta ¿Qué vas a hacer ahora con tu tiempo libre? Contestó con sencillez…

¡A vivir!

En contraste, nadie despidió a aquel joven promisorio malamente hecho funcionario. De hecho de él nunca más se supo nada. Huyó por la puerta de atrás cargando en una caja sus títulos, su soberbia y su desvergüenza.

Sirvan estas letras también como un humilde homenaje y reconocimiento a la labor de los muchísimos trabajadores activos y jubilados quienes aún hacen honor al viejo lema de Petróleos Mexicanos: “Al servicio de la Patria

Particularmente aquellos a quienes he tenido el honor de conocer, a Don Víctor F. Sánchez (QEPD), a Don Rafael Marquet, a Don Jorge Wilburn, al Ing. Walter Friedeberg Merzbach, al Ing. Daniel Gutiérrez Gutiérrez (QEPD) y al Ing. Alfonso Sierra Guerrero entre otros muchos. ¡Mil gracias por sus enseñanzas!

Con mis mejores deseos…

Enrique Chávez Maranto
enrique.chm@gmail.com
Twitter @enriquechm

2 comentarios:

  1. Felicidades Enrique por este artículo, tan sincero y lleno de entusiamos que tambien tuve oportunidad de vivir y admirar, comprato contigo tu experiencia y gusto

    ResponderBorrar
  2. Mil gracias. Honor a quien honor merece!!!

    Saludos,

    ResponderBorrar

Todos los comentarios son muy bienvenidos ya sea que estés de acuerdo o no con el contenido del artículo. Si te los quedas nos impiden considerar tu punto de vista que es valioso. Puedes seleccionar la opción anónimo y solo si lo deseas firmar con tu nombre. ¡Mil gracias por colaborar! Enrique