domingo, 2 de septiembre de 2007

El tunel del tiempo...

Mayo de 1975; Aeropuerto Internacional Narita, Japón. Mi pulso se aceleró cuando el sistema de sonido anunció la salida de mi vuelo con dirección a Shangai en una época en la que China abría sus puertas solo a un poco más de 600 extranjeros al año. En esa época la cruenta Gran Revolución Cultural iniciada en 1966 amainaba su tormenta y la muerte de Mao Tse Tung estaba a menos de un año de distancia. Puyi, el último emperador habia muerto apenas 10 años atrás.

Inquieto abordé el avión y el contraste fue inmediato; en lugar del confortable ambiente de las aerolíneas occidentales, la austeridad –dulcitos y té- los cortes y colores militares de las amables azafatas chinas, un piloto que parecía más de avión caza que de un vuelo comercial, la turbulencia extrema y los mareos hicieron del viaje un pequeño tormento que no terminaba; finalmente nos pidieron prepararnos para el aterrizaje… Pero ¿A dónde me pregunté? Cuando por la ventanilla no se veía una sola luz… y así aterrizamos; después, vino el traslado al edificio Terminal en un autobús destartalado; el intimidante trámite en una aduana maloliente y oscura; y el trayecto por calles estrechas aún más oscuras, hasta el arribo a un viejísimo hotel que parecía sacado de una película de Juan Orol.

Las sorpresas durante la estancia se sucedieron una tras otra, el asombro por los logros de una cultura milenaria creció a lo largo de todo el viaje; aprendí muchas cosas, entre otras que en China más vale ser secretario que presidente; como aquí los secretarios son los que arrastran el lapíz me tocó ese “honroso” cargo en tanto que el nombramiento de presidente recayó en el más importante del grupo… solo que para mi fortuna y la sorpresa de otros, a mi jefe presidente ningún chinito le hacía caso: era a mi a quien hacían todas las caravanas y nada se movía sin mi permiso…

Un buen día, en el trayecto de Shangai a Pekín, reunidos en una estrecha cabina de un tren de vía angosta tirado por una locomotora de vapor ¡De vapor en 1975! pregunté a nuestra guía, una simpática y culta China que conocía al revés y al derecho la historia de México, si el comunismo podría exportarse a México y ella me contestó:


Cada País como cada hombre tiene su destino, para nosotros la muerte del pueblo por el hambre, por el opio ó por la enfermedad eran la alternativa al comunismo, llegará el día en que no se necesite más; la historia, las circunstancias, los recursos y la geografía, de México y China son muy distintas” concluyó.

Días más tarde a manera de confirmación, una niña China de escasos 5 años señaló en un globo terráqueo la ubicación de su país en tanto que Valentina, la más pequeña de nuestro grupo hizo, lo propio señalando a México justo en el lado opuesto; escena fue por demás aleccionadora.

Y sí, cada país como cada hombre tiene su destino, hoy, 32 años después, Chína es el país con el mayor crecimiento económico del mundo.

¿Y México?



Enrique Chávez Maranto

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